"Hasta ahora, los filósofos han tratado de comprender el mundo; de lo que se trata sin embargo, es de cambiarlo" Karl Marx

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martes, 19 de junio de 2012

Archivo León Trotsky

¿Quiénes somos y qué queremos?

El Archivo León Trotsky es una iniciativa al servicio de que las nuevas generaciones de socialistas revolucionarios conozcan, asimilen y utilicen de forma cotidiana las lecciones del pasado.
Una buena parte de esas lecciones están guardadas en los archivos de las organizaciones revolucionarias. Se trata de materiales de Congresos, documentos internos, cartas, publicaciones, cursos, polémicas. Estos materiales estaban guardados en archivos cerrados, muchos de ellos olvidados o desvalorizados. El objetivo del Archivo León Trotsky es hacerlos públicos.
Como sabrán todos aquellos que han utilizado hasta ahora nuestro archivo, nuestros inicios fueron bastante humildes. Tras varios viajes recolectando materiales y una ardua tarea de un amplio equipo de trabajo, comenzamos a funcionar el 29 de mayo de 2009 con apenas 367 documentos en nuestro sitio web.
Y de ahí fuimos creciendo. Hoy, a más de dos años de nuestra aparición, ofrecemos a disposición de los militantes revolucionarios e investigadores de todo el mundo, más de 6.500 documentos digitalizados, entre documentos internos, cartas, periódicos, revistas, seminarios y cursos de formación, fotos, audios y videos que nunca antes fueron divulgados.
Esta nueva realidad, producto de un tremendo esfuerzo militante, nos permite afirmar con orgullo que el Archivo León Trotsky se ha convertido, sin dudas, en el mayor archivo de la corriente morenista que pueda existir actualmente.
Pero construir el archivo de la corriente morenista es, para nosotros, sólo el primer paso. Nuestra meta es publicar en el archivo todos los documentos que puedan ser útiles a las y los revolucionarios del mundo. Nuestro sueño es muy ambicioso: pretendemos “tomar el cielo por asalto” y construir el Archivo de la Revolución.
Este trabajo de organización y digitalización de los archivos de la corriente morenista, ha significado un gran esfuerzo humano y financiero. Para seguir adelante con este proyecto, el Archivo León Trotsky precisará del apoyo de miles de personas en diferentes países. Este apoyo deberá ser de dos tipos. Aporte de documentos, que enriquezcan el proyecto y apoyo financiero para que este sea viable.
El Archivo León Trotsky es, como lo anunciamos desde el inicio, una iniciativa sin fines de lucro. No obstante, precisa cubrir sus costos básicos para seguir funcionando. Construir un archivo con las características que tiene actualmente y con los planes de desarrollo que hemos expuesto, precisa de recursos financieros para sustentar viajes, equipamientos, profesionales y personas que clasifiquen, digitalicen, restauren y traduzcan los documentos a varios idiomas.
Es por ello que estamos realizando una campaña de suscripciones, de tal forma que las personas puedan tener acceso a la base de datos abonando un costo accesible. Todo el dinero recaudado será reinvertido en la mejora constante del archivo en cuanto aumentar la calidad y la cantidad de los documentos publicados (quedan miles que aun no fueron publicados), incorporando innovaciones y ofreciendo un espacio y herramientas de navegación amigables para todas las y los usuarios.
Su aporte es fundamental para que el Archivo León Trotsky se mantenga y crezca cada vez más. Para lograr esta meta, te invitamos a apoyar este emprendimiento financieramente, efectivizando tu suscripción y divulgando esta loable iniciativa para más personas y organizaciones.
¡Sean bienvenidos y bienvenidas, al Archivo León Trotsky!

domingo, 17 de junio de 2012

Día del Padre: toda una lucha

La idea de conmemorar al progenitor surgió en EEUU en 1909. En nuestro país, las fechas fueron discutidas hasta que se instituyó el tercer domingo de junio.

 

Una señora de apellido Smart Dodd, de Washington, quería homenajear a su progenitor, un veterano de guerra llamado Henry Jackson Smart, que enviudó cuando su esposa tuvo a su sexto hijo.
El abnegado padre se hizo cargo de criar a sus niños cumpliendo ambos roles. 
El señor Henry Smart había nacido el 19 de junio, fecha que su hija propuso para celebrar el Día del Padre. Esta iniciativa fue abrazada con entusiasmo por muchos ciudadanos estadounidenses y el presidente Coolidge estableció su apoyo y lo decretó Día Nacional.
En nuestra provincia (Mendoza), durante la mitad de siglo XX, fueron propuestas varias fechas para esta conmemoración.


Made in Mendoza
El primer antecedente del “Día del Padre” en Mendoza se remonta a 1940. Fue la señorita Luvina Mercedes Lillo, vice- directora de la escuela Juan Gregorio de Las Heras,  quien propuso el 17 de abril para festejar ese gran acontecimiento.
En aquella fecha, la docente Lillo realizó un acto en el cual participaron activamente alumnos, maestros y padres.
Durante aquel acontecimiento, se repartió entre los participantes un poema en verso del escritor Juan de Dios Peza llamado “Mi Padre”; también se obsequiaron otros como “Ofrenda a mi Padre” y “Los consejos sabios de mi Padre”.
Este evento tuvo gran aceptación por docentes y directivos quienes propusieron a la Dirección General de Escuelas que se festejara ese día como el “Día del Padre” en nuestra provincia.

