"Hasta ahora, los filósofos han tratado de comprender el mundo; de lo que se trata sin embargo, es de cambiarlo" Karl Marx

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domingo, 29 de enero de 2012

ANDALGALÁ: ZONA DE SACRIFICIO (Y PUÑOS EN ALTO) por Juan Pablo Villarino

Andalgalá me recibió con una sorpresa dirigida al centro de mi persona. Venía preparado para escribir sobre los recientes enfrentamientos entre un pueblo harto de las mentiras de la minería, para eso me había contactado con Urbano Cardozo, sin dudas uno de los referentes locales en el tema. Antes de poder llegar a su dirección lo encuentro a Urbano por la calle. En el auto, a Urbano se le escapa el dato de que había vivido un año en el exterior, y que durante aquel exilio había aprendido a querer la patria. Se me ocurrió preguntarle dónde había vivido. Pero nunca esperé por respuesta la siguiente: Boston, 1960. ¿En Boston, en el 196? ¿Está seguro? ¿No se habrá confundido? Y Urbano no sólo no se había confundido, sino que añadía el dato que revelaba la coincidencia y la “pañuelez” del mundo: había estado allí en una misión de la Marina Argentina. Pues bien, mi padre estuvo en Boston en ese mismo año, en la misma misión de la Marina. De manera que Urbano había sido compañero de mi padre en ese viaje cuyos ecos formados de antiguas fotografías Polaroid revolví de chico en armarios y cajones, y que sin dudas fue un antecedente de mi locura por los viajes. De esta manera, en Andalgalá, encontré inesperadamente una pieza de mi propio rompecabezas….
Después de digerir la emoción pasamos al trabajo. Primero fui invitado a hacer nido por un par de días en la Oficina de Información y Participación ciudadana. Las tardes fueron amenas, escribiendo al resguardo del calor de las siestas, siempre listo para tomarme un descanso y degustar los dulces de membrillo que me elaboraba Doña Chabela, la vecina, quien parecía haberme adoptado como un hijo. Urbano fue una persona clave en contactarme con las distintas voces de Andalgalá, además de mostrarme su archivo personal de vivencias. El pudo fotografiar a los zorros que a 30 km alrededor de la mina no tienen piel. Más de una vez, anónimos en obvio nombre de la santa mina golpearon su puerta con un cheque en blanco y le dijeron: “Don Urbano, ponga Ud. los ceros”…
Una de las primeras personas con las que hablé fue Juan Cólica, ingeniero agrónomo con un Master of Science en olivicultura. Aquí va un condensado de información para los que aún tienen alguna duda sobre la contaminación actual producida por la minería a cielo abierto. El primero punto que tocamos es, naturalmente, el agua. La mina utiliza 70 millones de litros de agua por día (800 lt por segundo) según las propias declaraciones de La Alumbrera. Mientras los habitantes de Andalgalá deben pagar 3 pesos por una botella de agua mineral, ellos, los todopoderosos, la utilizan gratuitamente. Para darse una idea, la recarga natural por nieve es de 300 litros por segundo. Además, la mina elimina el acuífero Campo del Arenal, reserva de agua dulce de origen paleozoico. Eso lleva a la reducción de las napas en 10 metros en toda la zona del Río Santa María.

El Rio Vis-Vis y Amanao han recibido ya incontables filtraciones porque los diques de cola jamás se impermeabilizaron con una geo-membrana, que le hubiera costado a la empresa unos 86 millones de dólares. El mensaje es claro: ustedes pueden morirse, pero nosotros no podemos desviarnos del presupuesto. Las mediciones de presencia de metales en el Vis Vis han dado positivo, con valores elevados, sin tener en cuenta los metales más pesados para los que no existen valores guía o tope declarados por la OMS. En el caserío del mismo nombre, donde vivían 54 personas, ya no hay escuela, han muerto los animales y los campesinos agobiados se mudaron a Andalgalá, donde de todas maneras murieron de cáncer, información celosamente guardada por Salud Pública. Hoy en Vis-Vis permanecen apenas 3 personas.


