"Hasta ahora, los filósofos han tratado de comprender el mundo; de lo que se trata sin embargo, es de cambiarlo" Karl Marx

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miércoles, 8 de junio de 2011

MERCADOS POPULARES: Qué culpa tiene el tomate o cómo comprar más rico, sano y barato


Un documental realizado por siete directores suma cortos realizados en la Argentina, Bolivia, Perú, Colombia, Brasil, Venezuela y España. Reflejan el trabajo de productores, feriantes y clientes, a través de historias personales.
 
La pareja de campesinos transita sus días en el silencio del rancho, bajo la luz del sol que cae sobre el inmenso monte. El hombre camina entre las plantaciones y la mujer prepara la comida que transportarán toda la noche rumbo al mercado popular de Posadas, en una carreta tirada por bueyes. La cadena de producción terminará en el consumidor, que recibirá el alimento sin intermediarios, de la planta hasta su mesa. Así comienza el documental Qué culpa tiene el tomate, que se exhibe en el cine Gaumont. La película, cuyo título remite al emblema de los republicanos en la guerra civil española, reúne el trabajo de siete directores de Iberoamérica sobre ferias populares que se dan en cada uno de sus países, con una mirada crítica sobre el sistema de comercialización de alimentos, a través de diferentes idiosincrasias y formas de vida. Lo hacen de modo contemplativo, sin entrevistas ni voz en off, bajo una fluida y minuciosa técnica observacional, donde los protagonistas son tanto los productores y sus productos como los propios clientes, en contraposición a las cadenas de supermercados que viven en la mayoría de las ciudades. Los cortometrajes se sitúan en la Argentina, Bolivia, Perú, Colombia, Brasil, Caracas y Galicia. “Entre un grupo de productores nos preguntamos cómo era la manera que teníamos de conocer en profundidad la cultura de un país, y todos coincidimos: a partir de conocer sus mercados populares, donde se comercializa de forma directa. Ahí nace la idea”, señaló el productor general Hugo Castro Fau.
Alejo Hoijman, director de la parte argentina, aseguró que “la economía formal que conocemos en grandes ciudades deja afuera a mucha gente que tiene capacidad de producir y que está calificada para trabajar. Hay sistemas alternativos que pueden mover la economía de esa gente, y me interesó mostrar esos espacios, como el de Misiones.” Las escenas en la provincia mesopotámica tienen como protagonistas a Zone y Teresa, un matrimonio con más de 60 años, colonos hijos de polacos y alemanes que viven en un rancho, cerca de El Soberbio, a 400 km de Posadas y lindante a Brasil. No sólo hablan en portugués, también cuando encienden el televisor ven canales brasileños. “Elegí mostrar el modo de trabajo y producción de dos personas enfocando el lado humano, no tanto los datos estadísticos, que viven en un lugar aislado y operan a partir de técnicas de trabajo muy antiguas.” Los realizadores coincidieron que cuanto menos intermediarios haya, el costo del producto será menor. “(En el mercado popular) el precio que se paga es el valor del trabajo, sin especulaciones”, sostuvo Hoijman.
La cámara sigue a un personaje, y es a través de su historia que se conoce la realidad de un mercado. Para Castro, en el caso del carioca “la película describe que claramente la alegría es brasileña, no sólo por la relación familiar de los feriantes con el consumidor sino también las historias de amor, entre la vendedora de bananas y el de mango. Esa cotidianidad que en un gran supermercado se perdió.” En esa secuencia, un puestero brasileño afirma conocer la diferencia entre los perros de los ricos y los de los pobres a través de sus ladridos, y explica: “es mejor cuando vienen amas de casa, las empleadas domésticas no se atreven a utilizar mucho dinero porque no es suyo y le temen al patrón.”
En Perú dominan las miles de bananas para vender, con una velocidad de trabajo más lento y cuidado. La mayoría de los puestos pasan de generación en generación. Los planos generales de los mercados se entremezclan con detalles de manos arrugadas y rostros tan cansados como naturales. En Caracas cuentan que ya en 1971 tenían 5000 puestos; y en Galicia, un tradicional feriante reflexiona: “si los jóvenes no entran al negocio, ¿qué hacemos?”.
El equipo planea volver a El Soberbio, a proyectarles el filme con el cine móvil del INCAA. “Es una deuda histórica con esos compañeros. Ahí no hay cine. Nos ha pasado con otros lugares similares que a la proyección va todo el pueblo, lo que rompe con ese discurso hegemónico facilista que la gente no quiere ver nuestro cine. A nuestra gente no le dan la posibilidad de ver nuestro cine”, indicó Castro.
Sobre la economía de los mercados populares plasmada en el filme aseguró que “cuando el productor está más cerca del consumidor los alimentos son más baratos y sanos. Y el tomate tiene gusto a tomate.” Castro dijo haber terminado la película con una confirmación: “Los procesos inflacionarios en nuestras sociedades tienen que ver con la disputa por la redistribución del ingreso contra los esquemas de distribución oligopólicos que manejan los precios. Depende qué tan progresista sea el gobierno en cada país para saber quién va ganando la batalla.” ¿Y en nuestro país quién va ganando la batalla? “Acá desde 2003 se dio un desarrollo embrionario de mercados populares como nunca hubo antes.”
http://tiempo.elargentino.com/notas/que-culpa-tiene-tomate-o-como-comprar-mas-rico-sano-y-barato

Adolescentes sin educación, con prontuario

Unicef
En América latina y el Caribe viven 108 millones de adolescentes entre 10 y 19 años, el 19 por ciento de la población total de la región; muchos de ellos carecen de acceso a una educación de buena calidad; a la atención de la salud básica, al apoyo en materia de discapacidad y salud mental, y a espacios que les den oportunidades de participar plenamente en sus comunidades.
A pesar de estos datos, las preocupaciones sociales parecen merecer una atención menos prioritaria frente a la seguridad ciudadana y los niveles de criminalidad y violencia que son frecuentemente identificados como preocupación primordial en las encuestas de opinión conducidas en la región.
Para muchos medios de comunicación y amplios sectores de la opinión pública, la figura del agresor es muchas veces la de un adolescente.

