"Hasta ahora, los filósofos han tratado de comprender el mundo; de lo que se trata sin embargo, es de cambiarlo" Karl Marx

Seguidores

sábado, 14 de julio de 2012

¿Qué hay de nuevo, Marx? El valor de la Naturaleza

En esta reseña, el especialista en economía política Jonatan Gross señala que el libro ¿Un Marx Verde? ilumina el aporte del intelectual comunista como "un punto de partida fundamental para comprender y resistir el proceso actual de apropiación de la naturaleza por el capital". Y plantea: "en tanto el hombre actúa exteriormente sobre la naturaleza y la modifica, modifica al mismo tiempo su propia naturaleza".
En ¿Un Marx verde? Antropología, ecología y marxismo, el antropólogo Claudio Vizia nos propone una interesante lectura ecológica de Marx.

En primer lugar, a través de la lectura de los trabajos tempranos de Marx, en especial su tesis “Sobre la diferencia entre la filosofía natural demócritea y epicúrea”, Vizia rescata la posición del pensador alemán a favor de la contingencia y la libertad frente a la imputación de determinismo. Posición que éste sostendrá, pese a sus oscilaciones, a lo largo de toda su producción teórica.

Luego considera las críticas realizadas por las corrientes ecologistas actuales a la concepción de la naturaleza en el pensamiento de Marx y al lugar que ocupa ésta en su teoría del valor.

Si bien no hay una teoría sistemática de la naturaleza, Vizia señala que en la concepción filosófica de Marx la naturaleza es considerada “el cuerpo inorgánico del hombre”. Asimismo, para Marx el trabajo es, en todas las formas de la producción, la exteriorización de una fuerza natural, el proceso por el cual el hombre media, regula y controla su metabolismo con la naturaleza. Así, en tanto el hombre actúa exteriormente sobre la naturaleza y la modifica, modifica al mismo tiempo su propia naturaleza. Ahora bien, aquella relación metabólica entre el hombre y la naturaleza es fracturada por la enajenación del trabajo en el capitalismo.

En El capital, Marx comienza su exposición con el análisis de la forma mercancía, forma elemental de la riqueza en la sociedad capitalista. Esta se nos aparece inmediatamente como valor de uso y valor de cambio. La utilidad para satisfacer necesidades que posee una cosa, hace de ella un valor de uso. Los valores de uso constituyen el contenido material de la riqueza, sea cual fuere la forma social de ésta. Pero a su vez, en la sociedad capitalista los valores de uso son los portadores materiales del valor, expresado en su valor de cambio.

El valor de cambio nos refiere a una relación cuantitativa entre distintas mercancías, a la proporción en que se intercambian valores de uso de una clase por valores de uso de otra clase. Lo que caracteriza a la relación de intercambio de mercancías es por tanto la abstracción de sus valores de uso, desvaneciéndose también el carácter concreto de los trabajos necesarios para producirlos. Lo que resta es simplemente su valor, como producto del trabajo abstractamente humano, manifestado en su valor de cambio.

Ciertamente, el valor como una relación social determinada que adopta la forma de una relación entre cosas -y no como un atributo natural que pertenezca a las cosas como tal- es el centro de la crítica teórica de Marx a la sociedad capitalista. Siguiendo a Vizia: “No se trataría entonces de una omisión ni de una falta de ponderación adecuada del lugar de la naturaleza en la formación de valor sino más bien, de la radical diferencia entre una y otra formas de valor”.

Lo expuesto anteriormente, de acuerdo a Vizia: “No invalida las argumentaciones en favor de la construcción de una nueva teoría del valor que contemple la valoración de recursos agotables. Sin embargo, en la medida en que dichos valores se traduzcan monetariamente, sería, siempre dentro de los límites del actual sistema de producción, una forma de internalización de externalidades, lo que a nuestro entender no cuestionaría la teoría marxista del valor”.

Respecto al estudio de la correspondencia de Marx y Engels sobre la obra de Podolinsky -quien alegaba haber elaborado un fundamento energético para la teoría del valor de Marx- el autor reflexiona acerca de la incomprensión de Engels sobre el problema de la energía en general, a la que relaciona con su no reconocimiento de la segunda ley de la termodinámica.

Pero además, previene sobre el malentendido que introduce la propuesta de Podolinsky. En tanto fuente del valor, el trabajo abstracto no debe ser entendido como mero gasto de energía (fisiológica) sino como un fenómeno social vinculado con una determinada forma social de la producción. Ya entre los marxistas de principios del siglo pasado, Isaac Rubin advertía que: “si el trabajo abstracto es un gasto de energía humana en forma fisiológica, entonces el valor también tiene un carácter material cosificado”.

En conclusión, aunque “Marx y Engels no aparecen con las características de precursores del ecologismo, ni tampoco como partidarios de un dominio sin límites sobre la naturaleza”, para Vizia su trabajo se constituye en un punto de partida fundamental para comprender y resistir el proceso actual de apropiación de la naturaleza por el capital, apostando por un proyecto ético-político que transforme radicalmente a la sociedad y su relación con la naturaleza.
Un Marx verde? Antropología, Ecología y Marxismo
Autor: Claudio Vizia
El autor analiza textos de Marx y Engels y pasa revista de las teorías contemporáneas más destacadas del campo ecomarxista, desarrollando los principios del ecosocialismo y buscando establecer un diálogo fecundo entre la antropología, la economía ecológica, la ecología política y el marxismo

Bayer: “Se lo pone a Rosas como un gran héroe, pero hizo la primera Campaña del Desierto”