Padre Sanmartiniano

Fue por los años 50 que el espíritu nacionalista del gobierno del general Perón promocionó importantes actividades relacionadas con la imagen del General José de San Martín, Padre de la Patria.
En Mendoza, la Dirección General de Escuelas, a través de la propuesta de la profesora Lucía Zuloaga de García Sada, instituyó oficialmente en los calendarios escolares de la provincia el 24 de agosto como el Día del Padre, fecha en la que nació en 1816 la única hija del Libertador.
Desde 1953, los alumnos eran convocados en su escuela para festejar ese momento tan especial, cuando se evocaba a todos los padres de Mendoza.
En 1955, luego del golpe de Estado que derrocó al entonces presidente Perón, la fecha escolar que evocaba la paternidad de San Martín fue perdiendo fuerza.
Después de dos años, el Consejo Nacional de Educación olvidó incluir en el calendario escolar dicha fecha, lo que produjo que se aprovechara para desarrollar una millonaria campaña publicitaria e imponer  el festejo el tercer domingo de junio.
A pesar de todo esto, las autoridades provinciales e instituciones civiles siguieron peleando para imponer el 24 de agosto.
El 30 de junio de 1982, el entonces gobernador de facto Bonifacio Cejuela dictó un decreto instituyéndolo en el calendario de agosto.
Cuatro años más tarde, la Legislatura provincial lo convirtió en la ley 5131. Hoy, legisladores nacionales gestionan para promover una ley a nivel nacional.

Tercer domingo de junio

En 1957, la Asociación de Dirigentes de Ventas, junto con el gobierno nacional de ese momento, fijaron aquel domingo 16 de junio como primer festejo del “Día del Padre” para todo el territorio nacional. También en Mendoza se aceptó esa fecha.
Un año más tarde, aparecieron las primeras publicidades en todos los medios de la época para regalar a papá afeitadoras, trajes y otras indumentarias. También quedó implementado en las escuelas y colegios de todo el país.

sábado, 16 de junio de 2012

Bombas y religión (16 de junio de 1955)

57 años atrás hacía su debut o "bautismo de fuego" la Fuerza Aérea Argentina, sobre la Plaza de Mayo, cobrándose la vida de cientos de argentinos.
Para leer y conocer un poco más te invitoa leer lo que posteabamos un año atrás: http://ferminhistoriapoliticaymuchomas.blogspot.com.ar/2011/06/16-de-junio-de-1955-la-fuerza-aerea-de.html

miércoles, 13 de junio de 2012

Recordando a Sverdlov


Yakov Sverdlov
Junto con Lenin y Trotsky, Sverdlov fue uno de los máximos dirigentes del bolchevismo y de la Revolución de Octubre. El triunfo de la burocracia de Stalin hizo que su nombre quedara en el olvido.

Sesión del Congreso de los Soviets en el poder en 1917. Su presidente era Yakov Sverdlov.
Como muchos adolescentes de su época, Yakov Sverdlov (1885- 1919) se sumó al movimiento revolucionario clandestino en 1901, con apenas 15 años. Sufrió la persecución, fue detenido y exiliado a Siberia varias veces. Ingresó a la dirección del POSDR (Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia) en 1912 y fue miembro de la dirección del periódico de los bolcheviques Pravda.

El organizador de la revolución

Desde el triunfo del secretario general Stalin como jefe todo poderoso de un aparato burocrático, la “organización” de las masas del partido y del Estado obrero de la URSS se fue asociando a una maquinaria totalitaria, monolítica y represiva, sin libertades ni democracia. Pero la historia del bolchevismo y de los primeros años de la revolución triunfante fueron lo opuesto, siendo el joven Sverdlov uno de los artífices prácticos de aquel régimen de democracia obrera y movilización revolucionaria de las masas. En 1917 era el responsable organizativo de los bolcheviques, y el más querido y respetado de los dirigentes que habían permanecido en Rusia. Presidió las sesiones del sexto congreso de los bolcheviques, realizado en julio de ese año, mientras Trotsky estaba en prisión y Lenin se había refugiado en Finlandia. Formó parte junto con Trotsky del Comité Militar Revolucionario que garantizó el éxito de la insurrección del 25 de octubre de 1917. Cuando tomaron el poder, Sverdlov fue elegido como presidente del Comité Ejecutivo Central de los Soviets de toda Rusia.

A comienzos de 1919, en medio de los tremendos sacrificios y esfuerzos que se vivían para derrotar a la reacción burguesa imperialista en la guerra civil, sumó a sus tareas cotidianas al frente de la organización del gobierno soviético y el apoyo al Ejército Rojo, la preparación del Octavo Congreso del Partido Bolchevique. No llegó a participar en sus sesiones. A los 34 años, el 16 de marzo de 1919, murió de gripe. Lo reemplazó en la presidencia Mijail Kalinin, con un secretariado de varios dirigentes.

