"Hasta ahora, los filósofos han tratado de comprender el mundo; de lo que se trata sin embargo, es de cambiarlo" Karl Marx

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viernes, 23 de noviembre de 2012

Hagámoslo juntos...

Vayamos lejos,  vayamos cerca…
Vayamos a recorrer el mundo:
Podemos hacerlo en ochenta días o que sean ochenta mundos en un solo día.
Vayamos…

Hagámoslo juntos…
 

martes, 20 de noviembre de 2012

La Cosahecha - Instalación Performática – Roma Vaquero Diaz / Gigi Scotellaro


"Performance es aquello que aún no ha
sido nombrado. Una especie de matriz de todas las artes"


Sala de exposiciones del Museo de la ciudad de Pergamino Bv. Alsina 421,
Viernes 30 de noviembre 21:30hs


Roma, artista escénica, y Gigi, artista plástica, decidieron construir una obra donde lo visual y lo escénico convivan. Por ello, quien visite la instalación se encontrará con performance, xilografías, esculturas, video -- performance y músicos en vivo.
El viernes de inauguración, la Instalación Performática comienza con una acción performática y percusiva, donde estarán invitados Martín Risso y Matito "Tony" Vercellino. La instalación continúa abierta todos los días a partir de las 19:30hs hasta el 6 de diciembre inclusive contando con la presencia de diversos músicos amigos.

Pergamino 2012


Para más información y seguir La Cosahecha (página de facebook):


Videos y entrevistas:

La Cosahecha Teaser:


La Cosahecha - Instalación Performática - Entrevista I - Roma Vaquero Diaz - Artista Escénica:


La Cosahecha - Instalación Performática - Entrevista II - Gigi Scotellaro - Artista Plástica:


La Cosahecha - Instalación Performática - Entrevista III - Roma y Gigi:
http://www.youtube.com/watch?v=rzG0ZloS_PQ&feature=relmfu

Entrevista en Canal 4 de Pergamino - Bs. As. - Argentina

http://www.youtube.com/watch?v=9XjbLug15Ik&feature=relmfu

domingo, 18 de noviembre de 2012

Lágrimas de Gaza


 “Si en realidad queremos transformar la vida, tenemos que aprender a mirarla a través de los ojos de las mujeres.” Trotsky
BASTA DE AGRESIÓN AL PUEBLO DE GAZA!!!

LA HISTORIA DEL VIEJO CASALE (Roberto Fontanarrosa)

Fontanarrosa
Sí yo sé que ahora hay quienes dicen que fuimos unos hijos de puta por lo que hicimos con el viejo Casale, yo sé. Nunca falta gente así. Pero ahora es fácil decirlo, ahora es fácil. Pero habla que estar esos días en Rosario para entender el fato, mi viejo, que hablar al pedo ahora habla cualquiera.
Yo no sé si vos te acordás lo que era Rosario en esos días anteriores al partido. ¡Y qué te digo “esos días”! ¡Desde semanas antes ya se venía hablando, del partido y la ciudad era una caldera, porque eso era lo que era la ciudad! Claro, los que ahora hablan son esos turros que después vos los veías por la calle gritando y saltando como unos desgraciados, festejando en pedo a los gritos y después ahora te salen con que son... ¿qué son?... moralistas... ¿De qué se la tiran, hijos de mil putas? Ahora son todos piolas, es muy fácil hablar. Pero si vos vieras lo que era la ciudad en esos días, hennano, prendías un fósforo y volaba todo a la mierda. No se hablaba de otra cosa en los boliches, en la calle, en cualquier parte. Saltaban chispas, te aseguro. Y la cosa arrancó con el fato de las cábalas. O mejor dicho, de los maleficios.
—Hay que entender que no era un partido cualquiera, hermano, era una final final. Porque si bien era una semifinal, el que ganaba después venía a jugar a Rosario y le rompía el culo a cualquiera. Fuera Central como Ñul, acá le hacía la fiesta a cualquiera. ¡Y cómo estaban los lepra! ¡Eso, eso tendrían que acordarse ahora los que hablan al reverendo pedo y nos vienen a romper las pelotas con el asunto del viejo Casale! ¿No se acuerdan esos turros cómo estaban los lepra? ¿No se acuerdan ahora, mi viejo? Había que aguantarlos porque se corrían una fija, pero una fija se corrían, hermano, que hasta creo que se pensaban que nos iban a llenar la canasta. No que sólo nos iban a hacer la colita sino que además nos iban a meter cinco, en el Monumental y para latelevisión. ¡Pero por qué no se van a la concha de su madre! ¡Qué mierda nos van a hacer cinco esos culosroto! ¡Así se la comieron doblada! ¡Qué pija que tienen desde ese día y no se la pueden sacar!
Pero la verdad, la verdad, hermano, con una mano en el corazón, que tenían un equipazo, pero un equipazo, de padre y señor mío.
Hay que reconocerlo. Porque jugaban que daba gusto, el buen toque y te abrochaban bien abrochado. Estaba Zanabria, el Marito Zanabria; el Mono Obberti ¡Dios querido, el Mono Obberti, qué jugador! Silva el que era de Lanús, el albañil. ¡Montes! Montes de cinco; Santamaría el Cucurucho Santamaría, qué sé yo, era un equipazo, un equipazo hay que reconocer, y la lepra se corría una fija. ¿Sabés cuántos había en la ruta a Buenos Aires, el día del partido? Yo no sé, eran miles, millones, yo no sé de dónde habían salido tantos leprosos. Si son cuatro locos y de golpe, para ese partido, aparecieron como hormigas los desgraciados. Todos fueron. ¡Lo que era esa ruta, papito querido! Entonces, oíme, había que recurrir a cualquier cosa. Hay partidos que no podés perder, tenés que ganar o ganar. No hay tutía. Entonces si a mí me decían que tenía que matar a mi vieja, que había que hacer cagar al presidente Kennedy, me daba lo mismo, hermano. Hay partidos que no se pueden perder. ¿Y qué? ¿Te vas a dejar basurear por estos soretes para que te refrieguen después la bandera por la jeta toda la vida? No, mi viejo. Entonces, ahí, hay que recurrir a cualquier cosa. Es como cuando tenés un pariente enfermo ¿viste? tu vieja, por ejemplo, que por ahí sos capaz hasta de ir a la iglesia ¿viste? Y te digo, yo esa vez no fui a la iglesia, no fui a la iglesia porque te juro que no se me ocurrió, mirá vos, que si no... te aseguro que me confesaba y todo si servía para algo. Pero con los muchachos enganchamos con la cuestión de las brujerías, de la ruda macho, de enterrar un sapo detrás del arco de Fenoy, de tirar sal en la puerta de los jugadores de Ñubel y de todas esas cosas que siempre se habla. Por supuesto que todas las brujas del barrio ya estaban laburando en la cosa y había muñecos con camiseta de Ñubel clavados con alfileres, maldiciones pedidas por teléfono y hasta mi vieja que no manya mucho del asunto tenía un pañuelo atado desde hacía como diez días, de ésos de “Pilato, Pilato, si no gana Central en River no te desato”. Después la vieja decía que habíamos ganado por ella, pobre vieja, si hubiera sabido lo del viejo Casale, pero yo le decía que sí para no desilusionarla a la vieja.
Pero todo el fato de la ruda macho y el sapo de atrás del arco eran, qué sé yo, cosas muy generales, ya había tipos que lo estaban haciendo y además, el partido era en el Monumental y no te vas a meter en la pista olímpica a enterrar un sapo porque vas en cana con treinta cadenas y no te saca ni Dios después, hermano. Entonces, me acuerdo que empezamos con la cosa de las cábalas personales. Porque me acuerdo que estábamos en el boliche de Pedro y veníamos hablando de eso. Entonces, por ejemplo, resolvimos que a Buenos Aires íbamos a ir en el auto del Dani porque era el auto con el que habíamos ido una vez a La Plata en un partido contra Estudiantes y que habíamos ganado dos a cero. Yo iba a llevar, por supuesto, el gorrito que venía llevando a la cancha todos los últimos partidos y no me había fallado nunca el gorrito. A ése lo iba a llevar, era un gorrito milagroso ése.El Coqui iba a ir con el reloj cambiando de lugar, o sea en la muñeca derecha y no en la izquierda, porque en un partido contra no sé quién se lo había cambiado en el medio tiempo porque íbamos perdiendo y con eso empatamos.o sea, todo el mundo repasó todas las cábalas posibles como para ir bien de bien y no dejar ningún detalle suelto. te digo más, estuvimos parados en la tribuna en el partido contra Atlanta para pararnos de la misma manera en el partido contra la lepra el boludo de michi decía que él había estado detrás del Valija y el Miguelito porfiaba que el que había estado detrás del Valija era él. Mirá vos, hasta eso estudiamos antes del partido, para que veas cómo venía la mano en esos días. ¿Y sabés qué te lleva a eso, hermano, sabés qué te lleva a eso? El cagazo, hermano, el cagazo, el cagazo te lleva a hacer cualquier cosa, como lo que hicimos con el viejo Casale.
Porque si llegábamos a perder, mamita querida, nos teníamos que ir de la ciudad, mi viejo, nos teníamos que refugiar en el extranjero, te juro, no podíamos volver nunca más acá. Íbamos a perecer

