"Hasta ahora, los filósofos han tratado de comprender el mundo; de lo que se trata sin embargo, es de cambiarlo" Karl Marx

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martes, 14 de abril de 2015

Hasta siempre Eduardo

Galeano a sido para mí, para este blog, como un amigo, un aliado. Varios de sus textos están publicados aquí, parte de lo que este blog, hoy casi olvidado por mí es, se debe a él, a la inspiración, al coraje de ese hombre que en letras me ha llevado por toda Latino América!!!

Él se fue ayer, dicen que murió ayer, pero yo prefiero creer que anda repartiendo abrazos por ahí...




miércoles, 16 de abril de 2014

Productos de mercado (Bolivia)

Mercado de Potosí 
Antes de visitar Bolivia por primera vez había leído y escuchado diferentes apreciaciones a cerca de sus mercados.  Pero hay cosas que te las pueden describir con lujo de detalle pero si no se las conoce personalmente no alcanza, toda descripción resulta insuficiente.
De lo que he conocido como un mercado, a lo que en mi ciudad podríamos denominar como tal, aunque más usualmente llamado almacén, estos inmensos espacios comerciales o “súper mercados del subdesarrollo”, otra acepción posible para estos lugares, en nada se parece a cuanto había conocido antes.

Bolivia es un libro de historia, de antropología, sociología y más, todo en un mismo país.  Desde sus calles, su gente, su cultura; quien esté habido por aprender solo basta con observar cuanto sucede alrededor de uno. 

Los mercados no se parecen, cada uno diera la impresión que responde a la localidad que los cobija, pero en todos hay un factor común, la variedad de productos que uno puede conseguir en ellos.

Terminá de leer esta entrada haciendo click AQUÍ!!! 

lunes, 23 de septiembre de 2013

Bairoleto, el Robin Hood argentino

"JUAN BAIROLETTO FUE UN HOMBRE BONDADOSO, AYUDABA A LOS POBRES"

A pesar de su frágil salud, Thelma que cumplió 100 años fue la mujer que compartió su vida y tuvo seis hijos con el mítico personaje, habló con Tiempo Argentino. "Él se volvió así por cómo lo trató la policía", dijo.

Juan fue un hombre bondadoso. En el campo, donde vivíamos, ayudaba a los pobres. La gente lo quería mucho", dice Telma Ceballos, que hoy cumple cien años. Es la viuda de Juan Bautista Bairoletto, considerado por muchos el último Robin Hood argentino.
A pesar de su salud frágil, Telma dialogó con Tiempo Argentino y recordó al hombre detrás del mito. Cuando Juan murió, Telma dejó la casa que compartía con él en General Alvear, en Mendoza. Actualmente vive con su hija Juana en la capital provincial. ¿Por qué algunos persisten en asociar la figura de Bairoletto a la de un bandido? Luego de un largo silencio, Telma contesta: "Quizá los primeros años lo haya sido, pero para mí fue por los maltratos que le dieron a él en la cárcel, y por cómo lo trató la policía. Después, fue un hombre bueno, con muchos amigos que siempre lo defendieron."
La mujer prefiere reivindicar el lado humano, y no mítico, del hombre con quien tuvo seis hijos. "Cuando ya no tenía escapatoria, y temía por nuestro futuro, el mío y el de mis hijos, mi esposo decidió tomar esa medida (el suicidio), para que sus enemigos nos dejen tranquilos". Juana, su hija –e hija de Bairoletto–, agrega: "En realidad, gracias a un libro que escribió mi hijo, y al interés de mi hijo por mi padre, es que la gente de aquí de Mendoza se enteró que éramos familiares directos de Bairoletto. Yo tengo ahora 70 años, y recién a los 65 recuperé mi apellido paterno, porque no queríamos llamar la atención".
El hijo de Juana, Favio Erreguerena, estudió al personaje y al hombre, y escribió un libro escuchando el relato de la abuela Telma. "Sucede que cuando mi padre falleció –añade Juana–, mi madre se mudó porque no quería tener relaciones con ningún amigo de él. A mí me pone contenta cuando se enteran de que soy hija de Bairoletto, y me dicen: ‘Tu abuelo era amigo del mío, y mi mamá me comentaba que él era muy amable."
Amable, sí, pero también furioso cuando quería serlo. Porque Bairoletto fue el último "gaucho alzado", es decir, el último gaucho rebelde al que asfixió una nueva época, más moderna e institucional. Como suele decirse, Bairoletto murió en tiempos en que nacía una nueva Argentina, y en que la industria imponía códigos urbanos, legales, a todo el territorio nacional. Adorado y odiado en partes iguales, cosechó sólidos vínculos con el mundo de la delincuencia, pero también con figuras menores que levantaron las banderas del anarquismo rural. Porque murió violentamente (prefirió suicidarse antes de caer abatido por una redada policial, el 14 de septiembre de 1941), se convirtió inmediatamente en un mártir, cuya fama excedió a la región en la que vivió y murió.
Bairoletto fue el segundo de seis hijos. Adoraba los prostíbulos y las casas donde se apostaba fuerte. El mito dice que robaba a los ricos y ayudaba a los pobres, o a sus amigos. En la década de 1930, se lo hacía responsable de todos los crímenes. A su funeral, asistieron miles de personas llegadas desde La Pampa, donde había nacido. Hoy peregrinan hasta en su mausoleo cada vez más fieles.
Hoy, su esposa cumple 100 años de vida. "¿Si vendrá gente del gobierno al festejo? Nooo, de ninguna manera", dice Juana, fiel a la tradición anarquista de su padre.  «
¡La Pampa te ha de vengar!
Muchas obras se inspiraron Bairoletto, entre ellas, el ensayo compuesto por su nieto, Favio Erreguena. El cine lo honra con una película dirigida por Atilio Polverini y protagonizada por Arturo Bonín, de 1985. Una milonga lleva el nombre de "San Bautista Bairoletto", cuyos primeros versos dicen: "Amparaba al que debía / al pobre, al necesitao / al que era castigao / y a aquel que nada tenía. / ¡San Bautista Bairoletto, / la pampa te ha de vengar!”. León Gieco lo homenajea en su disco Bandidos rurales, a partir de una investigación del historiador Hugo Chumbita. Cuando Gieco presentó este disco, en 2002, llegó hasta Mendoza y cantó con Telma el tema "Sólo le pido a Dios".


Fuente: Tiempo Argentino

miércoles, 18 de septiembre de 2013

DESAPARECIDO/APARECIDO/DESAPARECIDO Julio López

¡Qué triste tener este record!  Pasar a la historia como el más célebre de los muchos desaparecidos en democracia de Argentina.
Sobre Julio López recae el fatídico título.  Julio, uno de los tantos que se animó a denunciar y declarar frente a los represores y torturadores que lo secuestraron durante la última dictadura militar.

Hasta aquel día en que lo escuchamos declarar pocos lo conocían y luego su nombre comenzó a estar en boca de todos.  Hoy, siete años después de su desaparición aun NO SABEMOS NADA   Cómo se explica eso?  Personalmente no lo entiendo!

Por eso, cuando encontré la imagen que precede estas palabras me hice eco de la pregunta: “cuál es la década ganada”  Quién ganó, quiénes ganaron!?  Si hubo ganadores, si hay ganadores ese seguro que no es Julio López!!!

Han pasado siete de los diez años de gobierno kirchnerista. Un gobierno que se ufana de ser el mayor defensor de los derechos humanos; los que bajaron el cuadro, los que iniciaron los juicios de lesa humanidad, los que les abrieron la Rosada a Madres y Abuelas por igual, etc. y aunque en parte es verdad, y nobleza obliga es de reconocérselo, es durante este periodo de gobierno que no sólo es López quien ha desaparecido por razones políticas y represión policial e institucional.  Es este gobierno quien impulsó y avaló el Proyecto X y la Ley Anti Terrorista, quien ha mantenido relaciones non santas con lo peor de la burocracia sindical sólo por citar una serie de ejemplos de un calibre importante.  Pero no puedo evitar recordar, que también fue y es este gobierno y gobernadores de éste quienes persiguen a pueblos originarios y han profundizado del modelo extractivista y la sojización que impulsa el modelo.

Y volviendo a lo que uno reconoce: no me alcanza con un cuadro bajado, ni las puertas abiertas de la Rosada.  Si alguien debería tener respuestas es este gobierno.  Gobierno que pudo hacer cuanto ha hecho (no demasiado por cierto) en materia de derechos humanos por la inmensa movilización que durante más de treinta años cientos, miles hemos llevado adelante.  Sin nosotros, “partidarios y opositores” del modelo, nada se pudo haber hecho.  Argentina es el único país donde se condena a genocidas porque nunca dejamos de luchar y no porque un día un gobierno X lo incluyó en su agenda.  Esto, para mí es digno de que se reconozca, de lo contrario, no habrá verdadera VERDAD, MEMORIA y JUSTICIA.


JULIO LÓPEZ PRESENTE

martes, 20 de agosto de 2013

LA VIGENCIA DEL TROTSKISMO

El 21 de agosto de 1940 moría asesinado en México León Trotsky, dirigente junto a Lenin de la Revolución Rusa de 1917. El día anterior, Ramón Mercader, un agente de Stalin que simulaba ser simpatizante del trotskismo, había descargado a traición un piquetazo sobre su cabeza en su casa del barrio de Coyoacán.
Trotsky había logrado asilo político en México en 1937, 8 años después de su expulsión de la URSS y de que gobiernos de distintos países europeos le negaran la residencia.

Al momento de su asesinato, muchos de los principales dirigentes del partido bolchevique que junto a Lenin, habían dirigido la Revolución de octubre, habían sido exterminados por Stalin luego de los famosos juicios de Moscú, en los que fueron condenados (incluido Trotsky) por falsos crímenes y traiciones en base a monstruosas falsificaciones y forzadas “confesiones”. Culminaba así el proceso de burocratización del primer Estado obrero, que cobró fuerza a la muerte de Lenin, entronizando una casta burocrática contrarrevolucionaria que, amparada en la falsa teoría del “socialismo en un solo país”, luego de cinco décadas terminaría restaurando el capitalismo donde había sido expropiado.