En este contexto, en la región existe una fuerte presión social sobre el sistema de Justicia penal juvenil para encontrar respuestas que puedan hacer frente a esta preocupante percepción negativa de los adolescentes y su supuesta contribución en la expansión del crimen y la violencia. Como resultado, se asiste a frecuentes decisiones judiciales con altos índices de privación de libertad, especialmente en la etapa previa al juicio.

Un Informe reciente de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (Cidh) revela que el número de niños y niñas que se encuentran en detención preventiva en celdas y prisiones en la región ha ido aumentando progresivamente.
Al mismo tiempo, se ve un incremento de los proyectos de reformas legislativas que postulan la supresión de garantías procesales para los adolescentes acusados de infracciones a la Ley, de las medidas que proponen la reducción de la edad mínima de responsabilidad penal, el aumento de las penas privativas de libertad, y los procesos de “protección” a los que son sometidos los niños que viven en la calle, quienes en muchos casos son llevados al sistema de Justicia juvenil sin haber cometido infracciones a la Ley.
Todo esto ocurre a pesar de que los datos de varios países en la región nos muestran que los porcentajes de crímenes cometidos por niños, niñas o adolescentes siguen siendo muy inferiores al 5 por ciento, en comparación con los adultos.
Para prevenir y responder en forma efectiva a la violencia se necesita una política integral de seguridad pública basada en el respeto de los derechos humanos, dando prioridad a la prevención basada en sistemas de información e indicadores confiables y en recursos adecuados. Esa política integral debe basarse en el estricto cumplimiento de las normas internacionales ratificadas por los Estados y promover el respeto de los derechos de todos los niños, niñas y adolescentes.

Por 
Marta Santos Pais* y Bernt asen Marta Santos Pais (Representante Especial del Secretario General de las Naciones Unidas sobre la Violencia en contra de la Niñez) y Bernt Asen (director Regional de Unicef para América Latina y el Caribe)