esos refugiados camboyanos que se tomaron el piro en una balsa. Te juro que si perdíamos nosotros agarrábamos el “Ciudad de Rosario” y por acá, por el Paraná, nos teníamos que ir todos, millones de canallas, no sé, a Diamante, a Perú, a Cuzco, a la concha de su madre, pero acá no se iba a poder vivir nunca más con la cargada de los leprosos putos, mí viejo. Ya el Miguelito había dicho bien claro que él se la daba, que si perdíamos agarraba un bufo y se volaba la sabiola y te digo que el Miguelito es capaz de eso y mucho más porque es loco el Miguelito, así que había que creerle. O hacerse puto, no sé quién había comentado la posibilidad de hacerse trolo y a otra cosa mariposa, darle a las plumas y salir vestido de loca por Pellegrini y no volver nunca más a la casa. Pero, te digo, nadie quería ni siquiera sentir hablar de esa Posibilidad. Ni se nombraba la palabra “derrota”.
Era como cuando se habla del cáncer, hermano. Vos ves que por ahí te dicen “la papa”, o “tiene otra cosa”, “algo malo”, pero el cangrejo, mi viejo, no te lo nombra nadie. Y ahí fue cuando sale a relucir lo del viejo Casale. El viejo Casale era el viejo del Cabezón Casale, un pibe que siempre venía al boliche y que durante años vino a la cancha con nosotros pero que ya para ese entonces se había ido a vivir al norte, a Salta creo, lo vi hace poco por acá, que estaba de paso. Y ahí fue que nos acordamos de que un día, en la casa del Cabezón, el viejo había dicho que él nunca, pero nunca, lo había visto perder a Central contra Ñul. Me acuerdo que nos había impresionado porque ese tipo era un privilegiado del destino. Aunque al principio vos te preguntas, “¿Cómo carajo hizo este tipo pata no verlo perder nunca a Central contra Ñul? ¿Qué mierda hizo? Este coso no va nunca a la cancha”. Porque, oíme alguna vez lo tuviste que ver perder, a menos que no vayás a. los clásicos. Y ojo que yo conozco muchos así, que se borran bien borrados de los clásicos. O que van en Arroyito, pero que a la cancha del Parque no van en la puta vida. Y me acuerdo que le preguntarlos eso al viejo y el viejo nos dijo que no, y nos explicó. El iba siempre, un fana de Central que ni te cuento, pero se había dado, qué sé yo, una serie de casualidades que hicieron que en un montón de partidos con Ñul él no pudiera ir por un montón de causas que ni me acuerdo. Que estaba de viaje por Misiones —el viejo era comisionista—; que ese día se había torcido un tobillo y no podía caminar, que estaba engripado, que le dolía un huevo, qué sé yo, en fin, la verdad, hermano— que el viejo la posta posta era que nunca le había tocado ver un partido en que la lepra nos hubiera roto el orto. Era un privilegiado el viejo y además, un talismán, querido, porque así como hay tipos mufa que te hacen perder partidos adonde vayan, hay otros que si vos los llevás es número puesto que tu equipo gana. No es joda. Y el viejo Casale era uno de éstos, de los ojetudos.
Entonces ahí nos dijimos “Este viejo tiene que estar en el Monumental contra Ñubel. No puede ser de otra forma. Tiene que estar”... Claro, dijimos, seguro que va a estar, si es fana de Central, canalla a muerte. Pero nos agarró como la duda viste? porque nosotros no era que lo veíamos todos los días al viejo, te digo más, desde que el Cabezón se había ido al norte a laburar, al viejo de él no lo habíamos vuelto a ver ni en la cancha, ni en la calle ni en ninguna parte. Además, el viejo ya estaba bastante veterano porque debía tener como ochenta pirulos por ese entonces. Bah, en realidad ochenta no, pero sus sesenta, sesenta y cinco años los tenía por debajo de las patas.
Entonces, con el Valija, el Colorado y el Miguelito decimos “vamos a la casa del viejo a asegurarnos que va y si no va lo llevamos atado”. Porque también podía ser que el viejo no fuera porque no tuviera guita, qué sé yo. Nosotros ya habíamos pensado en hacer una rifa a beneficio, una kermesse, cualquier cosa. El viejo tenía que ir, era una bandera, un cheque al portador.
La cuestión es que vamos a la casa y... ¿a qué no sabés con lo que nos sale el viejo? Que andaba mal del bobo y que el médico le había prohibido terminantemente ir a la cancha, mirá vos. Nos sale con eso. Que no. Que había tenido un infarto en no sé qué partido, en un partido de mierda después que una pelota pegó en un palo, que había estado muerto como media hora y lo habían salvado entre los indios con respiración artificial y masajes en el cuore, que no había clavado la guampa de puro pedo y que le había quedado tal cagazo que no había vuelto a ir a la cancha desde hacía ya, mirá lo que te digo, dos años.
¡Hacía dos años que no iba a la cancha el viejo ese! Y no era sólo que él no quería ir sino que el médico y, por supuesto, la familia, le tenían terminantemente prohibido ir, lógicamente. No sé si no le prohibían incluso escuchar los partidos por radio, no sé si no se lo prohibían, para que no le pateara el bobo, porque parece que el viejo escuchaba un pedo demasiado fuerte y se moría, tan jodido andaba. Vos le hacías ¡Uh! en la cara y el viejo partía. ¡Para qué! Te imaginás nosotros, la desesperación, porque eso era como un presagio, un anuncio del infierno, hermano, era un preanuncio de que nos iban a hacer cagar en Buenos Aires, mi viejo. Entonces empezamos a tratar de hacerle la croqueta al viejo, a convencerlo, a decirle “Pero mire, don Casale, usted tiene que estar, es una cita de honor. ¡Qué va a estar mal usted del cuore, si se lo ve cero kilómetro! Vamos, don Casale —me acuerdo que lo jodía Miguelito— ¿cuántos polvos se echa por día? usted está hecho un toro”. Pero el viejo, ni mierda, en la suya. Que no y que no.
Le decíamos que el partido iba a ser una joda, que Ñubel tenía un equipo de mierda y que ya a los quince minutos íbamos a estar tres a cero arriba, que el partido era una mera formalidad, que el gobierno ya había decidido que tenía que ganar Central para hacer feliz a mayor cantidad de gente. No sé, no sé la cantidad de boludeces que le dijimos al viejo para convencerlo. Pero el viejo nada, una piedra el hijo de puta. Para colmo ya habían empezado a rondar la mujer del viejo, madre del Cabezón, y una hermana del Cabezón, que querían saber qué carajo queríamos decirle nosotros al vicio en esa reunión, porque medio que ya se sospechaban que nosotros no íbamos para nada bueno. En resumen que el viejo nos dijo que no, que ni loco, que ni siquiera sabía si iba apoder resistir la tensión de saber que se jugaba el partido, aun sin escucharlo. Porque el viejo los diarios los leía, tan boludo no era, y sabía cómo venía la mano, cómo era la cosa, cómo formaban los equipos, suplentes, historial, antecedentes, chaquetillas, color, todo. Nos dijo más. “Ese día —nos dijo— bien temprano, antes de que empiecen a pasar los camiones y los ómnibus con la gente yendo para Buenos Aires, yo me voy a la quinta de un hermano mío que vive en Villa Diego”. No quería escuchar ni los bocinazos el viejo. “Me voy tempranito a lo de mi hermano, que a mi hermano le importa un sorete el fútbol, y me paso el día ahí, sin escuchar radio ni nada”. Porque el viejo decía y tenla razón, que si se quedaba en la casa, por más que se encerrara en un ropero, algo iba a oír, algún grito, algún gol, alguna cosa iba a oír, pobre desgraciado, y se iba a quedar ahí mismo seco en el lugar. Así que se iba a ir a radicar en la quinta de ese hermano que tenía, para borrarse del asunto.
Muy bien, muy bien. Te digo que salimos de allí hechos bosta porque veíamos que la cosa venía muy mal. Casi era ya un dato seguro como para decir que éramos boleta. Para colmo, al Valija, el día anterior le había caído una tía del campo y él se acordaba que, en un partido que perdimos con San Lorenzo, esa misma tía le había venido el día antes. Era un presagio funesto el de la tía.
Fue cuando decidimos lo del secuestro. Nos fuimos al boliche y esa noche lo charlamos muy seriamente. El Dani decía que no, que era una barbaridad, que el viejo se nos iba a morir en el viaje, o en la cancha, y después se iba a armar un quilombo que íbamos a terminar todos en cana y que, además, eso sería casi un asesinato. Pero al Dani mucha bola no le dimos porque ha sido siempre un exagerado y más que un exagerado, medio cagón el Dani. Pero nosotros estábamos bien decididos y más que nada por una cosa que dijo el Valija: el viejo estaba diez puntos. Había tenido un infarto, es cierto. Pero hay miles de tipos que han tenido un infarto y vos los ves caminando tranquilamente por la yeca y sin hacer tanto quilombo como este viejo pelotudo, con eso de meterse adentro de un ropero, o no ir a la cancha, o dejar que te rigoree la familia como la esposa y la otra, la hermana del Cabezón. Por otra parte, y vos lo sabés, los médicos son unos turros pero unos turros que se ve que lo querían hacer durar al viejo mil años para sacarle guita, hacerle experimentos y chuparle la sangre. Y además, como decía el Miguelito y eso era cierto, vos lo veías al viejo y estaba fenómeno. Con casi sesenta afios no te digo que parecía un pendejo pero andaba lo más bien. Caminaba, hablaba, se sentaba, qué sé yo, se movía. ¡Chupaba! Porque a nosotros nos convidó con Cinzano y el viejo se mandó su medidita, no te digo un vasazo pero su medidita se mandó. La cosa es que el Miguelito elaboró una teoría que te digo, aún hoy, no me parece descabellada. ¡El viejo era un curro, hermano! Un turrazo que especulaba con el fato del bobo para pasarla bien y no laburarla nunca más en la vida de Dios. Con el sover del bobo no ponía el lomo, lo atendían a cuerpo de rey y —la tenía a la vieja y a la hermana del Cabezón pendientes de él —viviendo como un bacan, el viejo. Y... ¿de qué se privaba? De algún faso; que no sé si no fasearía escondido; y de no ir a—la cancha. Fijate vos, eso era todo. Y vivía como Carolina de Mónaco el otario. Bueno, con ese argumento y lo que dijo el Colorado se resolvió todo.
