"Hasta ahora, los filósofos han tratado de comprender el mundo; de lo que se trata sin embargo, es de cambiarlo" Karl Marx

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viernes, 17 de octubre de 2014

Luciano Arruga PRESENTE

¿Dónde está Luciano?
 
Luciano Arruga PRESENTE!!!
Nos preguntábamos miles y los mismos miles de uno y otro modo lo estábamos buscando y hoy, por fin, sabemos dónde se encontraba y lo que en un primer momento fue para mí alegría ahora es bronca y más ganas de seguir la pelea para que haya JUICIO Y CASTIGO PARA TODOS LOS RESPONSABLES DE SU ASESINATO!!!

miércoles, 18 de septiembre de 2013

DESAPARECIDO/APARECIDO/DESAPARECIDO Julio López

¡Qué triste tener este record!  Pasar a la historia como el más célebre de los muchos desaparecidos en democracia de Argentina.
Sobre Julio López recae el fatídico título.  Julio, uno de los tantos que se animó a denunciar y declarar frente a los represores y torturadores que lo secuestraron durante la última dictadura militar.

Hasta aquel día en que lo escuchamos declarar pocos lo conocían y luego su nombre comenzó a estar en boca de todos.  Hoy, siete años después de su desaparición aun NO SABEMOS NADA   Cómo se explica eso?  Personalmente no lo entiendo!

Por eso, cuando encontré la imagen que precede estas palabras me hice eco de la pregunta: “cuál es la década ganada”  Quién ganó, quiénes ganaron!?  Si hubo ganadores, si hay ganadores ese seguro que no es Julio López!!!

Han pasado siete de los diez años de gobierno kirchnerista. Un gobierno que se ufana de ser el mayor defensor de los derechos humanos; los que bajaron el cuadro, los que iniciaron los juicios de lesa humanidad, los que les abrieron la Rosada a Madres y Abuelas por igual, etc. y aunque en parte es verdad, y nobleza obliga es de reconocérselo, es durante este periodo de gobierno que no sólo es López quien ha desaparecido por razones políticas y represión policial e institucional.  Es este gobierno quien impulsó y avaló el Proyecto X y la Ley Anti Terrorista, quien ha mantenido relaciones non santas con lo peor de la burocracia sindical sólo por citar una serie de ejemplos de un calibre importante.  Pero no puedo evitar recordar, que también fue y es este gobierno y gobernadores de éste quienes persiguen a pueblos originarios y han profundizado del modelo extractivista y la sojización que impulsa el modelo.

Y volviendo a lo que uno reconoce: no me alcanza con un cuadro bajado, ni las puertas abiertas de la Rosada.  Si alguien debería tener respuestas es este gobierno.  Gobierno que pudo hacer cuanto ha hecho (no demasiado por cierto) en materia de derechos humanos por la inmensa movilización que durante más de treinta años cientos, miles hemos llevado adelante.  Sin nosotros, “partidarios y opositores” del modelo, nada se pudo haber hecho.  Argentina es el único país donde se condena a genocidas porque nunca dejamos de luchar y no porque un día un gobierno X lo incluyó en su agenda.  Esto, para mí es digno de que se reconozca, de lo contrario, no habrá verdadera VERDAD, MEMORIA y JUSTICIA.


JULIO LÓPEZ PRESENTE

domingo, 16 de septiembre de 2012

¡¡¡NUNCA MÁS OTRA NOCHE DE LOS LÁPICES!!! 16 de septiembre 1976-2012 (En defensa de la Memoria y la reconstrucción de la historia)

No los desaparecieron porque sí, no los asesinaron sólo por luchar por un boleto gratuito de colectivo.
Lo hicieron porque eran unos luchadores políticos dignos de imitar y por ende jóvenes llenos de ideales y compromiso con un único norte: “ALCANZAR UN MUNDO DONDE QUEPAMOS TODOS COMO IGUALES”

El 24 de marzo de 1976 las Fuerzas Armadas argentinas dieron un golpe de Estado e iniciaron una represión que, dirigida declaradamente contra las organizaciones guerrilleras, tenía por objetivo disciplinar a la sociedad y reconfigurar económicamente al país.

En este marco, los estudiantes y particularmente los jóvenes de la escuela secundaria no fueron la excepción.  Así, mediante el “Nunca Más” de la CONADEP conocemos que al menos unos 250 chicos y chicas de entre 13 y 18 años fueron víctimas de la dictadura y hoy se encuentran desaparecidos.
Entre los estudiantes desaparecidos se cuentan aquellos que secuestrados entre el 16 y 21 de septiembre de 1976 en la ciudad de La Plata conocemos como los chicos y chicas de “La Noche de los Lápices”, nombre con el que los represores denominaron al operativo llevado a cabo por el Comisario Miguel Etchecolatz, creador de los grupos operativos (COTI) que actuaron en toda la provincia de Buenos Aires.
Durante su secuestro, Francisco Muntamer, María Claudia Falcone, Claudio Acha, Horacio Ángel Ungaro, Daniel Alberto Racero, María Clara Ciochini, Pablo Díaz, Patricia Miranda, Gustavo Calotti y Emilce Moler, sin excepción, éstos jóvenes fueron sometidos a torturas y vejámenes en distintos centros clandestinos de detención: el Pozo de Arana, el Pozo de Banfield y la Brigada de Investigaciones de Quilmes.  Seis de ellos (Francisco, María Claudia, Claudio, Horacio, Daniel y María Clara) continúan desaparecidos y se presume que fueron fusilados en el sótano de la Jefatura de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, a principios de 1977

Todos, desaparecidos y sobrevivientes eran estudiantes secundarios de diferentes colegios de la ciudad de La Plata y militantes de la UES, uno de los frentes de masas de Montoneros, con excepción de Pablo Díaz que militaba en la Juventud Guevarista.  La mayoría de ellos habían militado y luchado movilizándose en la primavera del 75 por el Boleto Estudiantil Secundario, el que por cierto ganaron y luego la dictadura habría de derogar.

Desde aquel 16 de septiembre, desde aquel operativo policial el destino los llevó, nos llevó a relacionar a esos jóvenes con las manifestaciones por el Boleto Estudiantil (primavera del 75), dejando en un segundo plano su condición de militantes políticos además de estudiantes.
De este terrible hecho, comenzamos a cobrar conocimiento cuando Pablo Díaz, uno de los sobrevivientes declaró en el Juicio a las Juntas Militares en 1985, el 9 de mayo de ese año, en la Sala de Audiencias de la Cámara Federal donde pudimos escuchar estas palabras:

“Díaz: El 16 de septiembre de 1976, en procedimiento son levantados chicos, estudiantes, yo era estudiante secundario en ese momento, yo me entero de esto al día siguiente por una relación que habíamos tenido, por un pedido de boleto escolar secundario; me interiorizo con amigos, pienso en ir a presentarme a una comisaría e ir a verlos, yo creía que estaban en comisarías, no lo hago, dejo pasar el tiempo, el 21 de septiembre de 1976 a las cuatro de la mañana se detienen cuatro vehículos, esto lo sé cuando, que eran cuatro vehículos…
Dr. D´Alessio: Perdón, para no perder el hilo cronológico, ¿qué relación explicó Ud. tenía con otros muchachos que habían sido detenidos?
Díaz: Porque después los veo en campos de concentración.
Dr. D´Alessio: No, me refieroa qué vinculación tenía Ud.
Díaz: Por el boleto secundario, por el pedido que habíamos ido a hacer y por la relación del grupo de la Coordinadora de Estudiantes Secundarios que había en La Plata, éramos varios chicos de colegios secundarios todos de edad de catorce a dieciocho años y nosotros habíamos ido al Ministerio de Obras Públicas, en ese momento manejaba el transporte y fuimos viéndonos.  De vista, no nos conocíamos en sí, yo después cuando me encuentro con ellos en distintos campos donde estuve voy relacionando todo esto y después por los interrogatorios que me hacen a mí”

A partir de este momento Pablo Díaz, uno de los sobrevivientes, se convirtió en un emblema para el estudiantado secundario.  Más aun, su voz, se oponía a la de aquellos que intentaban minimizar los crímenes de la dictadura.  “Yo tengo las cosas claras: creo que en toda masacre siempre queda un sobreviviente para contarlo y hacer condenar a los culpables.  Ése es mi compromiso con los chicos” (La Semana, 19/9/85)   Con estas palabras iba más allá de convertirse en un emblema sino que instauraba la necesidad de refundar las luchas sociales.