El historiador Osvaldo Bayer critica que los revisionistas no le reprochen al “Restaurador de las Leyes” la expedición de 1833 y 1834, financiada por la provincia de Buenos Aires y los estancieros bonaerenses, que dejó un saldo de 3200 indígenas muertos.
-Hebe de Bonafini le contestó que Rodolfo Walsh “tuvo la valentía de escribir una carta a la Junta Militar, se quedó en el país y le costó la vida. ¡Usted en cambio, se fue!”.
-Yo a las Madres siempre las he respetado. Hasta 1983 siempre he seguido su línea, porque es épica la resistencia que hicieron frente a la dictadura. Muy pocas veces en la Argentina se demostró tanto coraje civil. Yo estuve en ese movimiento hasta el 83, levantándolo con todo. Lo que pudo haber dicho Hebe de Bonafini no lo voy a contestar porque siempre lo aprovecha el enemigo. A mí Clarín nunca me nombra; está prohibido mi nombre, pero cuando Hebe dijo eso de mí salió en Clarín. El enemigo aprovecha cuando en una misma causa empiezan las divisiones. Sin ir a la opinión de Hebe, cuando Alfonsín hablaba de los exiliados decía “los que se escaparon”. Eso fue muy injusto y no es cierto.
-¿Por qué se fue?
-Tuve que irme porque me condenaron a muerte las Tres A. Yo no pertenecía a ninguna agrupación, así que no tenía ninguna protección. Lo primero que hice es decirle a mi mujer que se fuera con nuestros cuatro hijos a Alemania, porque tenía miedo de que pusieran una bomba en mi casa. Así que salvé a mi familia, mientras otros la perdieron. Y yo no podía dejar a mi mujer sola en el exterior con cuatro hijos. Tenía que mantener a esa familia, así que tuve que irme para allá. No me fui por cobardía. Cuando la señora de Perón llamó a elecciones volví de mi exilio, en febrero del 76. Yo ya creía que podía volver y estaba tratando de que volviera mi familia, cuando en marzo me sorprendió la dictadura y fue muy difícil volver a salir. Me sacó la embajada alemana como protegido.
-¿Cómo continuó su lucha en el exilio?
-En el exilio no abandoné de ninguna manera la lucha. Estuve en Europa explicando el sistema de desaparición de personas. Me duele mucho que Hebe haya dicho eso porque el primer premio que obtuvieron las Madres de Plaza de Mayo fue en Alemania. La Iglesia evangélica alemana les dio 20 mil marcos como premio durante la dictadura, que a ellas les vino muy bien para viajar y publicar escritos. No tomo como una ofensa, sino como una equivocación que Hebe haya dicho que me escapé, como dijo Alfonsín. Yo me di cuenta de que acá no podía hacer absolutamente nada. Que podía hacer mucho más en el exilio. Y no me puse a llorar ni a quejar, sino a trabajar por la democracia en la Argentina.
-Rodolfo Fogwill dijo que sus contrincantes le servían para aprender. ¿A usted qué le genera el juicio que le ha iniciado la familia del fundador de la Sociedad Rural, José Martínez de Hoz, por mencionar a su antepasado en el film Awka Liwen, donde se analiza la Campaña del Desierto?
-El familiar de Martínez de Hoz tendría que avergonzarse de sus antepasados y no hacerme juicio por lo que he sostenido. Todo lo que dije sobre su familia está basado en documentos científicamente históricos. Los nietos del ministro de Economía de la dictadura de la desaparición de personas me iniciaron juicio y piden un millón de pesos, monto que no van a obtener porque no lo tengo. Lo único que tengo es una casita. Pero creo que voy a ganar el juicio. El juicio está hace seis meses en primera instancia y todavía no hay resolución del juez.
-Hace un tiempo Martín Caparrós cuestionó la denominación “pueblos originarios” con el argumento de que esos pueblos seguramente ya habían invadido a otros.
-El señor Caparrós tendría que preocuparse en que los cristianos occidentales han tenido tantas guerras horribles. Se preocupa porque alguna vez hubo guerras internas en los pueblos originarios. ¿Cuándo no ha habido? Además, no es tan así. Ha habido, sí, pero no hay que tomarlo como ejemplo. No eran tan salvajes ni tan bárbaros como decía el general Roca. Ellos tienen una cultura y respeto hacia la naturaleza increíble. Y deberíamos aprender de ellos que no tienen sentido de la propiedad. Todo es comunitario entre ellos. Hay que resaltarlo.
-Los 70 han vuelto a merecer una reflexión. ¿Qué fue, en esencia, lo que ocurrió?
-Hubo una digna reacción de la juventud ante lo que ocurría en la Argentina ante la dictadura de Onganía, brutal dictador. La noche de los bastones largos nos dice muy bien lo que fue eso. Yo lo viví y fue de una brutalidad tremenda. Y a todo lo que hizo Lanusse en Trelew con sus ministros del partido radical. A la serie de dictaduras que hubo. Fue una reacción natural de la juventud, que buscaba soluciones, porque no se había solucionado ningún problema ni con las dictaduras ni con las democracias. Tampoco con el peronismo, que había caído rotundamente ante un golpe militar sin mucha importancia. De manera que no se le puede reprochar a la juventud que haya salido a la calle.
-¿Y los errores?
-Por supuesto que hubo algunas equivocaciones, pero en general los ataques que se hicieron fueron a los centros del gran poder que había en Argentina: el militar y el financiero.
-Usted presenta tantas diferencias con los liberales como con los revisionistas. ¿Dónde se ubica dentro de esa línea en apariencia antagónica?
-Yo soy un revisionista de la historia sobre la base de la ética y del respeto a la vida. Me parece muy bien que se defienda a ciertos personajes que defendieron al país contra invasiones extranjeras. Pero no basar la historia solamente en eso. Se lo pone a Rosas como un gran héroe, pero también hay que decir que hizo la primera campaña del desierto con la ocupación de tierras y la matanza de indios. Lo dice en sus comunicados. Y los revisionistas esa parte no la tocan. Ven solamente cuando se defendió contra los ingleses. En el caso de Sarmiento, él quería que nos pareciéramos a Estados Unidos. Es impresionante su racismo contra los pueblos originarios.