Miles de partidarios de la oposición de Izquierda, que Trotsky encabezó en la URSS, fueron perseguidos, asesinados y encarcelados. La clase obrera china, alemana y española sufrieron crueles derrotas por responsabilidad de los partidos comunistas orientados por la Komintern (Internacional Comunista), copada por el stalinismo. Así como la muerte en la guerra civil de gran parte de la vanguardia obrera revolucionaria y la derrota de la Revolución Alemana permitieron el surgimiento del stalinismo en la URSS, las nuevas derrotas a su vez habían franqueado el paso a Hitler y al estallido de la Segunda Guerra Mundial. Los partidarios de Trotsky eran apenas un puñado pero éste seguía siendo para Stalin su peor enemigo, y acabar con su vida, su obsesión.

No era el rencor personal la principal razón, sino la fría lógica contrarrevolucionaria. Trotsky encarnaba en sí mismo la experiencia de las tres revoluciones rusas (1905, Febrero y octubre de 1917) y las tradiciones revolucionarias del partido bolchevique. Mientras Trotsky viviera, un nuevo ascenso de masas provocado por las penurias de la nueva guerra, podría encontrar en él y la recién fundada IV Internacional, una alternativa de dirección revolucionaria.

Su obra más importante

Trotsky, dos veces presidente del Soviet de Petrogrado, fundador y organizador del Ejército Rojo, el genial teórico y dirigente del Partido Bolchevique y la Tercera Internacional consideraba, sin embargo, que su tarea más importante había sido la fundación de la Cuarta Internacional. Luego de que la criminal política del stalinismo había permitido el triunfo del nazismo en Alemania, él concluyó que el komintern se había pasado definitivamente al bando de la contrarrevolución.

Era imprescindible fundar una nueva internacional que continuara la pelea por la construcción de una dirección revolucionaria mundial para la clase obrera. La nueva internacional, apenas agrupaba a algunos centenares de cuadros revolucionarios en todo el mundo, pero era fuerte por su dirección, su moral y sus principios revolucionarios y por la teoría y el programa que la cimentaban: la Teoría de la Revolución Permanente y el Programa de Transición. Por eso, pese al golpe cualitativo que significó la pérdida de su principal dirigente, la Cuarta sobrevivió a su fundador. Trotsky tuvo razón, había logrado salvar la continuidad del marxismo revolucionario para las nuevas generaciones.

Un programa para la crisis actual

A fines de los ’80 y comienzos de los ’90 las masas soviéticas y de Europa oriental protagonizaron grandes revoluciones que liquidaron por fi n los regímenes stalinistas, liberando a los trabajadores del mundo de ese siniestro aparato contrarrevolucionario. Fue una colosal victoria que abrió una nueva etapa revolucionaria mundial, en la que a mediados del 2008 estalló la más grande crisis del capitalismo desde el año 1929.

La crisis se profundiza semana a semana y en los países imperialistas los gobiernos organizan gigantescos rescates financieros de billones de dólares para salvar a los bancos y empresas más importantes. Grecia y España están ya en bancarrota, Italia y Portugal le siguen los pasos y toda la Unión Europea se sacude. La receta de los gobiernos para superarla es la vieja y amarga medicina capitalista: salvajes ataques al empleo, el salario, las jubilaciones, las condiciones de trabajo, los presupuestos de salud y educación, un aumento brutal de la explotación. En palabras de Trotsky “la burguesía retoma cada vez con la mano derecha el doble de lo que diera con la izquierda”.

Esto ha detonado una respuesta de los trabajadores y sectores populares como hace décadas no se veía. Millones de obreros han protagonizado combativas huelgas generales en Grecia y España. Centenares de miles salen a las calles en el Estado Español contra el ajuste y dan apoyo de masas a la heroica huelga de los mineros del carbón.

Pero este es también el momento en que el programa de la IV Internacional demuestra su plena vigencia y su validez histórica como la única salida real a favor de los trabajadores a la brutal crisis. Medidas como la escala móvil de salarios de acuerdo a la inflación, el reparto de horas de trabajo con el mismo sueldo para garantizar el empleo, la nacionalización sin indemnización de la banca y las principales empresas con control de sus trabajadores, contenidas en el Programa de Transición, se vuelven imprescindibles para dotar al movimiento obrero y popular de un plan obrero alternativo. Y son, como planteaba Trotsky, el puente por el que puede hoy avanzar con su movilización el movimiento obrero para conquistar su propio gobierno y abrir el camino a una salida socialista.

Por la reconstrucción de la IV Internacional

La Liga Internacional de los Trabajadores (Cuarta Internacional), organización internacional fundada por Nahuel Moreno de la cual hace parte el PSTU, cumplió este año 30 años de existencia. Es heredera de la corriente encabezada por Moreno, que batalló durante décadas al interior de la IV contra el abandono de los principios revolucionarios, que llevaron a la crisis y dispersión del trotskismo. Luego de superar una fuerte crisis debido a la muerte de nuestro principal dirigente, y al “vendaval oportunista” que arrasó a la izquierda en los ‘90, la LIT (CI) ha retomado con fuerza la batalla por la reconstrucción de la IV y el reagrupamiento de los revolucionarios.

Fruto del rearme teórico, programático y político de los últimos años ha logrado instalarse dinámicamente en Europa, uno de los centros actuales del proceso revolucionario mundial, incorporando nuevas secciones como el Partido de Alternativa Comunista de Italia, el Movimiento Alternativa Socialista de Portugal y recientemente Corriente Roja del Estado Español, que está jugando un destacado rol en el enfrentamiento al gobierno de Rajoy, y en el apoyo a la lucha minera y el agrupamiento del sindicalismo alternativo. También se ha extendido a nuevos países en Latinoamérica como Honduras, Colombia, Costa Rica y El Salvador.

A 72 años del asesinato del gran revolucionario ruso, desde el PSTU reivindicamos con orgullo su legado y una vez más hacemos nuestro su viejo grito de guerra: Obreros y obreras de todos los países, agrupaos bajo la bandera de la Cuarta Internacional. ¡Es la bandera de vuestra próxima victoria!


Escrito por PSTU (Partido Socialista de los Trabajadores Unificado) en el Frente de Izquierda y de los Trabajadores – Argentina, Avanzada Socialista N° 52

jueves, 28 de marzo de 2013

MARCHA DE ANTORCHAS POR LA ESCUELA PÚBLICA

El Frente Índigo PRESENTE en la lucha

MARCHA DE ANTORCHAS DEFENDIENDO LA EDUCACIÓN EN PERGAMINO

El Frente Gremial Docente Bonaerense (FGDB) en su convocatoria a “luchar” llamó para el día de martes 26 de marzo a hacer una marcha de antorchas en Capital Federal y en cada seccional a lo largo de la provincia de Buenos Aires.
Pergamino no fue la excepción y otra vez, cientos de docentes, educadores y trabajadores de la educación nos volcamos a la calle para luchar por lo que es nuestro: la EDUCACIÓN PÚBLICA.

Algunos compañeras y compañeras se quejaban, se sentían un tanto frustrados porque decían faltaban muchos colegas a pesar que NO ÉRAMOS MENOS DE DOSCIENTOS.  Ahora bien, cabe que nos preguntemos y desde el Frente Índigo así lo venimos denunciando que no son los docentes quienes son los responsables sino que SON LOS GREMIOS LOS ÚNICOS RESPONSABLES, porque convocando por facebook, por correo electrónico u otros medios semejantes, muchos se quedan atrás de la información y los hechos.  Por eso desde el Frente Índigo, en cada distrito de la provincia donde hay compañeros y compañeras de la Índigo no nos cansamos de pedir en cada asamblea, en cada pasillo de escuela o sala de profes y maestras QUE LAS ASAMBLEAS SE HAGAN EN LA ESCUELA, EN HORARIO DE TRABAJO Y NO SÓLO DE AFILIADOS.   SÓLO ASÍ GARANTIZAREMOS QUE MUCHÍSIMOS MÁS SE SUMEN A LA LUCHA Y GANEN LA CALLE PARA PELEAR. 
LA SOLIDARIDAD, EL SABER QUE EL COMPAÑERO O COMPAÑERA DE TRABAJO TAMBIÉN VA A ESTAR EN TAL O CUAL ACCIÓN GENERA CONFIANZA Y SOSTIENE LA LUCHA Y ALEJA LOS MIEDOS, QUE ARRIESGARÍAMOS A DECIR SON LOS GREMIOS QUIENES IMPULSAN, A LOS EXTORSIVOS DESCUENTOS!
 
LOS DOCENTES PERGAMINENSES CORTANDO LA CALLE EN EL PLENO CENTRO DE LA CIUDAD
Cómo sea, en Pergamino los docentes volvimos a manifestarnos.  Afiliados a FEB, SUTEBA y SADOP, junto a no afiliados volvimos a pronunciarnos, a hacernos ver marchando primero en torno a la plaza 25 de Mayo y luego por la Av. de Mayo donde cortamos el tránsito en el pleno centro pergaminense.

Desgraciadamente, ahí, en esa esquina cortada, mientras los autos esperaban y de a poco se organizaban para dar marcha atrás y buscar otro lugar por donde pasar.  Tuvimos que presenciar un ACTO DE BUROCRATISMO, DE INSOLIDARIDAD DE CLASE Y DE DESOIMIENTO DE LO QUE QUERÍAN LAS BASES.  CUANDO LOS DOCENTES GRITABAN: “¡DIANA, VENÍ PARA ACÁ!”  NOMBRE DE LA Sec. Gral. DE SUTEBA QUE HACIÉNDOSE LA “DESENTENDIDA” DESOÍA EL PEDIDO DE SUS AFILIADOS QUE LE PEDÍAN QUE CON SU MEGÁFONO OCUPARA EL CENTRO DE LA PROTESTA PERO NO, TAL VEZ NO PODÍA OÍR, TAL VEZ PORQUE ESTABA “INVITÁNDONOS” A ABANDONAR LA CALLE Y MARCHAR POR LA PEATONAL.
 