martes, 7 de junio de 2011

HEBE DE BONAFINI DIJO SENTIRSE TRAICIONADA Y ASEGURO QUE EL PROYECTO SUEÑOS COMPARTIDOS SEGUIRA ADELANTE

“Vamos a pagar todas las deudas que haya que pagar”
La titular de la Asociación Madres de Plaza de Mayo se mostró “embroncada” y dispuesta a que “vayan presos si tienen que ir presos”. Destacó que están los fondos para pagarles a los seis mil trabajadores de las obras en distintas provincias.
Hebe es Hebe. Frontal hasta la crueldad, consciente de que las Madres son un símbolo de la lucha por los derechos humanos que hay que cuidar por sobre todo. Había adoptado a Sergio Schoklender como su hijo. Se confiesa “embroncada”, “traicionada” y no tiene reparos en decir que “vayan presos los que tengan que ir”. Como presidenta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo le dijo a Página/12: “Vamos a vender lo que tengamos que vender –menos la Universidad, la Casa y la radio– para pagar lo que haya que pagar” y asegura que las seis mil personas que trabajan en las obras van a cobrar porque “todo va a seguir”. La Justicia está investigando a los hermanos Schoklender y a dieciséis personas más por manejos irregulares de los recursos destinados por el Estado a las Madres para construcción de viviendas. A los 82 años, esta mujer transmite una fortaleza que estremece, repite que va a seguir confiando en las personas pero concede que “tendría que haber desconfiado más”.
–Hace dos semanas que los grandes medios se ocupan del escándalo de Schocklender. ¿Cómo vive esta situación?
–Yo lo vivo como de donde viene, el enemigo agranda y deforma, pero no vamos a decir que el enemigo está mintiendo en todo. También sé que las informaciones se pagan, que esos reportajes se pagan caros a veces, ¿no? Estoy embroncada porque pareciera que todo es mierda como ellos. Tenemos que rescatar la posibilidad de darle oportunidad a la gente que está mal y no todos son Schoklender. Ese es el país que querían mis hijos, el país que quiero yo: la confianza en la gente y la oportunidad al que necesita. Sé que hice todo lo que podía hacer para que tuvieran un lugar, para que tuvieran un trabajo.
–Usted lo conoció en el ’83...
–Sí, lo conocí en la cárcel, lo visité mucho tiempo. Primero de a poco, después una vez por semana, le llevaba comida. Y bueno esa cosa de apoyo, que cuando saliera tuviera a dónde ir. El me decía que nunca iba a salir, yo le decía pero cómo no, tenés que salir. Le ofrecimos el trabajo acá. El fue un gran creador, es muy inteligente. Todo lo de Sueños compartidos no lo podemos negar. Se fue de mambo cuando quiso convertir el emprendimiento en una empresa. Eso fue hace casi dos años.
–Usted dijo que hace un año habían empezado las discusiones con Sergio Schoklender.
–Discutiendo mal más de un año, pero que venía con esto, dos años. Yo le decía: “Tenemos una empresa, el Gobierno no quiere comprar esas casas... Nosotros trabajamos como soldados del proyecto nacional y popular y si el Gobierno no necesita las casas”. El me decía las vendemos y yo le decía que eso era una locura, pensaba como una empresa.
–¿Entonces qué pasó?
–El venía poco, estaba siempre de mal carácter. Iba de un lado al otro, ofrecía. Tuvimos muchas discusiones y en diciembre renunció pero no se iba, entonces decidí separarlo.
–¿Alguien le había advertido que podía haber manejos irregulares?
–No, porque lo que me parece a mí es que se armó como una banda. Por eso hay dieciséis o dieciocho implicados. Si hubiesen sido uno o dos te das cuenta, pero cuando son tantos, uno confía. Sigo viviendo con la puerta abierta. No desconfiaba, iba bien. El Gobierno nos paga a medida que vamos haciendo, no es que nos da la plata y la ponemos en el banco. En el Gobierno no se llevaban bien con Sergio, era un chico que discutía bastante, se llevaban mejor con Pablo, que era más calmo.
–Y Pablo, ¿cuándo se incorporó?
–Desde el principio, porque él tenía una imprenta en la cárcel, cuando vino acá se puso a trabajar en compras, que él sabía bastante. Cuando Sergio se fue, quedó él. Después había otra gente que trabajaba, quedaron ahí, uno les tiene confianza porque está todo el día con ellos. Estamos con mucha bronca porque ocasionaron este trabajo doble que tenemos ahora: nada se va a parar, las obras siguen, la gente va a cobrar, el depósito para los sueldos está, lo que pasa es que unos días se van a atrasar porque en algunos lugares hemos dado un asueto de tres días para organizar cosas que estaban muy desorganizadas. Estamos trabajando con gente amiga, que nos está dando una mano.