viernes, 13 de julio de 2012

Transgénicos para todos: Monsanto Nacional y Popular

La instalación de la planta de semillas de maíz transgénico de Monsanto abre un debate sobre el modelo de agricultura, que impone altos rindes para pocos y fuerte impacto sanitario para las poblaciones, tal como deja claro el juicio en Ituzaingó. La Presidenta festejó el anuncio en el Consejo de las Américas, frente a la flor y nata de las corporaciones mundiales.
La noticia sobre la instalación de una nueva planta procesadora de semillas de maíz transgénicas, en el conurbano cordobés, encendió la alarma en organizaciones sociales defensoras del medio ambiente, y por una agricultura sustentable, habida cuenta de los antecedentes “biográficos” de Monsanto.
Como es público, tras el acuerdo anunciado por Cristina Fernández de Kirchner en la reunión del Consejo de las Américas, a la que asistió acompañada por el canciller Jacobo Tímermann y de la ministra de industria Débora Giorgi, la corporación Monsanto invertirá en Argentina 1800 millones de pesos en la instalación de la segunda productora de semillas maíz en la localidad de Malvinas Argentinas. (1) La primera, es la planta “María Eugenia” ubicada en la ciudad de Rojas, provincia de Buenos Aires.
La multinacional comunicó que invertirá igual suma de dinero en otros dos centros experimentales que se instalarán en Tucumán y en la ciudad de Córdoba. Giorgi afirmó que este acuerdo “está vinculado con el cumplimiento de los objetivos estratégicos del Plan Agroalimentario e Industrial 2020”. (2)
“Monsanto es la empresa más importante de producción de semillas de maíz y Argentina el sexto productor y el segundo exportador de maíz del mundo”, dijo Giorgi. Los interrogantes que accionan los censores en los vecinos y vecinas informados son cómo lo hará, quién controlará, y cuál será el impacto en la salud de las personas.

Botones de muestra
Desde las organizaciones defensoras de la soberanía alimentaria y por la salud comenzaron a manifestar su preocupación porque la introducción de la soja transgénica y la aplicación de millones de litros de glifosato ya demostraron que además de ganancias millonarias ocasiona daño ambiental, enfermedades y muerte. Esta preocupación no parece infundada a la luz de la experiencia mexicana y de testimonios de vecinos de Rojas.
Juan Ignacio Pereyra, es abogado y vive en Rojas. Vía correo electrónico le dijo a Prensared que Monsanto “está creando los pilares de un nuevo paradigma ambiental” y subraya que “daña el ambiente, contamina el agua y los alimentos, produce deforestación, afecta la biodiversidad, concentra ganancias en pocas personas, genera desempleo y toma el control de las decisiones gubernamentales... porque son ellos los que manejan los gobiernos”, señala el abogado.
Y añade que tal vez lo más “contaminante” sea la voracidad por el dinero que impide ver estas cuestiones y problematizarlas en la sociedad.
En tanto, Eugenio Freyre, ex trabajador echado de la planta, afirma en un video que “Monsanto es una mafia, son negreros”. Y denuncia que en el lugar se observa una “mayor cantidad de enfermos con cáncer y otras enfermedades” y advierte que “no hay controles desde los organismos del estado”.
La investigación periodística realizada por Marie Monique Robin publicada en formato de libro y video muestra la verdadera cara de la corporación, principal contaminadora global. Varios pasajes de la obra fueron citados por fiscales y testigos durante el primer Juicio por fumigaciones que se está llevando a cabo en Córdoba. (3)
Robin en su obra “El Mundo según Monsanto” revela que la corporación, en México, se apropió de la biodiversidad del maíz y un estudio publicado en la revista científica Nature realizado por Ignacio Chapela y David Quist comprobó que el maíz criollo de Oaxaca estaba contaminado por los genes de Roundup Reddy.
La planta sagrada mexicana, estaba contaminada. El desprestigio y el lobby empresarial contra los investigadores no se hicieron esperar. Fueron acusados de “activistas” y “parciales” para negar el carácter científico del descubrimiento que finalmente fue confirmado por otros trabajos.
“Cuando esté todo contaminado, los únicos beneficiarios serán multinacionales como Monsanto porque se apropiarán del cereal más cultivado del mundo y podrán cobrar royalties como en Argentina y Brasil”, le dijo un productor mexicano.
Monsanto es actualmente la principal compañía que domina el mercado alimentario y biotecnológico mundial. Monopoliza la producción de semillas transgénicas y se apropia de las patentes con métodos legales o ilegales. Tiene presencia en 46 países y cuenta con un plantel en todo el planeta de unos 18 mil empleados.
El nuevo establecimiento industrial se suma a las dos procesadoras de semillas de Rojas y Pergamino, a la fábrica de herbicidas en Zárate y a las dos estaciones experimentales que posee en Camet y Fontezuela. La sede central se encuentra en la ciudad autónoma de Buenos Aires.