TRABAJADORES DE LA EDUCACIÓN MARCHAN POR LA PEATONAL DE PERGAMINO
LAMENTABLEMENTE, ESTE NO FUE EL ÚNICO Y VERGONZOSO HECHO DE PARTE DE LA GREMIALISTA, PUESTO QUE EN LA PLAZA, LUEGO DE QUE CADA SECRETARIA GENERAL HIZO USO DE LA PALABRA, NUESTRO COMPAÑERO (Juan Manuel Lere) COMO DOCENTE, COMO UNO DE LOS TANTOS QUE ESTÁ LUCHANDO PIDIÓ LA PALABRA Y FUE LA DIRIGENTE MÁXIMA DEL SUTEBA PERGAMIENSE QUIEN LE QUISO NEGAR LA PALABRA PERO LAS BASES, SUS AFILIADOS Y LA MAYORÍA DE LOS DOCENTES PRESENTES FUERON QUIENES LE RECLAMARON A SUTEBA  LO DEJARAN HABLAR Y A PESAR QUE LA GREMIALISTA COMENZÓ A MARCHAR CON UN ÍNFIMO GRUPO DE ACÓLITOS LA MAYORÍA ESCUCHÓ CON BENEPLÁCITO LO QUE NUESTRO COMPAÑERO QUERÍA DECIR.

Frente Índigo Pergamino en el FRENTE ÍNDIGO NACIONAL

TODOS LOS DISCURSOS Y MARCHA POR LA PEATONAL DE PERGAMINO

MARCHANDO POR LA PLAZA  25 Y LA PEATONAL

MOMENTO EN QUE LA BUROCRACIA NIEGA LA PALABRA A LOS DOCENTES

martes, 12 de marzo de 2013

Bicentenario escudo nacional argentino


De todos los símbolos patrios se me ocurre que el escudo es el más olvidado de todos y en función de evitar la desmemoria y aportar el conocimiento es que también en Fermín festejamos el “Bicentenario del Escudo Nacional”

El escudo patrio fue originalmente el sello de la Soberana Asamblea General Constituyente de las Provincias Unidas del Río de la Plata,  es decir, de la Asamblea del Año XIII.   El sello fue encargado a  Juan de Dios Rivera,  según su propio testimonio: «la Soberana Asamblea inmediatamente después de su instalación se sirvió mandarme trabajar los sellos de sus armas lo que verifiqué a la brevedad posible».  

Como puede deducirse este ya existía, antes de la Asamblea del año XIII, pero es a partir de esta que se toma como fecha de creación.
También sabemos que Belgrano lo supo hacer pintar en su bandera y luego este fue adoptado por la Asamblea.

Para quienes gusten ahondar más en este tema les sugiero visitar esta página haciendo click acá. 

sábado, 9 de marzo de 2013

El día que México invadió a los Estados Unidos


Un nueve de marzo…

En esta madrugada de 1916, Pancho Villa atravesó la frontera, incendió la ciudad de Columbus, mató a algunos soldados, se llevó unos cuantos caballos y municiones y al día siguiente regresó a México, para contar hazaña.
Esta fugaz incursión de los jinetes de Pancho Villa fue la única invasión que los Estados Unidos sufrieron - toda su historia.
En cambio, este país ha invadido y sigue invadiendo casi todo el mundo.
Desde 1947, su Ministerio de Guerra se llama Ministerio de Defensa, y su presupuesto de Guerra se llama presupuesto de Defensa.
El nombre es un enigma más indescifrable que el Misterio de la Santísima Trinidad.

Del Libro de Eduardo Galeano "Los Hijos de los Días"

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Pasaron once años del 19 y 20 de diciembre y ESTÁN TODOS

Once años, de los que algunos denominan el “Argentinazo”, once años de aquel hecho al que la historia reconocerá o reconoce como uno de los más grandes estallidos sociales de la Argentina.

Clubes de trueque, piquetes y piqueteros, Pocho o El Ángel de la Bicicleta bautizado por León Gieco, asambleas, centros culturales y una consigna tan pero, pero tan amplia como inocua “QUE SE VAYAN TODOS” marcaron las vísperas del estallido y los días subsiguientes. 

Estas palabras se hacían presentes en la mayoría de los argentinos que unos meses antes, en las elecciones legislativas le habían manifestado su repudio al gobierno de De la Rua y la Alianza, votando masivamente en blanco o haciendo impugnar el voto.  Si recordamos, los sobres electorales se llenaron de figuras como la de Clemente, hubo quienes pusieron fetas de mortadela (tal vez un inconsciente mensaje mafioso criollo referenciado en la cabeza del caballo dejado a los pies de uno de los truhanes en la célebre película El Padrino)   El ingenio y la bronca hecha creatividad hizo que surgiera el Movimiento 501, que pregonaba armar caravanas para alejarse a 501 kilómetros de donde uno votara para quedar eximido de hacerlo.

 

Y volvieron los saqueos… 

El antecedente era del año 89 durante el gobierno de Alfonsín, donde hordas de desesperados irrumpían sobre supermercados arrancando cuanto fuere de las góndolas.

Doce años después, la historia, se le asemejaba a aquella experiencia y la superaba.  Durante el 89, los saqueadores eran grupos anárquicos, donde las agrupaciones políticas poco tuvieron que ver.  Durante el 2001, también la gente estaba dispuesta a arrebatar lo que por derecho le corresponde: la comida.   Pero esta vez y desde hacía años existía ya un fenómeno que podríamos denominar “piqueterismo”.  Surgido en el sur, en Cutral Co allá por el 96  Aglutinando en los cortes de ruta a todo un pueblo que ante la inminencia del cierre de YPF sabía que sin esa empresa el pueblo se moría.  La experiencia piquetera, los cortes de ruta, las asambleas sobre el asfalto fue una práctica que se extendió de norte a sur por el país y algunos años después comenzaría a verse en Buenos Aires, en la Capital de Argentina.  Entonces, la táctica era copar un supermercado y esperar que a cambio de bolsas con alimentos los manifestantes abandonaran pacíficamente el establecimiento.  Por otro lado, estas mismas agrupaciones, también comisiones vecinales y de fomento impulsaban los “Clubes de Trueque” donde uno podía conseguir desde un mecánico para el auto a milanesas de soja sin intervención de dinero.  Primero a través del trueque: determinada mercancía a cambio de otra equivalente y luego con la aparición de las seudo monedas que emitía cada club, que se sumaban a los bonos emitidos por el gobierno nacional como por  los Estados provinciales (LECOP, Patacones y demás).

 

Corralito

A la gente no le gustan los encierros y como una manada desbandada no hubo corral capaz de frenar la bronca de toda una población.

Tras años de convertibilidad, tras años en que la palabra “inflación” solo era un recuerdo y por sobre todo era una palabra tabú, que nadie se atrevía siquiera a mencionar, irrumpió nuevamente en el país.  El gobierno aliancista rompió con años de convertibilidad (un peso un dólar y viceversa), se acorralaron los ahorros bancarios y sólo se permitía retirar $250,00 por semana.  Estas medidas fueron las gotas de un vaso que rebalsaba o mejor aun ponían en evidencia que la cosa así ya no daba para más y los bancos se llenaron de ahorristas que atropellaban contra ellos que les retenían sus ahorros y, si bien, los desocupados ascendían a algo más del 20% de la población y tantísimos más tenían trabajos precarios y claro, ningún ahorro posible, todos sentían como propio el agravio a ahorristas y estos para con los desocupados y todos se solidarizaban con aquellos que hacían largas colas en las embajadas europeas buscando un lugar en el primer mundo europeo.

 

19 y 20

Los hechos ya son conocidos: saqueos, represión, vecinos que salen a las calles golpeando cacerolas, asesinados y heridos y en las grandes ciudades y particularmente en Capital son miles los que se enfilan hacia el Congreso y la Casa de Gobierno sin más armas que una cacerola para hacer ruido y lo que pueda gritar con su voz .

Miles, millones de conjunto se movilizaron en diferentes puntos del país durante esos días al grito de que se vayan todos.  Como decíamos, consigna inocua si las hay, pero la única posible de aglutinar la bronca de un país entero.

No había partido, de derecha, centro o izquierda, que pudiera en ese momento apropiarse y /o dirigir ese vendaval revolucionario.   Con lo que nos atreveríamos a decir que fue una pena.  Pocas veces en la historia se dan hechos semejantes y no había nadie, revolucionario y con política para los de abajo, preferentemente para nosotros, que pudiera dar una salida organizativa a todo ese movimiento.  Más aun, después de que otro presidente Radical se veía obligado a renunciar a la presidencia, no sin antes pasar a la historia como el que en democracia decretaba el Estado de Sitio, hecho este que nadie estaba dispuesto a tolerar y al que se le hizo caso omiso.

 

Asambleas, cooperativas y fábricas recuperadas


Estas y otras experiencias surgirían y fortalecerían a las existentes a partir de aquel verano del 2001-2002

Para muchos, comenzó un tiempo de utopía, la posibilidad de romper con la típica organización vertical y comenzar a andar en la experiencia de la horizontalidad y poner en práctica el sueño de la democracia directa.  Pero el tiempo, según nuestro parecer, demostró que hay prácticas difíciles de salvar.  Si bien existen y prosperan por suerte, empresas bajo el control cooperativo de sus trabajadores/as, perduran centros culturales magníficos donde se desarrollan todo tipo de artes, muchas experiencias quedaron en el camino.  Sucumbieron  ante las exigencias de un sistema político y económico mundial que no avala este tipo de prácticas.  Aunque claro, debemos honrar a la verdad y poner en evidencia que muchos de los responsables de dichos “fracasos” fueron sus propios miembros, peor aún, en algunas experiencias como en la Asamblea del Parque Avellaneda, diferentes partidos  de izquierda, peleándose por intereses estériles como sectarios colaboraron en destruir una de las mayores experiencias asamblearias.

 

Once años después


La situación económica del país a cambiado sustancialmente, en materia política y partidaria ha cambiado otro tanto, la relación de la ciudadanía con la política y sus representados distaría años luz del “que se vayan todos”.

Cabe resaltar que si bien decimos que la economía, la práctica política ha cambiado en once años no estamos diciendo que esta etapa sea mejor.  ¡Si diferente, pero mejor, no!

