"Hasta ahora, los filósofos han tratado de comprender el mundo; de lo que se trata sin embargo, es de cambiarlo" Karl Marx

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lunes, 19 de agosto de 2013

R de Rumbos

Hay quienes sostienen que tenemos un camino, un rumbo trazado.  No sé, me cuesta creerlo pero si es así; en algún momento lo perdí. 
Si tal cosa existe.  Yo nací sin saber por dónde ir.  Guiado por carteles confusos me perdí cientos de veces.
Si existiera en la medicina un nombre para mí caso este debería ser “norte dislocado”, porque siento que en algún momento alguien me sacó de lugar o como en los dibujitos animados, alguien pintó la flecha para otro lado y yo la seguí. 

Desconozco si tenemos un rumbo trazado de antemano, poco me importa saberlo en realidad.  Al fin y al cabo qué es el rumbo; sino la forma en que algo se conduce o desarrolla.

La vida es el rumbo o el norte?  Acaso la vida es el camino que marca el rumbo o viceversa.  Si ese cartel de dibujitos animados existió: realmente perdí el rumbo o simplemente es un camino, tal vez, e insisto con el “tal vez”, un poco más largo.

No importa, por lo pronto he de seguir “rumbeando por ahí”…


Te querés sumar a este juego, a este desafío (Días de Abecedario- invitación de Camino Mundos) de escribir tantos días como letras tiene el alfabeto, o, tal vez preferís escribir una vez al mes porque no tenés tiempo por ejemplo, entonces te podes sumar al Veo Veo.
Enterate en que consiste cada juego en “Juegos entre blogueros”  


domingo, 18 de agosto de 2013

Q de Quiniela

Nunca gané nada, la timba no es lo mío, no se me da.  La fortuna jamás se me presentó en formato de número y apuesta, aunque no voy a negar que más de una vez me viera tentado a gastar unos pesos con la ilusión de alzarme con ese premio millonario que promete “felicidad”.

Para mí que nunca pude acertar un número porque no puedo recordar lo que sueño y las poquitas veces que lo hago, si no me hago un recordatorio inmediatamente lo olvido.  A los quince minutos y como el 15 (niña bonita), la belleza e inocencia del sueño se esfuma y se contamina.

A veces no pasan cuatro segundos desde que salgo de la cama (04) y ya me olvidé lo qué soñé.  Con suerte alcanzo a ponerme las zapatillas (42) y seguro que se ha tratado de un sueño donde he muerto (70), aparece un muerto (47) o algún muerto me habla (48)  Esos son sueños que recuerdo y me dan miedo (90)   Lo mismo que un incendio (08); el dentista (37); la cárcel (44); la pelea (82) me dan miedo.

Nunca supe por qué me gusta el número 28, el cerro.  De los que conozco el cerro Uritorco, en Capilla del Monte en la provincia argentina de Córdoba es mi preferido.

Como decía, nunca he sido afortunado apostando a un número; mi fortuna radica en los sueños que no se pueden numerar.  Mis sueños son fabulosos como una quimera y contrariamente a lo que me digan, no son una ficción imposible!!!

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sábado, 17 de agosto de 2013

P de Puente

El puente peatonal de la estación de trenes de Pergamino, mi ciudad, le dio nombre a ese “taller literario” donde cada martes, nos encontrábamos un grupo totalmente desparejo a escribir un rato en lo que otrora había sido la oficina de encomiendas del ferrocarril.  En ese lugar olvidado surgió “El Puente”, un espacio sin tiempo donde escribíamos sobre lo que fuera, compartíamos charlas sobre política o el tema que surgiera y cada noche concluía con un “cadáver exquisito”.
El nombre surgió del puente que une los andenes, pero a mí se me ocurre que en realidad, “El Puente”, nos lo impuso el lugar que nos cobijaba y lo adoptamos inconscientemente.  Porque acaso no se podría pensar esa vieja oficina como un puente.  La mismísima estación de hecho no lo es.  Nosotros, escritores amateurs, solitarios que le escapábamos a la noche y la responsabilidad con cualquier excusa, no era a través del puente que nos escabullíamos a vaya a saberse a qué lugares.  Si, “el puente” era nuestra vía de escape, un canal de encuentro, el modo de traspasar esa zona peligrosa hacia esos universos donde el día podía ser de veintiséis horas y media. 
Sólo a través de un puente a otra dimensión el peronismo, el tango, el futbol y la filosofía sufí podían convivir con total naturalidad hasta que regresábamos sobre nuestros pasos y, si no fuera porque tomábamos caminos diferentes, seguro comenzaríamos a pelear.  El puente nos unía y nos trasladaba a un espacio que algunos dirían que es irreal…

Me gustan los puentes!  Me gustan los verdaderos, los imaginarios, los que cuelgan, los puentes abrazos, los puentes que generan las redes sociales, la mirada como puente. 

