"Hasta ahora, los filósofos han tratado de comprender el mundo; de lo que se trata sin embargo, es de cambiarlo" Karl Marx

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domingo, 21 de agosto de 2011

Día del niño (su historia feliz e infeliz y oculta)

También conocido como “Día Universal del Niño” es un día dedicado al bienestar de los niños y niñas y a la reivindicación de sus derechos.

En 1954 la Asamblea General de las Naciones Unidas invitó a los países miembros instaurar el “Día Universal del Niño” y que los diferentes Estados eligieran la fecha que les pareciera más pertinente.  Por eso, mientras en Argentina hoy lo estamos celebrando, en Bélgica por ejemplo, lo hicieron el 14 de abril; lo mismo Bolivia aunque dos días antes (12/4) o China el 1° de junio y otros lo harán más adelante.  Sólo para citar unos ejemplos: Costa Rica (9 de septiembre); El Salvador (1° de octubre), lo mismo que Guatemala y la lista sigue.

¿Por qué festejar el Día del Niño, qué es un niño?
Buscando una definición, una respuesta encontré: “Los niños vienen en diferentes tamaños, pesos y colores. Se les encuentra donde quiera: encima, debajo, trepando, colgando, saltando… Los papás los adoran, las hermanas y hermanos mayores los toleran. 
Un niño tiene el apetito de un conejo, la digestión de un tragaespadas, la energía de una bomba atómica, la curiosidad de un gato, los pulmones de un dictador, la imaginación de Julio Verne, el entusiasmo de una chinampina (pequeño artefacto explosivo) y cuando hace algo, tiene cinco dedos en cada mano.”
Esta sola definición vale su festejo no.
Pero además, un niño es un ser frágil que requiere cuidado y respeto a sus derechos: a divertirse, a expresarse y aprender; y no sólo a ser un número, potenciales clientes de una juguetería y consumidores de play station.

La verdadera historia del origen del Día del Niño
Muchos niños y niñas como sus papás no saben que estamos festejando o por qué.  Los pequeños piden regalos, las jugueterías se esfuerzan por hacer lucir sus vidrieras, los gobiernos de llenar las plazas con espectáculos infantiles y los padres de aquí para allá intentando que la plata alcance para comprar el mejor obsequio.
Entonces, retrocedamos al 16 de agosto de 1954, fecha en que las Naciones Unidas sugirieron como “Día del Niño”.
 No por casualidad se eligió y/o sugirió tal fecha.  Ese día es uno de los más negros en la historia de la humanidad. 
Deberemos retroceder aun muchísimos años más atrás de de 1954; ubicarnos en 1869, en Paraguay, el país más próspero y desarrollado industrialmente desde México a Argentina.
Sí, nos debemos ubicar en los últimos tramos de la Guerra del Paraguay o de La Triple Alianza.  Hecho en el que confluyeron las fuerzas armadas de Argentina, Uruguay y Brasil (apoyados e instigados por Inglaterra), contra el Paraguay de Francisco Solano López que se había atrevido a realizar su revolución industrial en Nuestra América.
Para 1869 el ejército paraguayo estaba en fuga, Asunción, la capital, en manos aliadas y así y todo Solano López se rehusaba a rendirse y prometía luchar hasta el final.
El 16 de agosto se producirá la Batalla  de Acosta Ñu.  Solano López prometió luchar hasta el final y su promesa provocó unos de los hechos más lamentables que se conocen.  Su ejército estaba diezmado, la mayoría de los hombres habían muerto en combate y sólo restaban niños para empuñar las armas.  Así fue que 500 veteranos y 3.500 niños a los que se disfrazó con barbas postizas se enfrentaron a 20.000 aliados.
En su libro "La Guerra del Paraguay y las Montoneras argentinas" José María Rosa dice: Seis horas resistieron las cargas de la pesada caballería brasilera, que vengando el engaño acabaría incendiando el campo de batalla con sus oponentes infantiles”
Todas las guerras son crueles, terribles y brutales aunque pocas ha habido como esta.
Esos niños, inocentes niños, abrazaban las piernas de los soldados brasileros, imploraban con su inocente llanto se les perdonara la vida y sin importar su edad eran automáticamente degollados.  Eran niños de entre seis y ocho años pasados a degüello.  Finalizando la batalla sus madres abandonaron sus escondites en la selva para recuperar los cuerpos inertes de sus hijos y los pocos que aun sobrevivían y fue entonces que la brutalidad llegó a extremo.  El Conde  D´Eu ordenó incendiar la maleza matando a niños y madres por igual.  Su orden había sido: “matar hasta al feto en el vientre de la mujer”





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