"Hasta ahora, los filósofos han tratado de comprender el mundo; de lo que se trata sin embargo, es de cambiarlo" Karl Marx

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sábado, 31 de agosto de 2013

Z de Zanahoria

Se me ocurren múltiples maneras de pensar “zanahoria”.
Zanahoria como sinónimo de color naranja y naranja es mi color.  Se dice que ese color está relacionado con mi signo: Leo.  Que el naranja es el color que libera las emociones negativas, nos hace sentir menos inseguros.  También que es un color que estimula la mente, renueva la ilusión en la vida y se torna un perfecto antidepresivo.  Y agregan los expertos en colores que hay palabras clave para cada uno de ellos y naranja es energía, alegría, felicidad, atracción, creatividad.

También se me ocurre “zanahoria” como engaño.  Una treta colgando a cinco centímetros de cuanto puede estirar su pescuezo el burro que camina persiguiendo eso que está delante de él y aun así no podrá atrapar jamás.

Zanahoria-Z-naranja final de mis Días de Abecedario. 
Con este serán veinte y siete post, veinte y siete textos, de todo tipo y estilos.  Donde la mayoría no valen demasiado pero hay algunos en que afloró algo de mí que estaba guardado.

Concluyo mis “Días de Abecedario”, convencido de que lo que me dejó este mes es mucho más que un par de textos publicados en blog.  Me he llenado de dudas y preguntas y eso está bueno, estoy vivo, consciente de evitar caer en la trampa, al menos por hoy.

Me despido, termino.  Ahora tendré más tiempo de leer los días, las letras de otros blogueros y blogueras que se animaron al desafío.

Me despido de mis “Días de Abecedario”, fue muy lindo este viaje porque como otros viajes, el azar me trajo acá, me hizo conocer gente maravillosa e inolvidable…

“Z” de última letra; “Z” de último día.  “Z” que no es fin, si no comienzo de otro camino…

Te querés sumar a este juego, a este desafío (Días de Abecedario- invitación de Camino Mundos) de escribir tantos días como letras tiene el alfabeto, o, tal vez preferís escribir una vez al mes porque no tenés tiempo por ejemplo, entonces te podes sumar al Veo Veo.
Enterate en que consiste cada juego en “Juegos entre blogueros”  



Y de Yo Yo

No se trata de un ataque caprichoso y egocéntrico, sino que hoy es día “Y”, día de “Yo Yo” o “Yoyó” según se prefiera.  Ese juguete que se resiste a ser olvidado y desplazado por teléfonos celulares, play station y no sé cuántas otras cosas más.

Viva el Yo Yo!!!

Habría que hacer una campaña para fomentar su uso.  Porque si bien aun uno puede verlo de vez en cuando en alguna juguetería o kiosco, claro que con imágenes de Ben 10 o una tal Violeta.  El mítico juguete se resiste a desaparecer.

El Yo Yo a lo largo de la historia

Se han encontrado vasijas de hace unos 2000 años en Grecia que nos hablan de la existencia de este peculiar juguete.  También se lo conocía en China y se dice que su nombre proviene del “Tagalo”, idioma malayo, donde “Yo Yo” significa volver.  Otra curiosidad, es que hasta hace unos 400 años los malayos usaban el Yoyó como un arma.

Hacia el año 1800 el juguete fue importado a Europa desde Oriente y los ingleses, sus importadores le darían el nombre de “Banderole, Quiz o el juguete del Príncipe de Gales.  También los franceses le pondrían nombres como: Emigrette y incroyabe y se dice que Napoleón solía divertirse con este juguete.

El Yo Yo, supo tener momentos de una aceptación espectacular y hasta hubo yoyós carísimos y de oro, como los Gold Fusion, de Playmaxx.

Yo Yo  Cómo usarlo

El Yo Yo requiere cierta habilidad y empeño.  No es un juego así no más.  Enroscar el hilo en su eje (recordemos que el Yo Yo, son dos pequeños platos, como tapas de alfajor unidos por un eje, dejando un pequeño espacio entre ambas tapas por donde pasa el cordón)
El cordón no está anudado al eje sino que el cordón lo ahorca, humn qué fea expresión pero no se ocurre otra, y así es como el Yo Yo puede moverse libremente.