El Colorado nos habló de los grandes ideales, de nuestra misión frente a la sociedad, de nuestro deber frente a las generaciones posteriores, los pendejos. Nos dijo que si ese partido se perdía, miles y miles de pendejos iban a sufrir las consecuencias. Que, para nosotros y eso era verdad, iba a ser muy duro, pero que nosotros ya estábamos jugados, que habíamos tenido lo nuestro y que, de últimas, teníamos experiencias en malos ratos y fulerías. Pero los pibes, los pendejitos de Central, ésos, iban a tener de por vida una marca en sus vidas que los iba a marcar para siempre, como un fierro caliente. Que las cargadas que iban a recibir esos pibes, esas criaturas, en la escuela, los iban a destrozar, les iban a pudrir el bocho para siempre, iban a ser una o dos generaciones de tipos hechos bolsa, disminuidos ante los leprosos, temerosos de salir a la calle o mostrarse en público. Y eso es verdad, hermano, porque yo me acuerdo lo que eran las cargadas en la escuela primaria, sobre todo.
Yo me acuerdo cuándo perdimos cinco a tres con la lepra en el Parque después de ir ganando dos a cero, cuando se vendió el Colorado Bertoldi, que todavía se estará gastando la guita, y te juro que yo por una semana no me pude levantar de la cama porque no me atrevía a ir a la escuela para no bancarme la cargada de los lepra. Los pibes son muy hijos de puta para la cargada, son muy crueles. ¿No viste cómo descuartizan bichos, que agarran una langosta y le sacan todas las patas? Son unos hijos de puta los pibes en ese sentido. Y lo que decía el Colorado era verdad. Ahora todo el mundo habla de la deuda externa, y bueno, hermano, eso era algo así como lo de la deuda externa, que por la cagada de cuatro reverendos hijos de puta que empeñaron el país, la tenemos que pagar todos y los hijos y los hijos de nuestros hijos. Y si estaba en nosotros hacer algo para que eso no pasara, había que hacerlo, mi querido. Además, como decía el Colorado, ya no era el problema de la cargada de los pendejos futbolistas, está también el fato del exitismo. Los pibes ven que gana un equipo y se hacen hinchas de ese equipo, son así, casquivanos. Son hinchas del campeón. Entonces, ponele que hubiese ganado Ñubel y... ¡a la mierda! ... de ahí en más todos los pibes se hacían de Ñubel, ponele la firma. Y no te vale de nada llevarlos a la cancha, conversarlos, hablarles del Gitano Juárez o el Flaco Menotti, ni comprarles la camiseta de Central apenas nacen. No te vale de nada. Los pendejos ven que sale River campeón y son de River. Son así. Y en ese momento no era como ahora que, mal que mal, vos los llevás al Gigante y los pibes se caen de culo. Entonces, cuando van al chiquero del Parque, por mejor equipo que pueda tener Ñul, los pibes piensan “Yo no puedo ser hincha de esta villa miseria” y se hacen de Central. Porque todo entra por los ojos y vos ves que ahora los pibes por ahí ni siquiera han visto jugar a Central o a Ñul y ya se hacen hinchas de Central por el estadio. Es otra época, los pendejos son más materialistas, yo no sé si es la televisión o qué, pero la cosa es que se van de boca con los edificios.
Entonces la cosa estaba clara, había que secuestrar al viejo Casale, o sino aguantarse que quince, veinte años depués, hoy por ejemplo, la ciudad estuviese llena de lepra sos nacidos después de ese partido, y esto hoy ¿sabés lo que sería? Beirut sería un poroto al lado de esto, hermano te juro.
El que organizó la “Operación Eichmann”, como lo llamamos, fue el Colorado. La llamamos así por ese general aleman, el torturador, que se chorearon de acá una vez los judíos ¿viste? y lo nuestro era más o menos lo mismo. El Colorado es un tipo muy cerebral, que le carbura muy bien el bocho y él organizó todo. El Colorado ya no estaba par ese entonces en la O.C.A.L.. La O.C.A.L., no sé si sabés es una organización de acá, de Rosario, que se llama así porque son iniciales, O.C.A.L “Organización Canalla Anti Lepra”. Son un grupo de ñatos como el Ku-Klux-Klan, más o menos, que se reúnen en reuniones secretas y no sé si no van con capucha y todo a las reuniones, o si queman algún leproso vivo en cada reunión. Mirá yo no sé si es requisito indispensable ser hincha de Central, pero seguro seguro, lo que tenés que hacer es odiar a los lepra. Tenés que odiar más a los lepra que lo que querés a Central.
Hacen reuniones, escriben el libro de actas, piensar maldades contra los lepra, festejan fechas patrias de partidos que les hemos ganado, tienen himnos, son como esos tipos los masones esos, que nadie sabe quiénes son. Andan con antorchas. Bueno, de la O.C.A.L., de la O.C.A.L. al Colorado lo echaron por fanático, con eso te digo todo pero es un bocho el Colorado y él fue el que organizó todo el operativo.
Y te la cuento porque es linda, te la cuento porque es linda, no sé si un día de estos no aparece en el “Selecciones” y todo. Averiguamos qué ómnibus iba para Villa Diego, adonde tenía la quinta el hermano del viejo Casale. Desde donde vivía el viejo, ahí por San Juan al mil cuatro cientos, lo único que lo dejaba en ese entonces, si mal no recuerdo, era el 305 que pasaba por la calle San Luis. O sea que el viejo tenía que tomarlo en San Luis-Paraguay o San Luis-Corrientes, no más allá de eso a menos que fuera muy pelotudo y lo fuera a tomar a Bulevar Oroño que no sé para qué mierda iba a hacer eso. Ahora, la. duda era si el viejo se iba a ir en ómnibus o en auto, porque si se iba en auto nos recagaba, pero nos jugábamos a que se iba a ir en ómnibus porque auto no tenía y seguro que el hermano tampoco tenía porque debía ser un muerto de hambre como él, seguramente. Y te digo que la cosa venía perfecta, porque el viejo nos había dicho que iba a salir bien temprano para no infartarse con las bocinas o sea que nosotros podíamos combinarlo con el horario de salida nuestra para el partido. Porque también nos cagaba si salía a la una de la tarde para Villa Diego porque después ¿cómo llegábamos nosotros a Buenos Aires para la hora del partido con el quilombo que era la ruta y en un ómnibus de línea? Lo más probable es que nos hiciéramos pelota en el camino por ir a los pedos. Y por otra parte, hermano, Villa Diego queda saliendo para Buenos Aires o sea que la cosa estaba clavada, era posta posta.
Después hubo que hablar con los otros muchachos, porqu e convencer al Rulo no nos costó nada, a él le daba lo mismo y, además, le contamos los entretelones del asunto. Te digo que el Colora manejó la cosa como un capo, un maestro. El asunto era así, el Rulo es un fana amigo de Central que tiene un par de ómnibus, está muy bien el Rulo. Y en esa época tenía un par de coches en la línea 305. Fue un ojete así de grande, porque si no teníamos que conseguir otro coche, cambiarle el color, pintarlo, qué sé yo, ponerle el número, un laburo bárbaro. Pero el Rulo tenía dos 305 y con uno de ésos ya tenía pensado pirarse para el Monumental el día del partido y más bien que se llevaba como mil monos que también iban para allá. Lo sacaba de servicio y que se fueran todos a la reputísima madre que los parió, no iba a perderse el partido ese.
Entonces, el Rulo, con los monos arriba Y nosotros, tenía que estar con el ómnibus preparado, el motor en marcha, por España, estacionado. Y el Miguelito se ponía de guardia, tomando un café, justo en un boliche de ahí cerca desde donde veían la puerta de la casa del viejo Casale. Creo que a las cinco, nomás, de la matina, ya estaba el Miguelito apostado en el boliche haciéndose el boludo y junando para la casa del viejo. Te juro que ni los tupamaros hubieran hecho un operativo como ése, hermano. Fue una maravilla.
Apenas vio que salía el viejo con una canastita donde seguro se llevaba algún matambre casero, algo de eso, el pobre viejo, el Miguelito cazó una Vespa que tenía en ese entonces, dio la vuelta a la manzana y nos avisó. Cargó la moto en el ómnibus, en la parte de atrás, detrás de los últimos asientos y nos pusimos en marcha.
Ya les habíamos dicho a tres o cuatro pendejos, de esos quilomberos de la barra, que se hicieran bien los sotas, que no dijeran ni media palabra y se hicieran los que apoliyaban. Nosotros también, para que no nos reconociera el viejo, estábamos en los asientos traseros, haciéndonos los dormido, incluso con la cara tapada con algún pulover, como si nos jodiera la luz, o con algún piloto.