–¿Por qué decidió separar también a Pablo Schoklender?
–Me llegó la noticia de que Sergio lo había denunciado al hermano, dijo que estaba con él o no sé qué.
–Es decir que en la causa judicial...
–No sé cómo está puesto, pero a mí me avisaron el viernes que estaban imputados Pablo y dieciséis personas más.
–¿Cómo se reemplaza a esa gente?
–En la vida no hay nadie irremplazable. Hay mucha gente trabajando, muy honesta. Estamos trabajando todos para poner las cosas en condiciones y estamos dispuestas a vender todo lo que haya que vender –menos la Universidad, la casa de las Madres y la radio– para pagar si hay deudas. Eso lo decidimos hoy las Madres.
–¿Cuáles son las deudas?
–Todavía no puedo decir cuáles son, nosotras ya sabemos, por eso hemos prometido que vamos a pagar. Tenemos algunas propiedades que se pueden vender para poder asumir eso y quedarnos tranquilas, sobre todo porque la están golpeando mucho a Cristina (Fernández de Kirchner). Yo tengo el cuero duro, pero no quiero que justo en este año, que lo hacen a propósito, la golpeen a la Presidenta. Me parece que está todo muy organizado, muy armado, con muchas ganas de seguir, por eso llaman los medios, fijate qué medios, en toda la basura.
–¿Volvió a hablar con Sergio?
–No, yo soy terminante. soy ter-mi-nan-te. No, terminó.
–Debe haber sido muy duro para usted...
–Tengo bronca. Pero cuando uno está al frente de una cosa tan importante como ésta, de una organización que creció con el trabajo y el esfuerzo de las Madres eso es lo que tengo que defender a capa y espada, con lo cual los sentimientos no pueden primar sobre este proyecto, de ninguna manera, lo tengo clarísimo.
–Ahora apareció que Schoklender tenía una Ferrari, un avión...
–No, eso dice él que se pudo comprar.
–No, Clarín dijo que los compró a nombre de la empresa.
–Eso nunca nadie lo vio.
–¿El tenía una vida dispendiosa?
–Lo que hacía era que cuando iban a algún lado, él no iba a San Clemente a una piecita como voy yo con mi hija, él iba al hotel más caro. Siempre le protestaba por eso, le decía ¿por qué? Nosotros tenemos que ser muy discretos en lo que hacemos, estamos en la cresta de la ola, tenemos que cuidarnos. El decía “pero yo trabajo para esto y mi mujer trabaja”.
–¿Piensa que la puede citar la Justicia?
–No sé, pero si nos citan, tenemos todo preparado. Estamos preparando para mostrar todo claro y lo que haya de deudas lo pagaremos. Nosotros queremos pagar, que nos den crédito o que esperen que vendamos algunas de las cosas para pagar.
–¿Cómo era el manejo de los recursos?
–Se hacen proyectos de las casas. Todo es por certificado: terminás hasta las puertas, es un certificado, ponés los pisos te dan otro... Con eso les pagás al proveedor y a la gente que trabaja. La plata no entra en las arcas de las Madres, los trabajadores cobran con tarjeta.
–¿Qué cantidad de gente trabaja?
–Tenemos casi seis mil personas. Todos van a seguir trabajando, todos van a seguir cobrando, que nadie tenga miedo. Tenemos casi siete mil casas en ejecución y creo que hemos entregado tres mil y pico, además de los hospitales, de las escuelas y de los centros de recuperación. Y algunas que no se entregan como las de Macri, que no da la luz... En Castañares son 780 departamentos y casi 700 en Los Piletones.
–¿Habló con la Presidenta?
–No porque ella estaba afuera, en algún momento lo haré, estoy segura.
–¿Este conflicto puede repercutir en la relación de ustedes con el Gobierno?
–Yo estoy reagradecida. Hoy Aníbal (Fernández) nos respaldó en un reportaje. Amado (Boudou) vino a Cocinando política. Mucha gente del Gobierno vino a la marcha del jueves, todos me han llamado: ¿Qué necesitás? ¿Estás enferma? Me parece que eso demuestra que están convencidos. Todos se han solidarizado, además nos siguen encargando cosas, eso me da tranquilidad.
–¿Cree que esto puede afectar a los organismos de derechos humanos?
–Los organismos no tienen nada que ver. Los organismos no hicieron nada de lo que hacemos nosotros.
–¿Cómo ve que algunos medios salieron a diferenciar a los organismos?
–Y somos diferentes. Víctor Hugo sin decirlo puso un discurso mío que es en el que rechazamos la reparación económica, eso es parte de las diferencias junto a socializar la maternidad –hacernos madres de todos, sacar los nombres del pañuelo–, ésa es la gran discusión. Por lo cual unos se fueron y otros nos quedamos.
