"Hasta ahora, los filósofos han tratado de comprender el mundo; de lo que se trata sin embargo, es de cambiarlo" Karl Marx

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domingo, 5 de junio de 2011

Verde que te quiero verde


"Artefacto en  absurdo "
Cañada en camino  rural de Tacuarembó. Uruguay Fotografía de autor.

Dispuesto a ocuparme del tema que hace a las diferentes formas de maltrato a que sometemos a nuestro planeta, desde que los titulares de prensa  acosan estos días con oratorias diversas que conmemoran un día declarado a motivar a nosotros todos, los humanos, ya que los demás seres que nos acompañan y son vecinos del mismo barrio, realmente no tienen arte ni parte en los desastres a los cuales les obligamos a soportar, desde que no tienen chance alguna de mudarse a un vecindario con mejores ocupantes, pienso que hay gente que ha escrito lo suficiente y a escrito muy  bien sobre el tema, por lo tanto, compartiré con ustedes. algunas cosas leídas.
De hecho, comentaré y compartiré, algo  de lo que Guillermo Foladori ha dicho, singular  doctor en economía, devenido en brillante antropólogo, especializado en temas tan preocupantes y agobiantes como la  sustentabilidad  del desarrollo, tantas veces llevado adelante sin ninguna  planificación de interés social  y tantas simple  parte de fenómenos  tan anárquicos como el  propio fin de lucro  que lo hace necesario. 
De su libro: Los límites del desarrollo sustentable, publicado en Uruguay por Ed. Banda Oriental, transcribiré la introducción que de por si, además de aproximarnos muy bien  al tema, también seguro estoy es lo suficientemente sensibilizante y sensibilizador como para invitar y generar ansiedad de continuar y terminar en la lectura total del libro.

Algo así como un golpe bajo
La mirada de Greenpeace

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Guillermo Foladori
Guillermo Foladori nació en Uruguay, se formó en Antropología y es egresado de la Escuela Nacional de Antropología e Historia de México. Además es doctor en Economía. Se dedicó a la docencia y a la investigación en economía, y fue consultor de la Organización Internacional del Trabajo por México y Brasil; investigador del Departamento de Sociología de la Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de la República de Uruguay; profesor en Medio Ambiente y desarrollo en la Universidad Federal do Paraná, y actualmente se desempeña como profesor del Doctorado en Estudios del Desarrollo de la UAZ.
Es autor de más de 15 libros y de gran cantidad de  artículos que fueron publicados en periódicos y revistas especializadas de varios países.

Vayamos entonces al grano. Foladori nos dice en la Introducción a su libro, edición 1999,  firmado sus reconocimientos de autor, en Curitiba, febrero de 1999. 

"Desde la década del sesenta del siglo XX, el ser humano ha constatado estar atravesando por una crisis ambiental. Es más, en las últimas dos décadas ha reconocido un cambio significativo en el nivel con que la crisis ambiental se manifiesta. De problemas a escala local o regional (polución del aire de las ciudades, ríos contaminados, desechos sólidos amontonados, etc., ) ha pasado a problemas de escala planetaria (v.g. calentamiento global, reducción de la capa de ozono, pérdida de la biodiversidad). Es claro que esta crisis ambiental ha sido un resultado no buscado por el ser humano, aunque en algunos casos o en alguna medida es responsabilidad  de su actuación económica.

El diagnóstico de estos problemas ambientales no es sencillo, por razones tanto de escala temporal, como de complejidad. 
En primer lugar, porque los elementos que entran en el análisis responden a escalas de tiempo planetario, geológico, o de la vida en general, que escapan con mucho al tiempo humano y a las posibles mediciones. Posibilidades.  
En segundo lugar, porque estos cambios ambientales planetarios implican la interrelación de un número de factores tan elevado, con jerarquía de importancia tan diferente, y con posibilidades de variación también tan alta, que contienen gran cantidad de resultados imprevistos, difíciles de reducir a modelos.

Tampoco resulta sencilla la determinación de las causas de la crisis ambiental. En algunos ámbitos científicos es discutida la propia existencia de una crisis, o si la acción humana ha tenido un papel destacado. Pero aún dentro de aquellos que adjudican una importancia central a la acción humana, no está en absoluto claro por qué razones el ser humano ha llevado el equilibrio ecológico a un nivel tan delicado para su propia sobrevivencia, y posiblemente para muchas otras especies.

Desde fines de la década del sesenta del siglo XX algunos estudiosos manifestaron diferentes opiniones para explicar la crisis ambiental. White (1967) adjudicó la causa a la ideología judeo-cristiana occidental, proclive al dominio de la naturaleza. Hardin (1968) pensó que el incremento poblacional y la existencia de espacios públicos conducían a generar deterioro ambiental. Commoner (1971) sostuvo que la moderna industria y el consumismo superfluo constituían la razón principal. Ehrlich y Holdren (1971) argumentaron que el crecimiento poblacional era el principal responsable de la degradación ambiental. Para Bookchin (1980) los sistemas de dominación y jerárquicos propios de la moderna sociedad industrial inducen una actitud de dominio irresponsable sobre la naturaleza. [...] Por su parte, toda la corriente de la economía ecológica manifiesta que existe una contradicción entre un mundo finito en materiales y una sociedad consumista y de crecimiento ilimitado (Georgescu-Roegen, 1971; Daly, 1972: Boluding, 1980; Naredo, 1987; Martinez Alier, 1993).
Otros estudiosos apuntan para el sistema capitalista como el responsable por la actual crisis ambiental (Foster, 1984; O´Connor,  1988; Leff, 1994).
[...] La investigación parte de ciertas bases metodológicas. 
En primer lugar, la sociedad humana no puede ser estudiada únicamente en sí, como si la relación con el entorno fuese una "externalidad" para decirlo en términos económicos. Muy por el contrario, la sociedad es parte de la naturaleza y está sujeta a su dinámica más amplia, a pesar del efecto que pueda ejercer sobre su entorno y, consecuentemente, sobre sí misma. De esta manera, las especificidades del comportamiento humano con su ambiente, aun existiendo, han de tener su antecedente en otras  formas de vida.
[...] En segundo lugar, el comportamiento humano con el ambiente tiene especificidades que deben ser analizadas. Por un lado, se destaca el relacionamiento con el medio ambiente sobre base mediática; esto es, relaciones crecientemente objetivadas en cosas producidas. Estas relaciones mediatas con el entorno constituyen las llamadas relaciones técnicas.

