"Hasta ahora, los filósofos han tratado de comprender el mundo; de lo que se trata sin embargo, es de cambiarlo" Karl Marx

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sábado, 28 de abril de 2012

Siete mentiras sobre el hundimiento del Belgrano

Estas siete mentiras, son muy similares a los siete “principales ejemplos de declaraciones falsas o engañosas” mencionados en el Informe del Foreign Affairs Committee (FAC. House of Commons– 14 de marzo de 1985). También a las “letanías de mentiras” enumerada en la Cámara de los Comunes por Tam Dalyell el 24 de marzo de 1983. A continuación, una descripción de cada una de ellas.

Para evitar la culpabilidad conforme al derecho internacional, el gobierno británico suprimió información pertinente de manera centralizada y mintió en todo: con relación a por qué el moderno submarino nuclear HMS Conqueror le disparó y hundió al museo flotante que era el acorazado Belgrano, anterior a la Segunda Guerra Mundial, que llevaba 1100 marinos novatos a bordo y armas con un rango máximo de 13 millas, cuando se encontraba a 36 millas de distancia de la zona de exclusión total, once horas después de haber puesto proa al continente y sin que se hubiera perdido una sola vida británica en el conflicto. En su libro Official History of the Falklands War, Sir Lawrence Freedman observa: “Esto fue un error, en varios aspectos” respecto de las afirmaciones del gobierno a raíz del hundimiento del Belgrano. Es un eufemismo monumental, concerniente a las tremendas ramificaciones de falsedad que proliferaron en torno a este acontecimiento, y su persistencia a través de los años. Para obtener una explicación detallada del modo en que el gobierno se aferró a afirmaciones que sabía que eran falsas, y de cómo fue admitiendo la verdad con relación a este acontecimiento en forma gradual, principalmente debido a los continuos cuestionamientos de Tam Dalyell [parlamentario laborista], véase el libro de Clive Ponting The Right to Know (1985). La aparición del diario de Narenda Sethia –uno de los tripulantes del HMS Conqueror– tuvo un gran efecto al denunciar las mentiras del gobierno. Como escribió Clive Ponting: “En el otoño de 1983, el diario del teniente de navío Sethia, que era un oficial de suministros del HMS Conqueror, llegó a manos de Tam Dalyell y Arthur Gavshon. Esto confirmó que el relato del gobierno sobre los acontecimientos era inexacto casi por completo […]” (The Right to Know pág. 121).

Grandes mentiras del Gobierno de su Majestad acerca del hundimiento del Belgrano
1) El Belgrano se estaba acercando a la fuerza de tarea y constituía una amenaza;
2) Estuvo cambiando de dirección durante todo el día;
3) Se dirigía a las aguas poco profundas del banco Burdwood, donde el Conqueror podría haberlo perdido;
4) Participaba de un ataque de “movimiento de pinzas” sobre la fuerza de tarea;
5) El Conqueror detectó al Belgrano el 2 de mayo;
6) La decisión de abrir fuego fue tomada por el comandante del submarino;
7) Las noticias sobre las propuestas de paz peruanas no llegaron a Londres hasta después del ataque.

Estas siete mentiras, son muy similares a los siete “principales ejemplos de declaraciones falsas o engañosas” mencionados en el Informe del Foreign Affairs Committee (FAC. House of Commons– 14 de marzo de 1985). También a las “letanías de mentiras” enumerada en la Cámara de los Comunes por Tam Dalyell el 24 de marzo de 1983. A continuación, una descripción de cada una de ellas:

Mentira Nº1: “Este grupo de combate fuertemente armado estaba cerca de la Zona de Exclusión Total y se estaba aproximando a elementos de nuestra fuerza de tarea, que se encontraban sólo a horas de distancia”, secretario de Estado de Defensa, Informe Oficial del 4 de mayo TT, Pág. 14.
En realidad, la mañana del 2 de mayo “Ellos [el Belgrano y sus dos buques escolta] pasaron la noche navegando meticulosamente en forma paralela a la zona de exclusión, aproximadamente a 18 millas al sur de la misma” como registró el reportero Sethia del Conqueror (FAC, Pág. 36). El HMS Conqueror había estado siguiendo al Belgrano durante 30 horas antes de hundirlo, e inicialmente, en su navegación bastante lenta hacia el este debido a la Zona de Exclusión (5 nudos) se había desviado ligeramente hacia la Fuerza de Tareas. De haberse considerado una amenaza, ése hubiera sido el momento lógico para atacar. Durante las últimas once horas, había invertido su dirección y estaba volviendo al continente.