Te digo que el día había amanecido frío y lluvioso, como la otra fecha patria, el 25 de Mayo. Además, el quilombo había sido guardar y esconder todas las banderas, las cornetas, las bolsas con papelitos, los termos, todo eso. Uno de los muchachos llevaba una bandera de la gran puta que medía 52 metros ¡52 metros, loco! Media cuadra de bandera que decía “Empalme Graneros presente” y tuvimos que meterla debajo de un asiento para que el. viejardo no la vichara.
La cosa es que el viejo subió medio dormido y se sentó en uno de los asientos de adelante que ya habíamos dejado libre a propósito para que no viera mucho del ómnibus. Rulo le cobró boleto y todo. Y nadie se hablaba como si no nos conociéramos. Y como el ómnibus iba haciendo el recorrido normal, el viejo iba lo más piola, mirando por la ventanilla. La cuestión es que llegamos a Villa Diego y el viejo tranquilo. Cada tanto, cuando nos pasaba algún auto con banderas en el techo, tocando bocina, el viejo miraba a los que tenía cerca y movía la cabeza como diciendo “¡Mirá vos!”.
Se ve que tenía unas ganas de hablar pero nadie quería darle mucha bola para no pisarse en una de ésas. Así que nos hacíamos todos los dormidos. Parecía que habían tirado un gas adentro de ese ómnibus hermano. Como cuando se muere algún ñato ¿viste? que se queda a apoliyar en el auto con el motor prendido y lo hace cagar el monóxido de carbono, creo. Bueno, así parecía que a nosotros nos había agarrado el monóxido de carbono. Pero, cuando llegamos a Villa Diego, por ahí el viejo se levanta y le dice al Rulo “En la esquina, jefe.”. Y yo no sé qué le dijo el Rulo, algo de que ahí no se podía parar, que estaba cerrado el tráfico, que había que seguir un poco más adelante y el viejo se la comió, pero se quedó paradito al lado de la puerta. Al rato, por supuesto, de nuevo el viejo, “En la esquina”. Ahí ya el Rulo nos miró, porque se le habían acabado los versos. Y ahí, hermano... ¡vos no sabés lo que fue eso! Fue como si nos hubiésemos puesto todos de acuerdo y te juro que ni siquiera lo habíamos hablado. Empezaron los muchachos a desplegar las banderas, a sacar las cornetas y las banderas por la ventana, y a los gritos, hermano, “¡Soy canalla, soy canalla!” por las ventanas.
Pero no para el lado del viejo, el pobre viejo, que la cara que puso no te la puedo describir con palabras, sino para afuera, porque los grones, con lo quilomberos que son, se habían ido aguantando hasta ahí sin gritar ni armar quilombo para no deschavarse con el viejo, pero cuando llegó el momento agarraron las banderas, empezaron a sacar los brazos y golpear las chapas del costado del ómnibus y también el Rulo empezó a seguir el ritmo con la bocina.
¿Viste esas películas de cowboy, cuando los choros van a asaltar una carreta donde parece que no hay nadie, o que la maneja nada más que un par de jovatos y de golpe se abren los costados y aparecen 17.000 soldados que los cagan a tiros? ¿Que levantan la lona y estaban todos adentro haciéndose los sotas? Bueno, ese ómnibus debió ser algo así. De golpe se transfonnó en un quilombo, un escándalo, una de gritos, de bocinazos, cornetas, una joda. ¡Y la gente al lado de la ruta! Porque desde la madrugada ya había gente a los costados de la ruta esperando que pasaran las caravanas de hinchas. Era para llorar, eso, conmovedor, te saludaban, gritaban, levantaban los puños, por ahí algún lepra, a las perdidas, te tiraba un cascotazo... Pero vuelvo al viejo, el viejo, no sabés la caripela que puso. Porque nosotros lo estábamos mirando porque decíamos: éste es el momento crucial. Ahí el viejo o cagaba la fruta, el corazón se le hacía bosta, o salía adelante. El viejo miraba para atrás, a todos los monos que saltaban y cantaban y no lo podía creer. Se volvió a sentar y creo que hasta San Nicolás no volvió a articular palabra. Te digo que el Rábano, el hijo de la Nancy ya se había ofrecido a hacerle respiración boca a boca llegado el caso, que era algo a lo que todos, mal que mal, le habíamos esquivado el bulto porque, qué sé yo, te da un poco de asco, además con un viejo.
Pero mirá, te la hago corta. Mirá, cuando el viejo ya vio que no había arreglo, que no había posibilidad de que lo dejáramos bajar del ómnibus, se entregó, pero se entregó entregó. Porque, al principio, nosotros nos acercamos y nos reputeó, nos dijo que éramos unos irresponsables, unos asesinos, que no teníamos conciencia, que era una,verguenza, qué sé yo todo lo que nos dijo. Pero después, cuando nosotros le dijimos que él estaba perfecto, que estaba hecho un toro, que si se había bancado la sorpresa del ómnibus quería decir que ese cuore se podía bancar cualquier cosa, empezó a tranquilizarse. El Colorado llegó a decirle que todo era una maniobra nuestra para demostrarle que él estaba perfectamente sano y que incluso el médico estaba implicado en la cosa.
Mirá hermano, y creéme porque es la pura verdad ¿qué intención puedo tener en mentirte, hoy por hoy? mucho antes ya de entrar en Buenos Aires ese viejo era el más feliz de los mortales, te lo digo yo y te lo juro por la salud de mis lujos. El viejo cantaba, puteaba, chupaba mate, comía facturas, gritaba por la ventana y a la cancha se bajó envuelto en una bandera. No había, en la hinchada, un tipo más feliz que él. Vino con nosotros a la popu y se bancó toda la espera del partido, que fue más larga que la puta que lo parió y después se bancó el partido. Estaba verde, eso si, y había momentos en que parecía que vos lo pinchabas con un alfiler y reventaba como un sapo, porque yo lo relojeaba a cada momento. Y después del gol del Aldo, yo lo busqué, lo busqué porque fue tal el quilombo y el desparramo cuando el Aldo la mandó adentro que yo ni sé por dónde fuimos a caer entre las avalanchas y los abrazos y los desmayos y esas cosas. Pero después miré para el lado del viejo y lo vi abrazado a un grandote en musculoso casi trepado arriba del grandote, llorando. Y ahí me dije: si éste no se murió aquí, no se muere más. Es inmortal. Y después ni me acordé más del viejo, que lo que alambramos, lo que cortamos clavos, los fierros que cortamos con el upite, hermano, ni te la cuento. Eso no se puede relatar, hermano, porque rezábamos, nos dábamos vueltas, había gente que se sentaba entre todo ese quilombo porque no quería ni mirar. Porque nos cagaron a pelotazos, ya el segundo tiempo era una cosa que la tenían siempre ellos y ¿sabés qué era lo fulero, lo terrible? ¡Qué si nos empataban nos ganaban, hermano, porque ésa es la justa! ¡Nos ganaban esos hijos de puta! ¡Nos empataban, íbamos a un suplementario y ahí nos iban a hacer refocilar el orto porque estaban más enteros y se venían como un malón los guachos! ¡Qué manera de alambrar! Decí que ese día, Dios querido, yo no sé que tenía el flaco Menuttl que sacó cualquier cosa, sacó todo, vos no quieras creer lo que sacó ese día ese flaco enclenque que parecía que se rompía a pedazos en cada centro. Le sacó un cabezazo de pique al suelo a Silva que lo vimos todos adentro, hermano, que era para ir todos en procesión y besarle el culo al flaco ése ¡qué pelota le sacó a Silva! Ahí nos infartamos todos, faltaban cinco minutos y si nos empataban, te repito, éramos boleta en el suplementario. Me acuerdo que miro para atrás y lo veo al viejo, blanco, pálido, con los ojos desencajados, pobrecito, pero vivo. Y ahora yo te digo, te digo y me gustaría que me contesten todos esos que ahora dicen que fue una hijaputez lo que hicimos con el viejo Casale ese día. Me gustaría que alguno de esos turritos me contestara si alguno de ellos lo vio como lo vi yo al viejo Casale cuando el referí dio por terminado el partido, hermano. Que alguno me diga si, de puta casualidad, lo vio al viejo Casale como lo vi yo cuando el referí dio por terminado el partido y la cancha era un infierno que no se puede describir en palabras. Te digo que me, gustaría que alguien me diga si alguien lo vio como lo vi yo. ¡La cara de felicidad de ese viejo, hermano, la locura de alegría en la cara de ese viejo! ¡Que alguien me diga si lo vio llorar abrazado a todos como lo vi llorar yo a ese viejo, que te puedo asegurar que ese día fue para ese viejo el día más feliz de su vida, pero lejos lejos el día más feliz de su vida, porque te juro que la alegría que tenía ese viejo era algo impresionante! Y cuando lo vi caerse al suelo como fulminado por un rayo, porque quedó seco el pobre viejo, un poco que todos pensamos; “¡qué importa!” ¡Qué más quería que morir así ese hombre! ¡Esa es la manera de morir para un canalla! ¿Iba a seguir viviendo? ¿Para qué? ¿Para vivir dos o tres años rasposos más, así como estaba viviendo, adentro de un ropero, basureado por la esposa y toda la familia? ¡Más vale morirse así, hermano! Se murió saltando, feliz, abrazado a los muchachos, al aire libre, con la alegría de haberle roto el orto a la lepra por el resto de los siglos! ¡Así se tenía que morir, que hasta lo envidio, hermano, te juro, lo envidio! ¡Porque si uno pudiera elegir la manera de morir, yo elijo ésa, hermano! Yo elijo ésa.