¿Por qué la condición de militantes políticos cedió paso a militantes por el boleto estudiantil secundario?

Becado por una institución internacional, Pablo comenzó un derrotero de charlas que sumaron más de tres mil, entre 1986 y fines de 1988, en diferentes escuelas primarias y secundarias del país. 
El objetivo estaba claro: “lograr la transmisión de la experiencia de los jóvenes estudiantes y así favorecer que los nuevos estudiantes y la sociedad toda se apropiaran de la historia, del reclamo por justicia y de las prácticas participativas”
Más allá de su claridad, su tarea no fue para nada fácil y su relato se vio condicionado por el contexto en el que se dieron las primeras charlas.
Entrevistado por el historiador Federico Lorenz, supo decir: “Yo al principio le tenía mucho temor al qué dirán y le tenía mucho temor al que me separen”  Con que lo “separen” se refería al temor que sentía de que fuera rechazado o no le permitieran dar la charla en tal o cual colegio por haber sido un militante político.  Aquellos días eran mucho más difíciles que los de hoy día en materia de derechos humanos.  Si bien toda la sociedad, o casi toda, acompañaba el reclamo de justicia, condenaba las desapariciones y torturas y particularmente sobre La Noche de los Lápices, había coincidencia de que se trataba de una atrocidad.  El punto de vista cambiaba, si se hacía presente el hecho de que estos chicos y chicas, Pablo en particular, no sólo eran militantes políticos sino militantes relacionados con organizaciones guerrilleras como Montoneros y el ERP.  En aquellos días nadie se atrevería a decir que esos jóvenes se merecían los que les había sucedido, ahora bien, sobre aquellos relacionados a organizaciones guerrilleras, desgraciadamente un halo de culpabilidad recaía sobre ellos.
Como decíamos, la presión del contexto jugó para que dé a poco el “boleto se volviera protagonista”. 
Tengamos en cuenta que cuando una charla era organizada en un colegio secundario, no era toda la escuela quien la promovía, sino un grupito de alumnos/as que vía la charla con Pablo la posibilidad  abrír la puerta a las Madres, a las Abuelas a otros sobrevivientes y esos estudiantes, con esas acciones volvían a reorganizar los centros de estudiantes que a partir del 76 dejaron de funcionar. 
Pablo, les llamó a estas acciones “semillas” que él junto al grupito de estudiantes iban sembrando para pelear con las direcciones para formar los centros de estudiantes.  Los jóvenes se volvían a apropiar de la política, de una lucha por el poder dentro de los colegios.  Cabe recordar que muchos directivos y docentes fueron “cómplices” de la dictadura y al retomar la democracia, muchísimos de ellos se mantenían en sus puestos de trabajo.
Otra razón para que se sucediera este desplazamiento, fue la inminencia de las Leyes de Obediencia Debida y Punto Final.  Era absolutamente necesario mantener la movilización y Pablo, como orador-sobreviviente sentía que tenía que generar el debate en las casas.

El libro, la película, las escuelas secundarias y la transposición didáctica en las aulas de hoy

En “Combates por la Memoria”, Federico Lorenz nos cuenta una anécdota personal: -¡Lo tenés que leer!- Le decía un compañero de la escuela secundaria en el invierno del 86, mientras le entregaba el libro “La Noche de los Lápices”.  Esta escena se fue repitiendo a lo largo y ancho de toda la Argentina, el estudiantado secundario, dice Lorenz, tenía que leer, no podía no saber cuánto había sucedido durante la dictadura.
Esa “obligación” de saber, más las denuncias que se sucedían a diario y que cualquiera medianamente informado podía encontrar en los medios de comunicación favorecieron la proliferación de Centros de Estudiantes Secundarios y por aquellos años ochenta confluyó en la creación de la FES (Federación de Estudiantes Secundarios) y de la mano de estas organizaciones el “boleto” volvía a tornarse una necesidad, más aun, en muchísimos casos fue el pase, el descubrir de la política para estos jóvenes.
Si había quienes no leyeron el libro, éstos se encontraron con el film de Héctor Olivera en 1986 y ya no hubo marcha de La Noche de los Lápices, masivas por cierto, en aquellos años que no contara con la presencia de Pablo, algún otro sobreviviente o familiar de los desaparecidos. 

El libro, y sus tres capítulos: “Crecer en la tormenta”, “La noche” y “La memoria”  si menciona la militancia política de estos jóvenes pero tiene el agravante de diluir los hechos no mencionando que la UES era la expresión estudiantil de Montoneros por ejemplo entre otros aspectos que se omiten o tergiversan. 
Por otra parte, para Lorenz (postura con la que acuerdo), se construye una fuerte jerarquización en relación con el deber de recordar y testimoniar: “Festejamos la reaparición de Pablo Díaz y su devoción por la memoria” afirman los autores del libro.
El libro, deja entrever una culpabilización de quienes no dieron testimonio.  Los autores del mismo sostienen que las declaraciones de Emilce Soler y Patricia Miranda, sumadas a las declaraciones de Pablo hubieran obligado a la Cámara Federal a aceptar que todos los chicos fueron salvajemente torturados.
Esta última oración hoy nos resultará totalmente condenable, aunque podemos “entenderla” en el marco de aquellos años pero así y todo, y hoy más que nunca, no podemos, no debemos condenar a aquellos que no pudieron hablar en su momento y además, tenemos que tener presente que muchos que ayer callaron hoy son quienes se sientan ante sus captores para que la justicia les aplique las penas que las leyes de impunidad de los ochenta o los indultos les permitieron no cumplir.

La película, tal vez sea la que la mayoría de los adolescentes, incluidos los de hoy día conozcan.  Esta también conspiró de algún modo con la Memoria, más allá de que sus intenciones fueran otras.
Con el asesoramiento de Díaz y Jorge Falcone, hermano de Claudia, Olivera también pasó por las dudas de qué contar en el film y se decidió de que aunque crudas, había escenas que no podían faltar y esto conspiró con las verdaderas intenciones.  El film, nos muestra que el único sobreviviente es Pablo, primer gran error y como supo admitir Pablo Díaz, lo que se pretendía no se logró.
Pero más allá de errores y omisiones la película llegó a transmitirse a toda la población por la televisión abierta el 26 de septiembre de 1988, alcanzando una proyección de tres millones de televidentes obteniendo el tercer puesto en la historia del rating después de la llegada del hombre a la Luna y el Mundial 78.  El año 88 también fue el año en que la provincia de Buenos Aires instauró el 16 de septiembre como el “Día de los Derechos de los Estudiantes Secundarios” en el calendario escolar.  Hoy ese día se conmemora con otro nombre tras el cambio que le impuso el ex presidente Néstor Kirchner, y a diferencia de años anteriores, ya no se les da asueto a los estudiantes para poder movilizarse y repudiar a la dictadura.

Desgraciadamente, hoy y a pesar de los años transcurridos la película sigue siendo exhibida en los colegios, no es que esté mal hacerlo, sino que se la proyecta sin interpelarla.  Asumiendo como verdades lo que ella muestra.  Así, es que se ha multiplicado por ejemplo la idea de que estos jóvenes les pertenecen a sectores relacionados al peronismo, más en los días que corren y peor aún, todavía vemos y escuchamos en las aulas, en la calle, en las redes sociales y en los mismos militantes políticos estudiantiles que los reivindican como chicos y chicas que luchaban por el Boleto Estudiantil.

Como sea y más allá de cuanto aun nos resta por revisar de nuestra historia reciente hoy, todos y todas tenemos la obligación de gritar bien fuerte: “¡NUNCA MÁS OTRA NOCHE DE LOS LÁPICES!”

Fuente:
CONADEP, Nunca Más, Buenos Aires, Eudeba, 1984
Lorenz, Federico, Combates por la Memoria: huellas de la dictadura en la historia, Buenos Aires, Capital Intelectual, 2007

jueves, 13 de septiembre de 2012

DIECISIETE REPRESORES CONDENADOS, CATORCE A PERPETUA, POR CRIMENES DE LESA HUMANIDAD EN BAHIA BLANCA


Donde se escondan los iremos a buscar!!!