 

Hoy, 19 diciembre, en Plaza de Mayo se está movilizando buena parte de la dirigencia sindical opositora al gobierno, partidos de izquierda y algunos partidos como la UCR que “extrañamente” se estaría movilizando también.

 

Las redes sociales, los ciber militantes K y el Frente Para la Victoria


Quienes pasamos algo de tiempo entre redes sociales, podemos observar como toda la militancia ciber K trata de desvirtuar y/o desconocer que hoy se estará produciendo una importante movilización contra el gobierno (es verdad que éste como sus defensores no están acostumbrados a que se le marche y movilice en contra pero saben aunque intenten ocultarlo, que un paro nacional contundente hace unos días, empieza a mostrar que hay muchos que no les alcanza con el verso de que hoy estamos mejor que en el 2003)

Es verdad de todos modos, ya lo decíamos, no estamos como en el 2003.  El gobierno ha logrado un crecimiento económico a tasas chinas pero sin embargo miles de trabajadores se ven obligados a pagar lo que se conoce como “impuesto a las ganancias”.   Desde el más rico al más pobre pagan el mismo 21% de IVA al comprar un litro de leche, los docentes se ven obligados a trabajar con sueldos que no alcanzan y en escuelas que se caen a pedazos, cursos que superan los cuarenta alumnos/as y como si esto fuera poco se ha impuesto el trabajo tercerizado y no nos olvidemos que muchísimos trabajadores lo hacen en negro, incluidos empleados estatales como los docentes. 

Entonces, quiénes son los verdaderos beneficiarios del crecimiento económico.  Como desde hace añares, los grandes capitalistas extranjeros, los que más tienen en el país. 

“La clase trabajadora también se beneficia” dice el gobierno.  “Gracias a este modelo rompimos la situación en la que se encontraba en 2003” repiten una y otra vez ocultando que si el beneficio de los trabajadores/as, es contar con trabajo más o menos estable, este conlleva sueldos en negro, trabajo precario, clientelismo, dependencia de las grandes empresas contaminantes como las mineras o Monsanto por citar casos emblemáticos y por sobre todo seguir pagando estrictamente los compromisos de deuda con los organismos internacionales de crédito, pagos de una deuda externa que buena parte de ella es la que contrajo la última dictadura militar y está harto comprobada de su ilegalidad.


Para nosotros el día de hoy es un día de lucha, un día que debería servir para reflexionar  y pensar que país queremos y tenemos.  Porque insistimos, tener un trabajo medianamente estable, dice el dicho: “es pan para hoy hambre para mañana”.  La mejor forma de homenajear a las víctimas del 19 y 20 es profundizar los reclamos, exigirle a este gobierno que renuncie o bien lleve adelante un modelo realmente “nacional y popular” como tanto le gusta autodefinirse y romper con los intereses económicos internacionales de una vez por todas y volcar los recursos económicos y naturales en beneficio de los trabajadores y trabajadoras.

Tenemos que terminar de pagar por lo que es nuestro, como se hizo con una parte de YPF, que luego por otro lado es manejado por otros capitalistas extranjeros.


Como decíamos, para nosotros hoy son días para pensar, reflexionar y debatir.  Este es nuestro pequeño aporte!!!

sábado, 15 de diciembre de 2012

Hobsbawm, sobre la actualidad del Manifiesto Comunista, un texto por de más de actual

INTRODUCCIÓN AL MANIFIESTO COMUNISTA

En conmemoración de la muerte del renombrado erudito e historiador marxista Eric Hobsbawm, Verso presenta su introducción a la edición más reciente de El manifiesto comunista de Marx y Engels, para deleite de todos. (Matthew Cole).

I
En la primavera de 1847 Karl Marx y Frederick Engels acordaron afiliarse a la llamada Liga de los Justos (Bund der Gerechten), una rama de la anterior Liga de los Proscritos (Bund der Geächteten), sociedad secreta revolucionaria creada en París en la década de 1830 bajo la influencia de la Revolución Francesa por artesanos alemanes, la mayoría sastres y carpinteros, y todavía compuesta principalmente por estos artesanos expatriados radicales. La Liga, convencida de su “comunismo crítico”, se ofreció a publicar un manifiesto redactado por Marx y Engels como su documento político y también a modernizar su organización siguiendo sus líneas. Y efectivamente se reorganizó en el verano de 1847, cambiando su antiguo nombre por el de Liga de los Comunistas (Bund der Kommunisten) comprometida con el propósito de “derrocar a la burguesía, instaurar el dominio del proletariado, acabar con la vieja sociedad basada en las contradicciones de clase (Klassengegensätzen) y establecer una nueva sociedad sin clases ni propiedad privada”. Un segundo congreso de la Liga celebrado también en Londres en los meses de noviembre y diciembre de 1847 aceptó formalmente los objetivos y nuevos estatutos e invitó a Marx y a Engels a redactar el nuevo Manifiesto exponiendo los objetivos y políticas de la Liga.

Aunque tanto Marx como Engels prepararon borradores y el documento representa claramente los puntos de vista de ambos, el texto final fue escrito casi con toda certeza por Marx, tras una reprimenda a éste por parte del Ejecutivo, puesto que a Marx, tanto entonces como después, le resultaba difícil terminar sus textos sin el apremio de una fecha límite. La ausencia virtual de borradores anteriores sugiere que lo escribió a toda prisa (i). El documento resultante, de veintitrés páginas, titulado Manifiesto del Partido Comunista (conocido desde 1872 como El Manifiesto Comunista), se publicó en febrero de 1848 tras imprimirlo en las oficinas de la Asociación Educativa de los Trabajadores, más conocida como la Communistischer Arbeiterbildungsverein, que sobrevivió hasta 1914 en el 46 de Liverpool Street de Londres.

Este pequeño panfleto es el texto político más influyente desde la Declaración de los derechos humanos y ciudadanos de la Revolución Francesa. Por suerte estaba ya en la calle antes de que estallaran las revoluciones de 1848, que desde París se propagaron como un incendio forestal por todo el continente europeo. Aunque su horizonte era firmemente internacionalista -la primera edición anunciaba de forma optimista pero errónea la publicación inminente en inglés, francés, italiano, flamenco y danés- su impacto inicial fue exclusivamente en alemán. A pesar de que la Liga Comunista era pequeña, desempeñó un papel significativo en la revolución alemana, al menos mediante el periódico Neue Rheinische Zeitung [La Nueva Gaceta Renana] (1848-49), que editaba Karl Marx.  La primera edición del Manifiesto se imprimió tres veces en unos meses, por capítulos, en la Deutsche Londoner Zeitung, corregida y maquetada de nuevo en 30 páginas en abril o mayo de 1848, pero desapareció de la circulación con el fracaso de las revoluciones de 1848. Cuando Marx se estableció en Inglaterra en 1849 para comenzar su exilio de por vida, los ejemplares que quedaban del Manifiesto eran tan escasos que pensó que valía la pena reimprimir la Sección III (Socialistische und kommunistische Literatur) en el último número de su revista de Londres, Neue Rheinische Zeitung, politisch-ökonomische Revue [La nueva gaceta renana, revista político económica] (noviembre de 1850), poco leída.

Nadie podía predecir un futuro tan extraordinario del Manifiesto en las décadas de 1850 y 1860. Un impresor alemán emigrado imprimió privadamente una nueva edición en Londres, probablemente en 1864, y otra pequeña edición en Berlín en 1866, la primera publicada en Alemania. Entre 1848 y 1868 parece que no hubo traducciones, excepto una versión en sueco, publicada probablemente a finales de 1848, y otra en inglés en 1850, significativas en la historia bibliográfica del Manifiesto sólo porque la traductora parece haber consultado a Marx o seguramente a Engels puesto que ella vivía en Lancashire. Ambas versiones desaparecieron sin dejar rastro. A mediados de la década de 1860 no quedaba prácticamente nada impreso de lo que había escrito Marx.

El protagonismo de Marx en la Asociación Internacional de Trabajadores (la denominada “Primera Internacional”,1864-1872) y la aparición en Alemania de dos partidos importantes de la clase obrera, ambos fundados por antiguos miembros de la Liga Comunista que lo tenían en gran estima, llevó a un resurgimiento del interés por el Manifiesto, al igual que por otros escritos suyos, en especial el de su lúcida defensa de la Comuna de París de 1871 (conocido como La guerra civil de Francia) que le proporcionó una considerable notoriedad en la prensa como líder peligroso de la subversión internacional, temido por los gobiernos. Y en particular el juicio por traición a los líderes de la Socialdemocracia alemana Wilhelm Liebknecht, August Bebel y Adolf Hepner en marzo de 1872 le proporcionó una publicidad inesperada.  La acusación leyó el texto del Manifiesto, lo que proporcionó a los socialdemócratas su primera oportunidad de publicarlo legalmente en una larga tirada como documento perteneciente al procedimiento judicial. Como parecía lógico que un documento escrito antes de la revolución de 1848 necesitara algunas correcciones y comentarios explicativos, Marx y Engels escribieron el primero de los prefacios de todos los que desde entonces han acompañado a las nuevas ediciones del Manifiesto (ii). Por motivos legales el prefacio no se pudo distribuir legalmente en su momento, pero la edición de 1872 (basada en la de 1866), se convirtió en la base de todas las ediciones posteriores. Mientras tanto, entre 1871 y 1873, aparecieron al menos nueve ediciones del Manifiesto en seis lenguas.