–El día de la marcha hubo solidaridades del Serpaj, de Chicha Mariani...
–También de Madres de La Plata. Hablaron muchas madres que no están agrupadas en nada, algunas vinieron a la plaza. Después de los demás, bueno, siempre se desmarcan... dicen es grosera, es ordinaria.
–¿Cómo analiza la reacción de los distintos sectores políticos?
–Algunos muy bien, algunos hasta inesperados. Por ejemplo que convoque la CGT a la marcha del jueves pasado, lo agradecí públicamente porque nunca lo hubiera pensado. De muchos políticos también que separan a las Madres del tema Schoklender y que todo lo dirima la Justicia: me parece bien, me parece que es justo. Si van presos que vayan presos, tienen que pagar lo que hicieron, es muy gordo, no es una pavada.
–¿Qué quiere decir con “es muy gordo”?
–Es que si robaron, es una traición y el traidor es muy fuerte. Creo que es la peor palabra que se le puede dar a una persona. Traición a todo: sentimientos, la confianza, a todas las Madres. Somos un montón de viejas que luchamos y peleamos, que la gente nos respeta por todo eso.
–Macri cuestionó el sistema porque no corresponde que el Gobierno haga viviendas a través de un organismo de derechos humanos...
–Es que no son viviendas, es un proyecto. El proyecto es la erradicación de una villa, por ejemplo. Se va al barrio, gente que nunca trabajó, que cartoneaba, del choreo, de lo que puede, uno le da trabajo y le cambia la vida. Un día una chica estaba llorando y me dice: “¿Es verdad, Hebe, que este pozo es para las cloacas?”. La chica lloraba. Un día una viejita en el Tigre me decía: “Gracias porque ahora no voy a tener frío”. Le damos trabajo a la gente, abrimos guarderías para que todos vayan a la escuela, les damos de comer: tienen que terminar la primaria y secundaria. Tenemos un convenio con Trabajo, becas para que se formen para el mercado laboral como electricistas, como plomeros, por eso es un proyecto político-social, no una empresa, tiene que ver con lo que querían nuestros hijos. Yo decía, tenemos que entregar las casas equipadas porque los pobres, en las villas, tienen poco o nada y lo que tienen es viejo y feo y oscuro. Si uno le da todo nuevo, lo van a cuidar. Abrimos entonces un taller de costura para hacer los cortinados, los cubrecamas, los acolchados. Los hombres hacen las mesas y las sillas de madera. Es un proyecto de considerarlos personas, ciudadanos, que les dice “Hola”, que están dentro del sistema, que no están pateados. Por eso es diferente.
–¿Se hace alguna autocrítica por los efectos que podía tener cualquier desmanejo en este proyecto?
–Pienso que tendría que haber puesto más personas al frente. Ahora en lugar de dos va a haber seis personas en las que confío. Tengo que seguir confiando, si no qué hago, cierro. Esto es seguir creyendo en el ser humano, que es lo mejor que nos puede pasar.
–¿Qué aprendió con todo esto?
–Uy... que uno tiene que ser mucho más desconfiada y un poquito más egoísta a veces. También mirar bien la clase. Cada vez creo más en la lucha de clases. Ellos se criaron en una clase que no tiene nada que ver con la nuestra y a la larga les volvió a agarrar la de ser empresarios. No les importó a costa de qué. Nosotras somos de otra clase social, no pensamos igual. No pensamos en ser una empresa.
Pérez Esquivel y Línea Fundadora
“Creo que hay una gran responsabilidad del Gobierno, que debe determinar controles, auditorías y rendiciones de cuentas, porque no se habla de monedas, sino de millones y millones de pesos. La lucha por los derechos humanos en la Argentina no pertenece sólo a las Madres de Plaza de Mayo, sino a muchísimos organismos y a toda la población”, dijo el titular del Servicio de Paz y Justicia, Adolfo Pérez Esquivel, al analizar las denuncias sobre el manejo de recursos en Sueños Compartidos.
Las Madres Líneas Fundadora explicaron que “somos numerosas Madres, miembros de esta asociación heterogénea en ideas y acciones, pero unidas por el fraterno sentimiento de tener a nuestros hijos e hijas detenidos desaparecidos siempre presentes, y por la incansable búsqueda por la Memoria, la Verdad y la Justicia. Nuestra asociación tiene personería jurídica y total transparencia en sus actividades y manejo de recursos. Nunca hemos aprobado que nos representara, y menos que asumiera decisiones, ninguna persona que no fuera una compañera en nuestras mismas condiciones. No hemos tenido ni tenemos relación alguna, más allá de nuestro común dolor, con la Asociación Madres de Plaza de Mayo”.




