"Hasta ahora, los filósofos han tratado de comprender el mundo; de lo que se trata sin embargo, es de cambiarlo" Karl Marx

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miércoles, 4 de mayo de 2011

Palabras de Pablo Solís

“Lloras tú y lloro yo, y el cielo también, y el cielo también”. Así dice la canción de Sting, aquella que cantó en Buenos Aires, allá por la década del ochenta, junto a las madres de plaza de mayo. Esa canción hablaba de la violencia de los hombres contra los hombres. Y hoy esa canción adquiere nuevas significaciones.
Al mismo tiempo que se cumple otro aniversario del golpe de estado en argentina, llegan las noticias de un desastre nuclear sin precedentes en el mundo.
Los cuatro jinetes del apocalipsis salen de la mazmorra porque el hombre hizo la llave y les abrió la puerta, por medio de la manipulación de lo que no debía ser manipulado.
Tanto en los golpes de estado, en las matanzas, en las torturas infringidas a lo largo del mundo como en la manipulación atómica y la manipulación genética el hombre es el artífice de la máquina que lo aniquila.
Da tristeza sí, porque uno ve un mundo que desfallece.
“El mundo está desnudo como un mar sin orillas y no es posible volver la vida atrás” dice un poema de Juan Gelman. Desnudos están los niños aquí y allá contaminados por la minería, contaminados por las centrales nucleares, contaminados por los mayores. Algunos niños de ayer soñaban con un mundo mejor,… “soñabas con una vida que se podía lavar y tender al sol de tu bondad, una vida llena de rostros como viajes, ¿dónde están esos rostros, donde están esos viajes?” Se preguntaba Gelman en el mismo poema.
Cuando yo era chiquito vi un día por televisión a un hombre que llegaba a la luna, también escuché una canción que cantaba una mujer con una voz muy aguda, imitando a los pájaros de Hiroshima que pedían a gritos construir un nido. Cuando era niño no me importaba el hombre de la luna: me importaba la luna. Y no entendía la voz de aquellos pajaritos porque en mi cuadra los gorriones gritaban de alegría. Hoy, siendo grande, sé que el hombre se inventó todas las pestes, lo hizo por ignorancia espiritual no por falta de enciclopedismo.
Más atrás de mí, el padre de mi padre hacía manteca metiendo la leche en un jarro que ataba a la rueda de un carro, los objetos duraban mucho porque se hacían para siempre y las guerras se desataban con armas que empuñaban soldados maniatados a ideas obsesivas que obligaban obediencia a una bandera.
Y mucho más atrás, en alguna región suave y fértil de México, los Aztecas cultivaban en el agua pura de un lago, maíz de colores que entregaban a la serpiente emplumada de sus antepasados para que el futuro creciera abierto en la felicidad.
La razón vino fuerte y de golpe, la ciencia vino como una ola de cuadraditos analizándolo todo. Inquisidores y violentos, hicieron del aire niebla, argumentando niebla cuando había más sol del que necesitábamos.
Simple. Hay que estar simple. Hay que ser simple y edificar una cultura de la simpleza y del sentido común. Hay que ser y estar despacio si queremos sobrevivir. No lo entenderán las grandes corporaciones, ni los gobiernos, ni las empresas, los atados al atado del ganar y perder. El apocalipsis llegó para que abandonemos a esas instituciones. Cuando mueran del todo, ya sea porque la violencia que ellos mismos crearon se les vuelva en contra o porque la gente huya de sus filas en serio y en masa , se iniciará una revolución que será la última y la más duradera. Y entonces, no lloraré yo, ni llorarás tú, habrá la pura alegría del vivir y se juntaran a festejar en la tierra los hombres de la tierra, sin matar a nada ni a nadie. Sin explicar a nada ni a nadie.
Caerá la cascara de todo lo viejo y los niños ya no soñaran con una vida para tender al sol , sino que la tenderán a puro contagio , y habrá música en el círculo sagrado del tiempo que será del nosotros y no del ellos. Y el nosotros será toda la humanidad y el ellos será el pasado. >>Pablo Solís
Conocé a Pablo Solís:


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