Me gustan los puentes porque unen!!!

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viernes, 16 de agosto de 2013

O de Oficio


El oficio del poeta está lleno de vicios;
subterráneas soledades,
siempre enamorándose de deidades
invitándolo a cometer homicidios


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jueves, 15 de agosto de 2013

Ñ de Ñoquis

Los ñoquis de la abuela Fina

El recuerdo que tengo de ellos es sobre una mesa de madera, tipo las que decimos de campo,  cientos de bollitos desparramados sobre la madera llena de harina y Fina con el delantal, yendo y viniendo de la cocina que estaba al lado, donde se calentaba el agua y se preparaba la salsa.
No hubo día 29 de los que recuerdo estando a su lado que no haya comido ñoquis.  Ese es un día especial.   Ñoquis un 29 es día de fiesta y fortuna y en la casa de Fina, debajo de cada plato se depositaba un billete para atraer a la diosa.  No tengo idea si a alguien le funcionó alguna vez pero lo que estoy seguro que ni bien terminábamos de comer, salía disparado al kiosko de la esquina a comprar cuánto me alcanzara con ese billete.

Ahora hace muchos años que no como ñoquis.  Mi otra abuela, María, que también los hacía riquísimos pero más rica hacía la salsa ya no están hace rato y no sé si es fidelidad o qué, pero ñoquis, sólo comería si son de la abuela…

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miércoles, 14 de agosto de 2013

N de Neolítico

“A partir de ese momento la cagamos!!!” me dijo en una clase de ciencias sociales un estudiante y me dejó pensando hace unas letras atrás, con este día “N” de hoy.

“La revolución neolítica” cambiaría el modo de vida del hombre hasta hoy.  Con ella, con la irrupción del neolítico quedaba atrás la etapa más larga del hombre sobre la tierra.  Entre los ríos Tigris y Éufrates en el actual Irak o en las márgenes del Nilo en Egipto, sólo para citar un par de sitios clave.  El hombre, los hombres comenzaron el proceso de sedentarización en torno a lo que llamamos “la media luna fértil”.  Pequeños clanes comenzaron a levantar sus aldeas, luego ciudades cada vez más complejas en cuanto a la organización política y religiosa y como diría mi pequeño estudiante: “la cagamos”, porque no sólo abandonábamos esa “libertad”, que cientos de viajeros se resignan a abandonar y a pesar de todas las ventajas que ofrece una vida sedentaria, en cualquier tiempo y lugar, su ámbito ha estado y está en el camino.  Caminando, haciendo dedo o autostop, en aviones o trenes moviéndose de aquí para allá con el afán de no establecerse en un lugar sin más y que la vida transcurra con total “normalidad”.

A mí se me ocurre que viajamos porque es algo que está en nosotros, que es parte de ese primitivismo que todo ser humano guarda en cada célula.  Qué más allá del mercado turístico y las vacaciones.  Moverse, es una acción implícita en el cuerpo que algunos llevan a límites inimaginados como cargarse una mochila al hombro y salir sin tiempo a conocer el mundo.

Pero volvamos sobre las palabras del estudiante de sociales  “A partir de ese momento la cagamos!!!”  Dijo y yo no pude retarlo por su vocabulario soez, sino que me reí y le permití que se explicara.  Para mí sorpresa, él había comprendido perfectamente el concepto de revolución, de cambio y por sobre todo llegó a la conclusión de que la división de clases que se generaría desde entonces sólo beneficiaría a unos pocos.  Fascinado por sus respuestas, lo incentivé a que hurgara más en su reflexión y no lo dudó mucho y salió diciéndome que “la vida del hombre estaba mal”.  Qué él no despreciaba las ventajas del sedentarismo.  Que el estarse “quieto” en un lugar, nos había permitido comenzar un proceso de avances tecnológicos que si bien favorecían nuestro desarrollo como especie, como sociedad, “también nos jodía”  Y aunque ahora sí tuve que llamarle la atención por el vocabulario, le pedí que siguiera explicando.  Lo hizo, dio un salto enorme y comenzó a criticar la evolución y a comparar el proceso de explotación con los efectos de la sedentarización del siglo XX y XXI  Llámese obesidad, tabaquismo, problemas cardíacos y cosas así.