Foto de foto: zorro sin piel en la zona de La Alumbrera

En toda la zona de Andalgalá se han comprobado ya seis derrames del mineraloducto (cinco en Villa Vil y uno en Ampujaco). Los derrames no afectan solamente a Catamarca, ya que el mineraloducto transporta todos estos metales inútiles y contaminantes a través de Tucumán. Hace tres años hubo un gigante derrame en Villa Lola, cerca de Concepción. La Mina le pagó al dueño de las tierras para que enterraran las bolsas con concentrados, pero como luego no cumplió el pago para mantener el silencio sobrevino una denuncia anónima que determinó una causa ante la fiscalía federal. Los peritajes encontraron 40 minerales contaminantes en las tierras aledañas al mineraloducto. Como si fuera poco, la empresa minera viola la ley 24.585 de control ambiental que prohíbe tender los ductos a lo largo de los lechos de los ríos, lo que permite a la empresa ocultar eventuales derrames más rápidamente. En general los ingenieros en minas se jactan de que la minería es la única actividad regulada por una ley específica, aunque pasan por alto que violan gran número de leyes, ordenanzas y artículos de constitucionales.

Hoy, el propio informe de Impacto Ambiental encargado por la minera a una empresa privada declara un nivel de acidez (PH) de 8,5 en la aguas del dique de cola (las mismas que frecuentemente se filtran en la tierra). En ellas se destaca la casi total ausencia de vida microscópica. La empresa explica que en 10 años el cianuro se habrá neutralizado por el mismo efecto del sol. Ese proceso, posible en un tubo de ensayo, es impensable, según los bioquímicos, en una sopa química en la que además están presentes todo tipo de aceites y sulfatos. Para colmo, en el informe los técnicos declaran haber usado cinta de PH para la medición de la acidez, lo que de paso delata el escaso nivel académico de nuestros orgullosos (y panzones) ingenieros en minas, que alardean de su formación académica pero claramente utilizan tecnología que en el resto del mundo es obsoleta. Un dato importante es quizás que ingenieros de la Universidad de Nantes han ya probado con el método de emisión de isótopos trazadores, que la acidez liberada en la mina llega hasta el llamado Bolsón de Pipanaco, una reserva de agua subterránea que abarca hasta el norte de la provincia de La Rioja.

Con este altísimo costo de contaminación y embrutecimiento cultural, se produce el oro que se exporta y, ya convertido en lingotes, pasa a engrosar las reservas de las naciones. El oro sigue siendo, aunque parezca mentira, una unidad irracional de cambio. Nadie puede precisar por qué el oro vale, siendo uno más de los cientos de elementos de la tabla periódica, con poca o nula utilidad intrínseca. Sólo el 11% del oro producido se utiliza para confeccionar circuitos electrónicos, debido a su buena conductividad. El resto es simplemente materia plástica del fetichismo humano. El poder y la solvencia de naciones como Suiza, es arrancado de bajo los pies de niños como Manuel (ver posts anteriores) que juega con su bicicleta sin cubiertas ni cadena. Pero no es sólo oro lo que se va.

Cuando se descarriló uno de los vagones del famoso tren azul, que transporta al Puerto de San Lorenzo (Santa Fe) todo el material listo para su embarco, Gendarmería Nacional y jueces federales constataron la presencia de más de 60 minerales no declarados, que dejaron calcular que la empresa minera evadía unos U$S 8.000 millones anuales. ¿Y cuáles son estos otros minerales? Algunos pueden ser incluso más valiosos que el oro. Un trabajador de la mina nos relató un episodio en que dos geólogos se hicieron presentes a la carrera tras la misteriosa aparición de ciertas vetas azules en rocas sacadas a superficie. Los geólogos, uno de ellos extranjero, no necesitaron demasiados análisis para entender que habían dado con una veta de niobio, un rarísimo metal, tan raro que no lo reconoce ni el corrector ortográfico del programa con que escribo. Los geólogos corrieron nuevamente, esta vez a buscar el champagne (que no compartieron con los trabajadores). El festejo, que discurrió en inglés, duró varios minutos. El niobio se usa en la construcción de superconductores, en el enriquecimiento de uranio, y en la aleación que protege a los trasbordadores espaciales en su entrada a la atmósfera, por ello es tan valioso que ni siquiera tiene un precio de marcado estable. La opulenta y especializada demanda paga lo que se pida.