Lenin y Trotsky sobre Sverdlov

Desde su exilio, luego de haber sido expulsado del Partido Comunista y luego de la URSS, León Trotsky siguió desarrollando su infatigable lucha contra la burocracia de Stalin y su nefasta política del “socialismo en un solo país” y la conciliación con el imperialismo. En un artículo de 1932, referido al testamento de Lenin, y las críticas de éste a Stalin, recordaba a Sverdlov. Sin duda lo había conocido muy bien. Juntos habían preparado la insurrección de Octubre. Luego del triunfo, y hasta marzo de 1919 habían trabajado muy estrechamente, con Lenin y Sverdlov, primero en Petrogrado y Moscú, y Trotsky luego recorriendo los frentes del Ejército Rojo.

“Hasta el verano de 1919 el principal organizador del partido había sido Sverdlov. No gozaba de la denominación de secretario general, nombre que hasta entonces no se había concebido, pero en realidad ejercía esa función. […] Con la prolongación de la guerra civil y la epidemia, segando vidas a diestro y siniestro, el partido apenas advirtió la gravedad de esta pérdida. […] En conversaciones sostenidas por entonces con Lenin subrayamos más de una vez, y todavía con renovada satisfacción, una de las principales condiciones de nuestro éxito: la unidad y solidaridad del grupo gobernante. No obstante la terrible presión de las dificultades y acontecimientos, lo nuevo de los problemas y los agudos desacuerdos que ocasionalmente surgían sobre asuntos concretos, el trabajo proseguíase sin interrupciones, con extraordinaria llaneza y camaradería. […] La solidaridad del centro dirigente había sido preparada por toda la historia del bolchevismo, la indiscutida autoridad de los jefes y, sobre todo, de Lenin. Pero en el mecanismo interior de esta unanimidad sin ejemplo el jefe técnico había sido Sverdlov. El secreto de su arte era simple: se guiaba por los intereses de la causa y sólo por ellos. Ningún obrero del partido sentía temor alguno de que desde lo alto del aparato del partido se deslizaran intrigas. La base de la autoridad de Sverdlov era la lealtad.”*
“Era el más querido y respetado”
Nahuel Moreno, fundador y dirigente de nuestra corriente hasta su muerte en 1987, siempre recordaba a Sverdlov y estas definiciones de Trotsky. En sus charlas y textos sobre la importancia de las cuestiones de la organización partidaria y de las masas, era un referente obligado:

“Hasta tal punto es decisiva la cuestión organizativa que, en contra de lo que muchos creen, no hubo dos sino tres grandes dirigentes de la revolución rusa y del Partido Bolchevique. Junto a Lenin y Trotsky, estuvo Sverdlov, el secretario general, el organizador del Partido Bolchevique. Yakov Mijailovich Sverdlov no es recordado por ningún tratado sobre economía, filosofía o política marxista. Nadie se interesa por una recopilación de sus obras completas -si es que existe-. Pero era el hombre más querido, más respetado del Partido Bolchevique. Tan grande era que, cuando murió, fue reemplazado por cuatro de los mejores dirigentes bolcheviques, y los cuatro fracasaron: no pudieron con la tarea.

“Lenin, que no solía hacer demagogia ni era propenso a los elogios, lo definió, en el discurso pronunciado en su entierro como «el jefe proletario que más hizo por la organización de la clase obrera, por su victoria» (Obras completas, tomo 29, pág. 89). [...] «una cualidad mucho más profunda y permanente de esta revolución, la condición de su triunfo, es y será siempre la organización de las masas proletarias, la organización de los trabajadores. Esta organización de millones de trabajadores, en efecto, es la condición más importante de la revolución, la fuente más profunda de sus victorias.» (Ídem, pág. 83).”** Por todo esto recordamos a Sverdlov y continuamos su lucha.

* El testamento de Lenin. Prinkipo (Turquía), 31/12/1932.
** Problemas de organización. Julio de 1984.
http://agenciadenoticasjohnreed.blogspot.com.ar/2012/05/recordando-sverdlov-por-unidad.html

martes, 12 de junio de 2012

“El vínculo fue cortado por la Historia”

