"Hasta ahora, los filósofos han tratado de comprender el mundo; de lo que se trata sin embargo, es de cambiarlo" Karl Marx

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viernes, 8 de abril de 2011

La muerte de Mariano Moreno

Solo tuvo una breve participación en los primeros pasos independentistas de nuestro país. Murió a los 33 años. Sin embargo, la gesta revolucionaria de 1810 lo tuvo como uno de sus principales ideólogos y conductores.
Mariano Moreno fue el secretario de la Primera Junta, y duró apenas siete meses en el cargo, entre el 25 de mayo y el 18 de diciembre de 1810. Encabezó el envión revolucionario inicial, que puso por primera vez en pie un gobierno independiente de la corona de España.
Un intelectual revolucionario
Moreno nació el 23 de setiembre de 1778 en Buenos Aires. De padre español y madre porteña (mujer que sabía leer y escribir), su capacidad le permitió acceder a una educación superior a los medios económicos familiares, de clase media. Ayudado por curas franciscanos, en 1799 pudo viajar a estudiar a Chuquisaca (actualmente Sucre) en el Alto Perú (Bolivia). Su padre esperaba que se graduara en teología y se hiciera sacerdote. En el viaje se manifestó su salud siempre precaria; estuvo varado quince días en Tucumán, atacado de reumatismo. Tenía 21 años, y la Revolución Francesa cumplía apenas una década.
Se interesó en la lectura de los autores liberales, y en particular se apasionó por el iluminismo francés y la obra de Jean Jacques Rousseau, defensor de la libertad y el derecho de todo hombre a serlo.
A fines de 1802 se graduó de abogado. Había escuchado los ecos del aplastamiento de la rebelión de Tupac Amaru, y conocido la inhumana explotación de los aborígenes en las minas de Potosí, presentando una monografía denunciando la situación de yanaconas y mitrarios. En 1805 volvió a Buenos Aires, casado y con un hijo recién nacido. Comenzó a ejercer de abogado, distinguiéndose pronto de la corrupción reinante en el medio.
En el enfrentamiento posterior al triunfo contra los ingleses en 1806 y 1807, acompañó al grupo de Martín de Alzaga, derrotado por el virrey Liniers en 1809. El siguiente y último virrey, Cisneros, lo tenía como asesor. En setiembre de 1809 publicó un documento que lo incorporaría al naciente movimiento revolucionario.
La Representación de los Hacendados
Este manifiesto reclamaba medidas en defensa de los importadores y los productores exportadores locales, ahogados por el monopolio comercial impuesto por el imperio (ver recuadro). Denunciaba que el monopolio “condena a los labradores a morir en la miseria”, defendía a los productores rurales de ambas orillas del Río de la Plata y reclamaba medidas extraordinarias (aunque estén “prohibidos”), ante la “necesidad”. Su manifiesto tuvo un impacto importante. Entre otras medidas, Cisneros se vio obligado a decretar la liberación de algunos aspectos del comercio exterior, ya insostenibles ante la decadencia del dominio de Fernando VII. Moreno se mantenía independiente del grupo de Belgrano y Castelli, y era uno de los pocos que tenía como perspectiva una república*.
La Primera Junta
Algunos historiadores señalan que fue sorprendido por su designación como secretario, en la noche del 24 de mayo. Muy rápido, los hechos demostraron que el hombre estaría muy a la altura de su designación.

Dice Nahuel Moreno en Método de interpretación de la historia argentina: “La síntesis morenista, enarbolada años después por sus partidarios (Paso, su hermano Manuel Moreno, etcétera) coincidiría con los intereses históricos de las fuerzas productoras del país […] En todos los trabajos de Moreno, algunos de los cuales contaban con la aprobación de Belgrano, Castelli y otros, se reflejaron los esfuerzos de los intelectuales revolucionarios para que el país se sumara a la marcha de los tiempo.”
En el torbellino de 1810 los distintos sectores económicos y políticos locales chocaban de manera más o menos clara alrededor de los pasos a seguir, mientras se iba imponiendo por la vía de los hechos el camino hacia la independencia.
La primera oleada de la revolución la encabezó Moreno, con sus escritos y su redacción de los decretos de la Junta. Editó con un prólogo propio El Contrato Social de Rousseau. El 7 de junio comenzó a publicar La Gaceta de Buenos Aires, que los jueves y sábados daba a conocer la obra de gobierno. Defendía la necesidad de difundir la educación, de dignificar la función de los maestros y fundó la primera biblioteca pública. En La Gaceta escribió que “si los pueblos no se ilustran” se podrá “mudar de tiranos sin destruir la tiranía”.
El inicio de las operaciones militares para defender la naciente independencia tensionó todas las fuerzas en la Primera Junta, donde los sectores revolucionarios convivían con las fuerzas conservadoras ligadas a los productores tradicionales del virreinato y a las presiones imperiales, representadas por Cornelio Saavedra. La partida de Belgrano y Castelli hacia los campos de batalla debilitó a Moreno, quien quedó definitivamente aislado cuando se formó la Junta Grande, con diputados conservadores del interior del país, iniciando un giro reaccionario. Renunció el 18 de diciembre, y solicitó una misión diplomática. Navegando hacia Inglaterra, falleció el 4 de marzo de 1811.
El conocido historiados Felipe Pigna ha tomado como tema preferencial la afirmación de que Moreno fue envenenado por orden de Saavedra**. No existe una prueba acabada y definitiva de su versión. Pero no quedan dudas de que Moreno expresó en su breve gestión lo más avanzando de las ideas y medidas para forjar un nuevo país independiente y próspero en las condiciones de su época. Simbólicamente, su choque público y final con Saavedra se expresó en el célebre Decreto de Supresión de Honores del 3 de diciembre, proclamando la “absoluta, perfecta e idéntica igualdad entre el Presidente y demás vocales de la Junta”, prohibiendo todo personalismo y defendiendo la “pública felicidad” y el igualitarismo. Así lo recordamos.



