"Hasta ahora, los filósofos han tratado de comprender el mundo; de lo que se trata sin embargo, es de cambiarlo" Karl Marx

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domingo, 18 de marzo de 2012

Dictadura para principiantes

Mensajes sobre los peligros de andar por la calle. Historietas protagonizadas por militares. Proféticas siluetas vacías que representan a los que no están. Profusión de lenguaje bíblico. Insinuaciones racistas. Ausencia de discapacitados, viejos y hasta adolescentes. Y todo en pos del orden, la familia y el trabajo. Esto es exactamente lo que Paula Guitelman encontró bajó las coloridas tapas de los Billiken publicados bajo la última dictadura.
“Billiken: Un 10 en la escuela”. ¿Quién no recortó alguna vez sus figuritas, subrayó sus efemérides o dibujó un bigote sobre un héroe de mayo? Tras ese mundo de blancas palomitas visitado por generaciones argentinas se oculta otro un poco más oscuro, más silencioso y sin dudas más sorprendente. En La infancia en dictadura. Modernidad y conservadurismo en el mundo de Billiken, Paula Guitelman, graduada en Comunicación, docente e investigadora, se ocupó de revisar los ejemplares correspondientes al período 76-83 y se encontró con un reino entre fantástico y espeluznante que con cándido fervor cientificista se ocupó de escribir la vida cotidiana dictatorial, purgada de su lado oscuro, y satisfaciendo la pulsión de orden que desvelaba al gobierno militar.

La revista Billiken comenzó a salir en 1919 y se sigue editando hasta hoy, cuando además cuenta con un sitio web (billiken.com.ar). Icono cultural de la clase media y nunca opacada por su inconstante rival Anteojito, su colección completa se ha convertido casi en material “incunable” que se guarda con inusitado celo en alguna privilegiada biblioteca nacional. Paula Guitelman nació en el ‘77, tiene 29 años, y su primer contacto con la revista fue como lectora de la Billiken democrática. A la otra accedió a través de hemerotecas a partir de 2002 y gracias a una beca de investigación colectiva Ubacyt que puso el foco en el “tradicionalismo” de la Editorial Atlántida y que en su caso terminó primero como tesina y ahora como libro.

Las revistas para adultos de la editorial mostraban una posición totalmente funcional a la dictadura; a mí me interesaba saber qué pasaba con la revista infantil, si aparecía o no en Billiken alguna alusión al golpe militar. Lo primero que me sorprendió fue la omisión total de la dictadura. No sólo porque no aparece mencionada en ningún lado sino también porque resulta raro que en un revista que recurría permanentemente a cronologías tales como “Qué fue lo más importante que pasó en el año 1976” o “en 1977”, el 24 de marzo no apareciera y en cambio sí se celebrara el centenario del nacimiento de Constancio C. Vigil (fundador de la revista) o los premios de Nadia Comaneci.

Autorreferencial, moralizante, dueña de una euforia cientificista casi profética, obsesivamente higienista y hasta racista; en fin, un perfecto compendio del peor sentido común argentino. ¿Operación macabra o la mayor sutileza en el arte de la coerción infantil? Guitelman prefiere evitar el juicio: “Cualquiera puede ver estas notas, todo estaba ahí. Y cualquier padre puede haber comprado las figuritas del 25 de Mayo para su hijo sin advertir que en los detalles más pequeños se estaba legitimando la idea de autoridad, obediencia y disciplina. Por eso me interesó la revista: era la entrada a una vida cotidiana que se continuaba más allá del miedo”.

SIN HISTORIA, SIN CONFLICTO
Fomentada por padres y maestros, Billiken siempre tuvo secciones fijas en coincidencia con la organización escolar. “Es notable lo poco que queda en la división que hacía la revista para las Ciencias Sociales: con suerte queda la Geografía. Y si aparece algo referido a la Historia es siempre a una historia universal o a una historia argentina remota, siempre como una visita al museo. Del presente, nada. El conflicto no aparece ni explícita ni implícitamente. En el mundo Billiken, no hay o no encontré, un hermano que se pelea con otro, un padre que discute con un hijo, algún cuestionamiento a la autoridad, y menos que menos una protesta en el espacio público. El espacio público es sólo para circular y en este marco sorprende la insistente cantidad de notas relacionadas con la seguridad vial: la calle es peligrosa”, dice Guitelman.

TECNOFILIA
La hipótesis de la autora es que en Billiken se da una paradoja fundamental: la de un modernismo-conservador, una euforia cientificista que se combina con los valores más retrógrados. “En un contexto donde lo político aparece totalmente omitido, la palabra ‘orden' aparece continuamente y la exaltación de la ciencia se realiza de la mano de la disciplina, la transparencia, la vigilancia y el control”, cuenta Guitelman. “El lenguaje bíblico se cuela en toda la revista. Una edición aniversario dice que Billiken nació para alcanzar la ‘pacificación espiritual' y aun cuando los nuevos Mesías sean la máquina o una inteligencia endiosada, muchas veces las notas terminan en un “que así sea”. Sólo falta el Amén. Casi una Biblia para chicos.