UN ANTROPOLOGO REVISA LA RELACION ENTRE LA REVOLUCION DE MAYO Y LA DEFENSA DE LOS PUEBLOS ORIGINARIOS

El académico Marcelino Fontán propone una mirada diferente para el 25 de Mayo: observar cómo la facción de Moreno, Castelli y Monteagudo planteaba la igualdad de criollos e indígenas. Y de qué manera la Generación del 80 borró de la historia oficial ese ideario.
 “Sin alterar los discursos americanistas no se podía justificar el genocidio indígena”, plantea como hipótesis el antropólogo Marcelino Fontán. Para este académico, la desaparición ideológica de los revolucionarios de 1810 fue condición para (y potenció) la negación del exterminio indígena delineado y ejecutado por la generación del ochenta. Aunque material historiográfico da cuenta de que Manuel Belgrano o Bernardo Monteagudo promovieron la igualdad entre indígenas y criollos, esta historia no fue aprehendida en el imaginario social argentino. El postulado multicultural de principios del siglo XIX fue despedazado por otro ideario que se cristalizó en la matanza de los pueblos originarios del sur, a finales del mismo siglo. Antes, después y durante, sostiene Fontán, una maquinaria simbólica hizo posible que el grueso de la sociedad asimilara, sin cuestionamientos, el exterminio físico y cultural de los habitantes ancestrales de estas tierras. Ese programa político y económico “llega hasta la actualidad”, bajo nuevas formas de avance sobre territorios indígenas.
El antropólogo, profesor titular en la maestría en Antropología Social de Flacso y docente de la cátedra de Salud y Derechos Humanos (Medicina-UBA), propone reconstruir “un vínculo que fue cortado”, el de las comunidades indígenas y los revolucionarios de Mayo. Y como forma de divulgación de esta historia, sugiere crear en el Espacio de la Memoria un pabellón que dé cuenta del “plan sistemático, que incluyó secuestros, robo de personas, privación de identidad”, que padecieron las comunidades aborígenes.
Fue justamente en la ex ESMA, durante el IV Seminario Internacional de Políticas de la Memoria (Ampliación del campo de los derechos humanos. Memoria y Perspectivas), que Fontán expuso esta hipótesis. “¿Punto final?”, cuestionó acerca del genocidio originario y la desaparición cultural de la generación americanista de la Independencia. Junto a Página/12 amplió estas ideas, ante un nuevo aniversario de la Revolución de Mayo.
–Matanzas de aborígenes existieron en varios momentos, ¿qué impronta particular tiene la impulsada por Julio Roca?
–El genocidio indígena está a lo largo de toda la historia colonial, pero el Estado argentino, entre los años 1879 y 1880, en la llamada Campaña del Desierto de Roca ejecuta un genocidio físico y cultural con un plan sistemático: negación de identidad, secuestros, apropiación de personas. El exterminio de esas poblaciones como tales era el gran objetivo. En muchos casos, esos pueblos continuaron en estado de sometimiento con intervenciones violentas, vinculadas con la explotación como mano de obra o a la represión ante la resistencia. Lo mismo ocurrió en la Campaña del Chaco, que empezó cuatro años después que la de la Patagonia, a cargo del general Benjamín Victorica. Allí, además de toda la lógica utilizada en el sur, se puso el acento en el sometimiento físico para así garantizar trabajadores para los obrajes e ingenios de las grandes empresas.
–Ese genocidio tuvo como manto discursivo la existencia de un otro que debía ser exterminado porque era “salvaje” o “no educable”, ¿qué ocurrió entonces con los postulados indigenistas de principios de siglo?
–Esos genocidios son resignificados en la historia como una expansión de la civilización frente al mundo salvaje. Lo interesante es que, décadas antes, la fracción de los americanistas de Mayo compuesta por Mariano Moreno, Juan José Castelli, Bernardo Monteagudo, Manuel Belgrano y José de San Martín tenía una posición frente a la cuestión indígena que planteaba la igualdad absoluta de todos ante la ley. Tomaron las ideas de la revolución francesa, las llevaron a la realidad americana y la hicieron extensiva a la población negra, indígena y criolla.
– ¿Cómo se tradujo eso en la práctica?
–Monteagudo, Moreno y Castelli eran abogados que estudiaron en la Universidad de Chuquisaca (actual territorio de Sucre, Bolivia) y allí recibieron la memoria oral de la rebelión de Túpac Amaru II (Gabriel Condorcanqui), de 1780. Y como abogados defendían causas indígenas contra la explotación de esos pueblos en las minas.
– ¿De qué forma plasmaron en lo institucional esta concepción de igualdad?