7 de Junio Día del Periodista

El Día del Periodista fue establecido en 1938 por el Primer Congreso Nacional de Periodistas celebrado en Córdoba, en recuerdo del primer medio de prensa con ideas patrióticas. El 7 de junio de 1810 Mariano Moreno fundó la "Gazeta de Buenos Ayres", primer periódico de la etapa independentista argentina. La Primera Junta indicó por decreto su fundación por ser necesario anunciar al público los actos oficiales y las noticias exteriores y locales. Sus primeros redactores fueron Mariano Moreno, Manuel Belgrano y Juan José Castelli.

"¿Por qué se han de ocultar a las Provincias sus medidas relativas a solidar su unión, bajo nuevo sistema? ¿Por qué se les ha de tener ignorantes de las noticias prósperas o adversas que manifiesten el sucesivo estado de la Península?... Para el logro de tan justos deseos ha resuelto la Junta que salga a la luz un nuevo periódico semanal, con el título de la Gaceta de Buenos Aires".
(Mariano Moreno, Gaceta de Buenos Aires del 07 de Junio de 1810)

lunes, 6 de junio de 2011

AIME PAINE (mucho más que una calle y la foto en la Casa Rosada)

Aimé Painé
  “El canto era su excusa para difundir la cultura mapuche”
En Aimé Painé, la voz del pueblo mapuche, la periodista y docente Cristina Rafanelli retrata a la cantante que nunca grabó un disco, pero que tiene una calle con su nombre en Puerto Madero y cuya imagen se encuentra en el Salón de las Mujeres de la Casa Rosada.
Cuando Aimé Painé murió, en 1987, tenía sólo 44 años. No llegó a conocer la bandera mapuche ni la Ley de Desarrollo Indígena 19.253, ambas instauradas recién en 1991. Nada supo de la Declaración de los Derechos de los Pueblos Indígenas de la Asamblea General de las Naciones Unidas (2007) ni tampoco de las huelgas de hambre de los militantes mapuches chilenos a quienes les fue aplicada la ley antiterrorista, ni de cada uno de los dramáticos conflictos que la comunidad enfrenta particularmente desde los años ’90, cuando vio perdidas sus tierras... una vez más. Tampoco imaginó Aimé que alguna vez habría una calle con su nombre –en un Puerto Madero igualmente inimaginable por entonces– ni mucho menos que su rostro iluminaría las paredes del Salón Mujeres Argentinas de la Casa de Gobierno a la par de los de Eva Perón, Juana Azurduy, Mariquita Sánchez de Thompson, Alfonsina Storni o Cecilia Grierson.
Painé, que nació el 23 de agosto de 1943 en Ingeniero Huergo, Río Negro, luchó más de la mitad de su corta vida por recuperar y promover la cultura de su pueblo, con una voz deliciosa que tanto cantó canciones como supo alzarse, desafiante, en foros internacionales y debates domésticos. Sin embargo, su nombre y su obra siguen siendo una rara incógnita para gran parte de los argentinos. Tal vez Aimé Painé, la voz del pueblo mapuche (Biblos, 2011) ayude a acabar con esa ignorancia. Profundo trabajo de investigación de la periodista y docente Cristina Rafanelli –nacida porteña, radicada en Bariloche–, este libro le demandó a su autora casi veinte años de investigación en los que recogió testimonios y rastreó fuentes. Luego de eso, Rafanelli –quien conoció a Painé a fines de 1979– precisó otros diez para conseguir una editorial que quisiera publicar su trabajo. “¡Pero si los mapuches no compran libros...!”, debió escuchar la autora alguna vez. “El valor de Aimé Painé –dice Rafanelli, de visita en Buenos Aires para la presentación– no sólo fue pararse frente a un micrófono y cantar. Ella dijo que su canto era una excusa: una excusa para difundir la cultura de su pueblo.”
–¿Cómo una artista que jamás grabó un disco y que murió joven, con casi nula difusión en la Capital, llegó a tener una repercusión –tardía, pero aun así enorme– que alcanza hasta la Casa de Gobierno?
–Una de las magias de Aimé Painé fue ser “la primera”. Cuando fue invitada a almorzar al programa de Mirtha Legrand, en plena dictadura, su presencia resultó un impacto: apareció vestida a la usanza de las mujeres antiguas de su comunidad, con toda la platería, y empezó a hablar y a contar... ¡y los teléfonos explotaron! Debemos entender el contexto histórico: además de la dictadura argentina, por entonces estaba también la chilena; los mapuches solían ocultar su raíz y no se asumían como tales, por miedo a la discriminación. ¡Y Aimé apareció a la mesa de Mirtha ataviada como una mapuche, exhibiendo lo maravillosa que era su cultura! Hizo camino, a machetazos. No grabó nunca, es cierto, pero cantaba por todo el país, en todo lugar que la recibiera. Cada quien que la vio alguna vez la recuerda; a cada quien que la vio, le pegó, porque era absolutamente carismática, un ser especial. Ella no sólo pasaba la tradición: explicaba su cultura. Sus recitales, a medida de que ella iba investigando a las abuelas, terminaban siendo, casi, clases de antropología: “¿Por qué hacen esto las abuelas?”, proponía. Y entonces contaba alguna anécdota. Primero, traducía: “Este canto se hace a la salida del sol, significa lo siguiente...”, y después, recién entonces, cantaba.
–¿Quiénes son las abuelas?
–Ellas son una de las cosas más admirables del pueblo mapuche. Nosotros vivimos en una sociedad que margina, que mete en geriátricos a sus padres y trata mal a la gente grande, pero para el pueblo mapuche las abuelas son quienes llevan la sabiduría; la mapuche es una cultura oral, y son las abuelas las que la guardan en su memoria. También los abuelos, claro, pero mayormente las mujeres: después de la derrota que significó la Conquista del Desierto, fueron sólo ellas quienes pudieron recordar cómo vivía su pueblo y mantener vivos sus conocimientos. Por eso es tan importante toda la documentación de las abuelas, porque, si no, todo se pierde. Aimé decía: “¡Qué pasa, las abuelas se están muriendo!”. Y, sí, las abuelas se van muriendo, aunque por cierto son muy longevas; hay algunas que han vivido 120 años y guardaban una sabiduría increíble. Pude conocer a Rosa Cañicul, por ejemplo: su abuelo era machi. Por lo general las machis –las curanderas, las sabias– son mujeres. Los mapuches valoran el matriarcado y a la mujer; es más: los hijos solían llevar el apellido de sus madres, y no el de sus padres.