 

domingo, 11 de noviembre de 2012

Instalaciones

“Las instalaciones consisten en un trabajo en el cual la elaboración toma parte artística como técnica dentro de la pieza teniendo la presencia activa del espectador”.
Las instalaciones artísticas han tenido un amplio desarrollo a lo largo de la historia. Artistas como: Surfaces, Junk Art, Mono-ha, Neo Dadas y tantos otros han demostrado que las instalaciones artísticas son expresiones completas;...
ya que pueden concentrar emociones, percepciones, Una instalación depende del lugar y la forma en que los materiales, objetos o piezas se sitúen en ella, y es imposible repetirla en su totalidad, se puede recrear, pero nunca será la misma, esto le da una cualidad fugaz. Las instalaciones por lo tanto no tienen carácter comercial, aunque los materiales utilizados en ella si lo pueden ser, pero estos sólo pasarán a ser evidencia de la existencia anterior de una obra de arte.
“En general una instalación se exhibe por un tiempo determinado, después del cual se desmonta, quedando sólo documentos para confirmar su existencia”.
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domingo, 28 de octubre de 2012

MANIFIESTO MOCHILERO – por Juan Pablo Villarino - UN TEXTO PARA LIBERAR(SE)

Los que hacemos esta página (www.acrobataelcamino.com) creemos que ser mochileros es algo más que cargar nuestra mochila y salir a recorrer las rutas, es algo más que hacer dedo y disfrutar de la naturaleza.
Creemos…
que la condición humana admite más posibilidades que el diploma y la oficina. Nuestra sociedad actual considera a las personas poco más que herramientas especializadas. Eficiencia y productividad son valores imperantes. Ante este recorte nos proponemos revalorizar el conocimiento y la experiencia como valores, y el viaje como un medio privilegiado de acceder a ellos…
que una sociedad de individuos entrenados para ser autosuficientes y no preguntarle la hora a nadie es un criadero de neuróticos. De neuróticos y de futuros consumidores de alarmas y pastillas para el stress. Al viajar como mochileros, al hacer dedo, restablecemos el contacto humano, esa llama vergonzosa…
que ser responsable es darnos cuenta de que la vida es una sola, que se vive día a día, y que una vejez con jubilación digna no justifica una juventud de viejos. Ser responsable no significa solo asumir obligaciones, sino también animarse a asumir la libertad y no atarse innecesariamente a cosas ajenas a nuestra esencia…*
que nadie es viejo en tanto no se haga cargo de su edad. Nunca es demasiado tarde para nada. Viejo es quien hace las cosas que se esperan de un viejo, solo porque otro lo esperan de él…
que el mundo no es un lugar estático sino una maraña de caminos por los que millares de personas caminan a diario. Cruzando fronteras, vadeando arroyos o escalando montañas…
que ese mundo es aún un buen lugar para vivir, que las personas que lo transitan comparten algo que es mucho más fuertes que sus diferencias, sean estas de raza, religión o profesión. Estas personas son intrínsecamente buenas…
Creemos que el universo cuida de nosotros, y que una jornada laboral de 12 horas es más peligrosa que viajar a dedo…  que nadie se encuentra en peligro por estar lejos de casa, creemos que las ciudades son definitivamente más peligrosas que las rutas, los montes y los lagos.
que el dinero es una parte opcional del equipaje, ya que nadie se alimenta de dinero.  No sólo se hacen cosas a cambio de dinero. Pensar eso sería transportar arbitrariamente las relaciones comerciales a las relaciones humanas. Una sonrisa oportuna puede valer millones…*
que todos los viajeros podemos aprender los unos de los otros, que nadie nace sabiendo, que siempre hay alguien que va por primera vez a ese lugar que nosotros conocemos como la palma de nuestra mano…
que el viento que nos da de lleno en la caja de una chata puede ser la vacuna contra la rutina…
que la simplicidad es algo a ser reivindicado, y está más cerca de un pan casero al costado del camino que de un crédito hipotecario o vacaciones de quince días pagadas en tres años…
que la meta es una excusa para dejarnos mecer por el azar y exponernos a las paradas imprevistas, los pueblos escondidos, las miles de posibilidades intermedias, transformando cada punto del mapa en una anécdota.
que con cada auto que se detiene en una banquina barajamos y damos de vuelta, que ese preciso instante cambia de alguna manera nuestro viaje y de esa manera nuestra vida.
Creemos que la ruta es la vida (Jack Kerouac 1922 -1967)…
que el autostop es una hermosa manera de aprender sobre las tierras por las que viajamos, sobre su gente y costumbres. Ahorrar dinero no es el objetivo de viajar a dedo, sino más bien su consecuencia lateral…*
que una hoja de ruta contiene más adrenalina que Gran Hermano, que la felicidad no depende de una herencia o polirrublo que nos “salve” y nos abra  la puerta al DVD…
que la felicidad constante es una de las formas ocultas en que obra la muerte. (Julio Cortázar, 1914- 1984)…
que el viajero es preso de la paradoja de querer dar la vuelta a un circuito infinito…
que si VOS llegaste hasta acá leyendo no deberías dejar pasar un minuto para empezar a pensar tu propia vuelta al mundo. Mientras te preparás, podés encontrar ideas en este blog (www.acróbatadelcamino.com)  e inspiración en nuestros libros.  
Quienes hacemos esta página, sobre todas las cosas, queremos que aprendas a querer el camino.
Para recibir en tu casa nuestros libros “Vagabundeando en el Eje del Mal- Un viaje a dedo en Irak, Irán y Afganistán” o “Un Tango en Tíbet” consultanos  a acrobatadelcamino@gmail.com 
También podés seguirnos en Facebook o Twitter. Si aún no lo conoces, ¿que esperás para leer el Blog de Laura?
*El subrayado es nuestro
Para conocr cómo surgió el manifiesto y ver un par de bellas fotos clickeá en link a continuación:
http://acrobatadelcamino.blogspot.com.ar/2012/10/el-manifiesto-mochilero-un-texto-para.html?spref=tw