–Tenían un proyecto común. Por ejemplo, Monteagudo es una figura dejada de lado, que tiene una trascendencia enorme en este sentido. Entre otras acciones, redacta la proclama de Chuquisaca del 25 de mayo de 1809, donde la reivindicación de la libertad para el indígena es central, y junto a Castelli, en la campaña del Alto Perú, realizaron la proclama de Tiahuanaco, que eliminaba toda forma de servidumbre de los indígenas. Monteagudo tiene un paralelismo bastante fuerte con la figura del Che. Fue un tipo que estuvo en todos los movimientos revolucionarios, con un papel activísimo para concretar este ideario americanista.
– ¿Cuándo se empiezan a silenciar estas voces?
–Aunque fue un largo proceso, el recorte de estos discursos, resignificados en términos donde se vuelven inocuos, toma fuerza cuando se comienza a reescribir oficialmente la historia por la Generación del Ochenta. En 1882 es citado el primer Congreso Pedagógico Nacional por el gobierno de Roca. Allí se establecen los planes de estudio que apuntan a una población inmigrante, recién llegada y sin memoria. Reciben un relato histórico que justifica el nuevo modelo de país. Eso se enmarca en un operativo cultural, que también incluye a la literatura, la plástica, la ciencia. Es decir, sin alterar los discursos americanistas no se podía justificar el genocidio indígena.
– ¿Cómo se manifestó esa maquinaria?
–Por ejemplo entre 1884 y 1887, Estanislao Zeballos escribe su famosa trilogía donde da una versión de las costumbres de “los salvajes” cargada de valoraciones negativas, que contribuyen a justificar que hayan sido desplazados. En los mismos años, José Hernández escribe el Martín Fierro, que más allá de los méritos literarios, hace circular como ideología un profundo desprecio del indígena e incluso de alguna manera celebra que sea aniquilado. Es interesante la difusión del libro, que según algunos estudios, para fines de los ’80 había vendido 50.000 ejemplares en un país de poco más de dos millones de habitantes. También, Ángel Della Valle, pintor de La Vuelta del Malón, presenta desde la plástica una imagen del indígena como un ser feroz y oscuro. Ese tipo de pinturas se incorporan a los libros de texto y trabajan sobre ese nuevo discurso.
–De alguna forma esto desemboca en una Argentina aparentemente moderna, crisol de razas y granero del mundo.
–La generación del ochenta piensa un país, lo delinea y pone en juego todo. Es un modelo de pensamiento estratégico, que claramente estableció una visión hegemónica. Entonces la tarea nuestra es absolutamente contra hegemónica. Hace falta deconstruir todo este proceso que nos llevó hasta aquí, para empezar a entenderlo de nuevo.
– ¿Por dónde comenzar?
–Hay que comprender que aquellos revolucionarios de Mayo reconocían en Túpac Amaru II al verdadero referente de la revolución americana, quien además tuvo un programa económico y social. Por eso es que Belgrano propuso en el Congreso de Tucumán una forma de monarquía constitucional que retome la tradición de los incas y que tenga a un descendiente indígena a cargo del gobierno del Río de La Plata. Eso fue desdibujado en nuestra historia, pintado como un arranque de locura de Belgrano. Lo que se perdió entonces fue un proyecto político contrapuesto al que triunfó.
–Belgrano no sufrió el olvido de Monteagudo, pero sí fue despojado de su discurso indigenista.
–Ignorar a Belgrano no era posible. Pero las relaciones de poder que se establecen después de 1880 chocan con su discurso. Eran indigeribles las ideas de libertad, igualdad y fraternidad entre criollos e indígenas al lado de Sarmiento, vocero del positivismo, que consideraba que estos habitantes originarios de América eran animales bípedos. Fue una dura tarea la de recortar, y se llevó a cabo con delicadeza, manteniendo los nombres y citando los hechos, pero deformándolos. Este relato fue entregado a los inmigrantes que poblaron la Argentina. Y mientras éstos recibieron una historia del nuevo lugar, los indígenas ya contaban con una memoria de esta tierra. Esa memoria es la que se buscó silenciar mediante el genocidio.
– ¿Por qué cree necesario releer los discursos de Moreno, Monteagudo y Belgrano?
–Desde el debate ideológico, volver a poner en escena a los revolucionarios de Mayo, después de 200 años, no estaría nada mal. Pero sobre todo, sería valioso que los propios pueblos indígenas puedan reconectar su pasado con las luchas de aquella generación, culturalmente desaparecida, que peleaba junto a ellos. Es una relación que fue cortada. Ese ideario americanista es parte de la historia de los pueblos originarios que habitan el actual territorio argentino.