A Aimé Painé le pasó otra cosa. Su madre, hija de tehuelches, abandonó a su esposo mapuche y a toda su descendencia y Aimé, a los 3, fue separada de su comunidad porque su papá, solo y necesitado de trabajar, no podía hacerse cargo de tantos críos. Fue enviada, con cero conciencia de sus orígenes, a un orfanato-colegio de monjas en Mar del Plata, donde su voz privilegiada encontró muy pronto un lugar en el coro de canto gregoriano. Un día, el próspero abogado y autor teatral Héctor Llan de Rosos y su esposa, quienes buscaban adoptar, recorrieron con su mirada la filita de lindas niñas rubias y perfumadas que les habían expuesto. De pronto, el hombre escuchó, al fondo del pasillo, el canto de una nena. “¿De quién es esa voz?”, dijo. “Tráiganmela.”
Ella tenía 7 años y todavía era Olga Elisa; allí, el primer pliegue de la historia. “Fue una niña educada en lo mejor de lo mejor”, cuenta Rafanelli. “Una princesa, criada en el lujo. Y empezó a investigar, y empezó a leer...” Terminados sus estudios en Mar del Plata, Painé se mudó a Buenos Aires, sola; se recibió de experta en belleza y peinados, tejió y pintó, y cantó durante muchos años en el Coro Polifónico Nacional. Al final, se enteró. “Cuando muchos años más tarde escuché cantar a las abuelas mapuches –contó una vez Aimé–, ahí me di cuenta de por qué me había gustado tanto el canto gregoriano.”
“No es que cuando conoció lo mapuche, entonces le gustó el gregoriano que había cantado en su infancia en el orfanato: fue al revés”, cuenta Rafanelli. “Como si se tratara de la otra memoria de la que habla (el psicólogo Carl Gustav) Jung... Aimé conocía de memoria aquellos cantos gregorianos y muchísimo después, cuando escuchó a las abuelas, se dijo: ‘Claro, esta otra memoria, la memoria de mi casa, era la que me hizo disfrutar del canto gregoriano que cantaba cuando era niña...’.” Tuvo que volver para atrás. Empezar de nuevo. Y armar el rompecabezas.
–Quien imaginara en ella a una “ingenua indiecita” se tropezó con una mujer instruida y combativa que escaneó medio continente con su canto e investigaciones antropológicas, viajó a Ginebra para participar en sesiones de la Subcomisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas y terminó dando entrevistas para la BBC de Londres.
–Tal cual: ninguna “indiecita”. Aimé era muy fuerte en sus convicciones, bajaba línea a cada rato. Defendía a muerte el camaruco, la ceremonia sagrada de los mapuches: no quería que participaran blancos ni que se utilizara turísticamente, y era muy dura al respecto. Otros –muchos– le decían: “¿Pero por qué no canta usted ‘Valderrama’?”; como trabajo, le habría sido mucho más fácil hacer otro tipo de folklore más allá del mapuche y, sin embargo, ella: “No, y no, y no”. Era así de testaruda. Cuando la invitaron a Europa, además, pudo reunirse con muchos de los exiliados de las dictaduras chilena y argentina. Pero siempre que hablaba acerca de los horrores de la Campaña del Desierto terminaba pidiendo que sus hermanos no pusieran el acento en el odio y el resentimiento; explicaba que la revolución, ahora, tenía que ser cultural: “El blanco no nos respeta porque no nos conoce”, decía. Y otra de las cosas muy valiosas que hizo –su obra quedó trunca por su muerte, pero creo que era el camino que se había trazado– fue recorrer todo el Norte. Aimé había empezado a visitar a los tobas, a los guaraníes, a los wichis, y a contarles: “En el Sur están los mapuches, los tehuelches, los hermanos de ustedes, y esto es lo que hacen”. Les mostraba a los indígenas del Norte lo que hacían los indígenas en el Sur, pero a la vez se nutría de toda la cultura del Norte y, cuando regresaba al Sur, les mostraba a los mapuches lo que se hacía en el Norte. Creo que Aimé Painé habría terminado siendo una cantante étnica argentina, en el sentido más abarcador del término. Siempre decía que quería hermanar a todos los pueblos originarios; investigaba sus historias y era increíble cómo situaba geográficamente a cada pueblo, dónde estaban, qué hacían. Por eso es tan inmensamente valorada por los antropólogos. Creo que hoy Aimé, probablemente, estaría viajando a la Bolivia de Evo, a la Venezuela de Chávez o al Perú de Humala, y difundiendo en toda la América latina la cultura de los pueblos originarios argentinos.
En septiembre de 1987 Painé murió a causa de una hemorragia cerebral en Asunción, Paraguay, durante uno de aquellos viajes. “Yo no puedo trabajar con el detalle y la calma que me gustaría –había dicho–, porque las abuelas se mueren, simplemente. Y no hay muchos todavía que hagan lo que yo hago; y si yo me muero, ¿quién seguirá mi camino?”
–¿Quiénes siguen ese camino?
–Sin dudas, la actriz Luisa Calcumil; ambas se conocieron durante la filmación de Gerónima (Raúl Tosso, 1985), una película que ganó muchos premios. Luisa también canta, y sigue los pasos de Aimé. Otra gran artista es Beatriz Pichi Malen, y hay algunos cantantes más. Pero Aimé fue la primera.
“Ojalá las palabras pudieran expresar lo que Aimé emanaba”, escribió León Gieco en la contratapa del libro: “Belleza, seriedad, dulzura y convicción en la búsqueda de sus raíces”. Desafortunadamente, como ya se dijo, no hay discos de Aimé Painé. “No hay cómo escucharla”, confirma Rafanelli. “Existe un CD que hace un par de años editó la Legislatura de Río Negro, pero está juntando polvo en las bibliotecas. Deberían reeditarlo; quizás este libro sirva para que Aimé salga del olvido. Y valdrá la pena. ¿Sabe por qué todos la aman tanto? Porque de golpe toda una cultura, toda una raza que fue tan discriminada, tan vapuleada, tan maltratada, encontró a una persona que le habló de lo hermosos que son, y le devolvió su dignidad. ‘Ustedes tienen que sentirse orgullosos de su sangre mapuche’, les decía Aimé. Después de tantos años de: ‘¡Vos sos un indio de mierda!’, Aimé les dijo: ‘Vos sos hermoso. Vos valés’”.
Sobre la calle Aimé Painé, en Puerto Madero, hoy se ofrecen para la venta o alquiler departamentos chiquititos (177 metros cuadrados) y otros, claro, más amplios. Sobre la calle Aimé Painé, una gran variedad de restaurantes incluye uno cuyo chef, según su página web, “estudió cocina en Francia y da vida a sus recuerdos de infancia con recetas clásicas”. Es una linda calle, en serio.
“A mí me fastidia mucho escuchar que alguien dice que la cultura del mapuche es una cultura en extinción”, le explicó Aimé al narrador Leopoldo Brizuela. “Más allá de que sea cierto o no. ¡Qué rápidos somos a veces para decir que algo desapareció! Y qué lentos para preguntarnos por qué. La tristeza del pueblo mapuche, mi tristeza, es parte de mi identidad... y de la identidad del país. Porque el país lo formamos todos, ¿eh? Los ricos y los pobres, los blancos y los indios. Aunque los blancos ricos, en general, se lo olviden.”