Andalgalá está ahora amenazada por un nuevo yacimiento en fase de exploración, llamado Agua Rica, concesionado a Yamana Gold. Tendría un tamaño tres veces mayor a La Alumbrera, y explotaría la zona del Rio Minas, afluente del Andalgalá, al que haría literalmente desaparecer por excavar el tajo de mina sobre su lecho. Esto constituye, dicho sea de paso, una infracción al Código Civil, que prohíbe la modificación de los cauces de los ríos por partes privadas. Al sur de Andalgalá el gobierno prohibió la instalación de un emprendimiento olivícola de 15.000 llamado Olifrut SA. Para concederle a la minera, en esa misma zona, un pedimento de agua al Proyecto Agua Rica. El mensaje está claro: Andalgalá es una zona de sacrificio, la minería tiene prioridad para el aprovechamiento del agua. En la vecina zona de Pomán, hay 22 establecimientos olivícolas, en Andalgalá, ninguno…
Hace 12 años que La Alumbrera está extrayendo oro. Las mejoras prometidas, el despegue económico regional, no se ve. Andalgalá sigue siendo, para cualquier observador externo, un departamento pobre, con calles mal pavimentadas, y una constelación de tachos que irónicamente incitan al ciudadano a cuidar el medio ambiente tirando allí sus residuos. Primero la gente estaba contenta, cuando en 1996 se empezó a construir el mineraloducto. Parecía como si el hecho de que el pueblo se viera saturado de camionetas doble cabina acarreara por sí solo es progreso. Por ahora el legado, además de las calles rotas, y alguna computadora de segunda para alguna escuela, son las canchas de paddle frecuentadas por ingenieros en minas panzones y mentecatos, (en su mayoría procedentes de la clase media vapuleada, resentida, y con necesidad visceral de una 4x4 para reivindicar su status). Los 60 operarios locales que ha tomado la mina (de los 6000 prometidos) que se conforman con el Direct TV. Los trabajadores locales siempre están prontos a justificarse diciendo que tienen hijos que mantener. Y para mantener a sus hijos firman la sentencia de muerte de sus nietos y de los ajenos.

Por eso la gente salió a la calle el pasado febrero. Un documento que preveía la indemnización de los pobladores para que abandonen la ciudad en caso de comprobarse la presencia de oro bajo la misma fue la gota que rebalsó el vaso. Ese yacimiento es conocido como Pilciao 16, y la boca de mina coincide con el trazado urbano de Andalgalá. Cuando en febrero los andalgalenses de la Asamblea del Algarrobo, con amplio apoyo popular, cortaron el acceso a las camionetas de exploración minera a la zona de Agua Rica, lo que sucedió fue una batalla campal con balas de goma, sin resguardo hacia mujeres, niños o embarazadas. A un hombre le quitaron su bebé para poder luego molerlo a bastonazos sin misericordia. El intendente, un tal Perea, afirmó que los cientos de personas que estaban en la plaza era “7 u 8 hippies borrachos”. (Nótese que en su perdonable ignorancia usa como afrenta el vocablo hippie –pronunciando con dificultad la h aspirada- , que en cualquier país del primer mundo sería más bien un innegable elogio asociado a una generación dorada que consiguió notables victorias sociales). Lo cierto es que, hippies o no, los locales hicieron sentir su bronca. Una lluvia de piedras rompió los cristales de la oficina de Yamana Gold, y quemaron parte de la municipalidad. Hoy los vecinos se siguen juntando bajo el mismo algarrobo para deliberar, consensuar la lucha, y velar por el cumplimiento de la prórroga que prohíbe a la empresa minera continuar con sus exploraciones en el área. El sentimiento en el aire es que los camiones mineros volverán a embatir contra el valiente bloqueo, una vez que la justicia retire la medida cautelar. Por eso, el aire de Andalgalá sigue oliendo a llanto, a bala de goma y, sobretodo, a héroes.

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