Con un reclamo contra la complicidad mediática
El tribunal ordenó que se enviara a los condenados a una cárcel común y que se investigara a los directivos del diario La Nueva Provincia. El juicio lo llevaron adelante jueces subrogantes porque los locales no garantizaban independencia.
Bahía Blanca empezó ayer a rendir cuentas con su pasado. Un tribunal integrado por jueces subrogantes, con la independencia que los titulares no garantizaban, condenó a prisión perpetua a catorce represores por delitos de lesa humanidad durante “la última dictadura cívico-militar”, enfatizó Jorge Ferro al leer la sentencia. El tribunal ordenó que se revoquen excarcelaciones y arrestos domiciliarios y que se envíe a los condenados a una cárcel común; pidió que se investigue al ex capellán Aldo Vara, a quien la Iglesia Católica escondió en Cuyo, y que se envíen a primera instancia las publicaciones del diario La Nueva Provincia, que además de comunicados para encubrir fusilamientos publicaba fotos que sólo los servicios de inteligencia tenían. Los jueces solicitaron que se investigue a los directivos del diario, hoy a cargo del apologista de la tortura Vicente Massot, por posibles “delitos de acción pública”.
“Además de justa fue una condena muy valiente, que indica por qué camino hay que seguir: La Nueva Provincia y los religiosos”, señaló el fiscal Abel Córdoba en medio de mil abrazos. “No me sorprendió, confirma las hipótesis de la fiscalía: los directivos del diario no sólo deben ser investigados por los asesinatos de Heinrich y Loyola”, agregó en referencia a los delegados gremiales secuestrados, torturados y asesinados en 1976. “Fue un gesto de enorme valentía”, destacó el ex fiscal general Hugo Cañón, que impulsó la causa cuando Bahía era tierra arrasada. “Fue una condena ejemplar, parecía una utopía”, celebró.
La jornada comenzó con las últimas palabras de Jorge Granada, el militar que en 2003 ayudó a escaparse a su amigo Luis Patti. “Soy víctima de un Poder Judicial sesgado”, dijo. “No tengo motivo para decir que los jueces son arbitrarios –se desdijo en segundos–, pues no tuvieron inconvenientes en desprocesarme” (por su rol en el Batallón de Inteligencia 601). “Para derrotar la subversión soy consciente de que se ha lastimado a familias, pero hoy se sigue haciendo lo mismo amparados en leyes”, se permitió comparar.
La fiesta arrancó con un acto de agrupaciones de izquierda y familiares. “Lo importante es que estamos todos en la calle. Hay que escuchar todas las voces sin censurar ninguna expresión”, explicó Nora Cortiñas, de Madres Línea Fundadora, quien destacó la necesidad de investigar las desapariciones de Julio López y Luciano Arruga y de avanzar con los crímenes de la Triple A. Sobre el escenario un músico dedicaba un tema “a la memoria de Pepe Zamorano”, un cura con quien se formaron varios pibes que terminaron desaparecidos. Zamorano murió el domingo a los 80 años.
La lectura de la sentencia fue a sala completa: 280 personas en el aula magna de la Universidad Nacional del Sur. Veinticuatro policías y gendarmes rodearon a los imputados, a quienes acechaban las temibles Nora Cortiñas y Celia Korsunsky, Madre de Bahía Blanca. En la misma fila estuvo el intendente Gustavo Bevilacqua. A la izquierda los fiscales Córdoba, Horacio Azzolín y Félix Crous, con el equipo de la Fiscalía, y los querellantes. A la izquierda, en silla de ruedas, el ex camarista Luis Cotter, quien presidió el primer tribunal que declaró inconstitucionales la obediencia debida y los indultos.
Ferro, que comparte tribunal con José Triputti y Martín Bava, arrancó con la lectura de las desestimaciones. La primera perpetua fue para el general Juan Manuel Bayón. La sala aplaudió varios segundos, igual que con las trece perpetuas que siguieron. Los imputados escucharon las condenas sin inmutarse, con tres excepciones: Carlos Ta-ffarel se rascó la bocha, Jorge Masson negó con la cabeza y Vicente Forchetti masticó chicle y miró la hora cuando la enumeración de delitos parecía interminable.
Ferro detalló en cada caso nombres de víctimas y delitos imputados: privaciones ilegales de la libertad, tormentos agravados, homicidios calificados por alevosía, por la cantidad de asesinatos y la planificación de la impunidad, y sustracción, retención y ocultamiento de menores por los nacimientos en cautiverio de los hijos de Graciela Romero y Graciela Izurieta, que aún no recuperaron su identidad.
El tribunal afirmó por unanimidad que los delitos son “crímenes de lesa humanidad”, en tanto Ferro y Bava consideraron que “se perpetraron en el marco del genocidio sufrido durante la última dictadura cívico-militar”. La sala estalló en un aplauso cuando Ferro leyó que se ordenaba el cumplimiento de la pena en “una prisión común” del Servicio Penitenciario Federal y, de no haber cupo, del provincial más cercano a los (ex) domicilios de los condenados. El tribunal también pidió las respectivas bajas al Ejército, Policía Federal y Servicio Penitenciario, y a la presidenta de la Nación, la destitución de los militares.
El punto 34 fue el pedido de investigar a los Massot. Por los asesinatos de los ex delegados Heinrich y Loyola, sobre los que (des)informaron en veinte líneas cuando aparecieron los cadáveres y nunca volvieron a mencionar, hay ocho marinos y prefectos con procesamiento firme. El tribunal pide ahora que se investiguen posibles delitos que surgen de las publicaciones. El fiscal Córdoba pidió el año pasado que se allanara la sede del diario, pero ni el ex juez Alcindo Alvarez Canale ni el juez ad hoc Eduardo Tentoni se animaron a dar ese paso.
“¿Dónde está mi hermano?”, les gritó Adriana Metz a los condenados cuando concluyó la lectura de la sentencia. Mario Méndez, “El loco de la Guerra” en el recuerdo de los colimbas, reaccionó y se trenzó a gritos con Nora Cortiñas. Cañón y Eduardo Hidalgo, secretario general de la APDH bahiense, se abrazaban y lloraban.
“Son asombrosos, independientemente de la magnitud de las condenas, los efectos civiles y políticos de algunos puntos de la sentencia, como la orden de dar de baja a los condenados. Me sorprendió gratamente la orden de investigar a La Nueva Provincia”, destacó Martín Fresneda, titular de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación. “Empezamos a caminar”, se esperanzó Celia Korsunsky, con su pañuelo blanco sobre la cabeza, y cerró con una pregunta: “¿Se animarán con La Nueva Provincia?”.
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-203281-2012-09-13.html

martes, 7 de agosto de 2012

El 106 ya tiene nombre. Otro nieto más y vamos a encontrar a todos…


Pablo Javier Gaona Miranda

El 106 es número de Pablo Javier Gaona Miranda, el último de los nietos que recuperaron su identidad por la lucha y tenacidad de las Abuelas de Plaza de Mayo.
Este joven, el 106, como posiblemente él mismo se identifique supo contar Estela de Carloto, haciendo referencia a los otros nietos que se llaman a sí mismos el 68, el 82 y demás.
Mucho más no puedo decir, escribir así que sólo digo QUÉ ALEGRÍA QUE TENGO, CADA VEZ FALTAN MENOS PARA QUE LOS REUNAMOS A TODOS!!!

sábado, 28 de julio de 2012

NO A LA ADMISIÓN DE LOS GENOCIDAS EN LA UBA

Adhesiones: enviar un mail a: nogenocidasenuba@gmail.com con el texto adhiero a la solicitada antes del miercoles 01 de Agosto.
NO A LA ADMISIÓN DE LOS GENOCIDAS EN LA UBA