Mentira Nº2: “El Belgrano estuvo cambiando de dirección durante todo el día… y en zigzag.” Hubo un solo cambio significativo de rumbo, el Belgrano había estado navegando hacia el este e invirtió el rumbo a las 8:30 BST (4:30 a.m. SAT) yendo hacia el oeste. Luego a las 10 a.m. SAT se desvió ligeramente más hacia el sur. Capitán Bonzo “se utilizó una navegación lenta y silenciosa, sin siquiera usar el sonar”, lo que parece indicar que asumió que tenía derecho a un paso seguro en aguas internacionales”. El relato de Sandy Woodward en One Hundred Days atribuyó erróneamente al Belgrano haber estado realizando “un suave zigzag” antes de ser atacado, como si estuviera tratando de evitar la detección. Mientras tanto, evidentemente la tripulación no tenía idea de que estaba en peligro; la mayoría estaba en la cama o en el restaurante.

Mentira Nº3: “Preocupado porque el HMS Conqueror pudiera perder al General Belgrano si se dirigía hacia las aguas menos profundas del Banco Burdwood, el comandante de la fuerza de tarea solicitó y obtuvo un cambio de reglas de batalla que permitían atacar fuera de la zona de exclusión de 20 millas” (respuesta del gobierno a una pregunta escrita el 29 de noviembre de 1982, TT, Pág. 14). Dalyell determinó que el Banco Burdwood, bien estudiado, “tenía una profundidad mínima de 25 brazas, más de 150 pies de agua, pero en su mayor parte contaba con 90 brazadas o más, o sea 600 pies de agua. El calado del HMS Conqueror es de 55 pies cuando está sumergido (Jane’s Fighting Ships). Cuando fue hundido estaba al menos a 45 millas al suroeste del Banco Burdwood y se alejaba de él. […] Ahora, cuando se observan las coordenadas, el buque se dirigía (y se sabía que se dirigía) hacia un lugar que no estaba ni remotamente cerca del Banco Burdwood”. Este último está básicamente dentro de la ZET y hacia el sur de las islas.

Mentira Nº4: Cecil Parkinson (del Gabinete de Guerra) recordó: “Se nos dijo que el Belgrano representaba una amenaza, que tenía la capacidad, en el término de alrededor de seis horas de navegación en dirección a nuestra flota, de llegar al alcance de la misma.” El Capitán Bonzo del Belgrano fue informado de esto y respondió: “Una tontería absoluta. El buque británico de superficie más próximo debe haber estado a 250 millas de distancia. Hubiera necesitado alrededor de 14 horas para alcanzarlo a la máxima velocidad de crucero (18 nudos) a condición de que se detuviera por completo” (3/06/83 – FAC, Pág. 36). Añadió que hubiera sido “un extraño movimiento de pinzas”, con sus extremos a 350 millas de distancia entre sí. Este grupo [Belgrano y escoltas] estaba patrullando de un modo lento y pausado con rumbo al sur de la ZET, aun cuando podían detectar la presencia del submarino Conqueror a apenas 4000 pies de distancia, es decir, creyeron que estaban a salvo. El Belgrano no contaba con un sonar para detectar submarinos. Tenía algunos “misiles Exocet” hechos de madera.

Mentira Nº5: “Al día siguiente, 2 de mayo a las 8 a.m., hora de Londres, uno de nuestros submarinos detectó al crucero argentino General Belgrano, escoltado por dos destructores” (ministro de Defensa John Nott, Casa de los Comunes, 4 de mayo de 1982). Pero recién en abril de 1984, Thatcher admitió que fue identificado el 1° de mayo. La secuencia en cuatro etapas fue como sigue: el jueves 29 los Cuarteles de Comunicación del Gobierno del Reino Unido (GCHQ) interceptó una orden para el Belgrano, relativa a su patrulla, de que se dirigiera al este “hasta un punto determinado” para luego “retornar”. El día 30, el Conqueror lo localiza, presumiblemente como resultado de esta información y el 1° de mayo, el Belgrano y sus dos escoltas son “identificados”, es decir que la marina británica lo reconoció como el museo flotante que era, anterior a la Segunda Guerra Mundial. Luego, el 2 de mayo, fue hundido.

Mentira Nº6: En Faslane, Escocia fue “donde por primera vez se supo la verdad”. Así lo expresó el diputado escocés Tam Dalyell, ministro de Ciencias de la oposición laborista, al leer The Scotsman de julio de 1982. En una entrevista le preguntaban al comandante Wrenford Brown, capitán del HMS Conqueror: “¿Comandante Wrenford-Brown, por qué hundió usted el Belgrano? Él respondió que lo hizo “por orden de Northwood [centro de operación militar británica]”. Tal afirmación hizo que el Sr. Dalyell comenzara a darse cuenta: “Ahora, esto era totalmente diferente de lo que se le había dicho al Parlamento, a la prensa y al pueblo”. Asimismo, el diario Aberdeen Press and Journal señaló: “La decisión de atacar fue tomada por la sede central y confirmada al Comandante Wrenford-Brown.” (Thatcher’s Torpedo. Pág. 20). Esta información vital provino del cuaderno de bitácora del Conqueror: el sub-capitán Wrenford-Brown al principio cuestionó la orden de abrir fuego, explicando a Northwoods que el Belgrano había revertido su curso y se dirigía al continente. “Después de esto, recibió dos veces más la inquietante señal de que ahora podía hundir el Belgrano, y no lo hizo”, como explicó Clive Ponting. Finalmente, Wrenford-Brown tuvo que obedecer órdenes y se dispararon tres torpedos. Esto muestra la mendacidad de Nott cuando explicó al Comité de Relaciones Exteriores que el único mensaje transmitido al Conqueror esa tarde, fue el cambio en las Reglas de combate.