Moreno, por Nahuel Moreno
El fundador de nuestra corriente, Nahuel Moreno, en su libro Método de interpretación de la historia argentina nos daba estas definiciones:
“Distintos sectores, pues, confluirán en Mayo. Productores para el mercado interno o el internacional, burgueses comerciales e intelectuales revolucionarios se aliarán para obtener la independencia. […] Quién resumió las aspiraciones de todos ellos, convirtiéndose en verdadero árbitro entre los mismos, fue Mariano Moreno, ilustrado abogado jacobino. Muchas de las posiciones contradictorias que le apuntaban algunos autores fueron producto, precisamente, de la necesidad de reflejar los intereses casi siempre contrapuestos de importadores y exportadores productores. Así, en 1809 su Representación de los Hacendados influyó en la sanción de la ordenanza aprobada por el Virrey Cisneros con la que se daba un paso decisivo hacia el libre comercio, aspiración de los exportadores de cuero y sebo a Inglaterra y de los comerciantes importadores. […]
“Otro sector de peso en los días de Mayo fue el que representaba a los que se había consolidado económicamente durante la vigencia de la antigua estructura del virreinato, los ganaderos del Litoral que vendían ganado en pie en el Alto Perú. Su portavoz más destacado fue Cornelio Saavedra, cuyos roces con Moreno eran consecuencia de la contradicción entre los viejos sectores productores para el mercado virreinal y los nuevos sectores ligados al comercio exterior. En efecto, muchas de las medidas propugnadas por Moreno debían chocar con los intereses de los productores virreinales puestos a competir con la manufactura importada. Por otro lado, los ganaderos del Litoral que vendían en el Alto Perú querían defender y fortalecer la estructura virreinal.”

¿"Agente inglés"?
La corriente conocida como “el revisionismo histórico” ha construido una versión de nuestra historia, supuestamente “antiliberal” y nacionalista, que reivindica las figuras de Rosas y Perón. Es habitual encontrar en sus representantes gruesas omisiones y directas tergiversaciones de los hechos y personajes históricos. Según el conocido autor José María Rosa, Moreno fue “el abogado de los intereses británicos” (Rivadavia y el imperialismo financiero. Peña Lillo, p. 16).
En 1810, la gran potencia marítima, industrial y comercial era Inglaterra. Su ingerencia en el Río de la Plata era constante. Como hemos dicho, para los fundadores del nuevo país no existía otro camino que el libre cambio y la quiebra del monopolio proteccionista español, para acceder en las mejores condiciones al mercado capitalista mundial.
Pero, ¿a quién comprar las mercancías que necesitaban el incipiente mercado y producción locales? Por eso, Moreno decía en La representación de los hacendados: “Los que creen que la abundancia de efectos extranjeros es un mal para el país ignoran seguramente los primeros principios de la economía de los estados”. Uno de los principales proveedores era sin duda Inglaterra. Como un conductor práctico del nuevo gobierno, en su Plan de Operaciones decía dos cosas aparentemente opuestas. El artículo 4º decía: “Nuestra conducta con Inglaterra debe ser benéfica, debemos proteger su comercio, aminorarles los derechos, tolerarlos y preferirlos, aunque suframos algunas extorsiones”. “¡Ven, ven, agente ingles!”, diría Rosa. Pero en el artículo 3º ya había dicho: “Elevar cargos contra el Virrey Cisneros y las autoridades españolas por haber atentado contra el bienestar general al conceder franquicias de comercio libre con los ingleses, el que ha ocasionado quebrantos y perjuicios.” Su objetivo era la protección y desarrollo de los intereses nacionales, no la sumisión a Inglaterra u otra potencia europea.

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