Las personas e instituciones abajo firmantes repudiamos el intento de represores involucrados en la última dictadura cívico-militar de inscribirse en la Universidad pública. Desde hace por lo menos dos años, los/as coordinadores/as, docentes y estudiantes del Programa UBAXXII de educación en cárceles han soportado hostigamiento y amenazas. Las autoridades, agrupaciones y centros de estudiantes privados de su libertad, el gremio de docentes universitarios y distintos organismos de derechos humanos han repudiado estas agresiones. La Universidad de Buenos Aires, así como otras universidades nacionales, estuvo intervenida entre 1974 y 1983, y su comunidad académica fue objeto del plan de exterminio perpetrado contra el pueblo argentino durante esos años. Miles de docentes, graduados/as, estudiantes y no docentes sufrieron persecución, secuestros, apropiación de bebés, torturas, asesinatos y desapariciones. Las luchas por Memoria, Verdad y Justicia van permitiendo terminar con la impunidad, condenar a los ejecutores del genocidio y también avanzar en la denuncia de sus instigadores, cómplices y beneficiarios. Nuestro repudio se funda tanto en los hechos perpetrados por el terrorismo de Estado -probados en sede judicial como delitos de lesa humanidad y por lo tanto imprescriptibles- como así también en los dichos y acciones presentes de quienes intentan justificar y perpetúan esos crímenes presionando, intimidando y en ocasiones secuestrando a testigos u ocultando la información sobre los/as desaparecidos/as y los bebés nacidos en cautiverio. La singularidad de estos crímenes, reconocida mundialmente, como la legislación internacional a la que adhiere nuestro país, los hace incomparables a cualquier otro delito por el que puedan estar acusados los que circunstancialmente comparten el encierro con los genocidas. Su inhabilitación para formar parte de la esfera pública está inscripta además en la condena social que pesa sobre ellos. Los Consejos Directivos de las facultades de Filosofía y Letras y Ciencias Sociales propusieron rechazar la admisión de condenados y procesados por delitos de lesa humanidad, posición que fue ratificada por la comisión especial conformada para asesorar al Consejo Superior. Solicitamos al máximo órgano de la UBA que se expida en el mismo sentido, rechazando el ingreso de los genocidas a nuestras aulas.

MEMORIA VERDAD Y JUSTICIA.

¡30.000 compañeros/as detenidos desaparecidos, presentes!

Firman:Liga Argentina por los Derechos del Hombre (LADH), Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos (MEDH),APDH, APDH (Santiago del Estero), APDH (San Luis),Comisión por la Memoria de Campo de Mayo, Asociación Anahi, Vecinos de San Cristobal contra la Impunidad, Liberpueblo, Asociación Ex Detenidos Desaparecidos (AEDD), Cátedra Libre de DDHH (FfyL-UBA),Elsa Pavón, Alicia Herbón, Pastor Arturo Blatesky, Atenor Fernandez,

UBA: Héctor Hugo Trinchero, Sergio Caletti, Dora Barrancos, Leonor Acuña, Graciela Morgade, Mario Margulis, Waldo Ansaldi, Damián Loreti, Inés Izaguirre, Alejandro Kaufman, Adriana Clemente, Carolina Mera, Mónica Cragnolini, Claudio Guevara,Silvia Llomovate, Alejandro Balazote, Américo Cristófalo, Sofía Thisted, Alcira Daroqui, Juan Pegoraro, Luis Tonelli, Leonor Arfuch, Mercedes Depin, Pancho Langieri,Alicia Entel, Julián Rebón, Maria Cecilia Scaglia

Inés Vázquez(UPMPM),Federico Montero (FEDUBA), Daniel Ricci (ADUBA) Felisa Micelli (CEMOP

Colectivo Agencia Rodolfo Walsh,Comunicación por la Libertad; Oscar Castelnovo (AgruPasión Para La Libertad)

EL LUNES 06 DE AGOSTO A LAS 17 HS EN EL AULA 108 DE LA FACULTAD DE FILOSOFIA Y LETRAS - CHARLA DEBATE SOBRE EL TEMA -

lunes, 23 de julio de 2012

Prohíben a un centro de estudiantes llevar el nombre de un desaparecido (en el Instituto de Formación Docente de Paso de los Libres, Corrientes)


Héctor "Pata" Acosta PRESENTE

La decisión fue tomada por la rectora y la vicerrectora, quienes están casadas con ex agentes de Inteligencia Civil del Ejército, uno de ellos vinculado a la causa por el secuestro de Héctor "Pata" Acosta, el joven objeto del homenaje.
Un pequeño gesto para reivindicar la lucha del estudiante desaparecido Héctor "Pata" Acosta provocó un conflicto público en la localidad correntina de Paso de los Libres cuando las autoridades del Instituto de Formación Docente prohibieron al Centro de Estudiantes utilizar el nombre del joven secuestrado en marzo de 1976. El escándalo estalló a dos meses de que comience el juicio oral por la desaparición del "Pata" Acosta, por la que serán acusados Ramón Genaro Díaz Bessone y Raúl Ángel Portillo, cuando la rectora del Instituto, Graciela Faez, y la vicerrectora, Irma Pitura, les enviaron una circular a los estudiantes para que elijan a una persona "más representativa" de la institución que el joven desaparecido.
A pesar de los motivos formales que argumentó Faez para oponerse a la decisión estudiantil, en Paso de los Libres se mencionan razones más personales para que la rectora rechace el nombre del joven desaparecido en el Centro de Estudiantes: Faez estuvo casada con Carlos Faraldo, ex agente civil del Ejército en el Destacamento de Inteligencia 123 y señalado como una de las personas que secuestró a Acosta. Como fue elevada sólo un parte del expediente, Faraldo no formará parte del juicio que comenzará el próximo 18 de septiembre en el que están acusados el ex comandante del Segundo Cuerpo del Ejército, Díaz Bessone, y Portillo, como jefe del Destacamento de Inteligencia 123.
Pero no es sólo la rectora quien tiene vínculos personales con represores en la localidad fronteriza. La vicerrectora Irma Pitura es la esposa de Rubén Darío Ledesma, también personal civil de Inteligencia y, aunque no está imputado en la causa, hay testimonios que lo vinculan junto con Faraldo en el secuestro de Acosta.
Ambos prestaron funciones en el Destacamento de Inteligencia 123 de Paso de los Libres y figuran en las listas que difundió el Archivo Nacional de la Memoria de personal civil de Inteligencia que revistó durante la dictadura en el Batallón 601 del Ejército.
También comparten la acusación en tres causas por delitos de lesa humanidad. Entre ellas por privación ilegítima de la libertad, torturas, tormentos, vejámenes y asociación ilícita cometidos en el Local 13 y la estancia La Polaca, donde funcionaron centros clandestinos de detención del Ejército para personas detenidas en el puente que une Argentina con Brasil.
"Casi 40 años después siguen temiendo a los fantasmas de esa época, tienen miedo a la militancia. Sabemos que Paso de los Libres es una sociedad muy conservadora, pero no lo podíamos creer cuando nos enteramos. Ambas pidieron licencia cuando se conoció todo", señaló Noelia Romero, quien cursa el profesorado de Historia y preside el Centro de Estudiantes que lleva como bandera el nombre de Héctor "Pata" Acosta.
El "Pata" Acosta era estudiante secundario de la Escuela Normal de Paso de los Libres y presidente del Centro de Estudiantes cuando el 22 de marzo de 1976 fue secuestrado de su casa por personas de civil provenientes del Servicio de Inteligencia 123. Según testimonios, el joven fue  llevado a instalaciones del Escuadrón 7 de Gendarmería, donde sufrió torturas y luego se convirtió en el primer desaparecido en Corrientes y el único de Paso de los Libres.
"Cuando en mayo les informamos a las autoridades que íbamos a nombrarlo ‘Pata’ Acosta, nos negaron la autorización, primero de forma oral y después escrita. En el estatuto no existe ninguna pauta que les permita intervenir en esa decisión, así que decidimos sostener el nombre para reivindicar su causa", contó Romero, quien ya había tenido cruces similares con las autoridades que caracterizaron como "proselitismo de izquierda" un homenaje al estudiante asesinado por la policía de Corrientes, Juan José Cabral, o cuando les negaron el permiso para proyectar documentales el 24 de Marzo con la excusa de que había poco espacio en la escuela.
Quien conoce el conservadurismo de la ciudad es el periodista Ignacio Villanueva, a quien el teniente coronel Celestino Mosteirín, jefe del Destacamento de Inteligencia 123 denunció judicialmente por informar sobre lo que sucedía en el centro clandestino de detención La Polaca. "Esto es algo típico de lo que sucede en Paso de los Libres, donde algunas generaciones todavía creen que estamos en los años ’70", explicó Villanueva, quien agregó que "el Instituto de Formación Docente tiene un vínculo histórico con los servicios de inteligencia". A los casos ya relatados de la rectora y vicerrectora, el periodista agregó el del celador del instituto, Osmar Espinoza, quien trabaja para la SIDE. «
"En Paso de los Libres el 90% de la gente son milicos"
Desde su casa en Paso de los Libres, Carlos 'Pecho' Acosta todavía se indigna con lo que sucede en la ciudad donde desapareció su hermano Héctor. "En paso de los Libres el 90% de la gente son milicos. Viven fuera de tiempo y no se dan cuenta que estamos en otro momento", explicó y dejó en claro que su familia "no la pasó bien" mientras reclamaba justicia por el joven estudiante desaparecido. 
Puso como ejemplo el Instituto de Formación Docente, donde las autoridades, vinculadas con represores, rechazaron el Centro de Estudiantes fuera llamado como su hermano. Desde 1995 el Instituto lleva el nombre Profesor Agustín Gómez, uno de los fundadores del terciario y una personalidad de Paso de los Libres reconocida como "colaborador" del Servicio de Inteligencia 123 durante la última dictadura. 
"El 22 de marzo, dos días antes del golpe, lo secuestraron de mi casa. Él ya sabía que lo iban a ir a buscar, militaba en el PRT y era presidente del Centro de Estudiantes de la Escuela Normal. Si bien corría peligro, el tenía la idea de que la lucha era así", recordó en diálogo con Tiempo Argentino el hermano de 'Pata' Acosta. Si bien al juicio que tiene fecha de inicio el 18 de septiembre sólo llegarán Ramón Genaro Díaz Bessone y Raúl Ángel Portillo, Carlos 'Pecho' Acosta señala que a través de los años fue conociendo por vecinos de la ciudad quiénes fueron los autores materiales del secuestro de su hermano. "(Rubén Darío) Ledesma y (Carlos) Faraldo fueron los que lo sacaron a mi hermano de mi casa, ellos eran agentes de inteligencia y los únicos que usaban un automóvil Falcon y un Volkswagen, según los testimonios que pude recoger", indicó. 
Sobre el inicio del juicio, Acosta se mostró muy escéptico: "No esperamos nada de ese juicio. Los testimonios sobre el secuestro de mi hermano son muy débiles, todos saben lo que pasó pero no hay testigos que quieran declarar. Lo lindo sería que se unificaran las causas, porque hay otros testimonios que cuentan la responsabilidad de Ledesma y Faraldo en las otras causas. También quisiéramos encontrar el cuerpo de mi hermano. La única pista que tenemos es que lo habrían llevado a una laguna del Iberá, donde un cazador vio cómo arrojaban cuerpos que bajaban de una camioneta." 