jueves, 25 de octubre de 2012

La izquierda ante los conflictos en salariales en las fuerzas armadas y de seguridad


 
A inicios de octubre, se desarrolló un conflicto salarial entre la suboficialidad y la base de la Gendarmería (policía militarizada de fronteras) y Prefectura (policía naval de puertos y ríos) con el gobierno argentino de Cristina Kirchner y las cúpulas de esas fuerzas.

El origen del conflicto fue que, como parte de un plan económico de ajuste contra la clase trabajadora y el pueblo argentino en general y que ataca los salarios de los trabajadores estatales en particular, el gobierno de Cristina decretó la eliminación de varios pagos adicionales que no integran el sueldo básico y los miembros de ambas fuerzas cobraron sus salarios con descuentos de entre el 30 y el 60%.

Esto generó, por parte de la base y la suboficialidad de ambas instituciones militares, una huelga de hecho, con asambleas y movilizaciones frente a los edificios centrales de ambas fuerzas. Después, se incorporó el reclamo de un salario básico de 7.000 pesos (aproximadamente unos 1.500 dólares). En ese punto, se plegaron al reclamo 200 suboficiales de la Armada, suboficiales de la Fuerza Aérea y esposas de suboficiales del Ejército.

Frente a este conflicto, el gobierno argentino tuvo una política cuidadosa. Por un lado, no se atrevió a reprimir en forma directa y abrió negociaciones con una inédita “comisión de representantes”  (señalemos que las fuerzas de seguridad en Argentina tienen prohibido sindicalizarse y realizar reclamos salariales o laborales), concediendo rápidamente la anulación de los descuentos. Por el otro, sancionó a 8 voceros del conflicto y se negó a discutir una modificación del salario básico.

Al mismo tiempo, en el Congreso Nacional, todas las fuerzas oficialistas y de  la oposición burguesa votaron una  declaración en que llamaron “a las fuerzas de seguridad y otras a adecuar sus acciones a pautas de funcionamiento democrático y subordinación a las autoridades legítimamente constituidas, en un todo de acuerdo con la Constitución Nacional” (Clarín, 4-10). En otras palabras, la declaración pasó la idea de que el movimiento tenía connotaciones golpistas. Todas las expresiones políticas de la burguesía argentina coincidieron en exigir que los gendarmes y policía navales en huelga “se tranquilicen” y “se vayan a su casa”.

Tanta preocupación y unidad de la burguesía argentina no es casual. En la Argentina existe actualmente una prohibición legal de que las fuerzas armadas participen en la represión interna. Esta situación, sumada a la profunda crisis de la policía federal y las policías provinciales, hizo que la Gendarmería y la Prefectura, especialmente la primera, se transformaran  en las principales fuerzas de represión de conflictos sociales, huelgas, manifestaciones y cortes de ruta. Ahora existía una crisis en el seno de esas propias fuerzas represivas. Para las clases poseedoras argentinas se dio una situación inquietante, del tipo “¿Quién podrá defendernos?”

Es claro que este conflicto es una expresión de la crisis económica, social y política que comienza a afectar de modo creciente a Argentina. Sin embargo, no es el análisis sobre las raíces de este proceso el que vamos a abordar en este material.

Nuestra intención es desarrollar el debate que con la mayoría de la izquierda argentina y latinoamericana sobre cuál debe ser la posición de las organizaciones socialistas revolucionarias frente a conflictos de este tipo y, más en general, cuál es la política revolucionaria hacia las fuerzas armadas y de seguridad. Esta polémica no es nueva, ya se expresó en ocasión de la rebelión policial en Ecuador, en 2010, y en la huelga de los bomberos de Río de Janeiro, en 2011.

Nuestra posición

La posición del PSTU (sección argentina de la LIT-CI) fue apoyar la lucha de gendarmes y policías navales contra el gobierno. Es la misma que tuvieron nuestras secciones en Ecuador y en el Brasil, cuando el Movimiento Al Socialismo y el PSTU brasileño apoyaron la lucha de los policías que se amotinaron contra el plan de ajuste de Correa y a los bomberos, que exigían mejores salarios contra el gobernador Cabral en Rio de Janeiro.

En todos estos casos, se presentó una situación concreta que exigió unposicionamiento y una política también concreta: se trataba de conflictos donde se enfrentaban directamente la base y la baja oficialidad de esas fuerzas represivas contra la alta jerarquía militar o policial y los gobiernos municipales o nacionales. Hablamos de enfrentamientos no sólo políticos sino hasta físicos. En el caso de Ecuador y Brasil, los gobiernos mandaron a fuerzas especiales para reprimir a la base insubordinada, provocando enfrentamientos y muchos soldados y oficiales presos o sancionados.
El debate con la izquierda argentina y latinoamericana es el siguiente: ¿De qué lado se colocan los partidos que se precien revolucionarios en un conflicto de estas características? Sólo existen dos alternativas concretas en la realidad: o estamos con la base de soldados o policías y la baja oficialidad en contra de las altas cúpulas militares y los distintos gobiernos capitalistas, o estamos con los gobiernos (Correa, Cabral/Dilma, Cristina K.) y las cúpulas en contra de las reivindicaciones de los sectores insubordinados y a favor de que sean reprimidos.

La posición de la LIT-CI es la primera. Y tenemos esta posición porque seguimos la política tradicional de Lenin que, con la perspectiva del triunfo de la insurrección obrera y socialista, planteaba “llevar la lucha de clases” en el seno de las fuerzas armadas capitalistas. Esto significa aprovechar las profundas contradicciones sociales que existen dentro de estas instituciones y tener una política para enfrentar la base y la suboficialidad con la cúpula de altos oficiales de las FF.AA. y el Estado burgués, mediante un programa de reivindicaciones concretas para dividir las fuerzas represivas, ganando a un sector para la revolución para enfrentar al otro. Toda esta política está al servicio no de “reformar” sino de destruir a estos “destacamentos armados” del Estado burgués.

La política leninista-trotskista se aplicó con éxito entre febrero y octubre de 1917, cuando millones de soldados movilizados por los gobiernos capitalistas rusos en la Primera Guerra Mundial se rebelaron, rompieron la cadena de mandos, se organizaron y participaron de los soviets (concejos de diputados de obreros, campesinos y soldados). Lenin y Trotsky coincidieron en que esta política fue determinante para el triunfo de la revolución de octubre de 1917. La política que viene aplicando la LIT-CI y recientemente el PSTU (A), de apoyar estos conflictos al interior de las fuerzas represivas, está orientada por esta tradición leninista.

Una posición pacifista encubierta con lenguaje “radical”

En la Argentina, el Nuevo MAS y el Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) se han posicionado en contra de la lucha de los gendarmes y prefectos. El PTS, a través de su corriente internacional, la Fracción Trotskista, ya se había posicionado en contra de la lucha de los bomberos de Río de Janeiro el año pasado.

Por supuesto, estas organizaciones que se reclaman trotskistas, intentan revestir esta posición con toda una envoltura de frases grandilocuentemente “revolucionarias”. Pero la realidad es la realidad y es muy difícil esconderla. La propia declaración del PTS, por ejemplo, comienza reconociendo que “El amotinamiento protagonizado por la suboficialidad de la Prefectura y la Gendarmería (al que se sumó un sector de la Armada) abrió una crisis nacional. El conflicto, detonado por un recorte salarial, se transformó en político. El abucheo a los oficiales, la extensión del conflicto y su propagación entre las Fuerzas, ilustran lo grave de la situación (…) El gobierno está en una encrucijada. Si retrocede en toda la línea puede quedar como rehén de los insubordinados, y su ejemplo ser tomado por otros sectores de las FF.AA. incluso por policías provinciales que simpatizan con los rebeldes. Por el contrario, si no cede, el escenario puede polarizarse, perdiendo, de manera más abierta, el control de sectores claves del aparato de Estado, y poniendo en juego su propia gobernabilidad”[1].