Todo tiene que ver con todo
A todo esto, el descubrimiento del gen HAHB-4 resistente a la sequía, por parte de un equipo de la Universidad Nacional del Litoral (UNL), el Conicet y la empresa Bioceres asociada a la multinacional Arcadia es objeto de análisis por parte de organizaciones ambientalistas como Greenpeace y considerado una amenaza a los bosques nativos que aún quedan en el país especialmente en la zona chaqueña y en la Patagonia. En efecto, en febrero de este año se difundió desde Tecnópolis que un grupo de investigadores del Conicet coordinados por la bióloga molecular Graciela Chan, lograron aislar un gen resistente a la sequía y la salinidad en semillas de girasol y podrá ser inoculado en semillas de soja, trigo y maíz.
En 2004, la UNL se asoció a la empresa rosarina Bioceres integrada por productores agropecuarios locales. Ésta se unió a la multinacional Arcadia -que no forma parte de Monsanto-, para el desarrollo de la semilla de soja modificada por este gen cuya marca será “Verdeca”. En ese sentido, anunciaron que se comercializará desde 2015 en Argentina, Brasil, Estados Unidos, India y China. (4)
Está claro que la potencialidad del hallazgo entusiasma a más de un productor y alarma a miles de ciudadanos afectados por el modelo de sojización. Tala de bosques y ampliación de la frontera agropecuaria, expulsión de campesinos de sus tierras, y la contaminación creciente en centros urbanos y cursos de agua, son realidades innegables.
Entonces, no es difícil imaginar que se amplíe aún más el área de producción transgénica, preocupación que Greenpeace ya hizo conocer. Habrá que ver cómo juega la empresa norteamericana Arcadia que por primera vez ingresa al mercado mundial de semillas y en este caso no solo participa desde la tecnología sino también de los negocios.
Y habrá que ver qué hace Monsanto que, tras su alejamiento estratégico en 2006 por el pago de patentes -aún no resuelto-, anticipó que regresará al mercado de venta de semillas de soja en 2014.
Katy García (Prensared)
Fuentes
1- http://www.prensa.argentina.ar/2012/06/15/31604-monsanto-instalara-una-nueva-planta-en-argentina-anuncio-en-nueva-york.php
2 -http://www.mincyt.gov.ar/noticias/noticias_detalles.php?id_noticia=856
3 - Marie Monique Robin, “El mundo según Monsanto”, Ediciones quinteto. Traducción de Beatriz Morales, marzo de 2010| El Juicio se reiniciará el 16 de julio tras la Feria judicial de invierno. Juicio a la Fumigación
4 - Según un informe del diario Cronista “Bioceres fue fundada en 2001 por 23 productores agropecuarios y hoy tiene más de 230 accionistas, mayoritariamente empresarios del agro. Ninguno de los socios tiene más del 4% de las acciones. Entre sus fundadores se encuentra el empresario Gustavo Grobocopatel y hoy también participa el Grupo Insud, de Hugo Sigman. Para formar la empresa, los socios iniciales invirtieron u$s 600 cada uno. El último título de la empresa se vendió, 10 años después, en u$s 60.000. Hoy, la división de semillas de Bioceres factura unos u$s 6,5 millones anuales”. (http://www.cronista.com/negocios/Bioceres-y-la-estadounidense-Arcadia-produciran-semillas-de-soja-tolerantes-a-la-sequia-20120229-0046.html)           

martes, 10 de julio de 2012

Presentan el proyecto para quitar a Roca del billete de 100 pesos y reemplazarlo por Juana Azurduy

Un proyecto para reemplazar la imagen de Julio Argentino Roca por la de Juana Azurduy en el billete de cien pesos fue presentado en el Congreso de la Nación, en el marco de una "jornada de concientización", informaron los impulsores de la iniciativa.
"La tenencia de la tierra, la conquista del desierto, la presencia de las mujeres en la historia argentina son algunos de los temas que despierta esta iniciativa, que esta vez se presentará en el Congreso junto a la propuesta de una moneda conmemorativa y una estampilla", dijo a Télam la ex diputada nacional Cecilia Merchán.
La ex legisladora -referente de la Corriente Política y Social La Colectiva- señaló que la idea llegó al congreso en 2008, en el contexto de la discusión por las retenciones a las exportaciones, y "fue disparador de un profundo debate".
"El papel de la sociedad rural en la conquista del desierto, y la fundamentación de porqué esa campaña fue considerada genocidio", fue en esa oportunidad tema de reflexión y motor de otras iniciativas que buscaron "sacar" a Roca "de otros lugares públicos", recordó Merchán.
Hoy, el proyecto de modificación del billete de cien pesos "no se presenta en soledad", dijo la referente de la agrupación, lo hace junto a otras iniciativas como son la creación de una moneda conmemorativa y de una estampilla con la imagen "de la generala".
La jornada contó desde el mediodía con los historiadores Dora Barrancos y Marcelo Valko, quienes además disertaron sobre "la participación de las mujeres en el 50% de la historia aún no contada de la Argentina", explicó Merchán.
La charla se realizó en la sala José Luis Cabezas del Congreso de la Nación, y continuó en la plaza de los Dos Congresos, con actividades culturales propuestas por artistas plásticos.
Al explicar las motivaciones del proyecto que busca cambiar la imagen de Roca por la de Azurduy, Merchán señaló: “jamás en Argentina tuvimos una figura de una mujer en un billete, eso es un debate profundo que se debe dar en la sociedad sobre el rol de las mujeres en nuestra historia”.
“Elegimos la figura de la Generala Juana Azurduy, porque al mando de un ejército, luchó y dio su vida por la unidad y liberación latinoamericana", dijo la ex diputada. 

PARO DOCENTE: MIÉRCOLES 11 Y JUEVES 12 EN LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES

Quienes pueden adherirse a los paros y a partir de cuándo
Los suplentes, también pueden adherirse a los paros, así tengan un sólo día trabajado.*
El Derecho a Huelga NO ES UNA LICENCIA*, por lo tanto, no debe tratárselo como así lo fuera.
Quiénes pueden adherirse
Al paro pueden adherirse todos los docentes de todas las situaciones de revista (Suplentes, Provisionales, Titulares Interinos y Titulares Definitivos) toda vez que el Derecho a Huelga está garantizado en la Constitución Nacional, y el ejercicio de dicho derecho, no puede estar condicionado, por ejemplo a la situación de revista del trabajador. Por lo tanto, todos los trabajadores de la educación, pueden adherirse a un paro convocado por un gremio representante de los docentes.
Los directivos pueden adherirse y no deben garantizar el trabajo a nadie.*
Los directivos son trabajadores,* no son personal monotributistas autónomos, son trabajadores en relación de dependencia, por lo tanto, por su condición de trabajadores, tienen todo el derecho a huelga, sin importar la jerarquía.
Por otro lado es común escuchar “la dirección debe garantizar el derecho a trabajar de los docentes que no quieren adherirse al paro”. Esto es un “cuento chino”. El directivo, como trabajador, puede ejercer su derecho a huelga, y no tiene ninguna obligación de garantizar el derecho a trabajar de nadie, porque no es “empleador” de nadie, sino un trabajador más.* Si un docente quiere ir a trabajar, tiene todo el derecho de hacerlo, pero además de los derechos, también existen obligaciones, es decir, si no hay ningún directivo presente en la escuela, deberá hacerse cargo de la misma, con todas sus consecuencias, y no simplemente pretender “firmar” una asistencia para no sufrir los posibles descuentos que se les podrá practicar a todos los demás compañeros que adhieren a la medida gremial. Si quieren trabajar y que les paguen, que asuman todas las responsabilidades que la normativa vigente tiene prevista para el caso de ausencia de directivos. El que quiera trabajar, será su propio garante del ejercicio de sus derechos, asumiendo todas las demás obligaciones.
Señor directivo, usted tiene el derecho a adherirse a un paro, y si algún docente le manifiesta que quiere ir a trabajar, asegúrese de labrar bajo acta, que deberá hacerse cargo de la institución escolar, y además recibir y atender a todos sus alumnos y de toda la escuela que se presenten a estudiar, porque él sí, deberá con su presencia garantizar el derecho a aprender de todos los alumnos que concurran a la escuela, y que gozarán de su grata presencia.*
A partir de cuándo puedo adherirme
Los docentes pueden adherirse al día siguiente de haber hecho toma de posesión.* Si la toma de posesión coincide con la fecha de algún paro docente, si no se hace la toma de posesión, la fecha de alta será la de la efectiva toma de posesión. Si se hace dicha toma de posesión, al día siguiente se puede adherir al paro convocado, insisto, cualquiera sea su situación de revista.
No estoy afiliado a ningún sindicato
El derecho a huelga no es un derecho exclusivo de los docentes afiliados,* por lo tanto, todos pueden adherirse, con la única condición de ser trabajador del gremio que convoca a un paro.
Estoy afiliado a un sindicado, pero el paro es convocado por otro sindicato
Cualquier docente puede adherirse al paro convocado por un sindicato distinto al que se está afiliado.*
Conciliación obligatoria
Mientras un paro no sea declarado ilegal y no se decrete la conciliación obligatoria, la inasistencia al trabajo por ejercer el derecho a huelga, está constitucionalmente tutelada.
En el caso de la provincia de buenos aires y los docentes estatales, la conciliación no puede ser declarada por el Ministerio de Trabajo de la Provincia, toda vez que es parte del Estado provincial con quién se está en conflicto, por lo tanto, no puede declarar la conciliación obligatoria un Ministerio del Estado Provincial.*
Los docente privados
Son trabajadores, y si quieren pueden adherirse al paro convocado por cualquier sindicato, no sólo el paro convocado por SADOP.*
*Las negritas y subrayados son nuestros.

Participá del Concurso: UN NIÑO, UNA LLAVE!

El Proyecto Monumento a la Mujer Originaria, invita a las instituciones educativas públicas y privadas, en los niveles primario y secundario de Argentina a participar del primer concurso nacional “un niño, una llave”.
Vos y todos los chicos de tu escuela pueden ser parte de esta obra que brinda un homenaje a nuestros hermanos de los pueblos originarios.
Infórmate y descarga las bases del concurso y envíanos la ficha de inscripción completa desde el 1 de abril hasta el 31 de Agosto de 2012 vía mail a concursommo@gmail.com
¡Súmate!
Con el concurso 1 niño 1 llave ganamos todos: juntar llaves para construir el monumento es una oportunidad para conocer más sobre las culturas de nuestros pueblos y para compartir y valorar el trabajo en grupo. La escuela que logre recolectar mayor cantidad de bronce solidario tendrá un reconocimiento especial: Andrés Zerneri pintará un mural con la ayuda de todos los chicos y se donarán 100 lts de pintura para la escuela, además podrán participar del documental 1000º (Mil grados) que registra la construcción del monumento.

1 niño 1 llave - Los chicos somos parte!

Descargá las bases del concurso y envíanos tu ficha de inscripción a los mails que figuran en el documento.
CALENDARIO

Inscripción al concurso:
1º de Abril al 31 de Agosto 2012
Actividades de difusión y recolección:
Abril 2012 – 30 de Septiembre 2012
Envío de bronce:
1º de Octubre al 10 de Octubre 2012
Notificación de resultados:
Noviembre 2012
Realización de premios:
del 15 de Noviembre al 1 de diciembre 2012
Más información en:

domingo, 8 de julio de 2012

GENOCIDIOS por Horacio Verbitsky

El exterminio de los judíos europeos durante la Segunda Guerra Mundial se inspiró en el genocidio del pueblo armenio al promediar la Primera. Un llamativo paralelo entre las racionalizaciones del régimen nazi de Alemania y las de la dictadura argentina de 1976- 1983. Los apoyos eclesiásticos y empresariales con que contaron y los argumentos con que intentaron justificar sus crímenes.
El asesinato masivo de la población judía europea durante la Segunda Guerra Mundial se inspiró en el genocidio del pueblo armenio que comenzó al promediar la Primera Guerra Mundial. A su vez, la política concentracionaria y exterminadora del nazismo tuvo un reflejo sudamericano a partir de 1976, en lo que los militares argentinos consideraban la Tercera Guerra Mundial. El Holocausto se llevó a cabo mediante un encuadre jurídico y en forma gradual, lo que venció las resistencias y facilitó la subordinación de la sociedad y del aparato estatal, incluyendo las Fuerzas Armadas alemanas. El primer campo de concentración, Dachau, se inauguró en 1933, en cuanto Hitler fue electo, para alojar a cuadros de los partidos comunista y socialdemócrata. Luego vino la prohibición de los sindicatos y la creación del partido único. La persecución a los judíos, que a su vez recorrió distintas etapas, comenzó por la cultura y la economía, contra periodistas y banqueros, alcanzó luego a la universidad y a los profesionales de la medicina y el derecho. Más adelante se creó un registro de propiedades, se prohibió que los judíos practicaran el comercio y la agricultura. En momentos sucesivos se obligó a que antecedieran sus nombres con Sara o Israel, se les vedó usar armas, se expropiaron sus bienes, sus hijos fueron expulsados de las escuelas, se les privó de cualquier beneficio previsional. Después se decretó que no podían salir de noche, tener aparatos de radio, vivir en cualquier barrio, manejar vehículos, ir al cine, al teatro, los museos y las bibliotecas. Completaron el cuadro asfixiante la imposición de trabajos forzados, la requisa de joyas, oro y hasta cubiertos de plata, la rescisión de los contratos de alquiler, el uso obligatorio de una estrella amarilla y el confinamiento en ghettos, recién en 1939. Tampoco el ascenso de Hitler al poder absoluto fue instantáneo. Primero fue designado supremo magistrado judicial, luego censuró la prensa y el arte, consiguió que se unificaran los cargos de presidente y canciller, en una fase posterior fue designado máximo jefe militar y más tarde abolió la autonomía de los lander, los estados provinciales. El antecedente del genocidio del pueblo armenio, ejecutado entre 1915 y 1920 por el régimen nacionalista conocido como de los jóvenes turcos, y el estudio sobre las distintas etapas de la persecución a los judíos alemanes, provienen de la Historia de la solución final, escrita luego de diez años de trabajo por el juez federal Daniel Rafecas. Un millón y medio de armenios fueron conducidos a los desiertos de Siria y Anatolia para que allí murieran lejos de la mirada del mundo. Los armenios fueron sindicados como el enemigo interno a depurar y la guerra mundial fue la ocasión para exterminarlos, bajo guisa de deportación masiva.
Aunque el paralelismo con la dictadura argentina no es el objetivo del autor, el material que transcribe permite completar esa parábola impresionante. Como magistrado Rafecas realizó la instrucción más completa sobre crímenes de lesa humanidad, en la causa del Cuerpo I de Ejército. Con el mismo método trabajó como historiador a partir de la copiosa bibliografía internacional existente, que ordenó en forma cronológica para exponer la progresión del proyecto criminal. El Holocausto no fue un arrebato irracional, sino una expresión de la modernidad, la burocracia y la producción industrial, sostiene. Aunque se trata de un libro de historia, por fortuna escrito en buen castellano y no en jerigonza judicialés, no refleja el impacto de la derrota en la Primera Guerra Mundial y de las reparaciones impuestas por los vencedores, con las consecuencias devastadoras que nadie retrató con la profundidad de Georg Grosz y Otto Dix. En cambio, es detallista en la descripción de las sucesivas medidas que a lo largo de doce años condujeron a un resultado espantoso, imprescindibles para no minimizar en el presente señales que deberían encender a tiempo todas las luces de alarma.
Licencia para matar
En 1938 tuvo lugar la conferencia de Evian, donde los aliados se negaron a recibir a los refugiados judíos que por entonces Hitler quería expulsar de Alemania. Tampoco asistió a esa conferencia la Oganización Sionista. La explicación de esa llamativa ausencia consta en otro libro, del periodista israelí Tom Segev, El séptimo millón. La dirigencia que encabezaba David Ben Gurion sentía la emigración de judíos hacia otros países como una amenaza al Sionismo. Para impedirlo llegó a negociar con la sección de la Gestapo que dirigía Adolf Eichmann que los judíos que Hitler quería expulsar de Alemania sólo se dirigieran hacia Palestina. También la Argentina, Uruguay, Paraguay, Chile, Brasil, Colombia, Panamá y Canadá rechazaron a los refugiados que llegaron en barcos a sus puertos, donde se les impidió desembarcar, recuerda Rafecas. Ese capítulo de la catástrofe forma parte de una de las primeras novelas que escribió mi padre, En esos años. De acuerdo con los académicos Philippe Burrin y Saul Friedlander, cuando Hitler hablaba de aniquilar a los judíos, en 1939, se refería a su existencia como comunidad y todavía no al asesinato masivo de los individuos que la componían. Es imposible no asociar estas disquisiciones con las que sucedieron en la Argentina acerca del significado del verbo aniquilar en los decretos firmados por Isabel Martínez e Italo Luder. En el juicio de 1985, la defensa de los ex Comandantes argumentó que habían cumplido con las órdenes de un gobierno constitucional, aunque no pudieran explicar en forma congruente por qué acataron sólo esa orden y desconocieron el resto de las disposiciones institucionales. Como testigo, Luder defraudó esas expectativas y dijo que la orden de “aniquilar el accionar de los elementos subversivos” se refería a privarlos de la voluntad de combate y no a matarlos. Este año, Videla terminó por reconocer que para continuar la represión no era necesaria la toma del poder, por lo que el golpe de 1976 fue un error político que les quitó legitimidad. Pero aún así, insiste en que Luder les había dado “licencia para matar”. La