domingo, 10 de junio de 2012

Aquellos periodistas

El jueves fue el Día del Periodista. Pocas veces tuve una impresión tan grata. Fue en Santa Teresita, sí, esa ciudad ahí en la costa de mar y arena. Organizado por la Asamblea por los Derechos Humanos, el acto se llevó a cabo en el Instituto de Formación Docente. Eso es lo que vale. La ciudad quedó vacía, el aula magna rebosaba de gente: alumnos entusiastas, docentes, vecinos, obreros, empleados, comerciantes, pueblo, pueblo. Ese instituto de enseñanza es el primer centro educativo que ha levantado un monumento a Rodolfo Walsh. Estuvimos allí. La emoción; corrimos la tela que lo cubría. Hablamos de él. El sentido de solidaridad nos invadió a todos. Su prosa puro coraje. Sus figuras literarias cubiertas de vuelo emocionado. Y su muerte. Para siempre, el héroe del pueblo. Leí un escrito que le dediqué hace ya muchos años. Dije: “No tengo otra forma de definir a Rodolfo Walsh que tomar la frase de Madame de Staël referida a Friedrich Schiller: ‘La conciencia es su musa’. Su conciencia lo seguía a todas partes. (‘Me siento insultado, como me sentí sin saberlo cuando oí aquel grito desgarrador detrás de la persiana’) Ese es el parámetro de su vida: su conciencia. Predestinación de mezclarse con la vida, de meterse. No fue consciente, tal vez, de su predestinación. La sangre que circulaba por sus venas no lo dejaba tranquilo con los productos que le depositaba en el cerebro. Sus mejores cualidades literarias fueron alma y humanidad”.
El acto llega a su punto culminante cuando la directora del instituto de enseñanza anuncia a los presentes que los docentes van a proponer darle el nombre Rodolfo Walsh a esa casa de estudios. No hay mejor ejemplo para la juventud, agregué. Y termino a plena voz: “Se acabó el tiempo de llamar a los colegios ‘General Roca’, se ha abierto un claro amanecer al bautizarlos con el nombre de este héroe del pueblo, el periodista ejemplo para todos, Rodolfo Walsh”.
Luego, ya en las aulas, me piden que recuerde a otros periodistas ejemplos de creación y bondad en ver a su sociedad. Acabo de cumplir sesenta años en el periodismo. Toda una época más que difícil. Triunfos, despidos, cárceles, gozar de maestros y aguantar a tiranos de escritorio. Nombro al más admirado por mí: Raúl González Tuñón, el poeta de la calle, de la aventura y de los sueños. Recuerdo cuando lo despedimos al jubilarse de su oficio de periodista. Me tocó pronunciar el discurso de despedida, en un bodegón de Barracas, ante la mesa tendida y después del brindis: “Por fin lo tenemos entre nosotros a Raúl. Digo por fin, porque lo tuvimos mucho tiempo entre nosotros en esa enorme redacción que parece un reloj del tiempo con sus ruidos, con sus gritos, con sus apuros, y lo dejábamos escapar. Y él se nos escapaba con su humildad, sus eternas ganas de pasar desapercibido. Se nos escapaba con su paso silencioso, su cabeza poblada de sueños, y se tomaba alguna nube aquí en Barracas –por supuesto sacaba boleto obrero– y se sentaba a la ventanilla del tiempo a observar y amar una vez más a las gentes, a las casas viejas, a las ilusiones y a las esperanzas de esta ciudad. Porque como el mismo Raúl dice en uno de sus versos: ‘El poeta lo es en sus libros y en la calle’. Pero hoy lo hemos atrapado y lo hemos traído aquí con nosotros, sus amigos, que queremos expresarle la alegría que sentimos por su último libro: La veleta y la antena. El pasado, los años ’20, ¡qué tema para Raúl! Buenos Aires con sus calles color sepia, con sus multitudes de alpargatas, de galerita, de cuello duro, con sus anarquistas rojos de bronce quemando tranvías y haciendo saltar panaderías, con su Hipólito Yrigoyen trenzando en la calle Brasil, con sus generales bigotudos, con su clase media buscando que sus hijos fueran abogados, médicos o cadetes navales, con sus conventillos, y sus domingos de hipódromo y fóbal. Se ha caído un tranvía al Riachuelo. Raúl hace sus primeras armas como reportero. Ahí está él en medio de ese mar de llanto, de gritos, de pitadas de barquichuelos y vigilantes, de cadáveres grises y mojados de obreros y costureritas. Y escribirá su primera nota: apenas un recuadro. Que titulará ‘El sándwiche de milanesa’. Y Botana, el director de Crítica, con esa intuición que lo caracterizó, mete ese recuadro, de un puñetazo, en primera página. Y nada como ese recuadro registró el drama injusto que significó esa tragedia: un tranvía de obreros ajusticiados por un Dios incomprensible en un paredón de barro y agua podrida. Raúl se detuvo ante el cadáver de un chico de 12 años, de pantalones parchados. Allí, de un bolsillo le asomaba un paquete: el agua había abierto el papel de estraza y dejaba ver un cacho de pan francés con una milanesa en el medio. Y sobre esa figura, Raúl escuchó un poema triste, trágico, desgarrante. Así, con la sencillez que lo caracteriza exclamó su llameante voz de protesta. Allí, en el sandwich de milanesa, estaba toda la tragedia: estaba el chico que en vez de jugar o estudiar tenía que ir a las cinco y media a trabajar. Como un hombre más. Estaba el drama de la madre preparando, antes de partir, ese sandwich como única ayuda, como única protección. Estaba allí toda la injusticia de los hombres para con los hombres, y, lo peor, para con los hijos de los hombres. Estaba todo: la vida y la muerte. Y tal vez, esa imagen del sandwich de milanesa que quedó allí intacto, mojado en el pantalón de un obrerito muerto, es lo que impulsó a Raúl a hacer ésa, su vida consecuente de poeta revolucionario. Raúl, el periodista poeta, en su día”.
También recordé el jueves a otro periodista con quien compartí horas y horas de labor en el Congreso de la Nación: Gregorio Selser. De periodista a escritor. Uno de los mayores historiadores de las gestas latinoamericanas revolucionarias. Su Pequeño ejército loco describe la gesta de Augusto César Sandino. Es sin duda uno de los mejores testimonios de esa gesta latinoamericana. A ese libro seguiría una serie relatando todas las gestas revolucionarias de nuestro continente. Toda su vida se pasó consultando archivos y juntado documentación. Cuando Gregorio Selser se suicidó para librarse de una enfermedad mortal, el 27 de agosto de 1991, perdimos a uno de los mejores periodistas e historiadores latinoamericanos. Ante su muerte escribí: “No aprendiste la lección y mientras te defendías con tu humilde sueldo de redactor anónimo comenzaste a escribir, pero primero te dedicaste a tu oficio preferido, a juntar papeles, y después a volcarlos, interpretarlos e informar en un infinito teclear de tus dedos. Y ya te metiste en tu casamata y Marta, tu compañera, el ángel bueno, a ordenar tus papeles y tu vida. La fiebre ya no te pudo dejar. Rogelio García Lupo me dijo a modo de presentación: ‘Aquí, Gregorio Selser, profesión, juntapapeles’. ‘¿Papeles, de dónde?’, pregunté yo en forma un poco torpe. Y vos, Gregorio, me respondiste con infinita candidez: ‘De Latinoamérica’”.
En mi escrito, ante su muerte, finalicé diciendo: “Para vos, Gregorio Selser, no habrá paraíso. Porque sabés muy bien que el único paraíso es la búsqueda, la lucha por ese paraíso en la Tierra. Pero en la memoria –esa que no se agota cuando los notables abandonan al muerto después de los discursos– quedarás para siempre, como el boletinero mayor de la eterna revolución latinoamericana, y te acompañará para siempre el pequeño ejército loco con Augusto César Sandino, su general de hombres libres que seguirá luchando por la Libertad por los siglos de los siglos”.
Tres periodistas con la vocación de servir a su sociedad, para mejorarla, no para mantenerla con sus actuales vicios. Otro ejemplo, muy olvidado, se llamó Emilio Corbière, el socialista, un luchador como pocos en buscar caminos y encontrar soluciones. Por fin, se acaba de realizar un homenaje a tan digno hombre de búsquedas en infinitos artículos plenos de sugerencias e ideas.
Una jornada de logros recordando a las mentes que trataron de forjar nuevos caminos en un mundo que todavía no encuentra la senda para la paz definitiva, que no puede ser otra que acabar con las diferencias sociales entre los seres humanos.

