"Hasta ahora, los filósofos han tratado de comprender el mundo; de lo que se trata sin embargo, es de cambiarlo" Karl Marx

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viernes, 31 de agosto de 2012

Solo, de Sergio Florentin

-¿Qué carajo hice? No puedo ser tan hijo de puta…-
Miraba al tipo con la cabeza destrozada por el balazo y no lo podía creer. Los ojos secos, perdidos. Y yo ahí, mirándome.
Si, el muerto era yo. Había decidido que yo era lo más importante que había en mi existencia, y estaba cansado de pelear por mí contra todo lo que se me enfrentaba cada día. Familia; trabajo; estudio; salud; hipoteca; religión; traiciones; decepciones; impotencia. Y mil millones más de conceptos que ahora me resultan estúpidos. Pero ya es tarde.
El escritorio está inundado de mi sangre. Los peritos hacen su laburo, mientras escucho que se cagan de risa por lo bajo sin darme demasiada importancia. Uno le reclama eso a la chica que está sacando fotos, y ella contesta algo irrefutable:”Si a él no le importaba él, ¿Por qué debería yo darle importancia?”. La miro con cierta resignación. Bueno, ¿quién puede estar más resignado que un muerto?
Siguen con su laburo, siguen hablando y riendo pero yo no los escucho, distraído contemplándome. Y ahí caigo que seguramente las personas a las que suponía aliviar, deben ahora cargar con algo que no tiene solución. Mi cadáver. Mi suicidio. Mi abandono. Y siento cierta angustia que había perdido, oculta por la insensibilidad de los últimos años. Y quiero llorar, pero no puedo.
Y me horroricé, eso sí que estaba dentro de mis actuales posibilidades. Esa sensación era algo que en vida jamás tendría, pero que ahora era mi máximo temor. ¿Qué soy? ¿Un fantasma? ¿Un alma en pena? ¿Estoy en el Limbo? ¿Alguien vendrá por mí? ¿Esto es parte del castigo Divino por haber tomado la decisión de terminar con mi vida? ¿O es parte del divertimento del Mal, disfrutando de otra alma ganada? ¿O no hay Dios, no hay Mal y no hay nada más que La Nada después de vivir? ¿Será esto La Nada, la Eternidad?
Todo esto pasaba mientras retiraban el cuerpo que había alojado la cosa que soy yo ahora, solo una consciencia espectral, sin posibilidad de ser visto, sin posibilidad de verme. De terminar lo que dejé inconcluso. De dar las explicaciones del caso a la gente que me importa. De empezar de nuevo.
¿Qué resta ahora? ¿Sentarme y esperar qué? Benditos los que enfrentan sus demonios. Benditos los que tienen los huevos para vivir. Benditos los que hicieron que hoy recuerde mi vida con algún destello de felicidad, ahora que ya no estoy allí. Maldigo la hora en la que tomé esa pistola, maldigo la hora en la que me bajé ese whisky para tomar coraje. Maldigo los gramos que me tomé. Maldigo jalar el gatillo. Maldigo a todos y a nadie.
En vano maldigo y bendigo, solo y despojado del Bien y el Mal. Esperando que uno de los dos, cualquiera, exista para que venga por mí. Porque ahora sí, estoy dispuesto a enfrentar lo que me toque.
Pero no solo.

"...no puedo llorar
y me voy yendo
no puedo llorar, no ves
que no se adonde mirar
que no podré respirar
que no hay lugar 
donde llorar
si lo supiera
sería el primero en ir
a conocer la razón
a desterrar el dolor
a respirar"
No puedo llorar, Jaime Roos

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