similitud entre algunos aspectos de los procesos alemán y argentino recorre asombrosos vericuetos. Durante los años de la Segunda Guerra Mundial, la colectividad alemana en la Argentina tuvo un órgano de expresión opuesto al nazismo, el diario Argentinisches Tageblatt, propiedad de la familia de Roberto y Juan Alemann. Sin embargo, cuando el terrorismo de Estado se incubaba en la Argentina, ese mismo diario publicó un editorial en el que sostenía que “el gobierno podría acelerar y facilitar ampliamente su victoria actuando contra las cabezas visibles, de ser posible al amparo de la noche y la niebla y calladamente, sin echar las campanas al vuelo. Si Firmenich, Quieto, Ortega Peña entre otros, desaparecieran de la superficie de la tierra, ello sería un golpe fortísimo para los terroristas”. Días antes había muerto Perón, días después fue asesinado Ortega Peña. Los hermanos Alemann fueron parte fundamental en los equipos económicos de la dictadura, Juan con Videla, Roberto con Galtieri. Forman parte de esa capa de la burguesía argentina que desde 1955 en adelante avaló las peores atrocidades con la imperturbable buena conciencia de quienes creen que la democracia es el gobierno de los democráticos. O como la caracterizó Walsh: “Las sagradas ideas, los sagrados principios y, en general, las bellas almas de los verdugos”.
De Madagascar a Siberia
El exterminio del pueblo judío recién comenzó a programarse cuando la resistencia británica a los devastadores bombardeos alemanes frustró el trasplante forzoso de todos los judíos a la gigantesca isla africana de Madagascar. En la etapa siguiente, iniciada con la invasión alemana a la Unión Soviética, Madagascar fue sustituida por Siberia. Las pugnas entre distintos sectores de la burocracia nazi por la conducción de la política antisemita, entre las SS, las oficinas de asuntos judíos de los ministerios del Interior, de Relaciones Exteriores y de Justicia, la Gestapo y los gobernadores de las naciones europeas ocupadas, evocan las disputas entre Videla y Massera durante la guerra sucia militar contra la sociedad argentina, el rol que el jefe de la Marina atribuyó a la ESMA como instrumento en su lucha por el poder político y el eje que conformó con los jefes de cuerpos de Ejército Luciano Menéndez y Carlos Suárez Mason. Al comienzo, Hitler se propuso “eliminar a la intelectualidad judeo-bolchevique”. Aplicaba a los judíos el mismo término con el que conduciría su campaña la dictadura argentina: la subversión. Massera era antisemita y en la conferencia que dio luego de recibir la distinción que le otorgó Bergoglio acusó a Marx, Einstein y Freud de todos los males de la sociedad contemporánea. Videla, Viola y Galtieri nunca se declararon antisemitas y no se proponían exterminar a los judíos sino a “los subversivos”, pero es bien conocido el plus de crueldad que padecieron los prisioneros judíos en los campos de concentración, en algunos de los cuales se utilizaron cruces svásticas, retratos y discursos de Hitler. Cuando las Naciones Unidas adoptaron en 1948 la Convención sobre la Prevención y la Represión del Crimen de Genocidio, lo definieron como “la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso, como tal”. Stalin impidió que incluyera también a los grupos políticos, porque temía que pudiera aplicarse a su gobierno. Tuvo que pasar medio siglo para que el juez español Baltasar Garzón y la sala penal de la Audiencia Nacional de Madrid interpretaran en la causa por los crímenes de la dictadura argentina que la definición de “grupo nacional” comprendía a cualquier “grupo humano diferenciado, caracterizado por algo, integrado en una colectividad mayor”.
Aprobación moral
El primer tratado internacional que Hitler celebró fue el Concordato con el Vaticano, representado por su secretario de Estado, cardenal Eugenio Pacelli. Garantizaba la libertad de profesar la religión católica, consideraba a los sacerdotes empleados públicos protegidos por el Estado y reclamaba que los obispos prestaran juramento de lealtad al Reich y sus gobernantes. Hitler lo interpretó como la aprobación moral de la Iglesia a su política de persecución “contra la judería internacional”. Pacelli lo negó, pero él mismo se había expresado con desprecio por los judíos. El archivo del Vaticano guarda una carta suya firmada y anotada a mano, en la que narra su presentación en 1919 como nuncio ante uno de los fugaces gobiernos revolucionarios de Baviera, a la que considera “sometida a la tiranía revolucionaria judeo-rusa”. Describe esa sede como “el mismísimo infierno”, en el que le llamó la atención “una banda de mujeres jóvenes, de dudoso aspecto, judías como todos los demás, dando vueltas sin hacer nada por todos los despachos con ademanes libidinosos y sonrisas sugerentes. La jefa de esa chusma femenina que lo supervisaba todo era la amante de Levien, una joven rusa, judía y divorciada. Ese Levien es un joven de entre treinta y treinta y cinco años, también ruso y judío. Pálido, sucio, con ojos de drogado, voz ronca, vulgar, repulsivo, con un rostro a un tiempo inteligente y taimado”. Mientras Pacelli era nuncio en Baviera, su amigo el cardenal Achille Ratti cumplía la misma función en Varsovia. Llegó allí con el encargo de atender a la situación de los judíos, perseguidos por los católicos polacos. Lejos de ello, alertó al Vaticano sobre el peligro que suponían los judíos, a quienes consideraba la fuerza principal del bolchevismo. Ratti y Pacelli no eran dos cardenales del montón: ambos ascendieron al trono de Pedro, con los nombres de Pío XI y Pío XII. Hitler sabía cómo tratar con la jerarquía católica. Al obispo de Onsnabrück, Hermann Wilhelm Berning, le dijo que “durante 1.500 años la Iglesia ha considerado a los judíos como seres nocivos, los ha exiliado en ghettos, porque reconoció cómo eran. Este peligro dejó de verse en tiempos del liberalismo. Yo retrocedo en el tiempo y hago lo que se hizo durante 1500 años”.
Sopesar cada palabra