domingo, 27 de mayo de 2012

Iglesia de mierda!!!

 LA IGLESIA RECONOCE LA AUTENTICIDAD DEL DOCUMENTO SOBRE EL ASESINATO DE LOS DETENIDOS-DESAPARECIDOS

Donde mueren las palabras
El Episcopado confirmó ante la Justicia que desde 1978 sabía que la dictadura militar asesinaba a las personas detenidas-desaparecidas, cosa que nunca hizo pública. La tardía admisión se produjo con el reconocimiento de la autenticidad del documento publicado aquí el domingo 6 de mayo sobre el diálogo secreto con el dictador Jorge Videla del 10 de abril de ese año. Pese a ello tanto el Episcopado como el Vaticano y la gran prensa guardan silencio.
La Iglesia Católica confirmó por primera vez ante la Justicia que por lo menos desde 1978 sabía que la dictadura militar asesinaba a las personas detenidas-desaparecidas, cosa que nunca hizo pública, y que sus máximas autoridades discutieron con el jefe supremo de la dictadura cómo manejar la información sobre esos crímenes. La tardía admisión se produjo con el reconocimiento de la autenticidad del documento publicado aquí el domingo 6 de mayo sobre el diálogo secreto con el dictador Jorge Videla del 10 de abril de 1978, luego de un almuerzo del que participaron los tres miembros de la Comisión Ejecutiva que conducía a la institución. Pese a ello tanto el Episcopado como el Vaticano y la gran prensa siguen guardando un escandaloso silencio.
La cuestión de las listas
La judicialización del documento eclesiástico se produjo en la causa abierta para determinar lo sucedido con los restos de Roberto Santucho, a pedido de su familia, representada por el abogado Pablo Llonto. Santucho fue abatido por una partida del Ejército el 19 de julio de 1976 y su cuerpo exhibido a la prensa en Campo de Mayo, pero luego desapareció sin explicaciones. A raíz de la confesión de Videla a un periodista español y otro argentino sobre el asesinato de los detenidos-desaparecidos, la jueza federal de San Martín, Martina Forns, a cargo de esa causa, citó a declarar al ex dictador. Videla dijo que él había decidido ocultar el destino de los restos de Santucho para evitar homenajes pero que quien sabía qué habían hecho con ellos era el entonces jefe de Campo de Mayo, general Santiago Riveros. Ante el cuidadoso interrogatorio preparado por Forns, Videla respondió sus preguntas durante más de tres horas. Sin eufemismos dijo que los detenidos-desaparecidos eran “condenados” y “ejecutados” y que ese método se había adoptado por comodidad porque creían que “no provocaba el impacto de un fusilamiento público”, que “la sociedad no lo iba a tolerar”. Agregó que “era difícil pensar que tantas personas podían ser juzgadas y la Justicia estaba asustada por la persecución que habían sufrido los jueces” del Camarón, el tribunal especial que actuó entre 1971 y 1973 durante la penúltima dictadura. Cuando Forns lo interrogó sobre las listas de personas detenidas-desaparecidas, Videla contestó que eran incompletas y que no se publicaron, porque contenían errores e inexactitudes y no hubo acuerdo entre las tres Fuerzas Armadas que compartían el gobierno. Agregó que la información sobre el destino de cada persona es “una obligación moral” pero que no es fácil cumplir con ella “por la forma tabicada en que se procedía y en algunos casos no hay rastros de eso y no puede publicarse a medias”.
Un diálogo entre amigos
Pero durante el almuerzo con el cardenal Raúl Primatesta, arzobispo de Córdoba, el arzobispo de Santa Fe, Vicente Zazpe, y el de Buenos Aires, cardenal Juan Aramburu, quienes eran presidente y vicepresidentes del Episcopado, Videla dio otra explicación mucho más sincera acerca de la publicación de las listas y sobre lo sucedido a las personas detenidas-desaparecidas. Ello consta en una minuta para el Vaticano, que los tres eclesiásticos redactaron luego de ese almuerzo y que fue reproducida en esta página hace tres domingos, en la nota “Preguntas sin respuesta”. En un clima que Aramburu describió como cordial, Videla dijo que no era fácil admitir que los desaparecidos estaban muertos, porque eso daría lugar a preguntas sobre dónde estaban y quién los había matado. Primatesta hizo referencia a las últimas desapariciones producidas durante la Pascua de 1978, “en un procedimiento muy similar al utilizado cuando secuestraron a las dos religiosas francesas”. Videla respondió que “sería lo más obvio decir que éstos ya están muertos, se trataría de pasar una línea divisoria y éstos han desaparecido y no están. Pero aunque eso parezca lo más claro sin embargo da pie a una serie de preguntas sobre dónde están sepultados: ¿en una fosa común? En ese caso, ¿quién los puso en esa fosa? Una serie de preguntas que la autoridad del gobierno no puede responder sinceramente por las consecuencias sobre personas”, es decir los secuestradores y asesinos. Primatesta insistió en la necesidad de encontrar alguna solución, porque preveía que el método de la desaparición de personas produciría a la larga “malos efectos”, dada “la amargura que deja en muchas familias”. Se refería en forma implícita a la carta que esa misma mañana le había enviado el presidente fundador del CELS, Emilio Mignone, padre de la detenida-desaparecida Mónica Candelaria Mignone, y una de las más altas personalidades laicas del catolicismo argentino. Mignone había sido ministro de Educación en la provincia de Buenos Aires en la década de 1940 y viceministro de Educación nacional en la de 1960. El fundador del CELS le escribió a Primatesta que el sistema del secuestro, el robo, la tortura y el asesinato, “agravado con la negativa a entregar los cadáveres a los deudos, su eliminación por medio de la cremación o arrojándolos al mar o a los ríos o su sepultura anónima en fosas comunes” se realizaba en nombre de “la salvación de la ‘civilización cristiana’, la salvaguardia de la Iglesia Católica”. Agregó que la desesperación y el odio iban ganando muchos corazones. Al día siguiente del almuerzo, Zazpe le informó a Mignone que la Comisión Ejecutiva le había transmitido a Videla “todo lo que dice su carta”. Dijo que habían sido “tremendamente sinceros y no recurrimos a un lenguaje aproximativo” pero le advirtió, como si se tratara de una accesoria cuestión técnica, que había una “divergencia con su carta” acerca de la publicidad o reserva de esta entrevista. “En esta ocasión volvió a recurrirse a la reserva”, que dura hasta hoy. Primatesta informó luego a la Asamblea Plenaria que los obispos le plantearon a Videla los casos señalados en su carta por Mignone, de presos que en apariencia recuperaban su libertad pero en realidad eran asesinados; que se interesaron por sacerdotes desaparecidos, como Pablo Gazzarri, Carlos Bustos y Mauricio Silva, y por otros detenidos de los que pidieron la libertad y/o el envío al exterior. Pero el desarrollo completo del diálogo sólo consta en la síntesis para el Vaticano. Cuando Primatesta advirtió sobre las amargas consecuencias del método de la desaparición forzada, Videla asintió. También él lo advertía, pero no encontraba la solución, dijo. Zazpe preguntó: “¿Qué le contestamos a la gente, porque en el fondo hay una verdad?”