Esto es impresionante. Frente a un “amotinamiento” que “se transformó en político”, donde los oficiales eran abucheados y se extendió a otros sectores, configurando una situación “grave” que “abrió una crisis nacional” que colocó al gobierno “en una encrucijada” pues, nada menos, podía perder “el control de sectores claves del aparato de Estado” y poner “en juego su propia gobernabilidad”….el PTS está en contra de la lucha que generó toda esa crisis ¡Porque supuestamente todo esto “fortalece al estado burgués! Fuera de la discusión sobre lo que sería esta extraña forma de “fortalecer” el Estado burgués a través de una lucha que, como ellos mismos reconocen, abrió una crisis política nacional que cuestionó el propio control del gobierno sobre un sector de las FF.AA., el pilar de cualquier Estado burgués, queremos retomar la discusión concreta: si el PTS está contra la lucha de la base y los suboficiales de la Gendarmería y la Prefectura, se ubica objetivamente al lado de la jerarquía militar y el gobierno de Cristina y su política económica de ajustes.

No sólo esto, esa posición no tiene nada que ver con una política revolucionaria sino con un pacifismo reaccionario, que abandona la lucha por aprovechar y exacerbar las contradicciones de clase dentro de las fuerzas armadas para dividirlas y destruirlas.

El PTS (el Nuevo MAS tiene argumentos similares) dice que la política leninista no se aplica en este caso, pues sólo puede aplicarse con dos condiciones:

a) “...si estuviésemos hablando de un ejército de conscriptos, reclutados en masa de las clases explotadas, como suele suceder durante las guerras, donde es preciso levantar un programa que tome las reivindicaciones económicas y políticas de la tropa”.

Por lo tanto, no es válida para los ejércitos profesionales (asalariados) ni para las fuerzas de seguridad. Ellos son parte de instituciones del Estado burgués con disciplina militar cuya función es reprimir a los trabajadores, son “guardias pretorianas”. En este sentido, no están sujetos a contradicciones de clase o esas contradicciones son ajenas a los intereses de los trabajadores. Sus miembros de base y suboficiales no son trabajadores y, aunque sean asalariados y originarios de las clases explotadas, ese carácter de miembros de un aparato represivo domina en términos absolutos sobre el otro (ser asalariados). Por este motivo, cualquier conflicto en su seno por aumentos salariales o condiciones laborales sería reaccionario porque, en última instancia, busca mejorar las condiciones de los represores. Cuanto más cobren, mejor van a reprimir. Por eso habría que estar en contra de ellos. Coherente con eso, se oponen a la propuesta de sindicalización de estos sectores, a la que consideran doblemente reaccionaria. Por un lado, porque esto serviría para mejorar las condiciones laborales de los represores. Por el otro, sembraría ilusiones sobre que se puede “reformar” el estado burgués y sus instituciones represivas, algo imposible. Presenta el ejemplo de Francia, donde existen sindicatos policiales pero esto no evita que la Policía reprima.

Es un hecho que existe una tendencia a que las fuerzas armadas cuenten con menos conscriptos y sean formadas cada vez más por sectores “asalariados” o “profesionales”. Por ejemplo, en la propia Argentina, hasta que dejó existir el servicio militar obligatorio, las tropas, desde la base hasta la cúpula, reciben un pago. Pero este nunca fue un criterio para definir la política revolucionaria para destruir las FF.AA. burguesas. La política de Lenin siempre fue aprovechar las desigualdades y contradicciones de clase dentro de esos aparatos para dividirlos, enfrentando a los soldados contra los suboficiales y hasta a éstos últimos contra los altos mandos. Puede darse, por ejemplo, una lucha de suboficiales contra alto mandos (coroneles, generales) ¿Los revolucionarios debemos estar en contra o abstenernos de tener política sólo porque los suboficiales son “profesionales” y no “conscriptos”? Por ejemplo, en Argentina, las policías provinciales siempre fueron pagadas de arriba abajo ¿Esto significa que si estalla una rebelión de los agentes (soldados) contra los suboficiales o de éstos contra los oficiales de más rango, no debemos hacer nada para profundizar esa crisis porque “no son conscriptos”? Ese nunca fue el criterio de Lenin, Trotsky y de ningún marxista, que siempre pensaron cómo acrecentar las crisis y los enfrentamientos a lo largo de la cadena de mando, a partir de las contradicciones de clase.

b) “Sólo en una situación de fuerte crisis del poder estatal y alza generalizada de la lucha de clases puede producir el hecho de que parte de la base social popular de una fuerza represiva ‘rompa la cadena de mandos’ y dé vuelta el fusil, poniéndose del lado de los trabajadores, no mediante mecanismos de la legalidad de esta democracia para ricos o por ‘convencimiento’ pacífico, sino de una fuerza material:si la clase trabajadora en lucha conquista sus organismos de autodefensa, su propio poder armado, las milicias obreras”.

Es decir, sólo sería válida en situaciones revolucionarias, con doble poder y milicias obreras armadas. Entonces, para ellos, fuera de esas situaciones, en las que sí se podría lograr una división de esas instituciones, hay que estar en contra de esas luchas. Esta es una política pacifista reaccionaria, típica del reformismo que opina que como no está colocada la toma del poder no interesa ningún tipo de trabajo político para destruir las FF.AA., principal sostén del Estado burgués. Decir esto equivale a decir que, mientras no llegue la hora de la revolución socialista, no debemos tener política para las huelgas o enfrentamientos concretos entre obreros y patrones o, incluso, para aprovechar las crisis inter-burguesas.  

¿Guardias pretorianas?

Para hacer el debate, partimos de una coincidencia con el PTS y el nuevo MAS. Los ejércitos, especialmente los profesionales, y las fuerzas de seguridad son “destacamentos armados” del Estado burgués con la función de reprimir a los trabajadores y defender la propiedad privada capitalista. Esto significa que, como instituciones, no pueden ser “reformadas”: la estrategia debe ser destruirlas con el poder de la lucha de la clase obrera y su expresión en el terreno militar. No tenemos ninguna ilusión reformista en sentido contrario. Esa no es la discusión.

La discusión es cuál debe ser la política para destruir las FF.AA. burguesas, cuestión que abarca hechos como las huelgas salariales y la sindicalización policial creciente. El PTS y el Nuevo MAS señalan que no son trabajadores, definición con la que también coincidimos. El problema es que, en los hechos, niegan que en su seno existan contradicciones de clase, a partir de su carácter de asalariados y del origen social pobre de la base de soldados o la baja oficialidad, en muchos casos provenientes de la clase obrera o el campesinado pobre, dentro de esas instituciones represoras.

El PTS dice que “Se trata de una guardia pretoriana a la que no se puede ganar para el campo de la lucha obrera sólo con agitación y propaganda y mucho menos a partir del apoyo de sus demandas corporativas”[2]. Por su parte, el Nuevo MAS, admite que existe este origen social “humilde” en sectores de estas fuerzas, pero que “cuando entran en servicio, este origen social es ‘borrado’”[3].

Si lo que dicen estos sectores dichos “revolucionarios” es correcto, entonces no existen contradicciones dentro de las fuerzas represivas que podamos aprovechar ahora y sólo quedaría cruzarse de brazos hasta que llegue el momento de la revolución obrera y socialista triunfante. Lo que estos partidos están diciendo, a los trabajadores y la base de esas mismas fuerzas represivas, en momentos en que se están insubordinando y quebrando la cadena de mando burguesa (no por casualidad les está prohibido hacer huelgas o sindicalizarse), cuestionando toda esa estructura vertical al servicio de defender la propiedad privada y controlada por gobiernos burgueses, en este caso el de Cristina K., es más o menos esto: ¡Soldados y suboficiales!: Ustedes son y siempre serán represores del pueblo y “perros guardianes” de los ricos, ésa es su función eterna…por tanto, no cuestionen ese papel ni su propia cadena de mando ¡no luchen contra sus oficiales, no luchen contra el gobierno!.