El cordón no debe tener más de 70 centímetros, aunque sus medidas pueden variar según la altura del jugador pero con 70 u 80 centímetros para mí estaría bien.

Enroscarlo correctamente no es sencillo, porque como dijimos el hilo no está atado entonces hay que hacerlo de modo tal que trabe y se enrosque permitiendo luego que el juguete suba y baje.

Ah, fundamental, el cordón debe estar sujeto al dedo índice, ahorcándolo también, de lo contrario nuestro juguete se convertirá en un misil capaz de romper vidrios el jarrón de la abuela o peor aun terminar golpeando la frente de alguien.

Bien.  Habiendo aprendido estos primeros paso pasemos a jugar:
Si lo nuestro es el juego sin más bastaría con hacerlo ir y venir de arriba abajo desenroscándose y enroscándose nuevamente pero seguro que esto, a los diez minutos ya aburrió y el pobre Yo Yo termina tirado por ahí.

A pesar de que nunca fui un experto jugador algunos trucos solían salirme…

Les dejo un link de la Asociación Mexicana de Yo Yo para los que se atrevan a incursionar en este  divertidísimo juego.

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miércoles, 28 de agosto de 2013

X de Xerófilo

Después de México, Argentina es uno de los países con mayor número y variedad de cactus.  A lo largo y ancho del país uno puede encontrarlos sin excepción en la montaña, las sierras, valles o pampa.  En zonas cálidas, templadas y hasta muy frías.

Se me ocurre que uno podría trazar una “Ruta del cactus” pero ese será un post que he de escribir otro día.

Amante de los cactus en muchos viajes que he realizado solía traerme como “trofeo” un cactus.  Una locura porque como se sabe, muchos poseen espinas gruesas y pinchudas como un alfiler y sin embargo siempre me la ingenié para traerme alguno a mi casa y hoy, la mayoría, porque algunos murieron con el tiempo engalana mi jardín.

Hoy ya no me traigo más cactus en mi mochila y prefiero fotografiarlos.  En mí último viaje, el que le dio inicio a Rumbeando por Ahí.  Tenía esa intención.  Salir a fotografiar cactus y el único libro que llevaba en mi mochila cuando salí se llama “100 Cactus Argentinos” De ahí surgió la idea de retratarlos, fotografiarlos porque me convencí que no debía seguir arrancándolos de su hábitat si en cualquier vivero uno consigue cualquier especie y hay muchas que corren peligro en sus espacios naturales.

Bueno, luego, los que leen el blog ya saben.  Salí para cualquier lado y de cactus poco y nada pero ya llegará ese viaje por la ruta de los cactus.  Tal vez, libro en mano, sea el cartógrafo que lo dibuje y luego lo corrija cuando recorra mi propio camino…

Para quien guste les dejo un enlace a mi face, donde podrán ver un álbum de mis cactus, sus nombres e historia!  CACTUS, UN EXTRAÑO AMOR ME UNE A ELLOS!!!

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domingo, 25 de agosto de 2013

W de Wolframio

Sabía que si elegía esa ruta me iba a ser difícil encontrar quien me llevara. 
Por delante tenía cientos de kilómetros hasta el pueblo donde vive o viviría Wolframio.  Digo viviría, aunque mejor sería decir ¿vivirá?  Porque en el pueblito de dónde partí, donde me hablaron de él e hiso estallar mi curiosidad, no me podían asegurar si aun viviría.  Ni siquiera podían asegurarme si estábamos hablando de una persona de verdad.  Más aun, una de las vecinas intento desalentarme, sugiriéndome que no intentara viajar por esa ruta del diablo y me hizo toda una descripción de los peligros que me aguardaban.

Me llevaron algunos kilómetros por esa ruta de la que ya nadie recuerda su nombre.  Me bajé de la chata en una especie de cruce.  Yo debería seguir y mi chofer doblaría a la izquierda hacia otro pueblo.

“Hasta acá te puedo traer” me dijo.   “Estás seguro, mirá que por acá de suerte va a encontrar a alguien” me decía mientras me ayudaba a sacar la mochila de la camioneta.
Antes de salir me había aprovisionado.  Un río de agua clara y fría no estaba a más de un kilómetro en paralelo a mi camino.  Tenía lo suficiente para llegar aunque mal no fuera caminando.