. Según el entonces arzobispo de Santa Fe, Videla “lo admitió”. Aramburu explicó que “el problema es qué contestar para que la gente no siga arguyendo”. Según Aramburu, cuando Videla repitió que “no encontraba solución, una respuesta satisfactoria, le sugerí que, por lo menos, dijeran que no estaban en condiciones de informar, que dijeran que estaban desaparecidos, fuera de los nombres que han dado a publicidad”. Primatesta explicó que “la Iglesia quiere comprender, cooperar, que es consciente del estado caótico en que estaba el país” y que medía cada palabra porque conocía muy bien “el daño que se le puede hacer al gobierno con referencia al bien común si no se guarda la debida altura”.
Luego de la publicación, la jueza Forns solicitó la entrega del documento a la Conferencia Episcopal. Sin dilación, recibió una copia. De este modo, la máxima conducción católica de la Argentina corroboró en forma oficial y en un expediente judicial que tanto la Iglesia argentina como la Santa Sede, para la que se confeccionó esa minuta, estaban al tanto del asesinato de las personas cuya desaparición era denunciada por sus familiares y por los organismos defensores de los derechos humanos.
Copia Fiel
El facsímil que se publica a la izquierda es el que obtuve en forma subrepticia en la sede de la calle Suipacha que el propio Videla donó a la Conferencia Episcopal antes de dejar el poder, en 1981. Arriba a la derecha se observa el número con que está archivado, lo cual da una idea de la magnitud de ese archivo cuya misma existencia la Iglesia negó, en una nota que en el año 2000 me dirigió su presidente, cardenal Estanislao Karlic. El de la derecha es el que la actual conducción episcopal, presidida por el Arzobispo de Santa Fe, José Arancedo, remitió a la jueza Forns. Arriba a la izquierda se lee “Es Copia Fiel” y abajo a la derecha consta el sello de la Conferencia Episcopal Argentina. En ambos ejemplares de ese documento secreto se observa que la afirmación de Videla sobre la protección a quienes cumplieron sus órdenes criminales está completada a mano por Primatesta. Pese a la enorme trascendencia de este demorado reconocimiento, ninguna autoridad eclesiástica hizo la menor referencia pública al tema, aunque la Comisión Ejecutiva se reunió el 16 de mayo y emitió un documento, cuestionando la ley de muerte digna sancionada por el Congreso. Como si la enormidad del hecho les cortara el habla, tampoco los diarios Clarín, La Nación y Perfil se dieron por enterados de la publicación de ese documento fundamental para establecer el grado al que llegó la complicidad de la Iglesia Católica con la dictadura militar y su política criminal. Treinta y cuatro años después, el encubrimiento continúa. Cuando el periodista español Ricardo Angoso lo entrevistó en la prisión que el Servicio Penitenciario Federal tiene en Campo de Mayo, Videla dijo que “mi relación con la Iglesia Católica fue excelente, muy cordial, sincera y abierta”, porque “fue prudente”, no creó problemas ni siguió la “tendencia izquierdista y tercermundista” de otros Episcopados. Condenaba “algunos excesos”, pero “sin romper relaciones”. Con Primatesta, hasta “llegamos a ser amigos”. Se nota.

martes, 15 de mayo de 2012

Se escapó el ex -represor de "La noche de los lápices"

A los 77 años se dio a la fuga el ex -comisario mientras cumplía arresto domiciliario. Años atrás se había hecho pasar por muerto.

Juan Miguel Wolk, jefe del centro clandestino de detención de la dictadura conocido como Pozo de Banfield, donde estuvieron prisioneros los estudiantes secundarios secuestrados en La Noche de los Lápices de 1976, se fugó del arresto que cumplía en su casa de Mar del Plata.
El represor de 77 años, apodado "El nazi" y "El alemán", escapó de su vivienda de la calle Benedetto Crocce 3045, donde cumplía arresto domiciliario por un beneficio que le había concedido el juez federal platense Arnaldo Corazza.
Wolk actuó como jefe del campo de torturas y muerte cuando pasaron por allí los diez estudiantes de La Noche de los Lápices, en la cual seis desaparecieron y cuatro sobrevivieron.
Según fuentes judiciales, los efectivos policiales buscaron a Wolk en su vivienda, donde cumplía arresto domiciliario por un beneficio que le había concedido el juez federal platense Arnaldo Corazza.
La orden de detención había sido dictada por el mismo magistrado luego de que la Suprema Corte bonaerense, revocara en abril pasado la decisión del juez de primera instancia y ordenase que el ex comisario mayor vaya a una cárcel común.
El domingo pasado cuando los policías arribaron a la vivienda, el hombre procesado por delitos de lesa humanidad ya había huido sin dejar rastros.
En los '80 había sido condenado a 25 años de prisión pero en 1987 fue favorecido por las leyes de impunidad Punto Final y Obediencia Debida.
En 2000 fue requerido por el juez español Baltasar Garzón para su extradición y juicio en la Audiencia Nacional de Madrid y luego el juzgado federal número 3 lo citó para que diera testimonio en los llamados Juicios de la Verdad, pero Wolk ideó una estrategia: se hizo pasar por muerto, haciendo llegar un acta de defunción, que en ese tribunal supuestamente dieron por válida.
Tiempo después Marta Ungaro, hermana de una de las adolescentes desaparecidas en La Noche de los Lápices, denunció al juez Corazza que el represor no había muerto sino que vivía en su chalé próximo a la playa y cobraba su jubilación de comisario retirado.
Fue el periodista marplatense Roberto Garrone quien "descubrió" con vida a Wolk y lo hizo público en artículos de prensa. Luego de eso fue detenido, aunque Corazza le dio el beneficio del arresto domiciliario.
http://www.territoriodigital.com/nota3.aspx?c=2510813163181681

domingo, 25 de marzo de 2012

LA HISTORIA DE MARIA RAMIREZ, A QUIEN UNA JUEZA DE LA DICTADURA CONDENO A UN HOGAR DE MENORES

“Era un infierno y yo me sentía enterrada viva”
Cuando desapareció su madre, su padre estaba en la cárcel y, aunque su familia los reclamó, María y sus dos hermanos fueron depositados en un hogar de menores, donde sufrieron abusos y pasaron hambre durante siete años.