[...] En este sentido decimos que las relaciones sociales determinan a las relaciones técnicas. Esta distinción entre relaciones técnicas y relaciones sociales es, a nuestro juicio, esencial para entender la cuestión ambiental. Las relaciones técnicas son las que establece el ser humano con los otros seres vivos y con medio abiótico en el proceso de producción de su vida; las relaciones sociales son las que se establecen entre los seres humanos para el mismo fin. La mayoría de los análisis sobre la problemática ambiental parten de una perspectiva técnica.

Esto queda claro cuando reducimos los problemas ambientales, tal como se presentan en la literatura especializada, a los tres grandes grupos de: polución, depredación, y exceso de población. En los tres casos hay una cuestión técnica como común denominador: los límites físicos con los cuales el ser humano se enfrenta en su desarrollo.

En el caso de la polución, son los límites impuestos por un ritmo de recicle de la naturaleza menor al que la sociedad humana requeriría. Es la naturaleza enfrentada al ser humano, o son las leyes de la naturaleza que se enfrentan a las leyes de la sociedad, de allí la relación técnica.
En el caso de la depredación, es el límite que la naturaleza impone a la reproducción de la materia, o de la especie viva, a los ritmos demandados por la sociedad. Nuevamente se trata de un enfrentamiento de ritmos naturales con ritmos sociales; otra vez un problema técnico.
En el tercer caso, como excedente de población, nos referimos a que la naturaleza presenta límites al abastecimiento de alimento y otros recursos a una población creciente. En los tres casos son límites físicos que se enfrentan al desarrollo social. En los tres casos la problemática ambiental se presenta como si fuese un problema técnico.

La hipótesis que desarrollamos durante toda la obra  es que la contradicción comúnmente planteada entre límites físicos y desarrollo social es equivocada. La sociedad humana nunca se en su conjunto con límites físicos. Por el contrario, la sociedad humana antes que toparse con límites naturales o físicos se enfrenta a contradicciones sociales.
 Todos los seres vivos establecen relaciones con el medio en que viven. Los individuos de cada especie, a pesar de sus diferencias, responden a un bagaje genético igual, y heredan a sus descendientes semejantes - aunque no idénticas - potencialidades de interrelación con el medio. De allí que podamos decir que cada generación arranca de cero. Las ventajas o desventajas, que una generación pueda crear sobre su entorno no implican diferencias cualitativas para sus descendientes.

Con la especie humana no sucede lo mismo. Cada generación acumula cosas y ambientes producidos, que trasmite a sus herederos según reglas de distribución de dichos medios materiales de existencia. Así, las diferencias en el acceso, uso, y grado de transformación del medio ambiente es radicalmente diferente según las distintas clases sociales y el nivel de desarrollo técnico y científico. Esta es, también una especificidad del género humano. La humanidad nunca se enfrenta al medio como un todo, antes de alcanzar cualquier contradicción externa, antes de toparse con límites físicos, se enfrenta a contradicciones sociales.
[...] Lo que resulta claro, es que cualquier tipo de depredación o polución implica ventajas para ciertos grupos, clases, países, etc., y desventajas para otros, como quedó demostrado, por ejemplo, en la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro, donde los países no se pusieron de acuerdo para reducir las emisiones de dióxido de carbono, algo que a primera vista sería de interés de la humanidad en su conjunto.


[...] Nuestra hipótesis dice que, el ser humano, en el momento en que logró objetivar la naturaleza con el trabajo, infringió transformaciones radicales en su medio ambiente, pero la principal transformación, y sobre la cual se basan todas las demás, es la que infligió a su propia especie, al establecer relaciones sobre base mediática y, con ello, general relaciones sociales.[...]

Reflexiones del blog

En estos tiempos en los cuales la naturaleza, lucha en pérdida con la absurda e insostenible demanda a que es sometida - insustentable diría Foladori - la claridad de los conceptos de la obra , parte de la cual transcribimos, nos refunda en la sensación, larga y antigua de que la insensatez de los  humanos es a su vez tan absurda como la situación de  " mi silla " , artefacto cultural, producto del pensamiento abstracto de la especie, que alguien , homo sapiens sapiens, sin duda, arrojó allí en aquella perdida cañada , en un perdido camino, lejos de toda urbe, a la cual muchas veces demasiado simplistamente culpamos de todos nuestros males. El mal está en nosotros -  y estamos en todos lados -   en nuestra concepción cultural  y relación equívoca, desmemoriados  de  nuestra  condición de parte y no todo,  en este inmenso tejido,  maravillosamente bordado por la evolución.
Al Dr. Foladori, mis respetos de colega que mira y admira su obra.
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