Mentira Nº7: Thatcher afirmó que las noticias sobre el plan de paz de Perú llegaron a Londres tres horas después de haber hundido el Belgrano. “El primer indicio de las propuestas peruanas llegó a Londres a las 11:15 p.m. del domingo 2 de mayo”. La Historia Oficial de Freedman respalda este punto de vista. Figuras claves permanecieron en silencio, en especial Lord Thomas. Las “joyas de la corona” por las que fue procesado Clive Ponting, con relación a los telegramas enviados desde Washington y Lima durante ese fin de semana crucial –especialmente los enviados antes del hundimiento del Belgrano– permanecen en secreto hasta el día de hoy. Esos telegramas habrían expresado la esperanza de obtener noticias alentadoras sobre la paz, y a nosotros, la ciudadanía, nos fueron escamoteadas. El domingo por la tarde, el presidente Belaúnde se presentó en televisión diciendo que su mediación iba a ser exitosa: ¿Realmente lo hubiera hecho sin que antes alguien de su gobierno hubiera consultado a Gran Bretaña? Otras dos mentiras son dignas de mención: “La Cámara sabe que el ataque llevado a cabo por nuestro submarino involucró sólo al buque principal y no a los destructores que lo escoltaban”, según el informe oficial de John Nott dado a conocer el 4 de mayo de 1982 en la Casa de los Comunes. La primera ministra lo respaldó: “El crucero estaba acompañado por dos destructores, que no fueron atacados de forma alguna”. En realidad, de los tres torpedos lanzados por el Conqueror uno alcanzó al Hipólito Bouchard y efectivamente explotó, provocando grietas en el casco del buque (Fuente: entrevista con el Capitán Washington Barcena del Hipólito Bouchard, The Guardian –18/10/2000). Existe sin embargo, la historia de que el Conqueror regresó al día siguiente “y vio a ambos destructores, ayudando en la búsqueda y el rescate de los sobrevivientes, de modo que dio la vuelta y los dejó haciéndolo” (Sandy Woodward en sus Memorias). Pero en realidad y para entonces, el Conqueror aún estaba bajo las órdenes de hundir todo lo que encontrara, de manera que ese rescate no pudo haber tenido lugar hasta el 4 de mayo.

La Verdad. Declaraciones del parlamentario Ian Mikado, al Belgrano Enquiry: “El engaño básico que dio origen a todo lo demás; el engaño básico que logramos descubrir a pesar de la deliberada obstrucción ministerial, fue que una semana antes del fin de semana crucial para el Belgrano, el gobierno decidió hacer un cambio radical en su anunciada política respecto de las Malvinas. Decidieron engañar al mismo tiempo a la Cámara de los Comunes y al país, al no anunciar el cambio y al pretender que continuaban con la política original. Esa política original era utilizar la mínima fuerza necesaria para lograr una solución diplomática del conflicto. Pero durante el fin de semana del 23 y 24 de abril, el Gabinete de Guerra decidió abandonar esa política. Contrariamente, decidió llevar a cabo un acto de agresión suficientemente importante y dramático como para precipitar y escalar la acción militar hasta el nivel en el que fuera posible imponer una solución por la fuerza. El acto importante y dramático que eligieron fue hundir el portaviones 25 de mayo, al que razonablemente podían considerar como una fuente de peligro para nuestras fuerzas. Así fue que salieron al mar buscando el portaviones, pero aún con todos los satélites de los EE UU, la GCHQ y todo el resto, no lo encontraron. Pero tenían que tener algún objetivo, de modo que en su lugar hundieron el Belgrano, sabiendo perfectamente que no era una fuente potencial de peligro para nuestras fuerzas. Nosotros hundimos el Belgrano porque no encontramos el Veinticinco de Mayo.” Además agregó: “La visita de Francis Pym a Washington y Nueva York durante el fin de semana del 1 y 2 de mayo fue parte del simulacro del gobierno y su supuesta búsqueda de una solución diplomática. Al respecto, cabe aclarar que el mismo Francis no formó parte del engaño sino que sin duda fue víctima. Fue enviado como un inocente al extranjero, para hablar de paz con Al Haig y Pérez de Cuéllar sin haberle dicho que todas las conversaciones de ese tipo fracasarían mientras se estuvieran realizando, debido a la decisión de hundir uno de los buques capitales de Argentina”.
* Fuente: Portal oficial del Belgrano Enquiry. Adaptado y actualizado por Federico Bernal en base al libro The Unnecesary War (1988) y al documento Report of the Assessors on the Belgrano Enquiry (November 1986), publicado por The Belgrano Action Group, 1988.

 

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