Durante los cuarenta años siguientes el Manifiesto conquistó el mundo, empujado por el surgimiento de los nuevos partidos laboristas (socialistas), en los que la influencia marxista creció rápidamente en la década de 1880. Ninguno de estos eligió la denominación de Partido Comunista hasta que los bolcheviques rusos volvieron a la denominación original después del triunfo de la Revolución de Octubre, pero el título de Manifiesto del Partido Comunista permaneció inalterado. Incluso antes de la Revolución Rusa de 1917 ya se habían imprimido varios centenares de ediciones en unos treinta idiomas, incluidas tres ediciones en japonés y una en chino. Sin embargo la zona en la que tuvo más influencia fue el cinturón central de Europa que va desde Francia en el oeste hasta Rusia en el este. No sorprende que el mayor número de ediciones se realizara en ruso (70) más otras 35 en las lenguas del imperio zarista: 11 en polaco, 7 en yidis, 6 en finlandés, 5 en ucraniano, 4 en georgiano y 2 en armenio. Hubo 55 ediciones en alemán y para el imperio de los Habsburgo, 9 en húngaro, 8 en checo y solo 3 en croata, una en eslovaco, otra en esloveno y 34 en inglés, lo que incluye los EE.UU., (donde la primera traducción apareció en 1871), 26 en francés y 11 en italiano, la primera en 1889 (iii). El impacto en el suroeste europeo fue limitado: 6 ediciones en español (incluida América Latina) y una en portugués. También fue bajo el impacto en el sureste de Europa, 7 ediciones en búlgaro, 4 en serbio, 4 en rumano y una sola edición en ladino, presumiblemente editada en Salónica. El norte de Europa estuvo moderadamente bien representado con 6 ediciones en danés, 5 en sueco y 2 en noruego (iv).

Esta desigual distribución geográfica no solo reflejaba el desarrollo desigual del movimiento socialista y de la propia influencia de Marx, tan distinta de otras ideologías revolucionarias como el anarquismo. Debe recordarnos también que no existía una estrecha correlación entre el tamaño y la fuerza de los partidos socialdemócratas y laboristas en cuanto a la difusión del Manifiesto. Así, hasta 1905 el Partido Socialdemócrata Alemán, con cientos de miles de afiliados y millones de votantes, imprimió las nuevas ediciones del Manifiesto en tiradas menores de 2.000 o 3.000 copias. Del programa de Erfurt del partido de 1891 se tiraron 120.000 ejemplares mientras que, al parecer, no se imprimieron más de 16.000 copias del Manifiesto en los 11 años comprendidos entre 1895 y 1905, cuando en este último año la circulación de su revista teórica Die Neue Zeit era de 6.400 ejemplares (v). No se esperaba del afiliado medio de un partido marxista socialdemócrata de masas que aprobase exámenes de teoría. Al contrario, las 70 ediciones de la Rusia prerrevolucionaria se correspondían con una combinación de organizaciones, ilegalizadas la mayor parte del tiempo, cuyo número total de miembros no pasaría de unos pocos miles. Asimismo las 34 ediciones en inglés fueron publicadas por y para las sectas marxistas dispersas por el mundo anglosajón que operaban en el ala izquierda de los partidos laboristas y socialistas de entonces. Éste era el entorno “en el que la claridad de un camarada se medía invariablemente por las señales en su Manifiesto” (vi). En otras palabras, los lectores del Manifiesto, aunque formaban parte de los nuevos partidos y movimientos laboristas socialistas, casi con toda seguridad no eran una muestra representativa de su afiliación. Eran hombres y mujeres con un interés especial en la teoría que subyace en estos movimientos. Y seguramente esto es verdad todavía.

Esta situación cambió después de la Revolución de Octubre, por lo menos en los partidos comunistas. A diferencia de los partidos de masas de la Segunda Internacional (1889-1914), los de la Tercera Internacional (1919-43) esperaban que todos sus miembros comprendieran la teoría marxista o al menos mostraran algún conocimiento de la misma. Desapareció la dicotomía entre los líderes políticos de hecho, desinteresados en la escritura de libros, y los ‘teóricos’ como Karl Kautsky, conocido y respetado como tal, pero no como político práctico en la toma de decisiones. Siguiendo a Lenin, ahora se suponía que todos los líderes debían ser teóricos importantes puesto que todas las decisiones políticas estaban justificadas con base en el análisis marxista, o más probablemente en la autoridad textual de ‘los clásicos’: Marx, Engels, Lenin y a su debido tiempo, Stalin. La publicación y distribución a nivel popular de los textos de Marx y Engels se convirtió en una cuestión más importante para el movimiento de lo que había sido en los tiempos de la Segunda Internacional. Se publicaban desde series con los textos más cortos, probablemente siguiendo el ejemplo de la editorial alemana Elementarbücher des Kommunismus durante la República de Weimar, hasta compendios adecuadamente seleccionados de lecturas tales como la inestimable Selección de correspondencia de Marx y Engels, primero en dos volúmenes y después en tres, o las Obras Reunidas de Marx y Engels en dos o en tres volúmenes, así como la preparación de las Obras Completas (Gesamtausgabe), todo respaldado por los recursos ilimitados a estos efectos del Partido Comunista de la Unión Soviética y muchas veces imprimidas en la Unión Soviética en una gran variedad de lenguas extranjeras.

El Manifiesto Comunista se benefició de esta nueva situación de tres maneras. Su circulación sin duda aumentó. La edición barata publicada en 1932 por las editoriales oficiales de los partidos comunistas estadounidense y británico “de cientos de miles” de copias se ha descrito como “probablemente la mayor edición masiva jamás impresa en inglés” (vii). El título del Manifiesto ya no era una supervivencia histórica, sino que se vinculaba directamente con la política de la época. Desde el momento en que un Estado principal afirmó representar la ideología marxista, la posición del Manifiesto como texto de ciencia política quedó reforzada y consecuentemente entró en los programas educativos de las universidades, destinada a expandirse rápidamente después de la Segunda Guerra Mundial, cuando el marxismo de los lectores intelectuales iba a encontrarse con su público más entusiasta en las décadas de los 60 y 70.

La URSS emergió de la Segunda Guerra Mundial como una de las dos superpotencias, encabezando una vasta región de Estados comunistas y de Estados satélite. Los partidos comunistas occidentales, con la notable excepción del partido comunista alemán, emergieron más fuertes de lo que fueron nunca, ni parecía probable que lo fueran a ser. Aunque había empezado la Guerra Fría, en el año de su centenario el Manifiesto lo publicaban no solamente los editores comunistas o marxistas, sino también editoriales no políticas en grandes ediciones con introducciones de académicos eminentes. En otras palabras, ya no era solo un documento marxista clásico, sino que se había convertido en un clásico político y punto.

Sigue siendo un clásico incluso después del final del comunismo soviético y del declive de los partidos y movimientos marxistas en muchas partes del mundo. En los Estados sin censura, se puede encontrar en librerías o bibliotecas. El propósito de una nueva edición no es por tanto poner el texto de esta asombrosa obra maestra al alcance de todo el mundo y menos aún revisitar un siglo de debates doctrinales acerca de la interpretación “correcta” de este documento fundamental del marxismo. Se trata de recordarnos de que el Manifiesto aún tiene mucho que decir al mundo en las primeras décadas del siglo XXI.*

II
¿Qué tiene que decir? Se trata, por supuesto, de un documento escrito para un determinado momento histórico. Parte del mismo quedó obsoleto casi de inmediato, como por ejemplo las tácticas recomendadas a los comunistas en Alemania, que no se aplicaron durante la revolución de 1848 y sus secuelas. Otra parte del mismo se fue quedando obsoleta a medida que transcurrían los años que separaban a los lectores de la fecha en que se escribió. Hacía mucho tiempo que Guizot y Metternich ya no lideraban gobiernos para ser personajes de los libros de historia y el zar ya no existe (aunque el Papa sí). En cuanto a la discusión sobre la “literatura socialista y comunista”, los propios Marx y Engels reconocieron en 1872 que ya entonces estaba desfasada.

Y lo que es más importante: con el paso del tiempo, el lenguaje del Manifiesto ya no era el de sus lectores. Por ejemplo, se ha comentado ampliamente la frase que decía que el avance de la sociedad burguesa había rescatado “a una parte considerable de la población de la idiotez de la vida rural”. Pero mientras no hay duda de que Marx en ese momento compartía el desprecio e ignorancia habituales del habitante de la ciudad hacia el entorno campesino, la frase alemana actual y analíticamente más interesante de dem Idiotismus des Landlebens entrissen no se refiere a la “estupidez”, sino al “horizonte estrecho” o “al aislamiento del conjunto de la sociedad” en que vivía la gente del campo. Hacía eco del significado original del término griego idiotes, de donde se derivan los significados actuales de “idiota” o “idiotez”: “una persona preocupada solo de sus asuntos privados y no de los de una comunidad más amplia”. Desde 1840 y en los movimientos cuyos miembros, al contrario que Marx, no habían recibido una educación clásica, el sentido original se desvaneció y se malinterpretó.

Esto resulta aún más evidente en el vocabulario político del Manifiesto. Los términos como Stand (Estado), Demokratie (democracia) o “nación/nacional”, o bien tienen poca aplicación a las políticas de finales del siglo XX o han dejado de tener el significado que tenían en el discurso político o filosófico de la década de 1840. Por poner un ejemplo obvio: el “Partido Comunista”, de cual nuestro texto afirmó ser el Manifiesto, no tuvo nada que ver con los partidos de la política democrática moderna, ni con los “partidos de vanguardia” del comunismo leninista, sin mencionar los partidos estatales de tipo soviético o chino. Ninguno de estos partidos existía en aquel momento. La palabra “partido” todavía significaba esencialmente una tendencia o corriente de opinión o táctica, aunque Marx y Engels reconocían que en cuanto esto se materializaba en los movimientos de clase, se desarrollaba algún tipo de organización (diese Organisation der Proletarier zur Klasse, und damit zur politischen Partei). De ahí la distinción en la sección IV entre “los partidos de clase obrera existentes… los cartistas en Inglaterra, los reformistas agrarios en Estados Unidos” y otros, no constituidos todavía (viii). Como deja claro el texto, en esta etapa el partido comunista de Marx y Engels no constituía una organización ni intentaba serlo, y menos pretendía ser una organización con un programa específico distinto al de las demás organizaciones (ix). Por cierto, no se menciona en el Manifiesto el sujeto real en cuyo nombre se escribió, la Liga de los Comunistas.