La cuestión es que, al negar que las fuerzas armadas se pueden dividir a partir de las contradicciones sociales en su seno y al oponerse a que las tropas y los mandos inferiores se sindicalicen y realicen huelgas, están colocándose a favor de mantener la estructura de las FF.AA. tal cual está. Esto es así porque toda huelga o conflicto dentro de las FF.AA. implica una ruptura de la cadena de mando, pues se entiende que si la base hace huelgas, la hará contra sus superiores o contra el mismo gobierno burgués. Vista esta cuestión ¿Quién tiene la política que fortalece las fuerzas represivas, quienes intentan profundizar los enfrentamientos entre la base y la cúpula de las FF.AA. o quienes oponen a que, desde adentro, se cuestione la cadena de mando?

El análisis del PTS y del Nuevo MAS no tiene sustento en la realidad, aunque lo intenten revestir de fraseología “izquierdista”. Es sabido por cualquiera que en Argentina y muchos países, los miembros de los ejércitos profesionales y las fuerzas de seguridad no son trabajadores, pero su origen de clase, su carácter de asalariados, sus condiciones laborales, zonas de vivienda, les crean numerosos vasos comunicantes con la clase obrera y esto abre la posibilidad de la influencia de una política obrera y revolucionaria. Esto es así porque el capitalismo no tiene condiciones de pagar con altos salarios al conjunto de sus fuerzas represivas ¿O es lo mismo un gendarme argentino o un policía militar brasileño que recibe un salario miserable y vive en un barrio pobre que un coronel o general que gana 10 veces más y vive en barrios ricos? ¿No existe ninguna contradicción de clase que los revolucionarios podamos explotar a favor de destruir ese aparato contrarrevolucionario para preparar las condiciones de la revolución socialista?

¿Sólo con la revolución?

El segundo argumento (es una política que sólo puede aplicarse en situaciones revolucionarias) del PTS y del Nuevo MAS, además de capitular al gobierno de Cristina y a los altos mandos militares, es espontaneísta y pacifista.

Estas organizaciones caen en el espontaneísmo al abandonar una política permanente y previa de agitación y propaganda sobre la base y los mandos inferiores de las FF.AA., dejando esto para cuando la situación sea crítica y revolucionaria.  Si siguiéramos esta orientación, nuestra tarea sería, mientras no llegue la situación revolucionaria del tipo octubre ruso, quedarnos sentados mirando este tipo de crisis y enfrentamientos –muchos de ellos físicos- entre los soldados y sus comandantes y los gobiernos burgueses. Esto no tiene nada que ver con lo que orientaba, por ejemplo, la III Internacional, que entre las 21 condiciones para aceptar partidos en su seno, establecía: “El deber de propagar las ideas comunistas implica la necesidad absoluta de realizar una propaganda y una agitación sistemática y perseverante entre las tropas”. La política de no hacer agitación y propaganda sobre las tropas o la base de las fuerzas armadas sino hasta “que suene la hora” de una insurrección, es espontaneísta y sólo puede acarrear derrotas al proletariado en una perspectiva estratégica.

La política de estas organizaciones es pacifista pues se niega a la lucha política al interior de las fuerzas armadas. Sabemos que sin división de las FF.AA. burguesas no existe posibilidad de que triunfe la revolución socialista ni de destruir esas fuerzas represivas. Entre los que coinciden con esta premisa, existen dos sectores: a) los leninistas-trotskistas, que defendemos que para esto es necesario un trabajo político sistemático sobre la base de esas fuerzas represivas en el sentido de profundizar su crisis; b) los sectores guerrilleros foquistas que pregonan la necesidad de montar un ejército popular que gradualmente se fortalezca hasta un enfrentamiento final y decisivo de ejército a ejército con la burguesía. Los guerrilleros tienen una táctica equivocada pero tienen como objetivo destruir las fuerzas armadas del estado burgués.

Si el PTS y el Nuevo MAS no defienden ni lo uno ni lo otro, queda claro que su posición es pacifista y, por tanto, niega la propia estrategia de la insurrección. En la práctica están a favor de que la estructura de mando de las fuerzas represivas se mantenga, posición típica del pacifismo reaccionario.  

Pero insistimos. Estas organizaciones se consuelan y tratan de justificar su política hablando de una situación futura, de la situación revolucionaria, de un posible nuevo octubre, lo cual hoy, aún no existe en la realidad. Lo que existió y probablemente se continúen dando, aún sin haber una situación revolucionaria, debido a la crisis capitalista y la imposibilidad de garantizarle mejores salarios y condiciones laborales a la base de las fuerzas represivas, son huelgas como la de los bomberos en Río de Janeiro o la Gendarmería y Prefectura en Argentina, motines como los de Ecuador, la formación de sindicatos policiales en Argentina o el llamado de esos sindicatos a movilizarse junto a los trabajadores. En esos procesos, siempre se rompe la “cadena de mando” (eje del funcionamiento de estas instituciones), se insultan y agreden a los oficiales superiores, se ocupan cuarteles (como fue el caso de los bomberos de Rio de Janeiro) y se dan fuertes represiones y castigos a los insubordinados por parte de los altos mandos.

Frente a esta realidad –y no frente a situación que aun no existe-, las preguntas a responder son sencillas: ¿Es mejor que estos sectores se movilicen y luchen contra el Estado y los gobiernos capitalistas con métodos de la clase obrera o no? ¿Los enfrentamientos dentro de las fuerzas represivas de la base contra la cúpula militar favorecen a los trabajadores o fortalecen al Estado burgués? ¿Crean o no mejores condiciones en la preparación de una situación revolucionaria y la destrucción de estas instituciones represivas? ¿Es mejor que triunfen o que sean derrotados? Para nosotros, las respuestas son positivas y por eso nuestra política de apoyo a estas luchas.

El PTS y el Nuevo MAS sacan la conclusión opuesta. Son luchas reaccionarias y hay que estar en contra. Con ello, frases “izquierdistas” aparte, le hacen un gran favor a la burguesía, pues acaban militando por la derrota de procesos progresivos y, de esta forma, alejan a la clase obrera de una política de destrucción de estas instituciones.

En esto queremos ser categóricos: estas organizaciones acaban haciendo unidad con la burguesía, los gobiernos y los regímenes capitalistas. Por ejemplo, el Nuevo MAS, agregó a su análisis de por qué estaba en contra de esta lucha una supuesta “dinámica peligrosa de cuestionar por la derecha a las autoridades constituidas”. Este partido, al igual que toda la patronal y el gobierno argentino, quedó alarmado porque una posible victoria de los reclamos salariales de los gendarmes insubordinados colocaba “en cuestión su ‘subordinación’ al poder político”. ¿Poder político de quién? No puede ser otro que el de la burguesía argentina a través del gobierno de Cristina K.
Creemos que este análisis es totalmente equivocado. Nunca se trató de un intento de golpe sino de un reclamo salarial. Podía haber sido una intentona golpista que cuestionase las libertades democráticas, pero no fue. Pero, incluso en el marco –y a partir de- ese profundo error de caracterización, la política del MAS es totalmente inconsecuente porque, si estuviéramos delante de un golpe militar, debería haber llamado a los trabajadores y hasta a sectores burgueses “institucionalistas” a una amplia unidad de acción que enfrente con la movilización este potencial golpe reaccionario. En otras palabras, en el marco de un análisis totalmente equivocado, un abstencionismo criminal frente al supuesto golpe que denunciaban.

Pero, como no se trató de un golpe, en los hechos quedaron defendiendo a las “autoridades constituidas” de una lucha salarial que las enfrentaba como “poder político”. Tal fue el papel vergonzoso del Nuevo MAS –que lo dijo abiertamente- y también del PTS.

Finalmente, digamos que la principal organización de la izquierda argentina, el Partido Obrero (PO), no tuvo una posición frente a los hechos. Aunque parezca increíble, en sus materiales hay muchos análisis sobre lo que generó este conflicto pero es imposible saber si el PO estaba en contra o a favor de la lucha de los gendarmes y policías navales. Frente a un hecho que sacudió la vida política argentina, el PO dijo “gracias, no fumo”, o sea no tomó partido frente a ese enfrentamiento lo que también equivale a una posición pacifista y una capitulación al gobierno y la cúpula militar argentina.


[1] La protesta de los represores abrió una crisis política, 4/10/2012, disponible en el sitio web del PTS.
[2] ROS, Jonatan: La continuación del pacifismo por otros medios, 18/10/2012, publicado en La Verdad Obrera Nº 497.
[3] ROJO, José Luis: Un análisis de clase de las fuerzas de seguridad, 18/10/2012, publicado en el sitio web de Socialismo o Barbarie, corriente internacional liderada por el Nuevo MAS argentino.



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