Jacinto volvió a su vehículo, le dio media vuelta al arranque y antes de acelerar, necesitó confirmar que no me iría con él.  Entonces le di unas palmadas al capot y este arrancó dejando una estela de polvo hasta que ya no lo vi más.

Al cabo de una hora de marcha, sin ser experto en huellas y cosas así, estaba seguro que por ahí hacía tiempo, tal vez nunca, había pasado un vehículo a motor.  Qué si habría de llegar a destino iba a ser a pie.  ¿Pero en cuánto tiempo?  No tenía idea de cuánto tendría que caminar y carecía de todo instrumento de medición.

Caminaba una hora y descansaba quince o veinte minutos.  El primer día no tuve necesidad de ir a buscar agua y recién lo hice a la mañana siguiente. 

Al cabo de unas horas.  Decidido a pasar mi primera noche en esa soledad absoluta despejé de cuanta piedra pude del suelo y armé mi carpa.  Cené y luego me dormí cuando aún quedaba un hilo de luz. 

La rutina se repetiría durante cuatro días con sus noches.  Salvo por algún que otro pájaro y arbustos no había visto ser vivo alguno.  Tampoco señas de que algún hombre anduviera por ahí.  No había basura, ni huellas, hasta que al cuarto día a media mañana encontré bosta.  No era fresca, pero tampoco estaba lo suficientemente seca, o sea que por ahí, además de ese animal, podía suponer que hubiera andado alguien.

Recién el quinto día de marcha al fin encontré rastros de humanidad.  Mis botellas de agua estaban casi vacías y entonces seguí el murmullo del río, que a juzgar por cuanto caminé, a ese punto estaría a sólo unos 400 metros.   Para mi sorpresa descubrí que en la orilla de enfrente estiradas sobre las rocas había todo tipo de ropa secándose al sol.  Pero no había nadie a la vista.  Seguí avanzando hacía el curso de agua y ya no cabía duda de lo que veía.

Grité, pero nadie apareció.  Tampoco veía un lugar que me permitiera alcanzar la otra orilla y entonces opté por esperar.  Temía que si recorría la margen del río buscando un puente podría desencontrarme con ese alguien que había estado allí.  Además, no estaba en condiciones de arriesgar más al azar.

Esperé horas.  Tiré piedras al río y cada tanto volvía a gritar.  Nada.  Todo igual.  Sólo el arrullo del agua y el viento hasta que en algún momento, contra mi voluntad, me dormí.

No sé cuánto tiempo pasé dormido pero al despertarme la ropa no estaba.  Con un insulto en la boca me levanté y comencé a gritar con toda la fuerza que podía.  Gritaba como un condenado y ya me decidía a atropellar contra el río cuando apareció un nene de no más de diez años. 
Sin responderme una sola pregunta, estiró su pequeño brazo y con el me hacía señas.  Me indicaba un punto a seguir. 
Me cargué la mochila en la espalda y seguí la dirección que me indicaba.  Caminé unos metros y descubrí que el río hacía una curva detrás de unos árboles, que veía por cierto, pero estos me tapaban esa curva y que ahí, a metros no más, había un precario puente de troncos y barro.
No lo podía creer, lo tenía a unos metros y no lo sabía…

El niño no me hablaba.  Más aun, no me permitió acercármele siquiera. 
Cuando me tuvo cerca se echó a caminar y ante su mutismo lo seguí. 
Salimos del río para internarnos en un monte y mientras permanecíamos en el sendero, Camilo, luego conocería su nombre, corrió dejándome atrás.   

Caminé tan rápido como pude. 

Ante mí apareció un caserío miserable donde me esperaba Camilo abrazado a la falda de su mamá.
Dejé caer la mochila al suelo.  Saludé.  Me presenté y María me respondió con una tibia sonrisa.  Acto seguido, sólo hablaba yo, les expliqué que venía buscando un pueblo o un lugar, que no estaba seguro, porque no sabía si en realidad existía tal pueblo.  Les conté que estaba viajando, conociendo.  Que me habían hablado de Wolframio y que había venido a conocerlo.