Por otra parte, queda claro que el Manifiesto no solo se escribió en y para una situación histórica determinada, sino que también representaba una fase relativamente inmadura del desarrollo del pensamiento marxista. Y esto se hace más evidente en los aspectos económicos. Aunque Marx había empezado en serio a estudiar la economía política en 1843, no se propuso desarrollar el análisis económico expuesto en El Capital hasta que llegó exiliado a Inglaterra después de la Revolución de 1848 y tuvo acceso a los tesoros de la biblioteca del Museo Británico en el verano de 1850. De ahí que la distinción entre la venta de su mano de obra al capitalista por parte del obrero y la venta de su fuerza de trabajo que resulta esencial para la teoría marxiana de la plusvalía y la explotación no se había hecho en el Manifiesto. Tampoco opinaba el Marx maduro que el precio de la mercancía “trabajo” era su coste de producción; es decir, el coste del mínimo fisiológico de mantener con vida al trabajador. En resumen, Marx escribió el Manifiesto menos como economista marxiano que como comunista ricardiano.

Y sin embargo, a pesar de que Marx y Engels recordaban a los lectores que el Manifiesto era un documento histórico desfasado en muchos aspectos, promovieron y ayudaron la publicación del texto de 1848 con modificaciones y aclaraciones relativamente menores (x). Reconocieron que seguía siendo una importante exposición del análisis que distinguía su comunismo de todos los demás proyectos existentes para la creación de una sociedad mejor. En esencia este análisis era histórico. Su núcleo era la demostración del desarrollo histórico de las sociedades y específicamente de la sociedad burguesa, que reemplazó a sus predecesoras, revolucionó el mundo y a su vez creaba necesariamente las condiciones para su reemplazo inevitable. Al contrario que la economía marxiana, “la concepción materialista de la Historia” que subyace en este análisis había encontrado ya su formulación madura a mediados de la década de 1840, y había permanecido prácticamente sin cambios en los años posteriores (xi). En este aspecto el Manifiesto era ya un documento definitorio del marxismo. Encarnaba una visión histórica, aunque su esquema general requería un análisis más detallado.

III
¿Qué impresión causará el Manifiesto al lector que accede hoy al mismo por primera vez? El nuevo lector no puede dejar de ser arrastrado por la convicción apasionada, la brevedad concentrada, la fuerza intelectual y estilística de este asombroso panfleto. Está escrito como en un único estallido creativo, con frases lapidarias que se transforman de forma casi natural en aforismos memorables que se conocen mucho más allá del mundo del debate político: desde la apertura “Un fantasma recorre Europa, el fantasma del comunismo”, hasta el final “Los proletarios no tienen nada que perder más que las cadenas. Tienen un mundo que ganar” (xii). Igualmente fuera de lo común en la escritura alemana del siglo XIX son los párrafos cortos, apodícticos, generalmente de una a cinco líneas. Solo en cinco casos, entre más de doscientos, hay quince líneas o más. Sea lo que sea, El Manifiesto Comunista como retórica política tiene una fuerza casi bíblica. En resumen, es imposible negar su irresistible poder literario (xiii).

No obstante, lo que indudablemente impactará al lector contemporáneo del Manifiesto es el diagnóstico notable del carácter revolucionario y el impacto de la “sociedad burguesa”. No se trata simplemente de que Marx reconociera y proclamara los extraordinarios logros y el dinamismo de una sociedad que detestaba, para sorpresa de más de un defensor posterior del capitalismo ante la amenaza roja. De lo que se trata es que el mundo transformado por el capitalismo que describió en 1848, en pasajes de elocuencia oscura y lacónica, se reconoce en el mundo en que vivimos hoy, 150 años después. Curiosamente, el optimismo poco realista de dos revolucionarios de veintiocho y treinta años ha demostrado ser la fuerza más perdurable del Manifiesto. Porque aunque el “fantasma del comunismo” obsesionó realmente a los políticos y aunque Europa atravesaba un periodo de crisis económica y social y estaba al borde de la mayor revolución a escala continental de su historia, estaba claro que no se daban los fundamentos necesarios que respaldaran la convicción del Manifiesto de que se aproximaba el momento de derrocar el capitalismo (la revolución burguesa en Alemania iba a ser el preludio de la revolución proletaria que le sucedería). Al contrario. Como sabemos ahora, el capitalismo se disponía a comenzar su primer periodo de avance global triunfal.

Dos cosas contribuyeron a la fuerza del Manifiesto. La primera es su visión, incluso en el mismo comienzo de la marcha triunfal del capitalismo, de que este modo de producción no era permanente, estable, “el fin de la historia”, sino una fase temporal de la historia de la humanidad, destinada como sus predecesoras a ser sustituida por otro tipo de sociedad (a no ser –y esta frase del Manifiesto no se ha estudiado con suficiente atención– que se derrumbara “sobre la ruina común de las clases contendientes”). La segunda es su reconocimiento de las necesarias tendencias históricas a largo plazo del desarrollo capitalista. El potencial revolucionario de la economía capitalista era ya evidente. Marx y Engels no pretendieron ser los únicos que lo reconocieran. Desde la Revolución Francesa algunas de las tendencias que observaron se imponían claramente. Por ejemplo el declive de las “provincias independientes o débilmente asociadas, con intereses, leyes, gobernantes y sistemas fiscales separados”, ante los estados-nación “con un gobierno, un código de derecho, un interés nacional de clase, una frontera y un arancel aduanero. Sin embargo, al final de la década de 1840, lo que había conseguido la “burguesía” era mucho más modesto que los milagros que se le atribuían en El Manifiesto. Después de todo, en 1850 el mundo no producía más de 71.000 toneladas de acero (casi el 70% en Inglaterra) y se habían construido menos de 24.000 millas de ferrocarriles (dos tercios en Inglaterra y EE.UU.) Los historiadores no han tenido dificultad en demostrar que incluso en Inglaterra la Revolución Industrial (un término utilizado específicamente por Engels a partir de 1844) (xiv) apenas había creado un país industrial, ni siquiera en su mayor parte urbano antes de 1850. Marx y Engels no describieron el mundo ya transformado por el capitalismo en 1848; pronosticaron que el destino lógico del mundo sería que el capitalismo lo transformara.

Ahora, en el tercer milenio del calendario occidental, vivimos en un mundo en el que esta transformación ha producido. En cierto sentido prácticamente podemos ver la fuerza de las predicciones del Manifiesto incluso más claramente que las generaciones que vivieron entre el momento de su publicación y el actual. Porque hasta la revolución en el transporte y las comunicaciones posterior a la Segunda Guerra Mundial había limitaciones a la globalización de la producción, “al carácter cosmopolita de la producción y el consumo en todos los países”. Hasta la década de 1970 la industrialización permaneció abrumadoramente confinada en sus regiones de origen. Algunas escuelas marxistas podrían incluso argumentar que el capitalismo, al menos en su forma imperialista, lejos de “obligar a todas las naciones a adoptar el modo de producción burgués, so pena de extinción” perpetraba o incluso creaba, por su naturaleza, el “subdesarrollo” en el llamado Tercer Mundo. Mientras un tercio del género humano vivía en sistemas económicos del modelo del comunismo soviético, parecía que el capitalismo nunca triunfaría en su empeño de obligar a todas las naciones a “convertirse en burguesas”. No “crearía un mundo a su imagen”. Otra vez, antes de la década de 1960 la predicción del Manifiesto de que el capitalismo conllevaba la destrucción de la familia aparentemente no se había producido, ni siquiera en los países occidentales avanzados donde hoy alrededor de la mitad de las personas nacen o crecen con madres solteras y la mitad de los hogares de las grandes ciudades está formada por una sola persona.

En resumen, lo que en 1848 le podría haber parecido a un lector no comprometido retórica revolucionaria -o en el mejor de los casos una predicción plausible– se puede leer actualmente como una caracterización concisa del capitalismo a finales del siglo XX. ¿De qué otro documento de 1840 podría decirse lo mismo?

IV
Sin embargo, si al final del milenio nos sorprende la visión aguda del Manifiesto sobre el futuro entonces remoto de un capitalismo masivamente globalizado, el fallo de otra de sus predicciones resulta igual de sorprendente. Ahora resulta evidente que la burguesía no ha producido “por encima de todo… sus propios sepultureros” dentro del proletariado. “La caída de la burguesía y la victoria del proletariado” tampoco han resultado “igualmente inevitables”. El contraste entre las dos mitades del análisis del Manifiesto en la sección “Burgueses y Proletarios” exige una explicación más amplia transcurridos 150 años de lo que era necesario en su centenario.

El problema no reside en la visión de Marx y Engels de un capitalismo que necesariamente transformó a la mayoría de la gente que se ganaba la vida en este sistema económico en hombres y mujeres que para su propio sustento necesitaban ofrecer su mano de obra por jornales o salarios. Indudablemente lo ha hecho, aunque actualmente los ingresos de algunas personas teóricamente empleadas a cambio de un salario, como los directivos de empresa, difícilmente pueden considerarse proletarios. Tampoco mentían al creer que la mayoría de esa población trabajadora sería esencialmente fuerza de trabajo industrial. Aunque Gran Bretaña fue excepcional siendo un país en que los trabajadores manuales asalariados constituyeron la mayoría absoluta de la población, el desarrollo de la producción industrial requirió la entrada masiva de trabajadores manuales durante más de un siglo después del Manifiesto. Incuestionablemente éste ya no es el caso de la producción moderna de alta tecnología intensiva en capital, una evolución que no tuvo en cuenta el Manifiesto, aunque en sus estudios económicos más desarrollados el propio Marx imaginó el posible desarrollo de una economía con menos necesidad de mano de obra, al menos en una época post-capitalista (xv). Incluso en las viejas economías industriales del capitalismo, el porcentaje de personas empleadas en la industria manufacturera permaneció estable hasta la década de 1970, excepto en EE. UU., donde el declive se produjo algo antes. En realidad, con muy pocas excepciones –como las de Gran Bretaña, Bélgica y EE.UU. – en 1970 los trabajadores industriales constituyeron probablemente una proporción mayor de la población total ocupada del mundo industrializado y en vías de industrialización que se haya dado nunca antes.

En cualquier caso, el derrocamiento del capitalismo previsto por el Manifiesto no se basaba en la transformación previa de la “mayoría” de la población en proletaria, sino en la suposición de que la situación del proletariado en la economía capitalista era tal que una vez organizado en un movimiento de clase necesariamente político, podría tomar la iniciativa, agrupar en torno a él el descontento de otras clases y así conquistar el poder político como “el movimiento independiente de la inmensa mayoría en el interés de la inmensa mayoría”. Así, el proletariado “se sublevaría para ser la clase dirigente de la nación… [y] constituirse en la nación” (xvi).

