"Hasta ahora, los filósofos han tratado de comprender el mundo; de lo que se trata sin embargo, es de cambiarlo" Karl Marx

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domingo, 24 de octubre de 2010

MARIANO FERREYRA

Junto con Fermín, como otros, alzamos la voz cuando cuando asesinaron a Mariano.  Nuestras palabras eran de bronca y nunca pensamos en una despedida.
Encontré esto y quería compartirlo, que esas letras sean también mi despedida:

"La idea de despedir por siempre a un chico de 23 años que quería vivir, que militaba porque pensaba que el mundo podía ser vivido de otra manera, provoca un dolor indecible".


En la toma de Sasetru.  Tenía 14 años

Un revolucionario. Se ha dicho mucho, muchas cosas buenas y muchas barbaridades desde que se conoció la noticia del asesinato de Mariano. Alguien llegó a decirme por chat: “Pero si es la demostración de que el PO manda a los pibes al muere, no a los dirigentes”. A tal punto llega la miserabilidad.
Toda muerte es tremenda. Toda muerte joven es terrible. De todos modos, nunca defendí la idea de que todo sea lo mismo. De que todo sea igual. Mariano era un cuadro. Tenía 23 años, era responsable político de Avellaneda. En la estructura del PO, el responsable político es aquella persona con mayor importancia, relevancia y capacidad de dirección. (Una aclaración: milité varios años en el Partido Obrero y, a pesar de no ser un miembro orgánico del partido, soy del PO, adhiero a su línea política, sigo pensando que hay que instalar un gobierno de los trabajadores para los trabajadores, y no milito porque soy un diletante, un cómodo, una persona que disfruta de sus privilegios pequeñoburgueses y no los piensa abandonar, a diferencia de tantos otros militantes a los que respeto mucho, militantes como, por ejemplo, Mariano Ferreyra). A pesar de su juventud, Mariano dirigía, entonces, los varios grupos del partido en una zona en la que la reactivación industrial llevó a una mayor penetración de las ideas del PO entre la clase. Tanta era su dedicación, que decidió formarse en un oficio proletario para poder ingresar a trabajar en las mismas fábricas que son el núcleo del programa estratégico de la revolución que pregona el partido. Se convirtió en tornero, Y trabajó como metalúrgico, aunque no pudo lograr un empleo fijo porque, se sabe, la tercerización, la flexibilidad no han acabado durante esta “primavera kirchnerista”. Ni por asomo. Había iniciado su militancia en el agitado 2002. Adoraba a Pablo, su hermano mayor, que era del PO, e ingresó al partido cuando tenía 13 años. Comenzó su desarrollo dentro de la organización, a la que se comprometió con todo su espíritu. Tenía 14 años cuando participó de la toma de Sasetru, una fábrica que el Polo Obrero había decidido tomar y reactivar. Fue delegado de su colegio. Se formó en el marxismo a tal punto que más tarde dirigió cursos sobre marxismo a jóvenes como él, y más jóvenes que él. No dejó de lado sus inclinaciones culturales. Tocaba el teclado e integró varios proyectos musicales. Le gustaban Llhasa y la Pequeña Orquesta Reincidentes, música sofisticada para niños sensibles. Era fanático de la desmesura de Takashi Kitano y Sonatine era una de sus películas favoritas. Había cursado dos años del profesorado de historia, pero en la actualidad pensaba dedicarse al cine. Le gustaban Los Simpsons, Family Guy y Dr. House, seguramente, entonces, no debía descartar al cinismo como una forma de analizar la vida. Sin embargo, la pasión que lo movía era la militancia. No sólo cumplía con las tareas que implica ser responsable político de una zona de vital importancia para los intereses de la política clasista, sino que tomaba compromisos militantes que, orgánicamente, no le correspondían. Había ido a “hacer el aguante” a la toma de Puán, que concluyó victoriosa el mes pasado. Era un dirigente del CBC de Avellaneda. Y había decidido participar del trabajo en el círculo ferroviario, un núcleo obrero muy importante para el partido que lleva ese nombre. Participó del primer corte de vía en julio de este año. Y sus compañeros cuentan que fue a visitar a varios trabajadores en sus casas para convencerlos, para animarlos a que siguieran la lucha por su reincorporación y pase a planta de centenares de otros ferroviarios tercerizados. Sus compañeros de militancia le decían “El Jefe”. Hay que notar una cuestión: a cualquiera le dicen el gordo, el barba, el chueco, el flaco, el petiso, basta con cumplir esa condición. Cuando se le dice “El Jefe” a una persona, desde el cariño y el respeto, sólo significa que se ha ganado ese sobrenombre. Mariano había decidido dedicar su vida a la posibilidad del socialismo, a la posibilidad de instaurar un gobierno de los trabajadores en la Argentina. Más allá de que esa posibilidad pueda ser concretada o no, definir un rumbo de vida orientado hacia tal objetivo implica dejar de lado no sólo creencias comunes a la mayoría de la sociedad, sino tal vez abandonar oportunidades, acomodos, caminos fáciles e, incluso, objetivos personales. También señala que quien elige ese objetivo como forma de vida, entrega su vida a una aspiración mayor que las pequeñeces de la individualidad, en función de un proyecto colectivo histórico, superador. Mariano Ferreyra había decidido dedicar su vida a la revolución obrera. Fue asesinado. El olvido no se posará sobre la memoria de su vida.

MARIANO, ¡HASTA EL SOCIALISMO SIEMPRE!


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