"Hasta ahora, los filósofos han tratado de comprender el mundo; de lo que se trata sin embargo, es de cambiarlo" Karl Marx

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jueves, 6 de octubre de 2011

El lado oscuro de las rosas por Laura Lazzarino y Juan Villarino

Primer ensayo de escritura conjunta.... por Juan y Laura
Pensemos, ¿Qué relación puede haber entre las rosas, los supermercados de los EE.UU. y las malformaciones en los nacimientos en el norte de Ecuador?
A mí nunca me gustaron las rosas. Ni su color, ni su perfume, ni su significado. La rosa me parece una flor soberbia, vanidosa, con una belleza tan icónica que eclipsa a la importancia del gesto de obsequiarla. Son flores caras, flores perfectas, flores que no crecen en cualquier jardín (no al menos las que se aprecian por su pomposidad). Por eso siempre preferí las margaritas.
Para la historia, en cambio, éstas han sido las flores predilectas. Mosaicos griegos y manuscritos chinos dan cuenta del cultivo de rosas desde el siglo XVI a.C. Los sibaritas (de la polis griega de Sybaris) acolchaban los lechos con sus pétalos. No faltaron ni en los jardines colgantes de Babilonia ni en los monasterios medievales. Desde el 1700, variedades chinas introducidas en Europa dieron origen a híbridos, como el Híbrido de Te generado por Guillot en Francia hacia 1867. Desde entonces se amplió la paleta cromática, la floración y se potenció el aroma. Era el origen de la rosa moderna, pero también de la manipulación. Tras haber exaltado banquetes romanos y nutrido la imaginería de los mitos griegos, la rosa comenzaba a encarnar el cliché del amor a nivel popular. Se transformó incluso en el emblema del socialismo internacional, en honor a Rosa Luxemburgo (1871-1919), teórica marxista de origen judío. Esta democratización de la rosa, no podía ocurrir sin ciertos sacrificios…
14 de febrero, día de San Valentín. Lugar: cualquier ciudad del planeta tierra. Un joven le regala una rosa a su enamorada. La acción se repite millones de veces si miráramos el planeta desde arriba. La rosa es impecable. ¿Pero cuál es el precio oculto de este esplendor? En Ecuador, tercer productor mundial de rosas después de Holanda y Colombia, tenemos la oportunidad de conocer más esta actividad y sus costos humanos y ambientales. No muy lejos de Mitad del Mundo, en las zonas aledañas a Cayambe, en los luminosos y cálidos valles al norte de Quito, encontramos la principal zona productiva. Aquí, los valles se están “plastificando” con invernaderos dedicados a la rosicultura. Dentro, los pobladores locales que antes cosechaban sus propias tierras, venden su hora de trabajo a grandes empresas que exportan estas flores perfectas a los mercados de EE.UU y Europa.
Y sucede que no hay manera de producir esas rosas perfectas, con sus pétalos en amplio despliegue, que no sea fumigándolas con pesticidas y fertilizantes ¿Cuál es la consecuencia? Pudimos entenderlas mejor cuando visitamos la Escuela para Niños con Discapacidad Mental del INFA, en Ibarra. Fuimos invitados por Mercy, una maestra que había asistido a nuestra presentación y que comprendió al pie de la letra nuestra misión en este viaje.
No era la primera vez que tomábamos contacto con niños con discapacidad. Sin embargo, esta ocasión estaría marcada por un dato tan curioso como alarmante. Sucede mientras que por lo general el origen de la discapacidad es difícil de determinar, aquí la mayoría de los niños provienen de uno de los sectores más productivos del Ecuador: Cayambe. Sí, el sitio que da origen a las rosas más hermosas del mundo, recibe año a año a un número creciente de niños con discapacidades mentales. ¿Casualidad, coincidencia? En absoluto. Los químicos y fertilizantes que se usan son tan poderosos que no distinguen entre plagas, pulgones y humanos. Y los grandes empresarios son tan irresponsables que no sólo descartan la posibilidad del negocio orgánico, sino que ni siquiera se molestan en proteger a las mujeres embarazadas.
“Si viene el veneno con un embarazo de dos meses, no hay más wawa”, declara resignada María, una mujer que vive de los cultivos de rosas. ¿Y si el embarazo está más avanzado? ¿Si la mamá no tiene con quien dejar al bebé y lo tansporta con ella en su awayo? Las respuestas son evidentes, y asisten al colegio que estamos visitando. La impotencia entonces es por partida doble: querer tanto con ellos y poder tan poco, y a la vez saber que en muchos casos este conflicto se podría haber evitado.
Nuestra furia de novatos se ve aplacada con la enorme sonrisa de Mercy, que adivina nuestros pensamientos y trata de dirigirnos hacia lo que sucede hoy en día. “Lo que está hecho, hecho está. Y ahora tenemos la misión de capacitar a estos niños y contener a sus familias, para que puedan ser lo más independientes posibles dentro de su propia casa.” Claro que su trabajo es valiosísimo, pero también lo sería una toma de conciencia colectiva. ¿Dónde hay más amor: en una rosa de película, o en una más pequeña que ha sido producida de manera natural, protegiendo el medioambiente y las personas que allí viven? No hay mucho que pensar, pero parece que “San Yanquilín” no admite un 14 de febrero sin rosas rojas…y así estamos.
Afortunadamente no todos los empresarios piensan con la billetera. La etiqueta “Flor Ecuador”, un sello que garantiza la producción bajo las más estrictas normas medioambientales, está tomando impulso. El problema radica en que los principales clientes son los supermercados estadounidenses, que buscan las flores producidas a menor costo y de bella apariencia para ampliar su margen de ganancia. Y por ende el mercado orgánico queda fuera de juego.
Por eso les pedimos a los enamorados del mundo que antes de comprar rosas se informen sobre su procedencia. Es preferible gastar un poco más y sostener una buena causa. Y si las flores orgánicas no están a su alcance regale margaritas: son más baratas, crecen en cualquier jardín y son más originales. Pero por favor, díganle “no” a las flores del mal.

Para saber más sobre como apoyar nuestro proyecto educativo y social, entra aquí. 


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