"Hasta ahora, los filósofos han tratado de comprender el mundo; de lo que se trata sin embargo, es de cambiarlo" Karl Marx

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domingo, 4 de diciembre de 2011

Qué queremos las mujeres: 50 y 50.

Estamos celebrando los 60 años del voto femenino y los 20 años de la ley de cupo.
El voto de las mujeres se alcanzó en la Argentina con la ley 13.010 votada el 23 de septiembre de 1947 por el Congreso Nacional durante el primer gobierno de Perón. Era un paso importante, pero no era una entera novedad. Otros países de América Latina ya habían votado leyes semejantes, por ejemplo en 1945, en la Conferencia Interamericana Sobre Problemas de la Guerra y la Paz, en Chapultepec, México, se declaró que los países latinoamericanos que no habían concedido el voto a la mujer debían hacerlo. Guatemala y Panamá cumplieron inmediatamente la medida.
Lo más importante, el rasgo argentino, vino después.  En las elecciones del 11 de noviembre de 1951, ingresaban al Congreso nacional 24 diputadas y 7 senadoras, todas justicialistas. Aunque el partido justicialista era y es una estructura muy verticalista, la presencia de las mujeres representantes en el Congreso fue un primer ejercicio práctico que liberó energía femenina en la política.
Algo parecido había logrado la inspiradora de la ley, Eva Perón, que estaba ya muy enferma. Su trayectoria también había sido tallada bajo el imperio masculino. Sin embargo, de su legado, recibido como parte de una larga herencia que incluye a las socialistas, el movimiento feminista argentino ha elegido olvidar el desmovilizador y tradicional lema peronista, “de casa al trabajo y del trabajo a casa”, para sostener el anhelo de justicia cifrado en la conquista plena de todos los derechos expresados en la representación de intereses de género.
Y esta interpretación inteligente, permitió que el movimiento de mujeres lograra hacer votar en noviembre de 1991 la Ley de Cupos 24.012, que permitía que el 30% de las listas legislativas fueran necesariamente ocupadas por candidatas. Los partidos tuvieron que aggiornarse. Por  cierto, falta mucho todavía, porque necesitamos más mujeres en función de su liderazgo y capacidad y no porque mansamente aceptan lo que los dirigentes partidarios deciden internamente.  Por eso mantenemos nuestro objetivo: paridad, 50 y 50, eso sería equidad, eso sería calidad de representación.

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