Smith, Keynes y las paradojas de la ciencia económica

Ayer fue el aniversario del nacimiento de dos de los pensadores más influyentes en la historia de la ciencia económica, Adam Smith y John Maynard Keynes. Muchos han hablado y escrito sobre ellos, pero pocos han realizado una comparación de sus vidas y de sus obras, y ésta es la ocasión para hacerlo en momentos en que el capitalismo, el sistema que uno propulsó y el otro intentó salvar, se debate en una profunda crisis. Nuestro objetivo es exponer a grandes rasgos algunas de sus coincidencias y diferencias, lo que nos permitirá comprender, también, los límites del sistema económico en el que vivimos.
1 Toda teoría económica debe ser enmarcada en su época y las ideas de ambos tuvieron que ver con la problemática que le correspondió vivir a cada uno. Las razones del éxito que los acompañó están vinculadas con sus aciertos en descifrar y entender las tendencias y fenómenos históricos predominantes. En el caso de Adam Smith, la emergencia de un modelo capitalista de desarrollo en la Europa del siglo XVIII, marcado por la Revolución Industrial en lo económico y por cambios políticos que destruyeron o restringieron los privilegios de las monarquías absolutas. En el de Keynes, la época de declinación y primera gran crisis del capitalismo, que no comenzó, como lo señala él mismo en sus Ensayos de Persuasión (1931), con la caída de la Bolsa de Wall Street en 1929, sino antes, en la primera posguerra, a través de síntomas que advirtió tempranamente, como el fin del patrón oro y los desequilibrios crecientes del sistema económico internacional. Una evolución histórica que coincide con su etapa de formación y desarrollo como economista.
2 Ni el uno ni el otro fueron meramente economistas. Entendieron la ciencia económica como formando parte de saberes más amplios que permitían una comprensión de las sociedades de su tiempo y de la naturaleza de los individuos que las constituían. Adam Smith inició su carrera universitaria como titular de la cátedra de Lógica y Filosofía Moral en la Universidad de Glasgow, donde elaboró, progresivamente, sus teorías sobre el derecho, la moral y el Estado que se plasmaron en su obra Teoría de los sentimientos morales (1759) y en sus Lecturas sobre jurisprudencia. Su teoría económica se deriva de sus concepciones éticas donde el egoísmo domina la esfera económica mientras que el altruismo funda las bases de la vida social. En este sentido, no puede comprenderse su obra principal La riqueza de las naciones (1776) sino en relación con un corpus ideológico y filosófico en el cual se enmarcan sus aportes a la economía política. Keynes tenía también una formación filosófica y una visión amplia de la realidad de su época. No era adicto a los modelos econométricos que sólo podían aprehender aspectos limitados de la realidad y, aunque profesor en Cambridge y funcionario en distintos momentos de su vida, se caracterizaba a sí mismo, irónica o modestamente, como un “publicista”, un autor que escribe para el público en forma periódica con el objeto de difundir sus ideas. En todo caso, para Keynes, todo economista debía poseer una rara combinación de cualidades: ser a la vez matemático, historiador, hombre político y filósofo. Estudiar el presente a la luz del pasado y con perspectiva de futuro, sin dejar de lado ninguna de las instituciones creadas por el hombre.
3 Ambos concebían al capitalismo como un sistema. No obstante, para Smith era el estadio más elevado en la evolución económica. Keynes, en cambio, consideraba ese sistema como una fase en el desarrollo histórico de la humanidad, aunque por el momento la más conveniente. Adam Smith vio a la economía como un todo orgánico, natural, que a través del mercado tiende a un equilibrio. El hombre, al perseguir su propio interés individual buscando el máximo beneficio, trabaja necesariamente para hacer que el ingreso anual de una sociedad sea el máximo posible. Es llevado a ello por “una mano invisible” que “lo conduce a promover un fin que no estaba en sus intenciones”. En cambio Keynes dice, criticando al laissez faire, que “no es verdad que los individuos poseen, a título prescriptivo, una libertad natural en ejercicio de sus actividades económicas”. No existe –según él– ningún pacto que pueda conferir derechos perpetuos a los poseedores de bienes. A su vez, no es correcto deducir de los principios de la economía política que el mundo estaba gobernado por la Providencia, y que el interés personal obra siempre en favor del interés general.
4 Sus teorías intentaban modificar determinadas condiciones económicas y políticas. En La riqueza de las naciones se destaca la preocupación de Smith acerca de las políticas mercantilistas que afianzaban los monopolios coloniales. El libre cambio era una condición necesaria para el florecimiento de la competencia, los bajos precios y la expansión de los mercados. En consecuencia, la división del trabajo, principal motor del incremento de las fuerzas productivas, no encontraría trabas para su completa generalización y derivaría en una mayor riqueza de las naciones. Algunos de sus seguidores dedujeron de ello que las crisis serían imposibles dentro del sistema en la medida en que el poder de compra del mercado dependiera de la ampliación de la producción y de los ingresos que ésta generara. Por el contrario, Keynes demostró en su Teoría General (1936), y los años ’20 y ’30 le darían la razón, que al aumentar los ingresos puede no producirse un crecimiento similar del consumo, y aquella parte que se ahorra no necesariamente volcarse hacia la actividad productiva, directamente o a través del financiamiento. Esa insuficiencia en los niveles de consumo e inversión, que no cubren la oferta existente, trae graves consecuencias sobre el producto y el empleo y origina las crisis. De ese modo, como dice Joan Robinson, el economista inglés retoma el problema moral que la teoría del libre mercado había aparentemente abolido: su incapacidad para generar ocupación plena y la necesidad de que existan formas de regulación del sistema económico. Ante tal diagnóstico le competía al Estado lograr el pleno empleo: incrementando el gasto, reformando el sistema fiscal, mejorando la distribución del ingreso y regulando el comercio exterior.
5 Adam Smith no representa, sin embargo, completamente, la teoría ortodoxa actual que se impuso en los años del neoliberalismo. En su época, el libre cambio suponía la competencia de muchos capitalistas en respuesta al control monopólico del comercio por parte de ciertas corporaciones privadas y estatales. Hoy, en un mundo signado por compañías multinacionales de carácter oligopólico, el mismo principio implica el dominio de los mercados por parte de unas pocas empresas que determinan la producción y los precios, captando para sí la mayor parte del excedente generado por la acumulación de capital, tanto en la esfera propiamente económica como en la financiera. Por su parte, las políticas keynesianas tampoco significan que la intervención del Estado consista en el salvataje de aquellos mismos sectores, empresas y bancos que provocaron la actual crisis y el posterior ajuste de los ingresos de la mayor parte de la población. Está muy lejos del pensamiento de Keynes subvencionar al mercado financiero y rebajar salarios y jubilaciones.
6 Ni Smith ni Keynes merecen ser valorados por lo que no son, estemos o no de acuerdo con sus postulados. En cambio, valorarlos por lo que son va a ayudarnos a crear un pensamiento propio que responda a nuestras propias necesidades y circunstancias históricas.
Mario Rapoport y Ricardo Lazzari* * Idehesi/Conicet.

Maestros, profesores y educadores PRESENTES IX

 “Creyeron que te mataban a la orden de ¡fuego!
Creyeron que te enterraban
Y lo que hacían era enterrar una semilla”



Marcela Cristina Goeytes
Carlos Alberto Carranza "Cacho"
Detenidos-Desaparecidos el 19 de agosto de 1976
Marcela y Carlos estaban casados, Marcela estaba embarazada de dos meses. Marcela tenía 24 años y era empleada pública. Estudió historia en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Carlos tenía 26 y era maestro y dirigente sindical docente. Fueron secuestrados por las fuerzas de seguridad en Capital Federal. Fueron vistos en Coordinación Federal por una persona que estuvo allí detenida y luego fue liberada.
Toda la familia continúa desaparecida.

Ernesto Cardenal
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