Como no se ha derrocado el capitalismo, tendemos a descartar esta predicción. No obstante, y aunque parecía absolutamente improbable en 1848, el levantamiento de movimientos organizados con base en la conciencia de la clase obrera estaba llamado a cambiar la política de la mayoría de los países capitalistas de Europa, lo que existía raramente fuera de Gran Bretaña. Partidos laboristas y socialistas emergieron en la mayor parte del mundo “desarrollado” en 1880, convirtiéndose en partidos de masas en Estados con la franquicia democrática que tanto habían ayudado a establecer. Durante y después de la Primera Guerra Mundial otra rama de los “partidos proletarios” siguió la senda revolucionaria de los bolcheviques, otra rama se convirtió en los pilares que sustentaron el capitalismo democratizado. La rama bolchevique apenas tiene ya importancia en Europa occidental o se ha asimilado a la socialdemocracia. La socialdemocracia, tal como existía en los tiempos de Bebel e incluso de Clement Attlee, lucha en la retaguardia. No obstante, los partidos socialdemócratas de la Segunda Internacional, a veces con sus nombres originales, son aún potencialmente los partidos de gobierno de varios Estados europeos. Aunque esos gobiernos fueron menos frecuentes a principios del siglo XXI que a finales del XX, estos partidos han batido el record de continuidad como grandes agentes políticos durante más de un siglo.

En resumen, lo que está equivocado no es la predicción del Manifiesto del papel central de los movimientos políticos con base en la clase obrera (y aún en ocasiones éstos llevan específicamente el nombre de clase, como los partidos laboristas británico, holandés, noruego y australiano). Lo que está equivocado es la proposición: “De todas las clases que se enfrentan hoy a la burguesía, solo la proletaria es realmente revolucionaria”, cuyo destino inevitable, implícito en la naturaleza y desarrollo del capitalismo, es el derrocamiento de la burguesía: “Su caída y la victoria del proletariado son igualmente inevitables”.

Incluso en los notorios “años cuarenta del hambre”, el mecanismo que debía conseguirlo –la inevitable pauperización (xvii) de los obreros– no resultó totalmente convincente; a menos que se basara en la suposición, improbable incluso entonces, de que el capitalismo estaba en su crisis final a punto de ser inmediatamente derrocado. Era un mecanismo dual. Además del efecto de pauperización en el movimiento obrero, se demostró que la burguesía no estaba “capacitada para gobernar porque es incompetente para asegurar la existencia a sus esclavos dentro de su esclavitud, ya que no puede evitar que se hundan hasta tal extremo que tiene que alimentarlos en vez de al contrario”. Lejos de proporcionarle el beneficio que alimentara el motor del capitalismo, ahora la mano de obra se lo comía. Pero dado el potencial económico enorme del capitalismo, tan dramáticamente expuesto en el propio Manifiesto, ¿por qué fue inevitable que el capitalismo no pudiera proporcionar sustento, aunque miserable, a la mayor parte de la clase obrera o alternativamente que no pudiera permitirse un sistema de previsión social? ¿Ese “pauperismo” (en sentido estricto, ver nota 17) se desarrolla con mayor rapidez que la población y la riqueza”? (xviii). Si el capitalismo tenía una larga vida por delante como resultó obvio muy poco después de 1848, esto no tenía por qué ocurrir, y efectivamente no ocurrió.

La visión del desarrollo histórico de la “sociedad burguesa” del Manifiesto, lo que incluye a la clase obrera que la misma generaba, no condujo necesariamente a la conclusión de que el proletariado derrocaría al capitalismo y al hacerlo abriría el camino al desarrollo del comunismo, porque la visión y la conclusión no derivaban del mismo análisis. El objetivo del comunismo, adoptado antes de que Marx se hiciera “marxista”, no derivaba del análisis de la naturaleza y el desarrollo del capitalismo, sino de un argumento filosófico –incluso escatológico– sobre la naturaleza humana y su destino. La idea fundamental de Marx a partir de entonces de que el proletariado era la clase que no podía liberarse a sí misma sin liberar al mismo tiempo a la sociedad en su conjunto, aparece primero como una “deducción filosófica, en lugar de ser producto de la observación” (xix). En palabras de George Lichtheim: “el proletariado apareció por primera vez en los escritos de Marx como la fuerza social necesaria para llevar a cabo los objetivos de la filosofía alemana”, como lo expuso Marx en 1843 y 1844 (xx).

La “posibilidad positiva de la emancipación de Alemania”, escribió Marx en la Introducción a la Crítica a la Filosofía del Derecho de Hegel, reside:

En la formación de una clase con cadenas radicales… una clase que sea la disolución de todas las clases, esfera de una sociedad que posea un carácter universal porque sus sufrimientos sean universales y sus reivindicaciones no sean derechos individuales porque el agravio cometido contra él no es un mal particular sino un mal en sí mismo… Esta disolución de la sociedad como una clase particular es el proletariado… La emancipación de los alemanes es la emancipación del ser humano. La filosofía es la cabeza de esta emancipación y el proletariado es el corazón. La filosofía no se puede reconocer a sí misma sin la abolición del proletariado y el proletariado no puede ser abolido sin que la filosofía devenga en una realidad (xxi).

Por entonces el conocimiento que Marx tenía del proletariado no iba más allá del hecho de que “estaba naciendo en Alemania sólo como consecuencia del creciente desarrollo industrial” y que éste era precisamente su potencial como fuerza liberadora, puesto que al contrario que las masas de pobres de la sociedad tradicional, era hijo de una “drástica disolución de la sociedad” y por tanto su existencia proclamaba la “disolución del orden mundial existente hasta entonces”. Tenía aún menos conocimiento sobre los movimientos obreros, aunque sabía mucho de la historia de la Revolución Francesa.

En Engels encontró un socio que aportó a la sociedad el concepto de la “Revolución Industrial” y los conocimientos de la dinámica de la economía capitalista como realmente era en Gran Bretaña, más los rudimentos de un análisis económico (xxii), todo lo cual le indujo a predecir una futura revolución social, que sería fomentada por una clase obrera real a la que él conocía muy bien por el hecho de vivir y trabajar en Gran Bretaña al comienzo de la década de 1840. Los enfoques de Marx y Engels sobre “el proletariado” y el comunismo se complementaban mutuamente. Lo mismo ocurría con sus concepciones respectivas de la lucha de clases como motor de la historia (en el caso de Marx derivado principalmente de su estudio del periodo de la Revolución Francesa; en el caso de Engels por la experiencia de los movimientos sociales en la Gran Bretaña pos-napoleónica). No sorprende que “ambos estuvieran de acuerdo en todos los campos teóricos”, en palabras de Engels (xxiii). Engels le aportó a Marx los elementos de un modelo que demostraba la naturaleza fluctuante y “auto-desestabilizadora” del funcionamiento de la economía capitalista, en particular el esbozo de una teoría de las crisis económicas (xxiv) y el material empírico acerca del auge del movimiento obrero y del rol revolucionario que podría desempeñar en Gran Bretaña.

En la década de 1840 la conclusión de que la sociedad estaba al borde de la revolución resultaba plausible. Como lo era la predicción de que la clase obrera, aún siendo inmadura, la lideraría. Después de todo, a las pocas semanas de la publicación del Manifiesto, un movimiento de los trabajadores parisinos derrocó a la monarquía francesa y dio la señal revolucionaria a la mitad de Europa. No obstante, la tendencia del desarrollo capitalista a generar un proletariado esencialmente revolucionario no podía deducirse del análisis de la naturaleza del desarrollo capitalista. Era una posible consecuencia de este desarrollo, pero no podría señalarse como la única posible. Y aún menos podía demostrarse que el éxito de un derrocamiento del capitalismo por parte del proletariado abriera necesariamente la puerta al desarrollo del comunismo. (El Manifiesto sólo afirma que en ese momento se iniciaría un proceso de cambio muy gradual) (xxv). La visión de Marx de un proletariado cuya misma esencia lo destinara a emancipar a toda la humanidad y a poner fin a la sociedad de clases mediante el derrocamiento del capitalismo representa una esperanza deducida de su análisis del capitalismo, pero no una conclusión necesariamente impuesta por ese análisis.

A lo que el análisis del capitalismo del Manifiesto indudablemente puede llevar –especialmente cuando se adentra en el análisis de Marx sobre la concentración económica, que apenas se insinuaba en 1848– es a una conclusión más general y menos específica acerca de las fuerzas autodestructivas innatas en el desarrollo capitalista. Debe alcanzar un punto –y en 2012 no solo los marxistas están de acuerdo en esto– en que:

La sociedad burguesa moderna con sus relaciones de producción, intercambio y propiedad, una sociedad que ha suscitado medios de producción e intercambio tan gigantescos, es como el aprendiz de brujo que ya no puede controlar los poderes del mundo inferior… Las dimensiones del arco de la sociedad burguesa son demasiado estrechas para abarcar la riqueza que ha creado.

No sería irracional sacar la conclusión de que las “contradicciones” inherentes al sistema de mercado, sin más nexo de unión entre los seres humanos que el descarnado interés propio, el cruel “pago al contado”, un sistema de explotación y de “acumulación interminable” que nunca se pueden superar; que a partir de cierto punto, mediante una serie de transformaciones y restructuraciones el desarrollo de este sistema esencialmente “auto-desestabilizador”, conduzca a una situación que ya no se pueda describir como capitalismo. O citando al propio Marx, en que “la centralización de los medios de producción y la socialización del trabajo lleguen al final a un punto en que se hagan incompatibles con su integumento capitalista”, y ese “integumento reviente en pedazos” (xxvi). El nombre por el que conozcamos la subsiguiente situación es indiferente. Sin embargo, como demuestran los efectos de la explosión económica del mundo en el medio ambiente mundial, tendrá que marcar necesariamente un giro brusco que lo aleje de la apropiación privada para pasar al control social a escala global.