Final del formulario

Las madrastras o las cenicientas de los cuentos de los hermanos Grimm no alcanzan para imaginar lo que sucedió en Buenos Aires a partir de la noche del 14 de marzo de 1977. Después de un operativo, la policía depositó a tres niños en una casa de huérfanos de Banfield en la que conocieron durante siete larguísimos años el socavón del infierno del que todavía, en ocasiones, no terminan de entender si de verdad han salido alguna vez.

“Nos despertaban con agua fría a la mañana”, explica María Ramírez, una de aquellos niños. “Nos daban de tomar el mate cocido y un pan con azúcar y manteca y después íbamos a la escuela, pero yo me dormía por lo que había vivido a la noche. A la hora de comer, como el ambiente en la casa era muy tenso porque el viejo Manuel aparecía y siempre tiraba cucharas y se enojaba con algo, yo no comía. No me gustaba la comida y a veces me ponía muy mal y me castigaban. Me hacían ir a comer con los perros. Me sacaban al patio, y ahí comía en el plato de los perros. Era un asco, pero hasta los perros son más humanos que la gente, así que no era tanto el asco que yo sentía en esos momentos.”

María es la hermana del medio de los tres hermanos Ramírez, que son parte de una de las historias dramáticas de la dictadura argentina. Tenían 2, 4 y 5 años de edad cuando miraban el operativo en el que un grupo de tareas secuestró a su madre. La policía los abandonó en el Casa Belén, que dependía de una parroquia de Banfield, y sus nombres entraron en un expediente en el que la jueza de Lomas de Zamora Marta Pons se negó a devolverlos cuando una tía los reclamó, porque su padre estaba en la cárcel. La jueza rompió los papeles con sus nombres delante de los empleados, y de viva voz exclamó una frase que aún se recuerda en la Justicia: “Son hijos de un paraguayo montonero que desafió la Constitución Nacional y no merece recuperarlos”. Con los papeles, Pons rompió además en pedazos la única puerta de salida del infierno.

Para entender qué pasó con estos niños hay que saber que María estuvo desde los cuatro hasta los once años encerrada en el Hogar. Que, de noche, la casa conoció escenas similares a las de un centro clandestino. O que ella tenía que enterrar las monedas que alguno de los militares, asiduos concurrentes, le entregaban cuando empezaron a abusarla. Que cuando se subió a un avión en 1983 con destino a Suecia todavía no sabía leer o escribir; que enmudecía por espasmos, que no comía y que un día, muchos años después, entre intentos de quitarse la vida, tomó clases de pintura y los profesores corrieron por el espanto de lo que empezaron a ver en sus cuadros.

Pocos meses atrás, ella logró empezar a ordenar algo de todo eso volviendo al origen: el barrio de Quilmes. Con la ayuda de muchos, de especialistas del Centro Ulloa, del Ministerio Público Fiscal, del Equipo Argentino de Trabajo e Investigación Psicosocial, de Amnistía Internacional y del intendente de Quilmes, Francisco “Barba” Gutiérrez, que fue compañero de sus padres, recuperó la casa en la que vivió hasta los dos años. Frente a esa casa, en una celebración, desnudó una pintura que hizo con la cara india de su madre. Y mientras la presentó y volvía a mirarla, contó que en ese lugar, en el que tuvieron un almacén, fue el único en el que había sido feliz. Más tarde, estuvo en el Parque de la Memoria y algo empezó a cambiarle adentro: leyó el nombre de su madre desaparecida, por primera vez, en algo semejante a esa especie de cierre que puede ponerle a la historia un ladrillo o una lápida.

–Ahí pude llorar y llorar –dice–: cuando llegué, sentí que pude tocar algo de todo eso tan abstracto, y que me reencontraba con ella.

–¿Supiste qué le pasó?

–Sé que la llevaron a alguna parte, parece que la mataron.

–¿La vieron otros sobrevivientes? ¿Hay datos?

–No, creo que tampoco he tratado de profundizar mucho porque me cuesta mucho saber qué pasó. Me bloqueo, y es porque en realidad yo a mi madre la veo viva. He vivido con la esperanza de que la voy a encontrar. Y cuando pierdo la esperanza, me cuesta aceptarlo. Ahora que recuperamos la casa donde teníamos el almacén, siento que ahí se quedó más presente mi madre, pero también la pequeña infancia que tuvo un poco de felicidad y de familia. El sentido del juego y el cariño estuvieron ahí: en esos dos años.

–Cuando tenías dos años se fueron de esa casa porque detuvieron a tu padre. ¿Qué hicieron después?

–Vivíamos en distintas partes, clandestinos. Pasamos por distintas casas. Dos años después, cuando nos secuestraron, estábamos viviendo en Quilmes. Esa noche vino toda la tropa, no quedó casi nada, me acuerdo cómo entraban las balas o del perrito que se esconde atrás de la congeladora. No sé cuánta gente había, pero me acuerdo que nosotros salimos por la ventana con la ayuda de nuestra madre.

En primera persona

Cuando recuperó la casa-almacén, María leyó un texto escrito por ella en el que anudó algunos tramos de su historia. Un relato todo corrido que hasta entonces no había podido hacer porque al intentarlo se quedaba muda o, vuelta a vuelta, los recuerdos la sacudían y parecían capaces de voltearla a un cementerio. Ahí, en el texto, sobre los tramos del operativo y los primeros días en la Casa Belén, escribió:

“En la madrugada del 14 de marzo de 1977 fue el último abrazo de mi madre cuando estábamos rodeados de militares y las balas entraban por todas partes. Era terrorífico el operativo, las balas no terminaban de tirarnos. Yo tenía 4 años; Carlos, 5 y Mariano, 2. ¿Por qué pasó todo esto? ¿Por qué tuvimos que salir por la ventana de atrás? ¿Por qué vos no? Antes de saltar afuera, nos abrazaste fuerte y largo. No era un abrazo común: era un abrazo de ¡despedida! Me recuerdo de tus últimas palabras: ‘María te quiero’, e igual a mis dos hermanos. Y también la promesa que te hicimos de cuidarnos uno al otro”.

Después, sigue, “caímos en las manos de la jueza Pons, que conscientemente nos hizo desaparecer poniéndonos como NN. Cuando llegamos a la Casa Belén nos bautizaron de nuevo y nos cambiaron el apellido a Maciel. Recibimos el apellido del militar del hogar. Los nuevos padres nos exigían decirles: ‘mamá’ y ‘papá’. Era algo imposible. Pero cuando yo no aguantaba más los golpes, me entregué a llamarlos así: ‘mamá’ y ‘papá’ a Manuel y Dominga”. Les pusieron padrinos militares. “Mi nuevo padrino me llevaba a su trabajo que eran centros clandestinos donde las paredes tenían más sangre que pintura. En una ocasión no me dejaron entrar porque adentro había gente ‘trabajando’. Podía escuchar la música muy fuerte, las ventanas estaban cerradas. Pero mientras esperaba a mi padrino podía diferenciar que en el fondo de la música había gritos de personas. Gritos de dolor. Ese hogar era un infierno, era una cárcel para niños. Ahí estuvimos casi ¡siete años! Eramos ocho NN. ¡Yo me sentía enterrada viva! Porque el trato era inhumano, había falta de cariño y vida.”

Desencuentros y encuentros

La jueza Pons la recibió una vez con una bandeja llena de medialunas. Como en el hogar pasaban hambre, aquello se convirtió en una trampa: la jueza buscaba que María renuncie a la tenencia impulsada por su padre. Mientras a la niña se le derretían los ojos por las medialunas, la jueza le susurró que su padre no la quería, que seguramente iba a venderla en el exterior.

–¿Cómo era finalmente esa Casa Belén?

–Era un pequeño hogar, chiquito, de once personas. Ahí vivía una familia, Manuel y Dominga con sus tres hijos. Hacia afuera estaba todo bien: cuando nos sacaban a la calle siempre nos peinaban; yo me sentía una muñeca, me vestían muy bien. Después, al regresar, te sacaban todo, y era empezar a limpiar, te pegan y te hacen comer con los perros. Te humillaban tanto que uno no sabía por qué hacían todo eso. ¿De dónde venía ese odio? Hasta que entendés que es por tus padres, para que no salgas como ellos. Esa era la razón.

–¿Qué les decían a ustedes?