Concluida su explicación, no podía hacer más que felicitarlo y me quedé pensando cuan responsable podía ser yo, puede sonar soberbio de mi parte, de sus palabras.  Pero en realidad el mérito es todo suyo.  Su profe de sociales, sólo le ofreció otro camino al saber porque mis clases, tienen algo “diferente” porque con ese grupito de pebetes de doce y trece años tenemos una “química” especial y cuando estudiamos, además del clásico manual, trabajamos con muchos blogs de viajeros que recorrieron o están recorriendo esos lugares que nosotros estudiamos.  Ellos saben que a mí me gusta la mochila al hombro y hacer dedo, les encanta que abandone la clase para contarle por dónde he rumbeado o a partir de lo que conozco por otros blogueros viajeros los lleve de paseo por esos lugares que nos parecen tan lejanos, tan imposibles de alcanzar.  Se matan de la risa cuando recorremos los caminos de la historia subidos a un carro tirado por caballos hasta que un día, zaz, el camino tiembla por kilómetros y entramos en un proceso de cambio y comenzamos a andar por el Neolítico.  El carro ahora es un Mercedes Benz 1114, el vehículo lo eligieron ellos para explicar el cambio revolucionario, o, cuando recorrimos la ruta Panamericana, ¡en el 1114 claro!  Y al llegar a Bering, dijimos: “seguimos y recorremos todo el Cinturón de Fuego”   Así viajamos y es maravilloso.

No sé si algún día ellos o yo visitaremos tantos lugares como los que estudiamos en toda nuestra vida escolar.  Ni siquiera sé a ciencia cierta si estos jóvenes se acordarán en un par de años del “profe viajero” que por los medios que puede los invita a viajar.  Lo que sí sé es que  este día “N” es especial. 

Hace unos días, el estudiante que les mencioné me escribía en mi muro de facebook “que se había comprado unas zapatillas como las mías y que de a poco, se iba a convertir en mochilero como yo”, jajaja J 
Ese chico, si que sabe cómo ganarse un diez!!!


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martes, 13 de agosto de 2013

M de Momentos

Lo mismo que un conjunto infinito de puntos crean una línea,  la vida es una consecución de momentos…
Cuánto dura un momento?  Segundos, días, años tal vez?  Quién se atrevería a darle una medida?
A veces creo que soy una especie de “insatisfacción crónica que camina”.   No me permito disfrutar el momento sin más, salvo raras excepciones y sé, que hago “M”al, me equivoco.
Entonces me sucede que si un momento está comprendido por un abrazo quiero otro, no me alcanza, no me conformo con el momento, por más cariñoso u afectuoso que pueda ser, voy a querer otro.
Si esa persona que elegí para la vida me ofrece la posibilidad de más días antes de marcar el final, también.  Me enojo, hago berrinches, insulto, reclamo más y no puedo quedarme con esos momentos mágicos, tiernos y cálidos.  Quiero más…

Ahora bien, dejemos de lado mi condición “psicológica”.  Así se dice no!?

Volvamos a los momentos, a este momento en que disfruto como nunca esto de escribir sin más.  Como vengo sosteniendo (I de Iris), es probable que en ese momento que aun no es.  El día que se cristalice ese momento en que habré concluido este almanaque abecedario.  Publicado mi último post del día “Z” seguro ese día será el momento de repasar todos estos momentos que se escribieron a diario.

Casualmente hoy, es día martes, según el calendario gregoriano.  Más aun, no es un martes común, sino que es un martes que se escribe “M”, de día “M” para mí y como si fuera poco es “martes 13”.  Día en que los cabuleros advierten de los peligros de casarse o embarcarse.

Dentro de los momentos memorables que hacen mi vida, está aquel martes 13 en que presentaba mi investigación sobre las Milicias Urbanas en las Invasiones Inglesas de 1806-1807 y con su defensa, concluía mi carrera, me graduaba como profesor de historia.  Inolvidable momento también, cuando le anuncié a mi profesora que rendiría ese día y ella, cabulera o algo por estilo, me advertía del ingrato número y día.  Pero como digo, el trece como el martes trece, no me ha dado malos momentos sino todo lo contrario.

Memorable, con “M” fue el día que emprendí mi primer viaje como “M”ochilero.  Uf, ya casi son veinte años!!!  Un “M”ontón de años, un montón de momentos se han sucedido desde entonces.  No tantos como las veces que salí a rumbear por ahí cargando mi “M”ochila.  Pero que importa.  Aun me sigo “M”oviendo y tengo el deseo de conocer cuanto pueda del “M”undo.

Podría seguir enumerando momentos.  De los buenos, de los malos, de los agrios, de los dulces, de los cálidos, de los intensos, de los tristes y la lista de calificativos seguiría pero, a diferencia de una línea, los momentos no son infinitos, pero son tantos que se tornaría imposible poder contarlos…


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