Resultaría improbable que tal “sociedad post-capitalista” se pareciera a los modelos tradicionales del socialismo y aún menos al “socialismo real” de la era soviética. La forma que haya de tomar y hasta dónde encarnaría los valores humanistas del comunismo de Marx y Engels, dependería de la acción política a través la cual se produciría el cambio, ya que esto, como sostiene el Manifiesto, resulta fundamental para la conformación del cambio histórico.

V
En la visión marxiana, no importa cómo describimos ese momento histórico en que “el integumento reviente en pedazos”, la política constituirá un elemento esencial. El Manifiesto se lee principalmente como un documento de inevitabilidad histórica y en efecto su fuerza se deriva en gran medida de la confianza que proporcionó a sus lectores saber que el capitalismo estaba inevitablemente destinado a ser enterrado por sus sepultureros y que ahora -y no en cualquier otro periodo histórico- han nacido las condiciones para la emancipación. Sin embargo, en contra de las más divulgadas hipótesis, si el Manifiesto alega que tal cambio histórico lo consigue el hombre haciendo su propia historia, no es un documento determinista. Las fosas han de ser cavadas por la acción humana o a través de ella.

Efectivamente es posible hacer una lectura determinista del argumento. Se ha sugerido que Engels tendía a hacerla más que Marx, con importantes consecuencias para el desarrollo de la teoría marxista y el desarrollo del movimiento obrero marxista tras la muerte de Marx. Sin embargo, y pese a que se citase como evidencia (xxvii) en los propios borradores de Engels, no se intuye esta lectura determinista en el Manifiesto. Cuando el Manifiesto sale del campo del análisis histórico y entra en el de la actualidad, se convierte en un documento de opciones y posibilidades políticas -no de probabilidades políticas- y en absoluto de certezas. Entre el “ahora” y el momento impredecible en el que “en el transcurso de la evolución”, se produzca “una asociación en la que el libre desarrollo de cada uno sea la condición del desarrollo libre de todos”, está el campo de la acción política.

El cambio histórico a través de la praxis social y la acción colectiva constituye su núcleo. El Manifiesto contempla el desarrollo del proletariado como “la organización de los proletarios en una clase, y consecuentemente en un partido político”. La “conquista del poder político por el proletariado” (la conquista de la democracia) es “el primer paso de la revolución obrera” y el futuro de la sociedad bascula sobre las acciones políticas posteriores del nuevo régimen (es decir, cómo utilizará el proletariado su supremacía política). El compromiso con la política es lo que históricamente distinguió al socialismo marxiano de los anarquistas y los sucesores de aquellos socialistas cuyo rechazo de toda acción política condena específicamente el Manifiesto. Incluso antes de Lenin, la teoría marxiana no trataba sólo de “la historia nos demuestra lo que pasa”, sino también acerca de lo “que tenemos que hacer”. Ciertamente la experiencia soviética del siglo XX nos ha enseñado que podría ser mejor no hacer “lo que se debe hacer” bajo condiciones históricas que imposibilitan virtualmente el éxito. Pero esta lección se podría haber aprendido también considerando las implicaciones del Manifiesto Comunista.

Pero entonces el Manifiesto -y ésta no es la menor de sus notables cualidades - es un documento que prevé el fallo. Esperaba que el resultado del desarrollo capitalista fuera “una reconstitución revolucionaria de la sociedad” pero, como ya hemos comprobado, no excluía la alternativa de “la ruina común”. Muchos años después, otra investigación marxiana reformuló esto como la elección entre socialismo y barbarie. Cual de ambos prevalezca es una pregunta que el siglo XXI debe contestar.

Notas:
(i) Solo se han descubierto dos fragmentos de esos materiales –un plan para la sección III y el borrador de una página, Karl Marx Frederick Engels,Obras Completas, Vol. 6 (Londres 1976, páginas 576 y 577).
(ii) En vida de los fundadores eran: (1) Prefacio a la (segunda) edición alemana, 1872; (2) Prefacio a la (segunda) edición rusa, 1882, la primera traducción rusa de Bakunin apareció en 1869, comprensiblemente sin la bendición de Marx y Engels, (3) Prefacio a la (tercera) edición alemana, 1883; (4) Prefacio a la edición inglesa, 1888; (5) Prefacio a la (cuarta) edición alemana, 1890; (6) Prefacio a la edición polaca, 1892; y (7) Prefacio“A los lectores italianos”, 1893.

(iii) Paolo Favil li, Storia del marxismo italiano . Dalle origini alla grande guerra (Milán 1996, páginas 252 a 254).

(iv) Me he basado en los datos del inestimable Bert Andréas, Le Manifeste Communiste de Marx et Engels. Histoire et Bibliographie 1848-1918 (Milán 1963)

(v) Datos de los informes anuales del Parteitage del SPD. Sin embargo no proporcionan datos cuantitativos acerca de las publicaciones previstas para 1899 y 1900.

(vi) Robert R. LaMonte, “ The New Intellectuals”, New Review II , 1914; citada por Paul Buhle en Marxism in the USA: From 1870 to the Present Day (Londres 1987), pág. 56.

(vii) Hal Draper, The Annotated Communist Manifesto (Centro para la Historia del Socialismo, Berkeley, California 1984), pág. 64.

(viii) El original alemán comienza esta sección con la discusión de das Verhältniss der Kommunisten zu den bereits konstituerten Arbeiterparteien… also den Chartiesten, etc. La traducción oficial en inglés de 1887, revisada por Engels, atenúa el contraste. Una interpretación más fiel sería comparar los “partidos obreros ya constituidos”,como los cartistas, etc., con los que todavía no se habían constituido.

(ix) “Los comunistas no constituyen un partido separado opuesto a otros partidos de la clase obrera… No establecen principios sectarios propios para formar y moldear el movimiento proletario” (Sección II).

(x) La más conocida de éstas, subrayada por Lenin, fue la observación del prefacio de 1872 de que la Comuna de París había mostrado “que la clase obrera no puede simplemente tomar el control de la maquinaria del estado ya existente y utilizarla para sus propios fines”.Después de la muerte de Marx, Engels añadió la nota al pie de página modificando la primera frase de la Sección I para excluir las sociedades prehistóricas del alcance universal de la lucha de clases. Sin embargo, ni Marx ni Engels se molestaron en comentar o modificar los pasajes económicos del documento. Si Marx y Engels consideraron realmente un Umarbeitung oder Ergänzun más desarrollado del Manifiesto (Prefacio a la edición alemana de 1883) resulta dudoso, pero no hay duda de que la muerte de Marx hizo que esa revisión fuese imposible.

(xi) Compárese el pasaje de la Sección II del Manifiesto (“¿Requiere una intuición profunda comprender que las ideas, puntos de vista y concepciones del hombre, en otras palabras, que la conciencia del hombre cambie con cada cambio de las condiciones de su existencia material, de sus relaciones sociales y de su vida social?”) con el pasaje correspondiente en el Preface to the Critique of Political Economy (“No es la consciencia de los hombres lo que determina su existencia sino, al contrario, es su existencia social la que determina su conciencia”).

(xii) Aunque ésta es la versión inglesa aprobada por Engels, no es una traducción estrictamente correcta del texto original: Mögen die herrschenden Klassen vor einer kom-munistischen Revolution zittern. Die Proletarier haben nichts in ihr, (es decir “en la revolución”) zu verlieren als ihre Ketten”.

(xiii) Para un análisis estilístico, vea S.S. Prawer, Karl Marx and World Literature (Verso, Nueva York 2011), páginas 148 y 9. Las traducciones delManifiesto que conozco no tienen la fuerza literaria del texto original en alemán.

(xiv) En “Die Lage Englands. Das 18.Jahrhundert”(Obras de Marx y Engels I, páginas 566 a 568)

(xv) Ver, por ejemplo, la discusión sobre Fixed capital and the development of the productive resources of society en los manuscritos de 1857 y 1858. Obras completas, vol. 29 (1987), páginas 80 a 99.

(xvi) La frase alemana “sich zur nationalen Klasse erheben” tenía connotaciones hegelianas que la traducción inglesa autorizada por Engels modificó, probablemente porque pensó que los lectores no lo comprenderían en la década de 1880.

(xvii) Pauperismo no debería leerse como sinónimo de “pobreza”. Las palabras alemanas, tomadas del inglés, son pauper (persona indigente… que vive de la beneficencia o de alguna provisión pública”:Diccionario del siglo XX de Chambers) y pauperismus (calidad de indigente).

(xviii) Paradójicamente, algo parecido al argumento marxiano de 1848 es el término utilizado ampliamente por los capitalistas y los gobiernos del libre mercado para demostrar que las economías de los estados cuyo PIB se doblan cada pocas décadas estarán en bancarrota si no se suprimen los sistemas de redistribución de las ganancias (estado del bienestar, etc.), implantados en tiempos de menor abundancia, y en los que aquellos que obtienen ingresos mantienen a los que no los tienen.

(xix) Leszek Kolakowski , Main Curretns of Marxism, vol. 1, The Founders (Oxford 1978), página 130.

(xx) George Lichtheim, Marxism (Londres 1964), página 45.

(xxi). Obras Completas, Vol. 3 (1975), páginas 186 a 187. En este pasaje he preferido en general la traducción de Lichtheim, Marxism. El vocablo alemán que traduce como “clase” es “Stand”, que hoy resulta engañosa.

(xxii) Publicado como Outlines of a Critique of Political Economy en 1844 (Obras completas, vol. 3, páginas 418 a 443)

(xxiii) “ On the History of the Communist League” (Obras Completas, vol. 26, 1990), página 318.

(xxiv) “Outlines of a Critique” (Obras completas, vol. 3, página 433 y siguientes). Parece proceder de escritores británicos radicales, principalmente John Wade, History of the Middle and Working Classes (Londres 1835), a quien se refiere Engels en relación con esto.

(xxv) Esto es incluso más evidente en las formulaciones de Engels que constituyen de hecho dos borradores del Manifiesto Draft of a Communist Confession of Faith” (Obras Completas, vol. 6, página 102) y Principles of Communism (Ibíd., página 350)

(xxvi) From Historical Tendency of Capitalist Accumulation en Capital, vol. 1 (Obras Completas, vol. 35, 1996), página 750.

(xxvii) Lichtheim, Marxism, páginas 58 a 60

*El subrayado es nuestro

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