–Yo tenía una imagen apenas dibujada de mi viejo, porque lo había visitado alguna vez cuando era muy chica en la cárcel. Pero de mi madre no podía decir nada. Ellos me decían: “Tu mamá es una prostituta y hace esto y aquello”. O: “ella no te quiere, te abandonó”. Y yo sabía que todo era mentira. Tenía muchos recuerdos de ella positivos y entendí que me estaban engañando y no quería creer lo que me decían. Ese, al final, fue mi secreto: me dije que nunca iba a decirles que tenía a ella en la memoria. No hablaba, evitaba responderles y si me preguntaban si me acordaba algo de mi madre, les decía que nada. Yo entendí que eso era lo que querían de mí. Y así fue, pero a ella la tenía como a mi ángel: a veces en la soledad, uno puede hablar con alguien y yo pensaba que con ella, de esa manera, podía compartir mucho, porque también estaba prohibido hablar entre nosotros. Había que vivir en silencio. Nadie te pregunta cómo estabas, solamente eran órdenes.

–Parece un cuento de terror.

–Siempre que tenían cosas ricas para comer, las cosas dulces, se las comían ellos. Nos daban lo que sobraba. Realmente, desde afuera se veía todo perfecto, pero adentro era un infierno total. Era muy clara la idea que tenían de cómo romper con el interior de cada persona, porque nosotros éramos basura para ellos: a mí me pegaban para que les dijera mamá y papá y al comienzo no quería porque la señora esa era una bruja. Yo tenía cuatro años. Mi mamá era algo hermoso, cariñosa y ésta era totalmente distinta.

–¿Quién era Manuel?

–Era un milico. Trabajaba de noche y tenía su ropa militar. La casa era una base operativa durante la noche y de día venían siempre los militares, tenían reuniones en el comedor. Las noches eran momentos terroríficos. Hoy mismo todavía me cuesta dormir por todo eso. Ellos tenían sus reuniones y después pasaban por el dormitorio de las niñas: yo no podía dormir por los abusos sexuales y por el miedo de que nos separen a los tres.

Los abusos empezaron a los siete años

–También el hijo de Manuel tocó a todos los chicos, a mis hermanos y a mí. Toda la parte de sexualidad ahí adentro fue un desastre. También venían los compañeros de Manuel y abusaban. Y Dominga se hacía la tonta, la que no sabía nada, pero después venía y me pegaba porque decía que yo era una puta. Cuando se iban me dejaban una moneda. Y yo decía: “¿Y yo qué voy a hacer con esta moneda? Si me la encuentran, me matan” y tuve que enterrar esa plata para que no la vieran. Esa fue la peor parte. Me obligaban a hacer cosas para que ellos se puedan reír y eso todavía lo estamos sufriendo.

–¿Volviste a la casa?

–Volví hace diez años y lo primero que miré fue la puerta: era la misma. Y lloré. Me dije: “Salí del infierno de esa casa y la puerta era la referencia: he salido de ahí”. Después me fui al gimnasio al que iba siempre, que era parte de un descanso que me hacía como una forma de meditación para aguantar los golpes. Hace un tiempo me dan ganas de volver acá, volver a Quilmes, estudiar arte, español y agarrar esas posibilidades que nunca he tenido acá porque yo no pude estudiar. Me fui analfabeta a los once años. No sabía ni escribir ni leer, era un desastre, porque dormía en la escuela, como no dormía de noche porque me venían a molestar. Me costaba la concentración y, bueno, me dormía de día. No aprendí mucho, solamente lo poco que podía memorizar, pero después fue un quilombo poner el sueco arriba de todo eso, mi padre no sabía que yo no sabía: era una selva.

–¿En la escuela no se daban cuenta de lo que pasaba?

–Me parece que había una maestra que se daba cuenta de algo, pero después desapareció. Siempre pasaba lo mismo, apenas me empezaba a encariñar con alguien o cuando había alguien que me atendía mejor, luego no la veía más. De eso sí que me daba cuenta. También fui a pedir ayuda a un cura, pero me cerró las puertas.

–¿Cómo lograron irse?

–Mi tía nos encontró, un grupo de psicólogos empezaron a ir a tratarnos. Ellos estaban preparándonos para el reencuentro con mi padre. Ya eran los tiempos de la democracia. Me acuerdo de la sensación que sentía cuando nos venían a buscar, para mí era una felicidad salir a comer un helado, ir a comer una pizza, ir a jugar o poder ir al parque. Una vez que estaba tan contenta me olvidé de saludar antes de irme, y cuando volví estaban Dominga y Manuel y al entrar me vino la paliza. “¿Por qué no saludás? ¿Ya estás cambiando?”, me decían. Y así empezó. Teníamos un permiso que solicitaban esos psicólogos. Rubén, que era uno de ellos, nos llevaba afuera, al Planetario. Yo nunca había estado ahí. Siempre había estado a no más de dos o tres cuadras. Era mucho ya ir a un parque. Ya te mareaba. Había alguien que te miraba y te preguntaba cómo estabas. Era muy fuerte para mí, “alguien me ve”, decía.

–¿Cómo fue el encuentro al final con tu padre?

–Ellos estaban preparando el encuentro con mi padre. Cuando lo vimos en el aeropuerto no fue un ¡¡hooooooooola papá!! ni mucho menos: él se quedó muy en shock. Y nosotros, lo mismo: decíamos, “¡qué te vamos a extrañar!”. Fue duro el cambio, a pesar de todo. A mi padre no lo quería. Sentía desconfianza, creía que no era mi padre. Mucho tiempo estuve así, casi quince años. Ahora estamos mejor, se puede entender pero, por Dios, yo decía: “Tanto que me hiciste sufrir, todo esto es tu culpa. Es tu culpa todo lo que he perdido. ¿Tengo que estar agradecida? ¿Estar en otro país? ¿Si acá me siento como un marciano?”.

–Una marciana en Suecia.

–No tenía ninguna conexión con ese país y me he sentido así, bastante marciana, durante mucho tiempo. Cuando todavía era chiquita creía que era fea. Me rompían la cara; me decían, “negra”, de todo. Todo el tiempo hubo problemas hasta que a los 17 años me cansé, hice un cambio buscando mi propia vida. Poco a poco algo fue pasando. Yo corro maratón de 42 kilómetros y para mí es una expresión de libertad; es una filosofía, son cuatro horas de no pensar en nada, sólo de mantener el equilibrio. Un poco creo que puedo aplicar eso en la vida, como la parte de tener una visión más o menos justa y de trabajar hacia ese proceso. Eso es lo que quiero hacer también pensando en Argentina.

–¿Tenés ganas de volver?

–Cuando vine anteriormente siempre me he enfermado. Por las secuelas que me vienen, todo lo que he vivido se repite de nuevo. Es como un disco, y yo sólo pienso que es lo que llaman postraumatismo: me quedo traumatizada de nuevo, entonces, no como, no hablo y me enfermo. Y entonces tomo distancia, pero ahora con la psicóloga estoy pasando un momento que es un milagro, porque me di cuenta de que puedo trabajar estando acá: no necesito viajar allá, puedo cambiar y tomar distancia y esa es la nueva tarjeta que en este momento triunfa. También me doy cuenta de que puedo expresarme en español, estar en el presente y no por hablar en español estar en el pasado. La vuelta a la casa también fue una medicina bastante fuerte. La he vivido, tengo los vecinos, he abierto algo social, y esa fue la primera vez que hablé. Y “el Barba” y otros se sorprendieron porque nunca me escucharon hablar. Y ahí me decidí y hablé porque, como varias veces me pusieron un arma y me dijeron: “Si hablás alguna vez, click: te vamos a matar”. Me ponían el arma en la cabeza para demostrarme que era verdad, pero ya atravesé un poco ese miedo.

–¿Qué pasó con tu vida en estos años? ¿Te casaste?

–No. Pero me casé conmigo misma. Ahí empezó la vida, cuando terminé la carrera de enfermería me compré este anillo, en 2003. Estas cosas tienen algo que es que uno sufre y se enferma y todo esto joroba mucho la mente y la parte de un suicidio se ve venir. Por eso tengo el anillo: porque los demonios son muy fuertes a veces.




Final del for
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