LA PRIMERA FERIA DEL LIBRO PUNK (De la fotocopia a la imprenta)

En los últimos años, con una frecuencia espaciada pero sostenida, aparecieron en Argentina muchos y diferentes libros acerca de la escena punk local, desde el reciente Derrumbando la casa rosada, que reconstruye los primeros años en la década del ’80, hasta Ricky de Flema: el último punk, la biografía del legendario cantante de Gerli, pasando por la historia de Los Violadores y hasta literatura inspirada en el género oi! y el fútbol del Ascenso, todo bajo el manto inspirador de Punk. La muerte de joven, de Juan Carlos Kreimer, texto pionero que hizo historia en castellano cuando se editó en 1978. La consecuencia, que tiene su bautismo este fin de semana, parece lógica: hoy se inaugura la primera Feria del Libro Punk en Buenos Aires, de la que participarán autores y protagonistas.

Marginal, vehemente, pasional, nostálgica y hasta tiernamente, un alfiler de gancho parece haberse clavado en Buenos Aires como a principios de 1980. Ya no son las trasnoches en el chetísimo restaurante francés de Barrio Norte, Le Chevalet, cuando Trixy y los Maniáticos eran presentados por Jotapé Correa y Andrés Calamaro se arrimaba con su saco y corbatín y podía llegar a tocar en batería “Represión” con Los Violadores. Ahora el punk vuelve de la mano del revisionismo que cubre como una nube de cenizas volcánicas, lo que ampliamente se llama pop y que va de las bandas del eterno retorno al suceso local de Graduados, las reediciones re-mas-te-ri-za-das, las efemérides, el box set, etc. Revisionismo que se desliza en el precipicio de la cultura y que el crítico inglés Simon Reynolds desmenuzó en su libro Retromanía, recientemente editado en la Argentina. En este caso, sin embargo, y a grandes rasgos, se trata de un revisionismo quijotesco, completamente despegado del negocio: aparece más como un gesto melancólico y romántico. Ese gesto se verá cristalizado en la primera Feria del Libro Punk que se realizará el domingo 3 de junio en el Salón Pueyrredón de la avenida Santa Fe al 4500.
Una decena de editoriales independientes se reunirá para mostrar su producción de ensayos, crónicas, novelas y cuentos que tienen como punto en común la historia del punk en la Argentina. Habrá mesas redondas con autores y editores, lecturas, muestra de arte y, por supuesto, stands de los expositores. “En el último tiempo se armó una pequeña, pero activa escena de literatura punk en la Argentina. Con el antecedente que significó el seminal Punk. La muerte joven, de Juan Carlos Kreimer, publicado en 1978, en la mayoría de los casos los libros buscan rescatar el testimonio de bandas y personajes que se movieron al margen del establishment del rock y que en gran parte parecían condenados al olvido”, dice el periodista Alfredo Sainz, uno de los agitadores del reflujo de la movida del siglo pasado.
Desde una completísima biografía de Los Violadores (La Historia de Los Violadores / el Nacimiento del Punk en la Argentina, de Esteban Cavanna) hasta un recorrido por el hardcore de los ’90 (Historias del Buenos Aires Hardcore, de Julián Vadalá) pasando por los primeros pasos del punk barrial (De todo lo que vi... recuerdo la mitad, de Mariano Ludueña). Desde la historia de escenas parientes como la del ska (La manera correcta de gritar, de Daniel Flores) hasta el flamante Mi pequeña colección de punkinez, que compila en más de 600 páginas la producción en fanzines de Boom Boom Kid, los libros comparten un linaje internacional que incluye al autobiográfico Get In The Van, de Henry Rollins (el cantante de Black Flag que no es sólo un punk rocker escritor sino también editor), las publicaciones de la editorial estadounidense ReSearch, los clásicos Please Kill Me! (Legs McNeil y Gillian McCain) y England’s Dreaming (Jon Savage), libros de “escena” como Banned In DC, California Hardcore y Que pague Pujol! (el punk en Barcelona) y la Maximum Rocknroll, la influyente revista punk.
La organización de la Feria del Libro está a cargo del colectivo de autores que ya lleva publicados dos libros: Gente que No –que cuenta la historia de post punks, darks y otros iconoclastas del under porteño en los ’80– y Derrumbando la Casa Rosada, un testimonio sobre los orígenes del punk en la Argentina, ambos editados por la editorial Piloto de Tormenta. En el colectivo conviven periodistas –como el propio Sainz, Daniel Flores, Leandro Uría, Adriana Franco, Franco Varise, Jorge Luis Fernández, Juan Andrade–, diseñadores gráficos –Diego Ladrón de Guevara– y músicos más o menos legendarios que escriben en primera persona, como Patricia Pietrafesa –fundadora de los grupos Cadáveres de Niños y Sentimiento Incontrolable, actualmente integrante de Kumbia Queers y She Devils y editora del fanzine Resistencia– y Marcelo Pocavida, cantante de bandas emblemáticas como Los Baraja o Vudú. “Queríamos que quedara un testimonio escrito de un montón de historias que conocíamos, de forma directa y otras a través de terceros, pero que temíamos que se podían perder a falta de trabajos periodísticos exhaustivos. Del tema de escribir los libros veníamos hablando hace casi veinte años y al final, la espera sirvió. El paso del tiempo ayudó para que decantaran ciertos temas y no es casual que estos libros lleguen en momentos en que también se están publicando trabajos similares en otros lugares del mundo”, explica Daniel Flores.