Como no tenía más para decir callé esperando la respuesta que se hizo esperar hasta que por fin alumbró la voz de Camilo: “usted está buscando al Señor Horacio”, sus ojitos brillaron  y volvió a callarse.  Entonces María continuó: “La ropa que usted vio en el río era suya.  Nosotros la lavamos.  Él murió hace tres días” dijo y los tres guardamos silencio.

Ya pasaron dos años de aquel encuentro.  Qué lejos que me parece.  Seguro que no volveré a verlos jamás.
Si todo salió como me contaron ni su caserío estará en pié.  El monte lo habrá cubierto todo y ellos se habrán perdido en la ciudad.

Sin el Señor Horacio, ya no queda nada para ellos en esa tierra.  Los tres, eran los últimos sobrevivientes de un sueño que no se cristalizó.  Un sueño, una suerte de secreto que pude conocer después de prometer que jamás lo revelaría…   

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sábado, 24 de agosto de 2013

V de Veleta




No quiero ser el gallo sobre la veleta.  
Prefiero ser en el viento y que este enrede en mis cabellos los sueños…

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viernes, 23 de agosto de 2013

U de Uh!

Uh!  Qué voy a escribir hoy!?

Día complicado el “U”.  No sé qué decir o cómo decir.  Siento un vacio de palabras enorme.  Se me presenta un destino: Ushuaia, pero como escribir sobre un lugar que no conozco aunque podría escribir sobre mis planes de conocerla.

Si escribo sobre el “universo”, los universos, porque para mí son más de uno metidos en ese rectángulo con la letra “U” escrita en manuscrita mayúscula al costado del vértice superior izquierdo.  Se acuerda alguien qué era eso, cómo se llamaba.  Recuerdo haberlo hecho en la escuela primaria y si no estoy equivocado dentro iban un par de conjuntos no. 

Ufa che!  Por qué se hizo tan difícil hoy elegir una palabra para el día “U”.  Será que “U” es sinónimo de final, de últimos “Días de Abecedario”.  Umn, puede ser, tiene sentido.  Cuando me aferro a algo me cuesta soltarlo.

Pedí ayuda en facebook, hable de mi “bloqueo” y raudamente aparecieron esos amigos que siempre están ahí alentando.

Cada “uno” me sugirió una o varias palabras.  Me reí con “urraca” y recordé unos dibujitos animados de un par de urracas parlanchinas que luego voy a buscar en You Tuve porque hace años que no las veo.

Me sugirieron escribir para este día “universo” como un conspirador que impulse una felicidad inmensa pero a mí me surgió una duda, un interrogantey respondía algo así como “si es el universo, inmenso el que se te cae encima y no permite avanzar, ser feliz”  No digo que sea así, sólo me nació como respuesta automática.

Otra palabra fue “útero” palabra inmensa para mí, aunque bella para crear en él una bella “utopía”, especial y “único”.

“Urinal”  Esta sí que está buena.  Como me decía Pablo, “los viajeros podemos dar clases de urinarios extraños en el mundo” y me dejó la idea para escribir y describir nuestras meadas dejadas por ahí…

Verdad que la colaboración de mis amig@s a me está resultando muy “útil”“Urgente” respondieron y las palabras van logrando su “unión” y este “usuario” de las redes sociales, este seudo escritor en el “umbral” de los problemas físicos, no sé cómo, pero con “uñas” y dientes, le voy a encontrar la vuelta para escaparle al “urólogo” aunque tenga que salir a cazar un “unicornio”, y esconderme de los que me condenen por “usurpador” por semejante “ultraje”

Estaba pensando que muchos de quienes colaboraron en escribir este día “U”, son viajeros y me pregunto si no estaría bueno crear si es que ya no existe, una “universidad” que bien podría encontrarse en “Uganda”. No, Uganda no.  Qué sea Egipto así nos preparamos para un viaje de “ultratumba”

Uf, terminé!!! J
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miércoles, 21 de agosto de 2013

T de Tiempo

Momentos, segundos, los días que se descuelgan de los almanaques como en un constante otoño. 

El tic tac se torna ensordecedor, incesante, confundiendo los sentidos y nada. 
Otro día, otro año, otro cumpleaños; otro lugar visitado, miles de lugares no visitados; un sueño, cientos de sueños frustrados.

Detener el tiempo es tan difícil como sostener el agua en las manos…

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