QUIEN ES QUIEN
Las notas favoritas de Billiken en esa época son las que descubren los quehaceres del barrio: “Un paseo para ver quién trabaja” o “Quién es quién en la esquina de tu casa”, donde una ilustración a doble página muestra los distintos negocios del barrio (la panadería, el banco, los bomberos, el correo, la carnicería) y también, a modo de espeluznante profecía, las siluetas blancas de los que no están. “Eso es lo que le importa a Billiken: que uno sepa quién es quién, acostumbrar al chico a ser claro, a tener roles precisos, a saber con quién habla. Todo tiene que estar claramente ubicado, ordenado. También hay secciones como ‘Secreteando misterios' donde incluso se dice ‘siempre es muy lindo tener alguna incógnita para develar'. Es muy fuerte toda esa cosa detectivesca cuando no se estaba exactamente jugando a las escondidas.”

AUSENCIAS
Un dato llamativo para Guitelman es que en Billiken no hay jóvenes ni adolescentes. “Como si los chicos que leen la revista no tuvieran hermanos o primos que trabajaran o que fueran a la universidad. Tampoco casi aparecen abuelos. Como si todo aquel que pudiera contar cómo eran las cosas antes o en ese momento estuviera ausente. Sólo hay niños y padres jóvenes, una prolijita familia nuclear que se mantiene segura en el hogar. Discapacitados, nunca; tampoco chicos de otras religiones. Hay uno del que se dice que es judío pero que, sorpresivamente, también va a la iglesia.”

RAZA BLANCA
“El trato a los otros raciales es increíble –dice la investigadora–. En una nota se dice ‘Vos, yo y la raza blanca', dando por supuesto que ese ‘vos', destinatario de esta revista, y ‘yo', quien la escribo, somos del mismo palo. El niño Billiken es blanco, rubiecito y de ojos verdes; un niño único y esencial frente a la masa informe de otros, el ‘japonesito de ojos oblicuos' o el ‘negrito de pelo crespo'.”

VIRILES
Dentro de la lógica de omisiones casi fantásticas que operan en la revista, Guitelman se sorprendió de encontrarse con el Coronel Leal. A tres o cuatro meses del golpe aparece una historieta llamada Operación 90: las Fuerzas Armadas, representadas como defensores de la patria y como conquistadores del “desierto”, deben llegar al Polo y plantar la bandera argentina. “El protagonista es el Coronel Leal, un hombre que ‘no duda del cumplimiento de su objetivo final', que siempre tiene la ‘sangre fría'. En uno de los cuadros, el Coronel Leal ha triunfado, se emociona y llora, pero la historieta se ocupa de aclarar que sus lágrimas son viriles, lágrimas de hombre”, señala Guitelman.

QUE PREMIOS
En Billiken los militares no sólo libran batallas; también se mantienen junto a las aulas para premiar “mejores alumnos” y “conductas ejemplares”. ¿Cómo? Llevándolos a pasear por los lugares “históricos, culturales, tecnológicos y turísticos más importantes de región”: la central nuclear Atucha, la represa de Salto Grande, el monumento a la bandera de Rosario o los hornos de Zapla. “Todo tiene que ver con esa óptica científica, técnica, ingenieril que se buscaba imponer”, dice Guitelman.

PLATITA
Otra de las sorpresas fue la constante aparición del dinero en una revista para chicos. “No sólo se subraya el dinero y la propiedad privada desde una perspectiva utilitaria, también por lo cuantificable, lo medible, lo ordenable. El pobre está totalmente omitido y se da por supuesto que los chicos ahorran. Y en el momento de organizar la asignación mensual lo primero que aparece es ¡la suscripción anual a Billiken!”, cuenta Guitelman. Pero lo más escalofriante para ella de todo fue encontrar una lista que enumeraba las cosas que el niño no puede comprar: una conciencia tranquila, la garantía de no tener pesadillas, un documento de identidad. “Es una lista de ironías: al día de hoy hay muchos chicos que desconocen su identidad.”

OPERACION PLANCHADO
Billiken no duda de los roles de género. “Siempre hay un padre que mantiene el hogar y una madre ama de casa. No se espera de la niña otra cosa que aprenda a ser como su mamá. Los hombres pueden ser astronautas y manejar tecnología de punta, la mujer cocina, aprende corte y confección, y a lo sumo maneja la licuadora; su mayor expedición es ir al supermercado. Me reí cuando encontré una nota en la que se muestra que los hombres miden con regla y las mujeres con cucharas y tenedores”, dice Guitelman.

EL CUERPO
Si la primera tapa de Billiken (1919) fue la estampa de un chico despeinado y embarrado en el potrero, para la segunda mitad de los ‘70 desaparecen las barras de amigos y ganan las imágenes individuales, donde el cuerpo se presenta como máquina. “Por eso elegí para la tapa del libro la imagen de una muñeca que muestra los engranajes de un grabador. El ser humano es una máquina que puede reír, llorar y, en letras chicas y como dicho en voz baja, que también cuenta con un mecanismo de reproducción, como para que nadie pregunte demasiado”, sonríe la autora. Además, cuando se habla del control de la salud siempre aparece bajo metáforas bélicas: “guerra contra las caries”, “disparen contra la gripe” o las vacunas “veneno contra veneno”. La idea de extirpar lo disfuncional se hace presente hasta en el consultorio del pediatra.

La infancia en dictadura
de Paula Guitelman
Ed. Prometeo Libros

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