"Hasta ahora, los filósofos han tratado de comprender el mundo; de lo que se trata sin embargo, es de cambiarlo" Karl Marx

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domingo, 24 de febrero de 2013

Camino de ida y vuelta a Iruya, en la provincia argentina de Salta


Iruya es un pueblo hermoso, pero más lo es el camino que hay que recorrer para llegar a ella.  Si me piden un calificativo: ¡MARAVILLOSO!
La verdad que no tenía idea de lo que me esperaba, cuando pregunté en la terminal de Humahuaca cuanto tardaríamos en llegar, me llamó la atención la respuesta.  Cómo se explicaría tanto tiempo para tan pocos kilómetros.
Cuando salimos y al cabo de avanzar unas cuadras por la mítica ciudad humahuaquense uno se topa con la ruta 9, que se extenderá hasta La Quiaca, marcando el paso firme y rápido hasta que el colectivo se detiene y comienza a avanzar sobre un camino de tierra y ripio que a medida que avanzábamos se hundía en la tierra. 
Efectivamente el camino se hunde internándose en las abras, o sea, la parte más baja entre dos cerros, para luego de unos kilómetros ascender sobre ellos.
Nada más que 47Kms. que como si fuera a propósito pareciere que se multiplican por diez porque el paso se hace lento como si la geografía del lugar quisiera que nadie se pierda detalle de su belleza.
Si cabe la recomendación, sugiero no dormir en el viaje, hacerlo temprano en la mañana para poder apreciar en su magnitud los colores y especialmente como las nubes miman con abrazos a los cerros.
Al camino de abras se le interponen una serie de cerros que entre caminos que serpentean hay que sortear y para maravillarse entran en escena el cerro “El Cóndor”  y el más imponente y bello para mí “El Morado” que da la sensación de que lo hubieran pintado con vino tinto.
La primera parada es en el pueblo de Iturbe, un pequeño caserío, al que en otra oportunidad en que rumbee por aquí me he de quedar un día al menos.  Al llegar uno estaciona en una vieja estación de ferrocarril, hoy devenida en “terminal” de ómnibus.  Luego le seguirán una serie de pueblitos mucho más pequeños pero bellos, todos con sus casas de ladrillos de adobe y paja, algunos de estos poblamientos también dejarán ver sus cementerios con todas sus tumbas decoradas por hermosas flores de colores.  Algo que particularmente me llamó la atención, fue ver casas y corrales de piedra (pircas) abandonados.  Obviamente me pregunté por qué, pero sólo las piedras sabrán la respuesta…

Seguí recorriendo este camino clickeando aquí: 
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