EL BEST-SELLER INSOSPECHADO
El miércoles 30 se cumplen diez años del suicidio de Ricky Espinosa, el líder de Flema, un riquísimo personaje de Gerli que llenó cada uno de los requisitos para convertirse en el perfecto Espinosa, el suicidado por la sociedad. Se ha escrito mucho sobre él, sobre su derrotero por el sur, sobre sus andanzas de época, y aquí habrá que hablar de Ricky de Flema: El último punk, libro del periodista Sebastián Duarte. Se trata de un best seller insospechado: va por su cuarta edición –la primera fue publicada en 2005– y lleva vendidos más de 4000 ejemplares prácticamente sin difusión y con el respaldo de una editorial independiente como Ediciones Baobab. Ahora se estrena la versión teatral del libro. El último punk se presentará todos los jueves de junio a las 20.30 en La Ranchería, México 1152. “Es una versión libre, una especie de homenaje a Ricardo, y a lo que dejó plasmado en sus canciones y sus pensamientos –cuenta Duarte–. El director es Pablo Siroti y Cristian Majolo, un actor tandilense, hace de Ricky. Es un llamado a la reflexión. En este caso, como en el caso del Ricky Espinosa real, la idea no fue patear el tablero. Creo que la muerte de Ricardo fue un acto romántico, el acto de un utópico que no pudo cuajar con esta sociedad y sus imposiciones, sus reglas. Ese es el mensaje. Fue una elección, a mi criterio respetable, más allá de que no esté a favor de los suicidios.”
El último punk no es el único registro sobre la excesiva vida del cantante de Gerli. Hace unas semanas también se publicó Flema es una mierda (Mancha de Aceite), un ensayo con ribetes sociológicos sobre el punk local escrito por el periodista Diego Vecino a partir de la figura de Espinosa.
FUTBOL, ASADO Y VINO
Uno de los autores más originales de la escena es Fernando Prim, que en su debut En la cancha se ven los pingos, una colección de 28 cuentos populares publicados originalmente en el fanzine homónimo (una característica común a varios títulos es justamente ese salto de la fotocopiadora a la imprenta). El libro combina fútbol del Ascenso con espíritu punk 77, reuniendo en un mismo libro al grupo oi! inglés Cock Sparrer con las hinchadas de El Porvenir y Deportivo Merlo y postulando la improbable creación de una república skinhead en el partido de Morón. “Los cuentos son un espejo del fanzine: mucho fútbol, oi!, tango, All Boys, cultos juveniles como el skinhead o el punk, protesta social. En fin, historias de ficción con personajes deformes y genuinos que los podés encontrar en cualquier barrio de Buenos Aires”, explica Prim.
Otra de las editoriales más activas es Tren en Movimiento, comandada por Ale Natural, que compiló la producción de comics y trabajos del dibujante Max Vadalá en su Punk rock y tinta china y editó, entre otros libros, Agujas y sangre, un relato semiautobiógrafico del reconocido tatuador y cantante del grupo punk Acidos Populares, Mathías Rinaldelli. Su último lanzamiento es No permitas que maten tus sueños, que reúne los trabajos de otro pionero del periodismo punk en la Argentina, el marplatense Gerardo Dekadencia. “Con la editorial ponemos en juego ciertas herramientas que nos permiten ayudar a canalizar expresiones que se reconocen en tradiciones de proyectos emancipatorios, autogestivos, autónomos o, simplemente, que no encuentren otros medios de expresión a nivel editorial. Eso marca un poco también la naturaleza de lo que vamos editando y, en la mayoría de los casos, cómo lo vamos editando. El espíritu punk está quizás en la búsqueda por participar en redes solidarias, y en compartir y socializar esas experiencias”, dice Ale Natural.
Curiosa maniobra del tiempo: el no futuro del pasado se proyecta en el presente como una posibilidad contracultural concreta. La fugaz escena de chicos de clase media porteña que aspiraban espejarse en los proletarios ingleses se diluyó con la democracia. Las drogas y el aburguesamiento hicieron el resto. Cuando hace décadas que la mueca rebelde se volvió caricatura, un desperdigado ejército de tipos de 40 esquiva el destino de “viejos patéticos” que cantó Pil Trafa. Uno por uno, tratan de hacer ruido con sus borcegos raídos y honran el más noble de los legados del punk: el hacelo vos mismo. En eso andan.
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