En 1937, aquel nuncio en Polonia devenido Papa firmó la Encíclica “Mit brennender Sorge”, que ni siquiera menciona la persecución a los judíos y, lejos de condenar al racismo, lo considera “necesario y honorable”. Pío XI sólo dijo allí que la Iglesia era una y la misma para todas las razas y las naciones. Es decir, puso el acento en la Iglesia y no en el racismo nazi. Una ambivalente referencia a Cristo decía que “tomó Su naturaleza humana de un pueblo que lo crucificaría”, lo cual reforzaba el antisemitismo teológico en el que, como señala Rafecas, se basaba Hitler. “Mit brennender Sorge” informaba que el Episcopado alemán había recomendado moderación y sopesado cada palabra para no endurecer con su severidad el corazón de los fieles. El cardenal Raúl Primatesta usó casi la misma frase cuando le dijo a Videla que la Iglesia medía cada palabra porque conocía “el daño que se le puede hacer al gobierno”. Aunque la Encíclica reclamaba por el envío de sacerdotes a campos de concentración, anunciaba que seguiría con su mano tendida para restaurar la paz entre la Iglesia y el Estado nazi. Aun este texto conciliador disgustó al presidente del Episcopado alemán, cardenal Adolf Bertram, quien había sugerido que en vez de una Encíclica Pío XI enviara una carta reservada a Hitler. La reserva, el ocultamiento de todo lo que sus integrantes sabían, fue también la política central del Episcopado argentino en la década de 1970. En mayo de 1976 catorce de los 57 obispos que asistieron a la Asamblea Plenaria del Episcopado informaron sobre los secuestros, torturas y asesinatos que sucedían en sus diócesis desde el golpe de marzo, pero una vez enterados, por votación de 38 contra 19 decidieron no difundirlo.
El fracaso de sus ejércitos en Leningrado y Moscú y el ingreso de Estados Unidos a la guerra luego del bombardeo japonés a una base en el Pacífico frustraron el plan Siberia. Recién entonces Hitler pasó a ejecutar la “solución final”, que constituía sobre todo un problema de logística y escala de producción. La descripción que Rafecas hace de estas cuestiones recuerda la respuesta que dio Jean-Luc Godard cuando le preguntaron por qué había rodado una película sobre la guerra de Argelia pero no sobre el Holocausto. Contestó que sólo podría filmar un diálogo entre dos verdugos sobre los trenes que no llegan a horario, la escasez de personal y la mala calidad del gas, y que esa película sería insoportable. Tal vez por eso, el nazismo recurrió al uso de eufemismos, como “el reasentamiento” o “el transporte”, tan parecidos a “el traslado” que usaba la dictadura argentina. La respuesta a esos problemas técnicos fue la escala industrial del exterminio que se comenzó a aplicar en los lager de Auschwitz-Birkenau, con la colaboración de grandes empresas alemanas, como Siemens y Krupp. Este es un dato de especial relevancia en la Argentina de hoy, cuando la Justicia comienza a investigar la complicidad de los hombres de negocios con la guerra sucia. Si empresas alemanas construyeron los hornos y suministraron el gas, empresas argentinas recibieron en sus plantas a las tropas militares, les suministraron información sobre los activistas gremiales y políticos que debían desaparecer y hasta les proporcionaron vehículos para transportar a los secuestrados, como la firma Ledesma en la Noche del Apagón.
Métodos más humanos
Otra asociación que salta a la vista se refiere a las justificaciones del nazismo y de la dictadura argentina para sus métodos bárbaros. En las primeras semanas de la invasión hacia el Este, grupos de tareas que acompañaban al Ejército alemán fusilaron a decenas de miles de judíos en Lituania, Polonia, Letonia, Ucrania y Bielorrusia. Pero cuando se trató de eliminar también a mujeres, niños y ancianos fueron precisos otros procedimientos que requirieran una cantidad menor de ejecutores y que fueran “más eficientes e impersonales”. Para Himmler, las cámaras de gas constituían “métodos más humanos”. Comenta Rafecas: “por supuesto, para los ejecutores”. Esa frase tiene una inocultable familiaridad con la que el Comandante de Operaciones Navales usó para comunicar a toda la oficialidad de la Armada que los prisioneros serían arrojados al mar desde aviones. El vicealmirante Luis Mendía les dijo que ese método fue aprobado por la jerarquía eclesiástica, porque lo consideraba “lo más humanitario”, una “forma cristiana y poco violenta”, según narró uno de los asistentes, el Capitán de Fragata Adolfo Scilingo. Así podían evitar la mirada de las personas que iban a matar, no recordar ni un grito.
Un problema no menor, allí y aquí, era el de la justificación de los asesinos ante sí mismos. Así surgió la idea de evitar “la venganza, sobre nuestros hijos y nietos”, que Himmler transmitió a todas las unidades ejecutoras. Salvando las debidas distancias, porque en la Argentina el plan no fue asesinar a los hijos de los subversivos sino privarlos de su identidad y su historia, la racionalización fue similar. La formuló el general de Justicia Carlos Horacio Cerdá, el cerebro jurídico de los sucesivos presidentes militares, desde Videla hasta Bignone, autor de la ley de autoamnistía: “Las Fuerzas Armadas han establecido como doctrina que los hijos de subversivos no se eduquen con odio a las Fuerzas Armadas. Para eso se decidió entregarlos en adopción a otras familias”, le dijo a Emilio Mignone. Durante el gobierno de Fernando de la Rúa, el ministro de Defensa Horacio Jaunarena propuso a Cerdá a las Naciones Unidas como “experto independiente” que supervisaría la aplicación del derecho humanitario en conflictos armados. Advertido por el CELS, el entonces canciller Adalberto Rodríguez Giavarini retiró esa candidatura perversa.
La estrategia de la impunidad
Rafecas se formula una pregunta que me hice a mediados del siglo pasado, como adolescente judío en la Argentina: ¿Cómo fue posible que hubiera tan escasa resistencia colectiva al genocidio, con excepciones heroicas pero tardías, como los levantamientos en lo que quedaba de los ghettos de Varsovia y Bialystok? Hubo sí, gestos individuales, como el suicidio del presidente del Consejo Judío de Varsovia, Adam Czerniakow, quien no aceptó entregar a la muerte a los niños de su pueblo como le exigía el ocupante. Un último rasgo que enlaza al genocidio de los armenios con el Holocausto y con los crímenes de la dictadura argentina es la estrategia de la impunidad, como parte del plan de exterminio. Las biografías de los sobrevivientes de la Shoah refieren las arengas de los verdugos: si alguno escapara, ¿quién se molestaría por escuchar su relato en vez de la verdad del vencedor? Tuvieron que pasar siete décadas para que el genocidio de los armenios fuera reconocido por las Naciones Unidas y ocho para que una investigación académica, la de Vahakn Dadrian, lo reconstruyera en detalle. Tal vez sea un exceso de optimismo pensar que si hubiera sido castigado a tiempo no se hubiera producido el Holocausto. Pero aún así, esta secuencia muestra la importancia de la Verdad y de la Memoria, como camino hacia la Justicia.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...